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Polémica en Argelia por la islamización que sugieren "candidatas sin rostro"

20 abr 2017
17h12
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La aparición de carteles electorales con un óvalo blanco dentro de un hiyab (velo islámico) junto a los rostros perfectamente visibles de los candidatos masculinos ha destapado una ola de indignación en Argelia ante lo que podría parecer una reislamización de la sociedad y de la clase política.

Los afiches, fijados en las paredes del país desde que el pasado 9 de abril arrancara la campaña para las legislativas del próximo 4 de mayo, pertenecen en su mayoría a partidos islamistas de oposición autorizados por el gobierno, que buscan uno de los 462 escaños de la Asamblea Nacional.

Y han monopolizado el debate público en unos comicios marcados por la apatía de la población, que los considera irrelevantes y de resultado conocido, y por los escándalos de todo tipo de algunos de los candidatos.

Tanto que los internautas han triunfado en las redes sociales con un mensaje que transforma el nombre de uno de ellos, "Samaa Sotek" (Haz oír tu voz), por la frase "Wari Wajhek" (muestra tu cara), ahora mantra de la campaña.

"La polémica suscitada por las candidatas sin rostro confirma la presencia masiva en las listas de candidatos que sostienen ideas salafistas, incluso en partidos que se presentan como nacionalistas y demócratas", denunció el diario francófono "El Watan".

Contactado por Efe, Abderrahmam Benferhat, jefe de campaña del partido islamista opositor Movimiento de la Sociedad por la Paz (MSP), otra de las formaciones que ha sacado carteles fantasma, aseguró que personalmente se opone a esta estrategia.

Aunque recordó que no existe artículo alguno en la ley argelina que obligue a los candidatos, ya sean hombres o mujeres, a mostrar su rostro.

"Jurídicamente, no hay ningún artículo que prohíba esto, pero es preferible que los candidatos se presenten con fotos, la dignidad de la mujer argelina no se limita a mostrar su foto", explicó Benferhat.

Una visión que no comparte la Instancia Suprema Independiente de control Electoral (HIISE), que al igual que el gobierno exige que las candidatas se muestren antes de esta noche si quieren seguir en la carrera electoral.

"Deben mostrar su rostro. Se deben publicar las fotografías de personas, no la foto de un maniquí o de otro. Publicar fotos distintas de los candidatos, cuyos expedientes fueron depositados en la administración, está prohibido", recordó su director, Abdelwahab Derbal, a la cadena de televisión privada "Ennahar".

"También por respeto. Esa mujer candidata mañana, cuando llegue al Parlamento, ¿se va a fotografiar o no? Cuando tenga que participar en una delegación parlamentaria para discutir y defender el país, ¿va a pedir el visado con la foto o no? El individuo debe ser coherente", agregó.

Pero no solo los partidos salafistas, que invocan los principios de la retrógrada interpretación wahabí-saudí del islam, se muestran combativos.

Moussa Touati, líder del partido nacionalista conservador Frente Nacional Argelino (FNA) ya ha advertido que no obligará a sus candidatas a mostrar el rostro.

La HIISE "no está legitimada" para adoptar medidas respecto a las listas electorales y a las fotos que se publican en carteles y panfletos electorales", subrayó.

La polémica muestra, asimismo, la profunda división social que existe en Argelia y la brecha cultural, educativa y económica que separa el campo de las grandes urbes.

La gran mayoría de los carteles con "candidatas fantasma" se da en áreas rurales y localidades pequeñas y medianas del centro sur del país como Ardar, situada a unos 1.400 kilómetros al sur de Argel, la ciudad con mayor número de mujeres sin rostro de todo el país.

Allí, a una de las candidatas no solo se le ha borrado el nombre, sino también el apellido.

Fue en estas regiones, en su mayoría ajenas al desarrollo de las grandes urbes, donde el Frente Islámico de Salvación (FIS), de tendencia salafista, adquirió parte de la fuerza que le aupó a la victoria en los comicios municipales de 1990, los primeros con un sistema pluripartidista.

Un año después, y con el apoyo también de los jóvenes y de las áreas metropolitanas más desfavorecidas, ganó también la primera vuelta de las presidenciales, resultado que llevó al entonces presidente, Chadli Benyedid, a dar una suerte de golpe de Estado.

Benyedid impuso el estado de excepción, anulo la segunda vuelta y en medio de las protestas ilegalizó el FIS, medidas que desataron una guerra civil que se prolongó durante una década y causó la muerte de 300.000 personas y la desaparición forzada de miles más.

Una herida que el actual presidente, Abdelaziz Buteflika, trató de cerrar con el acuerdo de paz de 2002 pero que sigue reciente en el seno de una sociedad que ve que en los dos últimos años el islamismo se recupera y la lacra del yihadismo vuelve a rebrotar.

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