 14-02-2002 La cultura de compartir
Los analistas más negativos, casi siempre cercanos a la industria, afirman que el fenómeno peer-to-peer tiene muy poco futuro. Según ellos está basado en la generosidad de algunos, muy pocos, que se deciden a convertir sus discotecas a MP3 y a compartirlas en Internet, mientras que millones de internautas no comparten y se dedican solamente a descargar música. En el fondo se esconde un gran miedo por parte no sólo de las discográficas sino de toda la industria que depende de los derechos de propiedad intelectual ante un cambio de modelo de negocio que irremediablemente se avecina. Los intercambios P2P dependen en gran parte de la generosidad y buena disposición de los internautas. La industria los ve como diablos encarnados, imagen viva de la maldad más absoluta dispuestos a toda costa a quitarle a las multinacionales el pan de la boca -y la casa en las Bahamas-. Sin embargo, el común de los internautas son personas normales, la mayor parte del tiempo bastante cándidas, que están dispuestos a ayudar a otros usuarios de la Red por la propia satisfacción. Esto explica fenómenos como los consultorios gratuitos o las histerias desatadas por las alertas de virus. Un internauta recibe una de estas alarmas y procede a compartirla con todos sus amigos. De este modo muchos usuarios deciden compartir sus discos con otros. Un segundo aspecto de la cuestión se les escapa a los críticos del fenómeno P2P. La comunidad científica está muy interesada en estos programas que permiten el intercambio directo de información entre ordenadores sin necesidad de almacenarlo en el espacio ofrecido por un gran servidor. Lo cierto es que el genio ha salido de la botella y ya es demasiado tarde para taparla.
Terra / IDG.es
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