¡No llores mamá por mí!

¿No llores mamá por mí!
que yo ya estoy en el cielo,
que está colmado mi anhelo
y soy muy feliz aquí.

¡Sé que estás arrepentida,
no te puedo consolar,
ni tampoco condenar,
por quitarme tú la vida!

Mi cuerpo lo destrozaste,
pero el alma se marchó,
la Virgen la recogió
porque tú la rechazaste.

Estoy junto a las estrellas
que no pude conocer,
que no me dejaste ver
y he visto que son muy bellas.

Aquí mamá no hay dolor,
ni tampoco crueldad,
ni falta de caridad.
¡Aquí tan solo hay amor!

Solo hay felicidad,
aquí no existe el hambriento,
ni el poderoso opulento.
¡No existe la soledad!

Cometiste un gran pecado.
¡Pídele a Dios tú, perdón!
que mi pobre corazón,
¡ya mamá te ha perdonado!

Matías Calvo Monteagudo.