El otro día te oí como
llorabas, porque tú no querías que yo muriera. Rogabas,
suplicabas y prometías a mama que te ocuparías de todo. Pero
ella no te escuchaba... y yo lo estaba oyendo todo.
¡Cómo me dolía y cuanto
sentía que por mi causa estuvierais discutiendo!
Mama está confundida y
asustada. Yo la entiendo, pero también te entiendo a ti.
Mama no me quiere y tu
si.
El tiempo se acaba y
unos señores que nada tienen que ver con nosotros dicen que hay
que hacerlo.
Papa, defiéndeme, habla
con ellos... Si a todas las mamas que no nos quieren las han
escuchado, ¿por qué no os van a escuchar a todos los papas que
si nos queréis?
Defiéndeme papa, yo
quiero conocerte y quiero jugar contigo. Que me compres cromos,
que me lleves al cole, que me hagas barcos y aviones de papel...
Que me lleves a hombros y me enseñes a montar en bici, a
nadar... como te hacia a ti tu papa.
Yo quisiera tener una
mama que me defendiera, pero si no puede ser que tenga al menos
a mi papa.
¡ POR FAVOR, PAPA,
DEFIÉNDEME !