PARROQUIA SAN VICENTE DE PAÚL
DIARIO DE MÁXIMAS
Y
DICHOS MEMORABLES
DE
SAN VICENTE DE
PAÚL
Fundador de la Congregación de la Misión
y de las Hijas de la Caridad
Actualización realizada de la edición del
año 1881 titulada originalmente:
Diario de Máximas, sentencias y
dichos memorables de San Vicente de Paúl.
Se ha realizado actualizando su
lenguaje y sustituyendo algunas palabras, según el vocabulario de uso de
nuestro tiempo. También han sido traducidos al castellano los textos que
aparecían en latín.
Las palabras sustituídas, así
como los textos latinos, han sido señalados con un número. Al pie de cada
apartado y numerado para su localización, aparecen las palabras y textos
latinos originales de la obra.
Realizado por:
Francisco González Bueno.
Textos latinos traducidos por: P.
Enrique Velayos Fernánz C.M.
Año
1997
- ENERO -
1. El amor propio, cubierto con el velo de la caridad, hace creer que sea servicio de Dios lo que es satisfacción propia.
2. No hay en el mundo condición alguna, en la que alguna1 vez no se experimenten sinsabores y disgustos, y por consiguiente, no se sientan2 deseos de abrazar otra suerte de vida; pero habiéndonos Dios llamado al estado en que estamos constituidos, ha puesto, digámoslo así, junto3 a él las gracias que son necesarias para nuestra salvación, las cuales rehusará ciertamente darnos, si nosotros dejándolo por nuestra sola voluntad, queremos pasar a otro, sin ser llamados a él.
3. El estudio de las ciencias suele alguna vez enturbiar4 en muchos el fervor del espíritu; por cuya razón deben los estudiosos poner su mayor cuidado en conservar siempre viva la devoción por medio de los ejercicios de piedad, y especialmente por el de la meditación, a fin de que mientras se perfecciona el entendimiento con el conocimiento de la verdad, se vaya la voluntad enardeciendo en el amor de Dios, que es el autor de toda la ciencia.
4. Se deben aplicar a buenos y provechosos libros, dando de lado5 a los que solo sirven para satisfacer (...)6 la curiosidad.
5. La curiosidad es el contagio de la vida espiritual; y por la de nuestro primer Padre, entraron en el mundo la muerte, la peste, el7 hambre, y todas las demás miserias; por tanto debemos nosotros guardarnos de ella, como de la raíz de todos los males.
6. La ciencia sin humildad ha sido siempre perjudicial a la Iglesia; y así como por la soberbia se precipitaron los ángeles rebeldes, de la misma manera no pocas veces se origina de ella la ruina de los hombres doctos; de quienes el más sutil filósofo, ó consumado teólogo, no puede creer que sabe tanto como el menor de los demonios.
7. Dios no tiene necesidad de hombres científicos para llevar a fin sus obras; más8 bien para convertir al mundo se vale mas veces de personas simples, cuales fueron los Apóstoles, y en nuestros tiempos santa Teresa, de la cual se sirvió la divina providencia para reformar un orden religioso de los más respetables de la Iglesia.
8. Ni la filosofía, ni la teología, ni los argumentos tienen algún poder en nuestras almas; sino que es necesario que Jesucristo obre con nosotros, y nosotros cooperemos; que hablemos, como su Divina Majestad, y que estemos en su espíritu, a la manera que Jesucristo estaba en su Eterno Padre, y predicaba la doctrina que de él había aprendido.
9. Es preciso9 atender con ánimo10 a la propia salud y perfección, y a imitar al Hijo de Dios, el cual empezó por el obrar:"Empezó Jesús a hacer y enseñar".11
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1.tal cual / 2.exciten / 3.anejas / 4.entibiar / 5.mano / 6.a / 7.la / 8.antes / 9.menester / 10.de propósito / 11."Caepit Jesus facere, et docere"
10. Importa haber practicado por mucho tiempo aquello que se quiere enseñar a otros, y de este modo la palabra de Dios, que llegue a salir de nuestra boca, producirá fruto centésimo.
11. Es máxima indudable1, que a proporción que uno se esmera en su propio perfeccionamiento2, se hace más capaz de ser útil al prójimo.
12. Se debe tener3 voluntad4 de obrar siempre conforme a la doctrina de Cristo, la cual jamás puede faltar; y no según las máximas del mundo5, que siempre son falaces. Esta máxima es el fundamento de toda la perfección.
13. Es preciso6 hacer mucho por el amor de Dios, sin fijar la mirada7 en el juicio de los hombres; trabajar por la salud de ellos, y no atender a sus palabras.
14. Debemos ser precavidos8 de la emulación, y de cualquier estimulo de envidia por leve que sea; pues es este un vicio directamente opuesto al celo verdadero del honor de Dios, y un manifiesto indicio de la más exquisita soberbia.
15. Debemos ser enteramente de Dios y del prójimo, sin la menor reserva; prontos a hacer y a padecer cualquier9 cosa por grande que sea, por la caridad del uno y del otro.
16. Es muy necesario el uso de las confesiones generales, porque con ellas se remedian todos los desórdenes anteriormente cometidos.
17. De cuantos auxilios ha puesto Dios en la mano del hombre para corregir los errores10 de su vida, no hay otro de quien se experimenten efectos más visibles, más frecuentes y más prodigiosos, que de los ejercicios espirituales.
18. Milagros son necesarios11, para que se conviertan, los que con la practica de ejercicios espirituales no se convierten12 a vivir bien.
19. Los que se dedican a hacer ejercicios espirituales, deben ser tratados como hombres enviados de Dios, sin distinción de personas: tan amado ha de ser el rico como el pobre; y en todo caso este más que aquel, por ser el pobre más conforme al pobre estado de la vida de Jesucristo.
20. El bien del cristianismo depende del celo y de la honradez13 de los sacerdotes; y un buen sacerdote es un riquísimo tesoro.
21. Cuando se emprende alguna obra ardua y trabajosa por la gloria de Dios y servicio suyo, corre de su cuenta el atendernos y asistirnos.
22. Más hacen tres operarios que diez, cuando pone Dios la mano; y entonces la pone cuando quita los medios humanos, y nos constituye en la precisión de hacer cosas superiores a nuestras fuerzas.
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1.indubitable / 2.aprovechamiento / 3.hacer / 4.profesión / 5.siglo / 6.menester / 7.mira / 8.precavernos / 9.cualquiera / 10.yerros / 11.menester / 12.reducen / 13.probidad
23. Cuando se ha de hablar con otros materias de espíritu, es preciso1 tratarlas antes con Dios en la oración, desposeyéndonos de nuestro espíritu y de nuestros propios afectos, para poder llenarnos del Espíritu Santo, que es quién sólo ilumina los entendimientos, e inflama las voluntades.
24. No se le consiguen2 a Dios las almas, aún aquellas que están más obstinadas en la culpa, sino con la suavidad y compasión de sus miserias, afligiéndonos de la infelicidad en que se hallan.
25. Se ha de procurar mantener siempre la santa práctica de portarse con caridad y dulzura, así en público como en particular, hasta con los pecadores más endurecidos, sin valerse por ningún motivo de insultos3, improperios o palabras ásperas: estilo verdaderamente impropio para quién está dedicado al alivio de las almas, mientras en lugar de ganarlas y atraerlas a Dios, más las aparta y las irrita4.
26. Es necesario5 tratar suavemente6 al prójimo, y soportar sus excesos o faltas con mansedumbre, alentándolo con aquellos modos en que suele prorrumpir un corazón afectuoso, lleno de caridad cristiana.
27. Con los pobres, y con los más abatidos del pueblo, úsese de toda ternura y afabilidad, no de tratos imperiosos y severos; porque de semejante proceder resulta quedar las gentes disgustadas; como al contrario, si uno se muestra humano y amoroso, ellas también se ponen flexibles y dispuestas a aprovecharse.
28. Quien se afana gustosamente, y por el sólo deseo de la gloria de Dios y bien del prójimo, imitando a la majestad de Cristo, puede tener por cierto que el Señor colmará de copiosas bendiciones sus fatigas.
29. Los sermones, doctrinas y discursos se han de hacer en estilo natural y llano, a imitación de Jesucristo, quien habiendo podido explicar los divinos misterios por conceptos proporcionados a la grandeza de ellos, siendo verbo y sabiduría del Padre, no quiso servirse sino de términos y comparaciones triviales, acomodándose a la capacidad del pueblo, y dejándonos el modelo verdadero de explicar su divina palabra.
30. Quien quiere que le entiendan las gentes a quienes predica la palabra de Dios, es preciso7 que hable sencillamente, y que se valga de explicaciones familiares.
31. Cristo nuestro Señor bien pudiera haber enseñado al pueblo cosas maravillosas y sublimes; y sin embargo de esto se sirvió: de la metáfora de un operario, de un viñador8, de un campo, de una viña, de un grano de mostaza, y otros semejantes.
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1.menester / 2.adquieren / 3.invectivas / 4.exasperar / 5.menester / 6.blandamente / 7.menester / 8.viñadero
- FEBRERO -
1. La claridad y sencillez en el modo de explicar las materias morales es de la mayor importancia para que puedan sacar de ellas utilidad los hombres rústicos y de poca comprensión1, siéndoles este estilo más acomodado, y teniendo por sí más eficacia que otro alguno.
2. Más beneficio causan a las almas los que se explican ateniéndose2 a las máximas del Evangelio, que los que llenan sus sermones de discursos humanos y de conceptos filosóficos; porque las luces de la fe van siempre acompañadas de cierto baño celestial, que se esparce interiormente en los corazones de los oyentes.
3. Es necesario3 tener especial cuidado de no incurrir en el espíritu depravado de aquella especie de vanidad que inclina (cuando enseñamos a otros) a servirnos de asuntos profundos y sublimes; respeto de que sola la humildad y pura intención de agradar a Dios es la que perfecciona cuanto por su gloria se emprende.
4. La perfecta sumisión y obediencia a los decretos pontificios es un excelente medio para discernir los verdaderos hijos de la Iglesia de los contumaces.
5. Los sacerdotes4 son una viva representación del poder y santidad del Creador5, por cuya causa se deben amar mutuamente con un amor lleno de singular respeto.
6. Muchas veces (...)6 apetecen aIgunas cosas buenas, con impulsos que parecen venidos de Dios, y no lo son en realidad; y suele permitirles el Señor para disponernos suavemente a lo que su divina Majestad quiere hacer después; en cuyos casos es preciso7 suspender la operación hasta tanto que el Señor declare su voluntad, y tranquilice con sus favores el corazón de la (...)8 persona, dejándola más dispuesta a su santo servicio.
7. Las obras de Dios se hacen, las más veces, poco a poco, pasando de los principios a los medios; por cuyo motivo no se debe pretender hacer las cosas de una vez y apresuradamente, ni pensar que una empresa se malogra porque no se consigue prontamente el fin de ella, sino caminar lentamente y rogar mucho a Dios.
8. El obrar suave y amorosamente es atributo del divino espíritu; y esta práctica en nosotros es el medio más seguro para salir bien con lo que emprendemos, y para acertar a seguir su ejemplo.
9. Naturalmente nos inclinamos a poner en ejecución sin demora las cosas que nos tienen cuenta; a cuyo impulso debemos resistir, y quedarnos de parte de la santa indiferencia, esperando que Dios haga conocer su beneplácito, con el seguro supuesto de que cuando su Divina Majestad quiere que una cosa se consiga, la dilación no sirve de impedimento, y de que en tal caso cuanto menos hay de nuestra parte, tanto hay más de la de Dios.
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1.comprehensión / 2.arreglándose / 3.menester / 4.eclesiásticos / 5.criador / 6.se / 7.menester / 8.tal
10. Nada debemos determinar ni emprender cuando nos hallamos agitados de esperanzas ó deseos de cosas grandes; porque así como el éxito feliz en los negocios humanos ordinariamente depende del fervor y solicitud con que son tratados, así por término contrario el que sucedan bien las cosas de Dios consiste en la humilde resignación a su voluntad sagrada, la cual inclina a esperar con ánimo tranquilo el tiempo fijo que el Señor tiene determinado para nuestras buenas obras.
11. No siempre es conveniente hacer todo lo que uno puede, sino solamente aquello que se conforma con la caridad y con las disposiciones de la voluntad divina, tomando ejemplo de la Majestad de Cristo, quien no quiso hacer siempre lo que dependía de su mano.
12. Jamás debe interrumpirse una obra maduramente comenzada, por pretexto de las dificultades que sobrevienen.
13. El Señor suele muchas veces humillar para exaltar; y para merecer la gracia de poder hacer su santo servicio, es necesario1 que nos esmeremos mucho en la oración y en el ejercicio de otras virtudes, especialmente de la paciencia y sumisión al divino agrado.
14. Cuando inconsideradamente y con poco motivo abandonamos un buen designio, Dios nos vuelve entonces la espalda, y dispone que otros hagan aquella buena obra, que nosotros habíamos de hacer.
15. Entendida una vez la voluntad de Dios en cualquier asunto, por dificultoso que sea, se debe emprender con toda decisión2, prosiguiendo hasta el fin constantemente, con tanto mayor empeño3, cuanto sean mayores los obstáculos que se atraviesen.
16. Quien obra con rodeos y artificios, va contra la divina providencia, y se hace indigno de su paternal cuidado.
17. El mejor modo de conseguir el éxito feliz de una obra es entregarse a la providencia de Dios, y sujetarse con resignación humilde a sus disposiciones.
18. Hace la divina providencia que salgan bien las cosas a quien procura seguir sus decretos, sin anticiparse a ellos jamás.
19. Los humanos caprichos con apariencia de celo ó de gloria de Dios, hacen muchas veces emprender cosas, que ni convienen4, ni son miradas favorablemente de su Divina Majestad.
20. Los negocios que se dirigen por medios regulares y sencillos, suelen ser mas prósperos y favorecidos de Dios, que los que se emprenden por términos extraordinarios y aparentes.
21. Siempre y cuando uno se siente impedido de afectos vehementes a hacer alguna obra, aunque de suyo sea santa y buena, debe dejar5 la operación para otro momento, y no ponerla en práctica, hasta tanto que el corazón haya recuperado su perfecta tranquilidad e indiferencia, para que el amor propio no llegue a ensuciar6 la pureza de la intención.
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1.menester / 2.resolución / 3.conato / 4.provienen / 5.diferir / 6.inficionar
22. En las cosas del divino servicio se debe proceder, por lo regular, con lentitud, y valerse siempre de medios inspirados de Cristo nuestro Señor, conforme a las máximas de su Evangelio, y opuestos a las falsas reglas del siglo.
23. Cuando se reconoce que en alguna obra se interesa el honor ó el beneplácito divino, es necesario1 no mirar2 ni al gasto, ni a la fatiga, hasta tanto que por si, ó por otros, se vea conducida perfectamente a su fin.
24. Cuando a uno le parece haber hecho todo aquello que Dios le manda para el acierto de sus obras, cualquier3 cosa que después suceda debe mirarla con quietud, y sin la menor alteración de ánimo.
25. Quien quiera hacer progresos considerables en la práctica de las virtudes, ha de superar las propias inclinaciones; porque no puede decir que está dotado de virtud, sino en la imaginación, aquel que en las oportunidades no la practica con fidelidad.
26. De Cristo debemos aprender la mansedumbre y humildad de corazón, y a la perfección de estas virtudes es a lo que debemos aspirar continuamente. En ellas debemos fijar nuestro mayor cuidado, para no dejarnos arrebatar de las pasiones contrarias, las cuales se comparan a una mano aplicada a destruir el edificio espiritual que fabrica la otra.
27. No puede haber virtud sólida en una alma poseída de sí misma, y arrimada a su propia voluntad.
28. Para adquirir una virtud permanente y verdadera conviene tomar4 buenas decisiones prácticas sobre los actos particulares de las virtudes, y dirigirse fielmente en la consecución5 de ellas. Sin estos principios, por más que uno experimente dulzura y facilidad en la consideración de alguna virtud, no es realmente virtuoso, sino sólo en la imaginación.
29. Un acto de virtud bien hecho da facilidad para hacer otro semejante.
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1.menester / 2.perdonar / 3.cualquiera / 4.hacer / 5.prosecución
- MARZO -
1. Las cosas de fe no se han de examinar por curiosidad y con sutileza de ingenio; pues así como cuanto más se mira al sol, tanto menos se ven sus luces, del mismo modo cuanto mayor empeño1 queramos poner en averiguar, con la cortedad de nuestro discurso, las verdades de la religión católica, con tanta mayor ignorancia nos quedamos. Basta que la Iglesia nos las proponga, para que creyéndolas nosotros y sujetándonos a ellas, no podamos errar.
2. Las luces de la fe van siempre acompañadas de cierto rocío celestial, que se infunde secretamente en los corazones.
3. Tienen las verdades eternas en sí mismas suficiente virtud para llenar el corazón, y dirigirle por camino seguro, y así no es necesario2, sino afirmarse fuertemente en estos fundamentos divinos para llegar poco a poco a la perfección.
4. Aunque acaso podamos convencer nuestro entendimiento por via de razones inconclusas y ciertas, siempre deben éstas mantenerse subordinadas a las verdades de la fe.
5. El poco avance3 que se hace en las virtudes, y los cortos progresos que se experimentan en las cosas relativas4 a la gloria de Dios, nace de fundarse los hombres más en razones humanas que en las revelaciones de la fe.
6. Es absolutamente necesario, tanto para el perfeccionamiento5 propio como para el bien de otros, el no perder de vista, en cualquier materia que sea, los hermosos resplandores de la fe.
7. Son las reglas del Evangelio diametralmente opuestas a las del mundo.
8. No se han de mirar las cosas según su exterior y su apariencia, sino según lo que pueden ser en Dios y en orden a Dios, conforme a lo que dice el Apóstol: "Las cosas que se ven son temporales, más las que no se ven son eternas".6
9. En un pobre hombre7, ó en una miserable mujer, no se ha de mirar el vestido exterior ó la capacidad natural, ya que en ellos8 muchas veces apenas se reconoce carácter y semblante de criatura racional, según son de terrenos9 y groseros, pero si se reflexiona10, y se consideran a la luz de la fe, se descubre en estos pobres una imagen verdadera del Hijo de Dios.
10. No es posible hacer exceso en la verdadera esperanza, lo cual jamás puede ser excesivamente11 grande, por estar12 fundada en la bondad de Jesucristo y en sus infinitos méritos.
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1.conato / 2.menester / 3.adelantamiento / 4.tocantes / 5.aprovechamiento / 6."Quae videntur, temporalia sunt; quae autem non videntur sunt" / 7.Labrador / 8.siendo así que en los tales / 9.terrestres / 10.hace reflexión / 11.demasiadamente / 12.ser
11. Quién confía en los hombres, ó pone su esperanza en bienes de naturaleza o fortuna, y no en Dios, hace que su Divina Majestad entonces le retire sus auxilios.
12. Si el superior, predicador o confesor tiene demasiada satisfacción de su prudencia, ciencia y capacidad, en este caso Dios se aparta, y le deja que obre por sí mismo, en cuya consecuencia toda su fatiga y aplicación no producen el menor fruto, para que conozca su insuficiencia, y adquiera el desengaño de que todos sus talentos de nada sirven sin la asistencia divina.
13. Hace bien quien ordena a Dios todos sus pensamientos y coloca en él todas sus esperanzas; porque no dejará de asistirnos con lo necesario, como nos lo tiene prometido.
14. Son infinitos los tesoros de la divina providencia y le hace poco honor nuestra desconfianza.
15. En las graves necesidades es cuando debemos hacer ver si es verdadera la confianza que tenemos puesta en Dios.
16. No falta jamás la divina providencia en las cosas que por su disposición se emprenden.
17. Quien ha puesto en manos de Dios sus esperanzas, debe estar seguro de que aun cuando toda la tierra conspirase contra él, no resultará otro efecto que el que fuere del divino beneplácito.
18. Cuando Dios ha empezado a hacer bien a una criatura, no deja de enviarle1 sus favores, para que no se haga indigno de ellos.
19. Se debe amar a Dios con el trabajo de nuestros brazos y con el sudor de nuestros rostros; porque muchos actos de amor, de agrado, de benevolencia, y otros afectos interiores de un tierno corazón, aunque de suyo buenos y loables, no dejan de ser sospechosos cuando a ellos no se une la práctica del amor activo, en el cual debemos fijar nuestra mayor consideración.
20. Muchos, que en lo exterior son ejemplares, y en lo interior están llenos de afectos grandes hacia Dios, no pasan de ahí; y cuando se trata de fatigarse por el Señor, de adoctrinar2 a los pobres, de padecer, de mortificarse, de amar las enfermedades, de complacerse en las calumnias y otras desgracias, les falta el ánimo, y vienen a menos.
21. "Toda nuestro empeño consiste en hacer obras"3. Son palabras que profirió un gran siervo de Dios a la hora de la muerte; el cual añadía, que entonces veía claramente ser humano todo lo demás, y estar sólo el obrar bien ligado4 con una segura señal del amor divino.
22. Cuanto más crece el alma en amor de Dios, tanto más crece en ella el deseo de padecer y humillarse.
23. Dios no atiende tanto a lo material de las acciones cuanto a la grandeza del amor y a la pureza de la intención con que se hacen.
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1.continuarle / 2.doctrinar / 3."Totum opus nostrum in operatione consistit" / 4.conexo
24. La divina bondad requiere que jamás se obre el bien con fin de hacerse estimar, sino que todas las buenas acciones1 no tengan otro objeto que a Dios mismo.
25. Las acciones pequeñas que se hacen con intención de agradar a Dios no están tan expuestas a la vanagloria como las grandes, las cuales muchas veces se desvanecen como el humo.
26. Quien quiere acostumbrarse a agradar a Dios en las acciones grandes, es preciso2 que primero se ensaye en las pequeñas.
27. Conviene apartar de sí el deseo de exhibirse al público, y no hacer jamás actuación3 alguna por motivo4 humano.
28. Más vale que a uno lo aten de pies y manos, y lo arrojen en el fuego, que no dejarse llevar de hacer alguna acción5 para agradar a los hombres.
29. En todo lo que hacemos no debemos tener otro fin que Dios, sin atender al juicio de los hombres, ni hacer caso de sus halagos6.
30. El conformarse enteramente con la voluntad divina es hacer vida angelical y ser perfecto imitador de Jesucristo.
31. Nuestro Señor se comunica siempre con las almas que viven fiel y constantemente unidas a su santísima voluntad, sin tener otro querer que el querer suyo.
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1.operaciones / 2.menester / 3.operación / 4.respecto / 5.operación / 6.lisonjas
- ABRIL -
1. El más poderoso y eficaz remedio para todo género de males, para enmendarse de cualquier imperfección, para vencer las tentaciones, y para conservar la quietud interior del alma, es la conformidad con la voluntad de Dios.
2. El perfecto amor de Dios no consiste en tener éxtasis, sino en hacer su santa voluntad.
3. Nuestra perfección no es otra cosa que tener unida la voluntad a la de Dios, de modo que la suya y la nuestra sea un mismo querer; y será más perfecto, aquel que tuviere más conforme su voluntad a la divina.
4. Toda nuestra perfección, como nos lo enseña Jesucristo, se reduce a negarse a sí mismo1, llevar la cruz y seguir al mismo Cristo; y quien se niega más a sí mismo2 lleva mejor su cruz, y sigue más perfectamente a Cristo aquel que se esmera en no hacer jamás su propia voluntad, y en hacer en todo la de Dios.
5. "Quién se une al Señor, se hace uno con El"3, dice la Escritura; )y quién está más perfectamente unido a Dios que aquel que no hace sino la suya propia, y que no quiere más que lo que Dios quiere?
6. Solo la conformidad a la voluntad de Dios es un medio segurísimo y fácil para adquirir en esta vida un gran tesoro de gracias.
7. No se debe reparar4 en gasto, ni trabajo, ni aún perdonar la misma vida, cuando se trata de hacer la voluntad de Dios.
8. (Oh qué5 poco se requiere para ser santo! Ciertamente no otra cosa que hacer en todo la voluntad de Dios.
9. El medio que hay más eficaz, o mejor dicho6, el único para hacerse uno santo, es acostumbrarse7 a cumplir en todo la voluntad de Dios.
10. Hacer en todo y por todo la voluntad del Señor, y estar dispuestos8 a dejarse llevar, vivir y morir según y como fuere su santa voluntad, es la disposición en que se deben conservar los verdaderos siervos de Dios y los hombres de espíritu apostólico, y el distintivo de los hijos de Dios, siempre dispuestos a cumplir los designios de tan buen padre.
11. La conformidad con la voluntad divina es el tesoro del cristiano, por ser ésta el principio9 en que se contienen eminentemente la mortificación, la negación de sí mismo, la imitación de Cristo, la unión con Dios, y todas las demás virtudes en general, que lo son en tanto (...)1 son conformes a la voluntad de Dios, origen y modelo de toda perfección.
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1.propio / 2.propio / 3."Qui adhoeret domino, unus spiritus est" / 4.excusar / 5.cuán / 6.decir / 7.habituarse / 8.prontos / 9.prontuario
12. La voluntad propia destruye y vicia nuestras devociones, nuestros ejercicios, nuestras penitencias, etc., según lo dice2 Dios por el Profeta Isaías: "En vuestros ayunos encontraréis vuestra voluntad"3. Y así para no malograr tiempo y trabajo, es preciso4 no obrar jamás por impulso de la naturaleza, por interés, por inclinación, por fantasía o por capricho, sino acostumbrarse5 a conformarse en todo con el divino agrado.
13. Los que se mantienen firmes y conformes a la voluntad de Dios son sostenidos de su divina mano, y guiados en todo y por todo. Todos los días, toda la semana, todo el año y toda su vida se conservan en suma paz y tranquilidad, asistidos copiosamente de sus santas luces, fecundos de buenas obras, y notablemente aprovechados en sus personas. Da Dios fuerza y energía a sus palabras, bendice especialmente todo lo que comprenden en su servicio, acompaña con la gracia sus designios, sus propósitos, y hace que sus acciones6 sean del mayor ejemplo.
14. Al contrario, los que se apartan de la voluntad de Dios, y conducidos de la suya sólo buscan su satisfacción y propio gusto, no tienen sino pensamientos de la tierra, discursos del mundo, obras muertas; porque en éstos obra la naturaleza, y en aquéllos la gracia.
15. Vale más un acto de resignación a la voluntad divina, cuando el Señor nos envía alguna adversidad, que cien mil obras nuevas nacidas de nuestra inclinación y gusto.
16. El resignarnos con la voluntad de Dios para llevar con paciencia todo lo que fuere de su agrado, según y como fuere servido, es la gran lección del hijo del Eterno Padre; y aquellos que la aprenden y estampan en su corazón son de la primera clase de la escuela de Cristo.
17. No se puede dar cosa más santa, ni de más elevada perfección, que el resignarnos al divino arbitrio; lo cual nos conduce a un total desprendimiento de nosotros mismos, y a una verdadera indiferencia para cualquier estado.
18. Debemos someternos a la voluntad divina, y estar contentos en cualquier estado en que el Señor desee7 colocarnos, sin desear salir de él, a menos de no conocer ser este su gusto, cuya práctica es la mas excelente y provechosa para poder uno ejercitarse en este mundo.
19. Debemos ponernos enteramente en manos de Dios, teniendo por cierto que su inefable providencia ordena para bien nuestro cuanto quiere o permite que suceda.
20. Dios es sumamente glorificado de nuestra total resignación a su divino arbitrio, sin que nosotros conozcamos8 la razón, considerando únicamente que su sagrada voluntad es su razón, y su razón es su sagrada voluntad.
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1.en cuanto / 2.significa / 3."In jejuniis vestris, invenitur voluntas vestra" / 4.menester / 5.habituarse / 6.operaciones / 7.fuere servido / 8. inquiramos
21. Todo cuanto Dios nos concede o nos quita contribuye a nuestro propio bien, siendo tal su beneplácito; y en cumplimiento es preciso1 poner toda nuestra pretensión y felicidad.
22. Las aflicciones que Dios envía, cuando son recibidas con perfecta y cabal resignación, son favores y beneficios, al paso que la conformidad al divino agrado en sufrir las adversidades vale mucho más que toda suerte de bienes temporales.
23. Un alma bien resignada abraza con gusto lo que viene de la mano de Dios, le retribuye un corazón colmado de santos afectos, y le rinde todo el obsequio que puede en servir al prójimo, dejando todo el afecto de sus designios y de sus tareas a la Divina Providencia; y así llega a conservar en medio de turbaciones y adversidades la paz y sosiego del animo.
24. Quien abrace2 con sumisión lo que Dios disponga3, vencerá ciertamente todas las dificultades que acontecen en su santo servicio, y el Señor cumplirá los designios que ha hecho a su favor.
25. Quien procura depender de Dios en todo, viva seguro4 de que cuanto contra él maquinen o digan5 los hombres cederá en bien suyo.
26. Dios no nos pide directamente las violencias del cuerpo, sino una disposición sincera de abrazar las ocasiones de emplearnos en su servicio, según su6 providencia7 sagrada8, con un deseo eficaz de padecer el mismo martirio, si tal fuese su divino deseo9.
27. La mejor preparación para morir bien es una perfecta sumisión a la voluntad de Dios, a imitación de nuestro Señor Jesucristo, que en la oración del Huerto se dispuso para morir con la repetición de estas palabras: "No se haga mi voluntad, sino la tuya"10.
28. La indiferencia, según el sentir de un gran santo, es el manantial de todas las virtudes.
29. La indiferencia es un estado de virtud que nos aparta totalmente de las criaturas, y nos une de tal manera a la voluntad del Creador11, que no nos deja desear cosa alguna, ni inclinarnos a una más que a otra.
30. La indiferencia, no sólo es una virtud de gran excelencia, sino de gran12 utilidad para el perfeccionamiento13 de la vida espiritual, y aun se puede asegurar que es necesaria absolutamente para todos aquellos que quieren llegar a la cumbre de la perfección en el divino servicio. En primer lugar, )cómo podrá uno buscar el reino de Dios, y emplearse en procurar la conversión de los pecadores y la salvación de las almas, si vive dado a los placeres y comodidades de la presente vida? )Cómo ha de cumplir la voluntad del Señor, si se deja llevar de los impulsos de la naturaleza? )Cómo se ha de negar a sí mismo, si anhela ser estimado y aplaudido? )Cómo ha de desprenderse de sí mismo, si no tiene ánimo para renunciar y deshacerse de una cosa de nada?
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1.menester / 2.abrazare / 3.dispusiere / 4.asegurado / 5.dijeren / 6.sus / 7.providencias / 8.sagradas / 9.beneplácito / 10."Non mea, sed tua voluntas fiat" / 11.criador / 12.grande / 13.adelantamiento
- MAYO -
1. El alma totalmente indiferente es comparada por el Profeta a un asno1, el cual no se cuida de llevar una carga u2 otra; de servir a un dueño rico (...)3 que a un pobre; de estar en una caballeriza buena o4 en otra mala; a todo se acomoda; se halla dispuesto a hacer todo lo que de él se quiere: anda, para, gira, vuelve de una parte a otra, aguanta, trabaja de día, noche y a toda hora. A esta semejanza debemos estar desprendidos de nuestra opinión5, de nuestro arbitrio, de nuestras inclinaciones y de todo lo que no es Dios, manteniéndonos indiferentes y prestos6 a todas las disposiciones de la divina voluntad.
2. No se pueden esperar grandes progresos de un hombre que no tiene amor a la oración.
3. No puede dar salida competente a los encargos que tiene en el servicio de Dios quien no se conserva unido a su Divina Majestad por el medio de ejercitarse a estar en su divina presencia.
4. Quien sabe bien la práctica de ejercitarse en la presencia de Dios, y corresponde fielmente a los auxilios de esta divina virtud llegara en breve tiempo a un grado muy elevado de santidad.
5. La reflexión de estar en la presencia de Dios, nos hará familiar el uso de conformarnos siempre con su santísima voluntad.
6. La divina presencia debe tener mas poder sobre nuestro espíritu que la de todas las criaturas juntas.
7. Un hombre de oración es capaz de todo, y podrá decir libremente con el Apóstol aquellas palabras: ATodo lo puedo en aquel que me conforta@7.
8. No hay cosa más provechosa, ni más importante, que la oración mental; por lo que se debe poner el mayor cuidado en practicarla bien, y aficionarse a ella con esmero8. )Y qué son, sino efectos de la oración, la perseverancia en la oración, el buen éxito de las empresas, la victoria de las tentaciones, el levantarse de las caídas, y finalmente, el conservarse en gracia de Dios hasta el fin, y por consiguiente llegar a la eterna bienaventuranza?
9. La oración mental es absolutamente necesaria para los que se emplean en la salvación de las almas, así para que se mantenga vivo el deseo del perfeccionamiento9 propio, el fervor y la devoción, como para que se dilate siempre el espíritu y cobre aliento en el servicio del prójimo.
10. Tan necesario es al sacerdote el uso de la oración como el de las armas al soldado.
11. La oración es un excelente libro para los predicadores; en ella se aprenden del Divino Verbo, que es la fuente, las verdades eternas que han de enseñar al pueblo.
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1.jumento / 2.más que / 3.más / 4.más / 5.dictamen / 6.prontos / 7."Omnia possum in eo qui me confortat" / 8.extremo / 9.aprovechamiento
12. Las mejores disposiciones que se han de tener para la oración son la humildad, el conocimiento de nuestra carencia1 delante de Dios, la mortificación de la pasiones propias y de los impulsos desordenados de la naturaleza, el recogimiento interior, la pureza de intención, la consideración de la divina presencia, la total resignación al divino beneplácito, y las repetidas aspiraciones a la bondad del Señor.
13. La oración debe ser práctica y efectiva, la cual tiene por objeto el ejercicio de las virtudes sólidas, y la mortificación de las pasiones.
14. La oración es un sermón que uno se predica a si mismo para convencerse de la necesidad queí tiene de recurrir a Dios, de cooperar a su gracia, de desarraigar los vicios del alma, y de plantar las virtudes en ella.
15. Debemos aplicarnos con particular cuidado a vencer por medio de la oración aquella pasión ó inclinación mala que nos predomina con el fin de mortificarla, respecto de que, exterminada ésta, lo demás fácilmente se consigue.
16. En la oración debemos levantar el espíritu a Dios, y mantenernos en el conocimiento de nuestra propia carencia2, esperando con humildad que nuestro Señor se digne hablarnos al corazón, y decirnos alguna palabra de vida eterna, la cual hará más que mil proposiciones y especulaciones de nuestro entendimiento; porque sólo lo que procede de la divina inspiración puede contribuir a nuestro bien.
17. Es de la mayor importancia el modo de portarse suavemente en la oración, para no fatigarse demasiado a fuerza de excesivas reflexiones, y de querer sutilizar mucho.
18. Los excesos en cualquier asunto que sea no son loables, y mucho menos en la oración, en la que se debe proceder moderadamente, y sobre todo conservar la tranquilidad del corazón y del espíritu.
19. La demasiada aplicación del entendimiento a cosas del espíritu, queriéndolas hacer sensibles calienta la mente3 y motiva dolores de cabeza, así como los actos de la voluntad reiterados con sobrada frecuencia, y realizados4 con demasiada agitación, esterilizan y secan el corazón, y lo debilitan; por lo que todas las cosas requieren5 un moderado uso.
20. Se han de mirar con veneración ciertos modos de orar elevados, que constan de uniones y oraciones pasivas, enseñadas y practicadas de algunas almas escogidas de Dios por caminos extraordinarios; bien que tales oraciones, aunque de suyo parezcan muy perfectas, no son siempre seguras; y así hemos de aplicarnos a la practica de orar más sencilla y humildemente, a menos que no nos sintamos elevados por el Espíritu Santo a una mas alta contemplación.
21. La perfección de la oración y de nuestro espíritu no consiste en el modo de tenerla con mayor o menor elevación, sino en el grado que se tiene de caridad.
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1.nada / 2.nada / 3. cerebro / 4.hábitos / 5.quieren
22. No se puede tener concepto más adecuado de la perfección y excelencia de la oración, que atendiendo a las disposiciones con que se hace1, y al fruto que de ella se saca.
23. En la meditación debemos tomar2 resoluciones eficaces según3 nuestras necesidades4 urgentes, y determinar el modo más conveniente para liberarnos5 de nuestros malos hábitos, y de conformar nuestra vida con la de Jesucristo, supuesto que el objeto principal de la oración no debe ser de pensamientos elevados y afectos tiernos, sino de adquirir virtudes, y de hacer obras buenas.
24. Es de tanto valor un alma, que por salvarla se debe arriesgar6 no solamente los bienes, sino aun la vida temporal.
25. El celo con el rocío de la gracia y de la caridad quita la amargura a la mortificación, y da consuelo en las persecuciones y trabajos.
26. No es otra cosa el celo de la salud de las almas, que una caridad ardiente, y un deseo fervoroso de dirigirlas por el camino del divino servicio a la eterna bienaventuranza.
27. Los actos principales de este celo son: 11 Exponer la salud corporal y la propia vida por el bien de las almas. 21 Sentir entrañablemente todas las ofensas que se cometen contra la Majestad de Dios. 31 Corregir amorosamente con modos propios a los que en nuestra presencia ofenden al Señor. 41 Instruir a los pobres que en ocasión de viajar se encuentran en los lugares en donde tienen7 residencia8 por algún tiempo. 51 Alegrarse de que otras personas hagan cosas grandes por la gloria del Señor y bien del prójimo. 61 Alabar y apreciar mucho a aquellos que se emplean útilmente en ministerios apostólicos, y hacer fervorosas oraciones por ellos, a fin de que Dios se digne prosperarlos, conservarlos y llenar de copiosas bendiciones sus fatigas.
28. La emulación y cualquier estimulo de envidia, por mínimo que sea, del bien que otros hacen, es un vicio directamente opuesto al puro y verdadero celo.
29. A fin de que Dios sea glorificado, poco importa que sea por medio de quien fuere, y cuando estemos en el cielo, si el Señor nos concede esta (...)9 felicidad, veremos que donde reina la caridad perfecta, no hay ni mío ni tuyo.
30. Debe tenerse por dichoso aquel día en que se impide algún mal, o se ocasiona algún bien.
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1.emprende / 2.hacer / 3.tocantes a / 4.negocios / 5.libertarnos / 6.aventurar / 7.se hace / 8.mansión / 9.suma
- JUNIO -
1. No nos debemos desanimar por no poder impedir todos los escándalos y pecados, ni nos debe parecer poco el remediar parte de ellos, cuando evitamos1, mediante el divino auxilio, aunque no sea más que la pérdida de un alma.
2. Es preciso ponerse en manos de Dios para socorrer con la corrección fraternal al prójimo, aunque peque por hábito o costumbre viciosa, porque de cualquier2 manera que proceda el mal, siempre se debe aplicar remedio.
3. Así como sin gran necesidad no se deben dar medicinas a las enfermos estando en lo más fuerte de la enfermedad3, de la misma forma no conviene por lo ordinario hacer la corrección fraterna al mismo tiempo que se está pecando.
4. Débese tomar tiempo para hacer reflexión en la divina presencia con algunas horas de meditación sobre el modo de hacer la corrección, especialmente cuando el defecto es de mucha gravedad, y la persona poco dispuesta a enmendarse.
5. La corrección se ha de hacer a tiempo oportuno, la primera vez con mucha benignidad y blandura; la segunda con un poco de firmeza y severidad, pero con agrado, y por medios suaves y amorosos; la tercera, finalmente, con celo y entereza, indicando a los culpados el último remedio que será necesario4 aplicar5, si no se enmiendan.
6. La corrección se debe hacer hablando en general, y no en particular, al que ha errado: en primer lugar, cuando por haber echado el mal muchas raíces, se considerase6 que seria infructuoso7 el advertir a solas al culpado; en segundo, cuando éste, aunque por si sea muy bueno, tiene un espíritu tan apocado, que no puede ser ligeramente advertido8 sin alterarse; y en tercero, cuando corre riesgo de que otros caigan en el mismo defecto, si no se hace la amonestación9 en común; fuera de estos casos la corrección debe ser a solas y en particular.
7. Quien oye con indiferencia10 las advertencias y correcciones, se halla en un estado deplorable, y muy lejos11 de imitar a los santos; los cuales querían ser despreciados en el concepto de los hombres, alegrándose cuando se les llegaban a descubrir algunas leves faltas que tenían.
8. Debemos también seguir el ejemplo del santo de los santos: Jesucristo, quién permitió que se le increpase12 por el mal que no había cometido, sin proferir en su defensa la menor palabra para librarse13 de semejante confusión.
9. La verdadera caridad es enemiga del ocio, y no puede ver las necesidades del prójimo sin socorrerlas.
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1.estorbamos / 2.cualquiera / 3.calentura / 4.menester / 5.tomar por precisión / 6.hace juicio / 7.cosa infructuosa / 8.redargüído / 9.reprensión / 10.desabrimiento / 11.remoto / 12.improperase / 13.libertarse
10. Los que poseen una perfecta caridad, la manifiestan aun en lo exterior, y de ordinario sus acciones externas dan testimonio del estado interior del alma.
11. Del modo que es propiedad del fuego el iluminar y el calentar, así lo es de la caridad el comunicarse.
12. Debemos mirar con particular atención a Dios en todos los hombres, y venerar en ellos las perfecciones divinas, lo cual excitará en nuestro corazón un amor lleno de respeto hacia todos.
13. La caridad es un amor superior a los sentidos y a la razón misma, por el cual los hombres se aman recíprocamente, atendiendo al mismo fin que tuvo nuestro Señor Jesucristo para amarlos, para santificarlos en esta vida, y darles la bienaventuranza en la otra.
14. La caridad se debe preferir a todas las riquezas del mundo; es infinitamente más estimable que la vida corporal; es aquella soberana voluntad que movió a Dios a vivir pobremente, y a morir desnudo en una cruz, en cuyo concepto es la que entre todas las demás virtudes nos hace más semejantes a su Divina Majestad.
15. Lo que se hace por caridad, se hace por Dios; y es una dicha grande poder dar por su amor lo que es suyo, y lo que se recibe de su propia bondad.
16. Debemos dar gracias a Dios cuando nos hallamos en ocasión de padecer por la caridad.
17. Jamás pueden los bienes temporales ser mejor1 gastados que cuando se invierten en la caridad, porque entonces en cierto modo vuelven a Dios, a quien, como primer principio y último fin, debe todo atribuirse.
18. Es una señal de nuestra predestinación la caridad fraterna, porque ésta nos lleva2 a reconocer los verdaderos discípulos de Cristo.
19. La caridad fraterna es el alma de las virtudes y el paraíso de la sociedad.
20. Es un paraíso aquella casa en la cual se halla la caridad fraterna; porque no hay cosa más feliz, ni más digna de nuestros deseos, que vivir entre aquellos que uno ama, y de quienes es amado.
21. El amor con que nos debemos amar unos a otros no ha de ser amor genial, nacido de la inclinación de los sentidos, el cual por lo ordinario es más dañino3 que útil, sino un amor que no mire más que a Dios en lo que se ama; y así debe ser fundado en Dios, conforme a Dios, y todo por Dios.
22. Quiera Dios conservar esta caridad y hermandad en los corazones de todos, para que con sus auxilios y mutua correspondencia sean sostenidos los débiles, y la obra de Dios sea conducida a su fin.
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1.más bien / 2.da / 3.dañoso
23. En las comunidades religiosas se debe anteponer la paz y la unión a todo otro bien.
24. El vicio de la murmuración es un lobo rapaz, que arruina y destruye el ganado en que entra.
25. Uno de los mayores males que pueden acaecer en una comunidad, es cuando hay en ella personas que murmuran, se quejan, y tienen que hablar de todo.
26. Dios ama a los pobres, y por consiguiente a los que les aman, al modo que cuando se ama mucho a una persona, también se tiene afecto a sus amigos y criados.
27. Cualquiera que haya1 amado en vida a los pobres, al fin de sus días no tendrá miedo a la muerte, diciendo el Espíritu Santo: "Bienaventurado quien se dedica al necesitado y al pobre; en el día final Dios le librará"2.
28. Si se miran los pobres a la luz de la fe, se descubre en ellos una imagen verdadera del Hijo de Dios; el cual, no contentándose con ser pobre, quiso también ser llamado maestro y doctor de los pobres.
29. Es una bella cosa ver los pobres en Dios mismo, y considerarlos de la manera que los consideró Cristo Señor nuestro.
30. Cristo nuestro Señor ha ennoblecido de algún modo y santificado las miserias humanas con haberse sujetado a ellas, fuera de las ignorancias y del pecado; y con esto nos ha dejado el documento de no despreciar ni abandonar a los que se ven más agobiados.
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1. habrá / 2."Beatus qui intelligit super egenum et pauperem; in die mala liberabit eum Dominus"
- JULIO -
1. Jamás debemos hablar perversamente1 de aquellos que se muestran hostiles2 hacia nosotros, sino abrazar gustosamente el desprecio y la afrenta por salvar el honor del prójimo.
2. No hemos de manifestar sentimiento alguno contra los que con injurias, daños ó calumnias nos persiguen, sino continuar3 tratándolos4 cordialmente como antes, hablando bien de ellos y sirviéndolos en todas situaciones5 en cuanto se pueda lícitamente; incluso6 cuanto mayores sean las injurias, (...)7 tanto mayores muestras8 de estima y afecto (...)9 debemos tener10 con ellos.
3. Las calumnias nos dan motivo de dar gracias a Dios y de alegrarnos, cuando de nuestra parte no se ha dado ocasión de lo que contra nosotros se dice: dichosos nosotros si Dios nos juzga dignos de que padezcamos por la justicia, y si nos da la gracia de que amemos el menosprecio y la confusión, y de que devolvamos11 bien por mal.
4. Dios permite que uno sea difamado injustamente en honor suyo, haciéndolo semejante a Jesucristo, el cual fue calumniado falsamente, y llamado mentiroso12, ambicioso y endemoniado, y esto lo permite por bien del mismo que lo padece; porque por este medio acaso quiere su Divina Majestad que el tal sujeto satisfaga a la soberana justicia en cuenta de otros pecados que ha cometido, y que no conoce, como los conoce su Divina Majestad.
5. La mansedumbre mira al prójimo para sobrellevar13 sus defectos y malos tratos, a fin de atraerlo más dulcemente al conocimiento y amor de Dios.
6. La suavidad en el trato, y el saber sobrellevarse unos a otros mutuamente, es un fundamento de paz y un vínculo de perfección que une los corazones.
7. La afabilidad y el amor es un medio eficacísimo para manifestarse14 en la15 voluntad16 de los hombres, y para animarlos a abrazar las cosas más repugnantes a la naturaleza.
8. No hay personas más constantes y firmes en el bien que han comenzado, que las que son de naturaleza17 humilde y benigna18; y al contrario, las que se dejan fácilmente arrebatar de lo irascible, son por lo común inconstantes; obran por antojo y por ímpetu de la naturaleza. Son éstas semejantes a los riachuelos19, que no tienen fuerza en lacorriente de sus aguas sino mientras duran sus precipitadas inundaciones, y luego se secan, no como los ríos (símbolo de los genios plácidos), que continuando su curso con tranquilidad y sosiego, siempre se mantienen20.
9. El trato humilde y afable con el prójimo aprisiona dulcemente y atrae las voluntades de los hombres.
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1.siniestramente / 2.desafectos / 3.proseguir / 4.en tratarlos / 5.ocurrencias / 6.antes bien / 7.con / 8.demostraciones / 9.nos / 10.portar / 11.volvamos / 12.engañador / 13.sufrirle / 14.insinuarse / 15.las / 16.voluntades / 17.un natural / 18.benigno / 19.avenida / 20.no descaecen
10. A veces no es preciso1 más que2 una palabra dicha suavemente para convertir a un hombre endurecido, y al contrario, una sola pronunciada con aspereza, es capaz de indisponer un3 alma, y de infundirle tal disgusto, que le sea perjudicial4.
11. El maligno espíritu suele valerse de la dureza y rigidez de algunos para poner las almas en la mayor inquietud, y hacerlas caer de uno en otro precipicio.
12. Cristo nuestro Señor es la eterna dulzura de los ángeles y de los hombres, y con esta misma virtud debemos nosotros encaminarnos a su Divina Majestad y conducir a los demás.
13. Es indecible la eficacia que tiene, para ganar almas a Dios, la virtud de la dulzura y de la afabilidad.
14. Esta virtud hace que nos toleremos5 los unos a los otros mutuamente, y que uno condescienda voluntariamente con lo que otro dice; de lo que se deduce6, que si la caridad nos une y junta como miembros de un mismo cuerpo, la afabilidad perfecciona esta unión.
15. Pero esta dulzura de genio debe ir acompañada de fortaleza y constancia de ánimo para no caer7 en lo que se opone a la buena conciencia; fuera de cuyo caso a la dulzura se la debe dar el primer lugar, como que tiene más poder y eficacia en la8 voluntad9 de los hombres, que la severidad y el rigor.
16. Debemos ser agradables, pero de ningún modo aduladores, porque no hay cosa tan vil y tan indigna de un corazón cristiano, ni cosa más aborrecida de las personas de espíritu, que la adulación.
17. Y así, por más que sea conveniente usar con todos de términos corteses, jamás se debe alabar a persona alguna en su presencia, sino cuando se juzga oportuno para animarla a que prosiga el bien que ha comenzado, o para darle aliento, si fuere retraído10.
18. La humildad es correlativa a nosotros mismos, haciéndonos conocer nuestra nada y amar nuestro propio abatimiento; la humildad es la virtud de Jesucristo, de su santísima Madre y de los santos más eminentes; en la humildad se hallan todas las demás virtudes, y las introduce todas en el alma cuando es verdaderamente tal.
19. La humildad es la virtud enseñada por Cristo al mundo, y favorecida de su santo amor. Para vencer al demonio, no hay arma más poderosa que la humildad.
20. En verdad que si nos desengañáramos y creyéramos lo poco que valemos, nos guardaríamos bien de meter la hoz en mies ajena antes de ser llamados, y no buscaríamos la ocasión de ser preferidos a otros operarios que acaso Dios tiene destinados.
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1.menester / 2.de / 3.una / 4.perniciosísimo / 5.suframos / 6.infiere / 7.convenir / 8. las / 9.voluntades / 10.pusilánime
21. Diciendo nuestro Redentor: "Seréis bienaventurados cuando los hombres lleguen a perseguiros, y a decir todo mal de vosotros", es una gran felicidad el ser tratado del modo que lo fue Cristo nuestro Señor.
22. Los que se tienen por autores del bien que hacen, o creen tener en él la más mínima parte, y se complacen de semejante pensamiento, pierden mucho más que ganan, aun en el caso de que las obras que hacen sean de suyo santas y buenas.
23. Las personas dotadas de medianos y comunes talentos son por lo ordinario instrumentos más proporcionados a la mano de Dios para el beneficio de los pueblos, mientras que fiándose menos de sí mismas, suelen con mayor humildad recurrir a Dios, y atribuir a su sola bondad la gloria de todas sus acciones1.
24. Si se considera todo lo que hay en nosotros de humano y de imperfecto, hallaremos muchísimo de que humillarnos delante de Dios y de los hombres, aun de aquellos que son inferiores a nosotros.
25. El que tiene verdadera humildad se juzga el más imperfecto de todos los hombres, se tiene por malo, y atribuye a oculta ceguera el no ver los defectos que los otros ven en él.
26. La humildad nos debe hacer desdeñar todas las complacencias, principalmente las que provienen de los empleos que tienen algún brillo.
27. La vana complacencia es un obstáculo2 para las obras buenas, un contagio que infecta3 las más santas acciones4, y que nos hace olvidarnos5 (...)6 de Dios. Es este un vicio, el más perjudicial7 y contrario a los progresos de la vida espiritual y de la perfección.
28. En las acciones públicas se debe omitir todo lo que no sirve, si no es para8 hacerlas más aparentes y de mayor aplauso; y el abstenerse de conceptos elevados y de palabras estudiadas, es un secreto holocausto del corazón muy grato a Jesucristo, quien se complace sobre manera de la verdadera humildad y de la sencillez de las palabras y obras9.
29. El gustar de que se hable de nosotros para adquirir gloria, es una gran astucia del demonio, el cual por este medio envenena a quien le da entrada en su corazón.
30. (Oh maldito deseo de querer ser celebrado! Cuántas cosas buenas infectas10 y de cuántas malas eres causa. Tú haces que quien había de predicar a Jesucristo se predique a si mismo, y en vez de edificar destruya.
31. La humildad sola es capaz de corresponder a ciertas gracias especialísimas que el Señor alguna vez se digna hacernos, pero a éstas debe estar unido un perfecto desapego11 de cuanto somos y podemos ser con una confianza entera en la divina bondad.
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1.operaciones / 2.tósigo / 3.infecciona / 4.operaciones / 5.olvidar / 6.luego / 7.pernicioso / 8.a / 9.operaciones / 10.inficionas / 11.desapropio
- AGOSTO -
1. Jamás serán idóneos para las obras de Dios los que no tuvieren una humildad perfecta y un verdadero menosprecio de sí mismo.
2. De nada es necesario1 guardarse tanto como de tener pensamientos de soberbia, de ambición y de vanidad, por ser éstos los mas grandes enemigos que pueda haber.
3. La humildad es la raíz de la caridad, y cuanto uno es más humilde, tanto se hace más caritativo con el prójimo.
4. De cuantos medios hay más apropiados para adquirir y conservar la unión y caridad con Dios y con el prójimo, no he podido jamás encontrar otro mejor ni más eficaz que la humildad, el rebajarse2 a todos y el considerarse el más malo y el más despreciable; al paso que el amor propio y la soberbia nos ciegan y conducen a mantener nuestras opiniones contra las del prójimo.
5. Cuando la humildad falta en una comunidad, y cada uno piensa según su conveniencia particular, de aquí provienen las parcialidades, los3 cismas y las divisiones.
6. Un justo sin humildad en la presencia de Dios, es desechado y reprobado con todas sus buenas obras, y lo que en él parece cosa de virtud, es vicio.
7. Un pecador que con verdadero ánimo de humildad reconoce sus propias miserias, en la presencia de Dios queda justificado, y la humildad le sirve de medio para su salvación.
8. El que profunda y sinceramente se humilla, pasa de pecador a justo; al contrario, un ángel en las costumbres que tenga en grado excelente las más altas virtudes, si le falta la humildad, careciendo de fundamento todas sus virtudes y no pudiendo subsistir, viene a ser semejante a un condenado, a quien le faltan todas.
9. Debe cada uno de por sí persuadirse y decirse a si mismo: aunque yo tuviese todas las virtudes, si no tengo humildad me engaño, y teniéndome por virtuoso soy un soberbio fariseo.
10. La virtud de la humildad, especulativamente considerada, es hermosa, amable y admirable; pero puesta en práctica, tiene semblante desapacible a lo natural, y su ejercicio no es grato, porque dicta que se debe hacer siempre elección del último lugar; que se debe uno someter a los demás, aun a los inferiores; que se deben llevar con resignación las calumnias; que conviene amar los desprecios, abrazar las ignominias; cosas todas a las cuales se tiene natural aversión; por lo cual es necesario que cada uno se haga alguna violencia y venza todas las repugnancias para llegar al ejercicio actual de esta virtud; de otro modo no la adquirirá jamás.
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1.menester / 2.abajarse / 3.las
11. Las almas humildes siempre están contentas y alegres, porque el santo espíritu de la humildad que reside en ellas las llena de paz, de modo que no hay cosa que sea capaz de perturbarlas; si se les contradice, se apaciguan; si se les calumnia, sufren; si se hace poco caso de ellas y se ven abandonadas y olvidadas, se persuaden de que todo esto es debido y correspondiente a su merecimiento; si se hallan oprimidas de ocupaciones, trabajan gustosas; si se les manda alguna cosa muy difícil de hacer, se aplican fielmente a practicarla, confiadas en la virtud de la santa obediencia; si son molestadas de tentaciones, se afirman más en la humildad, y recurren a Dios, de quien obtienen victorias contra el demonio; de suerte que no les queda otro enemigo que combatir, si no es el de la soberbia.
12. Esta durante el curso de nuestra vida no concede la menor tregua, sino que asalta de continuo a los mayores santos, mientras viven en este mundo, tentando de diversas maneras, ya a fin de que se complazca vanamente del bien que ha obrado, ya a otro de la ciencia que ha adquirido; a éste a que presuma ser el hombre más excelente; al otro a que se tenga por el más aventajado y de mayor constancia.
13. La soberbia es un vicio perniciosísimo, tanto más de temerse, cuanto mas nos conduce a ella la misma natural inclinación; por cuyo motivo debemos mantenernos siempre vigilantes, procurando oponernos continuamente a lo que nos dicta la naturaleza depravada. Si ésta nos estimula a ensalzarnos, nosotros debemos abatirnos; sí excita en nuestros corazones deseos de estimación propia, y nosotros consideramos las imbecilidades y flaquezas que nos acompañan; si de producirnos al público, y nos abstenemos de todo lo que pueda hacernos visibles, damos mayor estimación a las acciones despreciables y bajas que a las elevadas y honrosas.
14. Recurramos a todas horas a buscar con buena voluntad nuestro abatimiento, refugio seguro para defendernos de semejantes impulsos, fomentados a cada instante en nosotros mismos por esta mal nacida propensión, que nos induce a la soberbia.
15. Debemos dar a Dios toda la gloria, y no reservarnos para nosotros más que el desprecio y la confusión, que es lo que en realidad nos corresponde.
16. La sencillez hace relación a Dios, a quien sólo desea agradar; ésta nos hace semejantes a Dios, el cual es un ser simplísimo que no admite ningún género de composición.
17. La sencillez nos hace caminar directamente1 a Dios sin atender al propio interés ni a principios2 humanos; nos hace hablar y obrar sin doblez, simulación, ni artificio; y no solamente trae consigo la verdad y pureza de intención, sino que aparta de nosotros todo falso3 procedimiento.
18. La sencillez regula las palabras, haciéndonos decir las cosas de la manera que las tenemos en el corazón, aunque no nos obliga a manifestar todos nuestros pensamientos respecto de que esta virtud no se opone a la prudencia, mediante la cual debemos discernir las cosas que deben reservarse y hacer diferencia entre el tiempo de hablar y de callar.
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1.derechamente / 2.respetos / 3.falaz
19. La sencillez endereza nuestras acciones, haciéndonos obrar puramente por Dios, así en los negocios temporales como en los empleos y ejercicios de piedad, sin la menor mezcla de hipocresía, de artificio o de vana pretensión, y nos pone en estado de que no cuidemos de cuanto pueden decir o imaginar los hombres, con tal que Dios nuestro Señor sea servido y glorificado.
20. Jesucristo es todo rectitud y sinceridad, y el que se halla dedicado a glorificarlo, es necesario que obre según su espíritu.
21. La doblez no agrada a Dios, y para que uno sea verdaderamente sencillo, no debe tener otro fin que el de agradar solamente a su Divina Majestad.
22. Para abatir la hipocresía y destruir la prudencia de la carne, no hay armas mejores que la pureza y la sencillez.
23. El modo más acertado para ganar a Dios las personas astutas y sagaces, es portarse muy sencillamente con ellas.
24. No es la ostentación de las palabras la que más ayuda para la salvación de las almas, sino la sencillez y la humildad, las cuales disponen y franquean los corazones a la divina gracia.
25. Así como la simulación y la prudencia de la carne residen poderosamente en el mundo1, así es necesario2 combatirlas y vencerlas con el espíritu de Jesucristo; esto es, con la pureza y sencillez, sin valerse artificios ni ficciones, y sin ayudarse de la falacia y política de los hombres.
26. Importa que nuestro trato sea siempre cándido y respetuoso, truncando las demostraciones inútiles que no son convenientes a nuestro estado.
27. El discurso de un sacerdote3 debe ser grave, modesto y sin aquella viciosa afectación que ordinariamente deprava las conversaciones de los hombres del mundo4.
28. La prudencia es una virtud absolutamente necesaria para saberse acomodar al estado y disposición de cada uno, para tener el miramiento que es debido en obras y palabras y para evitar todo lo que pueda ser perjudicial al prójimo, ó menos conforme a la caridad y a la compostura eclesiástica.
29. Es acto propio de la prudencia el regular las palabras y las acciones; la prudencia hace hablar con la debida cordura5, y con las circunstancias propias6 de tiempo, lugar y materia. Aparta de las conversaciones que son contra Dios ó contra el prójimo, y de las que dirigen a la alabanza propia, o a otro fin no bueno. Hace obrar con advertencia y con recta intención, de modo que el prudente se gobierna en la conformidad, en el tiempo, por el fin que debe, el cual no es otro que Dios. Nos facilita los medios más convenientes, y nos guía por el camino mas derecho y más seguro para conseguir nuestro último fin.
30. La verdadera y cristiana prudencia nos dispone a que sin el menor temor de poder errar sujetemos nuestro entendimiento a las máximas del Evangelio, y nos enseña a juzgar las cosas del mundo como las juzgaba el mismo Jesucristo, y a hablar y obrar de la manera que su Divina Majestad hablaba y obraba.
31. La santa prudencia, que Jesucristo nos dejó recomendada en el Evangelio, es la que proponiéndonos un fin todo divino, nos instruye igualmente en el modo de abrazar los medios proporcionados a él; los cuales pueden elegirse de dos maneras: o con solo la luz de la razón, la cual es débil y flaca las más veces, o con la de la fe, y de las verdades que Cristo nuestro Señor nos ha enseñado, las cuales son infalibles.
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1.siglo / 2.menester / 3.eclesiástico / 4.siglo / 5.circunspección / 6.requisitas
- SEPTIEMBRE. -
1. La prudencia de la carne y del mundo1 es la que no tiene otro objeto que lo temporal, y tal vez lo injusto; y no se sirve si no es de medios humanos y muy falibles.
2. No hay cosa en el mundo más contraria al buen éxito de los negocios que la precipitación; al paso que la lentitud suele más bien conducir a la utilidad que al perjuicio.
3. Un consejo dado con poca reflexión, y no considerado con madurez, es de temer que nazca más del propio espíritu que del de Dios.
4. Vivamos abatidos y alegrémonos de ser pobres, porque de otro modo no seremos verdaderos discípulos de Cristo, el cual dice: "Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el reino de los cielos"2.
5. Dios nos hace una gracia especial privándonos de todo lo que puede hacernos distintos3 a nuestro Señor Jesucristo, quien ni aun tuvo casa propia. Acaso nosotros podremos hallarnos en un estado mas ventajoso y agradable a Dios que aquel en que su Divina Majestad se ha servido colocarnos. Contentémonos, pues, de mantenernos perfectamente sumisos a su eterna providencia, reconociéndonos indignos de ocupar empleo mejor, y aun el mismo que tenemos.
6. La pobreza voluntaria y efectiva nos hace recurrir y convertirnos a Dios, al paso que la abundancia muchas veces es ocasión de que le olvidemos.
7. Ningún hombre puede ser más rico que cuando es semejante a Jesucristo.
8. Cuando más pobres somos, más debemos confiar en la divina providencia, a la cual debemos entregarnos absolutamente, así por lo que se refiere4 a bienes espirituales, como a temporales.
9. Dichosos nosotros cuando el Señor se complace de ponernos en estado de poder honrar su pobreza con la nuestra; porque entonces nos hallamos constituidos en una venturosa precisión de estar continuamente pendientes de su divina providencia; tenemos lugar de recurrir a menudo a su bondad, de compadecernos de las miserias de los pobres, y de practicar reiterados actos de paciencia, de humildad, de mortificación, y de resignación a la voluntad divina.
10. Por cuantos bienes tiene el mundo, no se debe jamás hacer cosa contra Dios ó contra la conciencia.
11. No basta que los sacerdotes5 sean excelentes en castidad, sino que deben acompañar esta virtud con tal temor y miramiento, que ni el mas rígido censor de vidas ajenas pueda concebir la más mínima sospecha de sus costumbres.
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1.siglo / 2."Beati pauperes, quoniam ipsorum est regnum caelorum / 3. desemejantes / 4.mira / 5.eclesiásticos
12. No deben omitir diligencia alguna por extraordinaria que sea, absteniéndose si fuese1 preciso hasta de obras santas y buenas, como visitar enfermos y otras semejantes, en caso de considerarse así conveniente para evitar un mal tan grande.
13. Los principales remedios contra las tentaciones sensuales son: en primer lugar, la continua oración acompañada de mucha mortificación en comida y bebida; en segundo, la no interrumpida ocupación de cosas relativas2 a la vocación propia; en tercero, la sincera comunicación con el director espiritual; en cuarto, la confianza filial puesta en la asistencia divina, y en la muy poderosa intercesión de la Santísima Virgen. Pero todos los medios son ineficaces e inútiles, mientras que con todo esfuerzo3 no se procura cuanto sea posible dar de lado4 a las ocasiones así próximas, como remotas.
14. Quién se halla constituido por voluntad divina en un género de vida loable para el alivio del prójimo, no debe aspirar al estado de otra más retirada con el fin de apartar los peligros y asegurar más la castidad; respecto de que no puede darse ocupación mas apta, para librarse uno de las tentaciones, que aquella misma en que Dios le ha puesto; y el que en tal situación no fuere casto, mucho menos lo será en la otra.
15. Todo el bien de la criatura consiste en hacer la divina voluntad, y ésta jamás se cumple sino5 cuando se practica la obediencia.
16. Por la obediencia consigue el hombre la aniquilacíon del amor propio, y la verdadera libertad que es propia de los hijos de Dios.
17. El murmurar de las disposiciones de los superiores es una especie de negación6 de la fe interna; porque así como en la externa se incurre por dejar el hábito y la religión, así la interna no es otra cosa que apartarse del dictamen, voluntad y espíritu y corazón de los superiores por seguir uno sus ideas; lo cual es el mayor mal de cuantos pueden acontecer a una comunidad.
18. La obediencia no se verifica solamente porque uno haga presente lo que le está mandado, sino por tener una perfecta disposición de hacer todo lo que en cualquier ocasión se le pueda mandar.
19. Además7 de la gracia que se adquiere por la virtud de la obediencia, el Señor se complace en hacer la voluntad de aquellos que por su amor someten8 la voluntad propia a la de los superiores.
20. Nuestra obediencia no debe reducirse a aquellos solos que tienen autoridad para mandarnos, sino que como nos aconseja San Pedro, debemos, por el amor de Dios, humillarnos a toda humana criatura.
21. Debemos considerar a los demás, como a superiores nuestros, y someternos9 a ellos, aunque nos sean inferiores, anticipándonos con todo género de respeto y servicio10. (Oh qué cosa tan excelente seria ésta, si quisiera11 Dios que esta práctica se estableciera bien entre nosotros!
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1.fuere / 2. tocantes / 3.conato / 4.mano / 5.más bien 6.apostasía / 7.a más / 8.sujetan / 9.sujetarnos / 10.servitud / 11.pluguiera
22. Como los miembros del cuerpo humano se ayudan mutuamente, y se soportan1 los unos a los otros por la conservación y bien de todo el cuerpo, del mismo modo los individuos de una comunidad deben imitar esta recíproca correspondencia. Los doctos, cuando no media pecado ó error, deben soportar2 las faltas de los ignorantes; los sabios y prudentes las de los humildes y sencillos: (...)3
23. Poca diferencia hay de andar por un camino o por otro con tal que ambos conduzcan4 a un mismo lugar5, pero no es de poca importancia el someter6 uno su propia voluntad a la del prójimo.
24. No puede haber virtud sólida en una alma poseída de sí misma, y armada a su propia voluntad.
25. Es necesario7 no tener demasiada condescendencia, la cual muchas veces no se opone a lo malo por no disgustar al prójimo.
26. El contemporizar en las cosas malas ó peligrosas no es virtud, sino desorden y pusilanimidad.
27. Ni más ni menos condescendencia de la que se requiere para que Dios no sea ofendido.
28. La mortificación es necesaria para adquirir la mansedumbre, y para superar las dificultades que se ofrecen en el servicio de Dios.
29. La medida de nuestro adelanto8 en la vida espiritual se debe regular por el progreso que uno hace en la virtud de la mortificación.
30. (Ay de aquel que busca sus gustos! (Ay de aquel que huye de las cruces! porque las encontrará tan pesadas que le oprimirán.
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1.sufren / 2.comportar / 3."Non alta sapientes, sed humilibus consentientes" / 4. Guíen / 5.paraje / 6.sujetar / 7.menester / 8.adelantamiento
- OCTUBRE -
1. Quien hace poco caso de las mortificaciones exteriores, con el pretexto1 de que las interiores son más perfectas, demuestra claramente que no es en ningún modo mortificado ni interior ni exteriormente.
2. Pocos sacerdotes dados a la mortificación sirven más que muchos entregados a la delicadeza y a sus propias comodidades.
3. Aquellos que por demasiado temor de incomodarse ó de padecer huyen de la fatiga, teniéndola por dañina2 a la salud corporal, siguen la prudencia de la carne, son hombres de poco y sensuales.
4. La mortificación de la gula es el a b c de la vida espiritual; y quien no sabe refrenar este vicio, menos podrá vencer otros que son más difíciles de superar3.
5. Quien se deja gobernar y dominar de la parte inferior y sensitiva, no merece ser tenido por hombre, sino por animal.
6. La vida de un operario evangélico tiene por fundamento la negación de sí mismo, y la imitación de la de Jesucristo, y de los Apóstoles.
7. Siempre que nos acontecen cosas no esperadas, sean aflicciones ó consuelos espirituales ó corporales, deben ser de nosotros recibidas con igualdad de ánimo, considerando que todo nos viene de la mano de Dios.
8. El excesivo4 trato con los parientes disminuye el concepto, y nadie es tenido en su patria por profeta.
9. Cristo nuestro Señor, a uno que había ya empezado a seguirle, no le quiere permitir que vaya a enterrar a su propio padre, y excluye del número de sus discípulos a cualquiera que no deja padre y madre y a sí mismo.
10. Los desconsuelos son las prendas más seguras del divino amor.
11. Es dichoso y agradable a su divina majestad el estado de aquel que padece por su amor, supuesto que Jesucristo quiso coronar las acciones heroicas de su santísima vida con un exceso de penas, que le ocasionaron la muerte.
12. Con el padecer nos hacemos semejantes al hijo de Dios, el cual por salvarnos quiso sufrir tantos trabajos hasta morir por nosotros, y con su ejemplo nos enseñó, cuánto con la tolerancia de ellos podemos glorificar a Dios y santificarnos.
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1.pretextándo / 2.dañosa / 3.superarse / 4.demasiado
13. Suele Dios probar a sus siervos, y castigar a los que bien quiere: "Dios prueba al que ama"1.
14. Una de las pruebas más ciertas que hay para conocer los soberanos designios de Dios a favor de una criatura, es cuando le envía penas sobre penas, y aflicciones sobre aflicciones.
15. La verdadera ocasión de conocer el perfeccionamiento2 espiritual de una alma es cuando padece tribulaciones y tentaciones.
16. Un solo día de tribulación puede ocasionar más mérito que muchos de tranquilidad.
17. Un alma que está siempre tranquila, es como el agua muerta, que se corrompe y huele mal; a diferencia del alma ejercitada en tentaciones, que es, como agua corriente, limpia y dulce.
18. Dios nos envía aflicciones y penas para que nos ejercitemos en la paciencia, y para enseñarnos la compasión que debemos tener de los trabajos del prójimo.
19. No es tan malo tener al demonio a cuestas como vivir sin cruz, porque el estar acometido del enemigo común no puede perjudicar al alma; pero el no tener que sufrir hace que no nos conformemos con Jesús paciente, cuya conformidad es la verdadera señal de nuestra predestinación.
20. Si atendiéramos a las tribulaciones con reflexión cristiana, y se desvanecieran de nuestro espíritu todas las nieblas de los principios3 del mundo, los cuales, oponiéndose a los resplandores de la fe, no les dejan penetrar hasta el interior del alma, nos tendríamos por dichosos de ser calumniados y rechazados4 no sólo por hombres inútiles y superfluos, sino por malvados y viciosos.
21. Las calumnias y persecuciones son favores especiales que hace Dios a quien le sirve fielmente, siendo éstos los medios de que se vale su sabiduría soberana para aumentar la santidad de las almas, y para apartarlas de todo lo que pueda servirles de impedimento para unirse con su divina majestad perfectamente.
22. En ocurrencia de calumnias y de injurias es preciso5 hacer frente al contratiempo, y no temerá fin de justificarse, sino abrazar la confusión, tolerar toda adversidad con paciencia y longanimidad, dejar hacer a Dios, y aguardar con confianza la hora de que nuestro Señor obre.
23. Debemos alegrarnos de que Dios nos tenga por dignos de padecer, y supuesto que se toman las medicinas, por amargas que sean, a efecto de recuperar y conservar la salud del cuerpo, razón será que abracemos voluntariamente los trabajos, bien que repugnantes a la naturaleza, como remedios eficaces de que se sirve el Señor para curar un alma, ó para conducirla a mayor perfección.
24. Se ha de tener por desgracia grande de las casas ó personas particulares el vivir con tranquilidad, suceder todas las cosas a medida del deseo, y no tener que sufrir por el amor de Dios.
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1."Quem diligit dominus castigat" / 2.aprovechamiento / 3.máximas / 4.reputados / 5.menester
25. Por todas partes hay trabajos, y basta que se hallen dos hombres juntos para que el uno cause al otro motivo de ejercitarse en la paciencia; y aun cuando uno estuviese solo, no le faltaría causa de incomodarse a sí mismo, y tendría en sí propio motivo de ejercitar esta virtud; en tanto, es cierto que nuestra vida miserable está llena de penas.
26. El trabajo que se lleva con paciencia, cuando se da principio a alguna buena obra, alcanza del cielo las gracias que son necesarias para concluirla.
27. Bienaventurados nosotros, si conseguimos la gracia de conocer el precioso tesoro que incluyen las enfermedades.
28. Las enfermedades hacen buenas las almas, sirven de medio eficaz para adquirir virtud al que no la tiene, y brindan1 al enfermo un campo dilatado para practicar la fe, la esperanza, la resignación a la voluntad del Señor, el amor a su divina majestad, y todas las demás virtudes.
29. Las enfermedades hacen conocer que la salud no vale tanto como uno mismo.
30. El estado en que pone a uno la enfermedad es pesaroso y casi insoportable a la naturaleza, y es nada menos que uno de los medios más poderosos de que Dios se vale para reducirnos a nuestro deber, para librarnos2 de cualquier mala inclinación, y para infundirnos sus dones y gracias.
31. La muerte, la vida, la salud, la enfermedad, todo viene por disposición de la divina providencia.
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1.franquean / 2.libertarnos
- NOVIEMBRE. -
1. Gran culpa cometen los que llevan con impaciencia sus enfermedades.
2. Las enfermedades no son males de los que debemos huir, sino medios propios para santificar nuestras almas; y el querer ir contra ellas, cuando Dios nos las envía, no es otra cosa que alejarnos de nuestro bien.
3. En las enfermedades se debe usar de los remedios que tienen virtud para sanarlas, dando en esto honor a aquel Señor que ha criado las plantas, y las ha ordenado para este fin; pero el tenerse demasiado afecto, y el entregarse con exceso a la delicadeza por cualquier mal1 de nada es de lo que nos debemos guardar.
4. Hemos de fijar la mirada2 no menos en el bien del prójimo que en el nuestro, teniendo cuidado de proceder recta y lealmente para con todos.
5. Es cosa puesta en razón el que se haga justicia acá en la tierra para satisfacer con ella de algún modo a la divina, a fin de que siendo en este tiempo de misericordia castigados los que tienen culpa, no experimenten en la otra vida el rigor de la (...)3 mano de Dios.
6. El reconocimiento que se debe tener de los beneficios recibidos, es uno de los medios más eficaces para implorar otros en adelante.
7. Por la parte más corta se debe emplear tanto tiempo en dar gracias a la bondad divina por los beneficios recibidos cuanto se ha empleado en implorarlos.
8. Siempre hemos de estar prontos para socorrer a nuestros bienhechores en sus necesidades, teniendo por fortuna propia el empobrecer por sacar de trabajos a los que nos han favorecido, con el seguro de que en semejantes casos la misma divina bondad se complacerá de ser nuestra bienhechora, y de que haciéndolo así jamás nos faltará cosa alguna.
9. La modestia exterior y el buen ejemplo es un callado4 sermón muy penetrante. Viene a ser como carácter y diferencia específica de los verdaderos siervos de Dios, por la cual se distinguen de los hombres sensuales, y por cuyo medio, derivándose de la gracia interior, obra insensiblemente en las almas que la conservan efectos maravillosos.
10. El recogimiento y el silencio son absolutamente necesarios para los que hacen profesión de ayudar espiritualmente al prójimo.
11. El interior recogimiento preserva de la divagación de espíritu, y de la cual se sigue tibieza y desfallecimiento en los que tienen obligación de enfervorizar a los demás en el santo temor de Dios.
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1.malecito / 2.mira / 3.vengadora / 4.tácito
12. Un1 alma que se siente movida por divina inspiración es capaz de hacer cosas extraordinarias.
13. No puede llamarse obra humana la que ningún hombre jamás ha imaginado.
14. Es cosa muy penosa2 la renovación3 de sacerdotes4 de mala vida cuando se han endurecido en los vicios.
15. El reino de Dios es paz, y en quien vive en paz reina el Espíritu Santo.
16. Cuando Dios da luz y auxilio para proceder contra alguna inclinación, y para cumplir aquello que a su divina majestad es más agradable, da también virtud y fuerza para ponerlo en ejecución.
17. Cuando Dios destituye a uno de fuerzas corporales, es señal de que se sirve de otros instrumentos para efectuar sus designios.
18. La honra es cosa verdaderamente vana cuando no está fundada sobre la verdad, y cuando se funda en ella, no hay peligro de que se pierda.
19. Nadie debe introducirse por sí en las dignidades eclesiásticas, y particularmente en los cargos5 eclesiásticos; así para imitar al hijo de Dios, el cual siendo Sacerdote eterno no por eso vino por sí a ejercitar tal ministerio, sino que aguardó a que el Padre se lo mandase, como por seguir la institución de la lglesia, que no permite semejante introducción.
20. El no introducirse por diligencia propia ni por medios humanos en los empleos eclesiásticos, es una cierta señal de vocación a ellos.
21. Quien no se introduce por sí mismo en los cargos eclesiásticos6, sino que aguarda a que Dios le llame a ellos, alcanza de su divina majestad las especiales gracias que van unidas7 a una legítima vocación, con las que produce frutos de una vida apostólica, y dignos de la eternidad, bajo el seguro de no experimentar a la hora de la muerte remordimiento de conciencia de haberse por voluntad propia echado sobre sí el peso de una diócesis, que entonces parece insoportable.
22. La gracia de la perseverancia es la más importante de todas, y la que sirve de corona a las demás gracias.
23. La muerte que nos halla sorprendido con las armas en la mano hacia el divino servicio, es la más gloriosa y digna de nuestros deseos.
24. Es preciso8 alentar a los pecadores, y el espíritu infernal es quien ordinariamente se vale de la severidad y aspereza de algunos para más perturbar las almas.
25. El fin único del superior debe ser el honor de Dios y la santificación de las almas; y esto de ningún modo se puede conseguir mejor que con la humildad y benevolencia.
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1.una / 2.ardua / 3.reforma / 4.eclesiásticos / 5.prelacías / 6.prelacías / 7.anejas / 8.menester
26. El cargo de un superior no debe tener otra mirada1 que la de servir a Dios, sin aspirar a la más mínima satisfacción de los hombres, viviendo con la seguridad de haberla de recibir de Dios copiosamente.
27. El superior debe emplear su principal cuidado en tener por medio de la oración una incesante comunicación con Jesucristo. Este es un libro, en el cual hallará todas las instrucciones que pueden serle necesarias.
28. En sus dudas debe recurrir a Dios, por medio de la oración, no sólo por lo que mira a casos particulares de poco gusto, sino también para aprender inmediatamente de Dios lo que tiene de enseñar a los demás, a imitación de Moisés, que no anunciaba al pueblo sino las cosas que había antes oído del Señor: "Esto dice el Señor"2.
29. Debe además3 de esto recurrir a la oración para conservar su alma en el santo temor y amor a Dios, porque no pocas veces sucede perderse aquellos que cuidan de salvar a otros, siendo cierto que alguno tal vez obra bien cuando sólo cuida de sí, el cual, aplicado después a la dirección de las almas, se olvida de sí mismo. Saul fue juzgado digno de ser Rey porque vivía bien en casa de su padre; pero puesto en el trono Real cayó miserablemente de la gracia de Dios. San Pablo castigaba su cuerpo porque temía no fuese que después de haber predicado a otros, y mostrándoles el camino de la salvación, viniese a quedar condenado4; con que para no incurrir en tal desventura, es necesario5 que nos unamos inseparablemente con Jesucristo por medio de la oración.
30. Para sufragar las necesidades de los que tiene bajo su gobierno, )de qué otro medio se podrá valer si no es de la oración? Créame que hará más por este medio que por ningún otro. Jesucristo, que es el único a quien debe imitar, no se contentó con emplear por nuestro bien sus sermones, sus fatigas, sus ayunos, su sangre y su misma vida, sino que a todo esto agregó la oración, no por necesidad que de ella tuviese, sino para enseñar a los superiores a hacer lo mismo, tanto por sí como por aquellos a quienes con su ejemplo deben guiar a la gloria.
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1.mira / 2."Haec dicit Dominus" / 3.a más / 4.reprobo / 5.menester
- DICIEMBRE -
1. Debe uno desnudarse de sí mismo para vestirse de Jesucristo, porque las causas ordinariamente producen efectos conforme a su naturaleza; por lo que1, si el que tiene a su cargo cuidado de almas, y obligación de instruirlas en la enseñanza2 y en el modo de vivir; está animado únicamente del humano espíritu, )qué podrán ellas hacer sino infundirse3 del mismo espíritu, y aprender de él la apariencia, y no la solidez de la virtud? Al contrario, si estuviere lleno de Dios, y fundado en los principios4 de Jesucristo, sus palabras serán eficaces, y sus obras ejercitaciones poderosas a la virtud. Para llegar a este grado de perfección es necesario5 que el mismo Señor imprima en él su carácter y lo llene de espíritu; porque así como los árboles silvestres, cuando se injertan, producen frutos de la naturaleza del injerto, así nosotros, miserables criaturas, aunque no seamos más que carne, heno y espinas, con todo, comunicándonos el hijo de Dios su espíritu, y estando unidos a él como el sarmiento a la viña, hacemos lo que su divina Majestad; esto es, hacemos obras divinas, y a imitación de San Pablo, que se hallaba lleno de este espíritu, somos Padres en Dios de aquellos que dirigimos.
2. El superior está en lugar de Jesucristo; y de este modo, a imitación suya, debe ser luz que resplandezca y acalore.
3. Así como las causas superiores influyen en las inferiores, los ángeles de superior jerarquía en los de inferior, así también el superior debe purificar, iluminar y unir a Dios las almas que tiene a su cuidado.
4. Del modo que los cielos comunican a la tierra sus benignas influencias, debe el superior infundir en sus súbditos el espíritu principal de que han de ser animados; por tanto, es necesario que esté lleno de gracia, de luz y de buenas obras, para hacer partícipe6 a su comunidad7, a la manera que el sol va comunicando la plenitud de su luz.
5. El superior no debe acobardarse a la vista de las dificultades que se le ofrezcan, ni entrar en aprensión si su gobierno no agrada a todos; lo mismo le sucedió a Cristo nuestro Señor. (Oh cuántos hubo, y cuántos hay aún en el presente, que no aprobaron, ni aprueban hoy en día sus acciones!
6. Cuide el superior de no querer parecer, ó superior ó señor de su comunidad8, siendo gran error el dicho de que para gobernar bien y mantener uno su autoridad debe hacerse conocer por superior. Jesucristo nos ha enseñado lo contrario con sus ejemplos y con su doctrina, expresando que no había venido al mundo para mandar, sino para servir, y que debe ser de todos el que quiera ser superior. Para conformarse con esta mandato9, debe portarse con aquellos cuyo cuidado está a su cargo como uno de ellos, (...)10, haciendo visible por sus obras y por sus palabras que no ha entrado a ejercitar su cargo para ser señor, sino para servir.
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1.cual / 2.instituto / 3.imbuirse / 4.máximas / 5.menester / 6.participantes / 7.súbditos / 8.súbditos / 9.sentencia / 10."Quasi unus ex illis"
7. Aquellos superiores experimentan dificultades grandes en su gobierno, que quieren que nadie se les oponga, que todo suceda a medida de su antojo, que se les obedezca sin la menor réplica ni tardanza de que a modo de decir se les tribute adoración. Pero esto no acontece a los que aman las adversidades y los desprecios, que se consideran como siervos de los demás, y que gobiernan teniendo siempre fijos los ojos del alma en seguir el ejemplo de Jesucristo, quien toleraba con mansedumbre la rudeza1, la envidia, la poca fe, y otros defectos de sus discípulos.
8. Deberá a un superior serle grato el ser avisado de sus faltas, porque en su empleo es posible2 que las cometa, no sólo como superior, sino como cristiano.
9. Los empleos de superior tienen sus espinas, como todos los demás estados, y los superiores que desean cumplir con su obligación de palabra y de obra, deben sufrir mucho.
10. Ha de cuidar ingeniosamente el superior de prevenir con santa tarea3 los abusos y desórdenes que pueden producirse4, siendo cosa más fácil el impedirlos al principio que remediarlos después de haber hecho algún progreso.
11. Entre todas las cosas que son capaces de hacer desviarse5 a las comunidades de su buen ser, no hay otra más peligrosa que el ser gobernadas por superiores demasiado blandos, y que desean complacer con el fin de ser amados.
12. Así como los desgraciados sucesos de una guerra ordinariamente se atribuyen al general del ejército, en la misma conformidad los defectos de una comunidad por lo regular provienen de las faltas del superior; y al contrario, el bienestar de los individuos depende de la buena conducta del jefe, y todo el bien de una comunidad del buen gobierno de los superiores.
13. La autoridad de Dios, que reside en los superiores, no se minora por tomar consejo en las ocurrencias, aun de los inferiores; antes bien, la buena armonía que de ahí resulta la hace más digna de amor y de veneración, y Dios bendice las determinaciones que se hacen de esta manera.
14. Las resoluciones que se toman con madurez de consejo y con dictamen de otros son tan agradables a su divina Majestad, que se debe rechazar como tentación todo lo que a esta práctica se opone; y cuando se pone en ejecución un negocio después de haber sido encomendado a Dios y consultado con otros, es necesario6 afirmarse en lo que se ha emprendido, aunque nuestro Señor no nos lo imputará a culpa en caso de haberse hecho la diligencia posible para venir en conocimiento de su santísima voluntad.
15. Debe procurar el superior por medio del agrado y de la suavidad que sea llevadero el yugo de la obediencia, y por esto los modos de que ha de usar no han de ser imperiosos y ásperos, sino atentos y amorosos.
16. Debe ser constante, pero no duro el superior; debe evitar cierto género de dúlzura insípida, que no conduce a nada, y tratar a cada uno con afabilidad y atención, usando siempre de ruegos y razones blandas, y jamás de palabras agrias e imperiosas.
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1.rusticidad / 2.dable / 3.industria / 4.introducirse / 5.decaecer / 6.menester
17. Acuérdese el superior, que no hay cosa más a propósito para ganar los corazones que el modo de obrar humilde y suave.
18. Debe profesar una singular y cordial ternura de afecto paterno con su comunidad1, y recibirlos con tales demostraciones de amor, que cada uno de por sí pueda conocer la fina voluntad que le tiene.
19. Debe el superior posponer cualquier2 otra ocupación por oír a su comunidad3, y darles tiempo de que manifiesten lo que quieren, aunque sea a costa de incomodarse.
20. Los debe acoger con semblante apacible, y usar con ellos términos de benevolencia y afecto paterno, especialmente en oírlos con tanta mansedumbre cuantas veces a él recurran, que no muestre jamás la menor señal de disgusto, aunque se halle ocupado en asuntos de la mayor importancia y urgencia.
21. Debe ser todo para todos con el fin de ganar a todos para Jesucristo, acomodándose ingeniosamente al humor y disposición de cada uno.
22. Deberá alguna vez el superior deponer la seriedad y gravedad de superior, sirviéndose de algunos asuntos joviales para alentar a los pusilánimes.
23. Este amor debe ir acompañado de estimación y respeto, considerando mucho la virtud que en ellos se halla, atribuyendo cuanto sea posible sus obras a buen fin, y hablando de sus personas en tales términos, que todos vengan en conocimiento del buen concepto en que los tiene.
24. Cuando se viere precisado a manifestar los defectos de alguno, debe al mismo tiempo referir las virtudes y buenas propiedades de tal sujeto, a fin de que no se minore en quien hubiere concebido.
25. El superior debe compadecerse y disimular buenamente las faltas que hasta en asuntos de la mayor consideración cometen los alquién de su comunidad4, ó por olvido ó por imbecilidad humana; teniendo presente que Dios perdona semejantes defectos para humillar a unos, y dar a otros ocasión de merecer, ó por algún otro cualquier respeto de mayor importancia que aquella obra que debieran haber practicado.
26. Cuando (...)5 algunos6 cometieren algunas culpas contra el superior, debe éste entonces gobernarse con mucha moderación, respecto de que teniendo él obligación de ser más sufrido que los otros, es preciso7 que se compadezca de los que son más débiles8, y que dé tiempo de que se reconozcan.
27. Debe a tiempo oportuno corregir a los que abusan de su tolerancia, pero con tal suavidad, que no se advierta en quien corrige la más leve pasión, sino puro celo de la enmienda del culpado, y del bien común.
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1.súbditos / 2.cualquiera / 3.súbditos / 4.súbditos / 5.los / 6.súbditos / 7.menester / 8.flacos
28. Una persona destinada por Dios al bien de los demás no debe tener menos consuelo en darles algún alivio que el que tiene un buen padre cuando remedia las necesidades de sus hijos.
29. Debe usar de toda diligencia con los que padecen penas interiores y son molestados de tentaciones, a fin de ayudarlos y preservarlos; y si halla de parte de ellos alguna dureza, ha de procurar vencerla con modos suaves y sumisos.
30. Debe gobernarse con singular agrado con las personas escrupulosas, disimulando sus flaquezas y oyéndolas con sufrimiento.
31. Lo mismo debe practicar con los genios difíciles y delicados, a los cuales se les debe ayudar con particular blandura; siendo su debilidad1 de espíritu más digna de compasión de lo que lo son las enfermedades corporales.
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1.flaqueza
ORACIÓN EN HONOR DE SAN VICENTE DE PAÚL
(PARA RECITAR DESPUÉS DE LEER EL PUNTO SEÑALADO CADA DíA).
Con la mayor confianza de mi espíritu comparezco delante de vos, oh glorioso San Vicente de Paúl, y me encomiendo del todo a vuestra protección en la divina presencia. )Y cómo podré recelar de no ser oído benignamente de vos, y atendido con igual eficacia?
Mientras viviste acá en el mundo, no hubo quien se hallase necesitado de vuestro auxilio, y dejase de ser socorrido por la vigilancia de vuestro espíritu y por la caridad de vuestro corazón. Todo sexo, todo género de personas, toda distinción de grados, toda necesidad de alma y cuerpo experimentó copiosos efectos de vuestra beneficencia. No hubo naciones, provincias y reinos tan dilatados en sus confines, que no los excediese el cuidado en vos más grande en su verdadero bien. En los parajes donde estuviste y por donde transitaste, a costa de vuestras apostólicas tareas y maravillosas santas empresas1, redujiste los extraviados al camino recto de su salvación; aumentaste la piedad y religión en los buenos; preservaste en los inocentes su maculado candor de todo terreno contagio; restauraste en edificación común de los sacerdotes2 el espíritu conveniente a su carácter; y sobre aquellas tierras que eran más míseras, y que estaban poco menos que abandonadas, fue vuestro mayor gusto el derramar más abundantemente vuestros sudores, para hacerlas más cultas y colmadas de frutos dignos de vida eterna. Y no contento con emplearos vos sólo en la práctica de tan excelentes obras, )a cuántos otros atrajiste también con vuestro ejemplo, haciendo que se consagraran a la gloria de Dios y al bien espiritual del prójimo? Por lo que, aun después de vuestra muerte, proseguid en trabajar a tan alto fin por medio de ellos acá en la tierra, al mismo tiempo que estáis gozando de los eternos descansos allá en la gloria. Estas vuestras acciones, que os han concedido3 tan gloriosa recompensa, me sirven de eficaz impulso para recurrir a vuestro patrocinio, y a suplicaros, como lo ejecuto, os dignéis interesaros con igual afecto de vuestro corazón para conseguirme lo que más conviniere a mi alma. Alcanzad a ésta la imitación de vuestras virtudes y el celo más fervoroso y constante de mirar por mi salvación, especialmente por medio de un amor semejante al vuestro, que la aparte, de todo afecto de vanidad y falsos bienes de este siglo, y que la mueva a poner todas sus complacencias en su Salvador Jesucristo, y en el cumplimiento de su adorable voluntad.
Recibid (Oh amabilísimo Santo! estos mis ruegos, y no permitáis que entre los innumerables que protegéis y amparáis de mil maneras, yo sólo quede sin obtener el beneficio que de vos imploro, y espero conseguir, y más ahora que vuestra caridad, nunca cansada de hacer bien a todos, no está en nada disminuida, antes bien inmensamente perfeccionada en ese lugar de vuestra inmortal felicidad, a donde espero ir confiado en vuestro patrocinio; así sea. Amen.
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1.industria / 2.eclesiásticos / 3.granjeado