Georgina Herrera
Cárdenas-Cuba


 

Elogio para las negras viejas de antes

Los velorios
eran el sitio exacto para que se abrieran
como libros fabulosos
en sus mejores páginas.
Ellas, las negras viejas, contaban
lo que antes
había llegado a sus oídos.
Pero nosotras, las que ahora
debíamos ser ellas,
fuimos contestonas,
no supimos oír,
tomamos cursos de filosofía,
no creímos.
Habíamos nacido demasiado cerca
de otro siglo, sólo
aprendimos a preguntarlo todo,
y al final estamos sin respuestas.
Ahora, en los velorios, alguien,
estoy segura, espera
que contemos lo que debimos aprender.
Permanecemos silenciosas,
parecemos
tristes cotorras mudas.
No supimos
apoderarnos de la magia de contar
sencillamente
porque nuestros oídos se cerraron,
quedaron tercamente sordos
ante la gracia de oír.