Luis Rogelio Nogueras
La Habana. Cuba.


 

El último caso del inspector

El lugar del crimen
no es aún el lugar del crimen
es sólo un cuarto en penumbras
donde dos sombras desnudas se besan

El asesino
no es aún el asesino:
es sólo un hombre cansado
que va llegando a su casa un día antes de lo previsto,
después de un largo viaje.

La víctima
no es aún la víctima:
es sólo una mujer ardiendo
en otros brazos

El testigo de excepción
no es aún el testigo de excepción:
es sólo un inspector osado
que goza de la mujer del prójimo
sobre el lecho del prójimo

El arma del crimen
no es aún el arma del crimen:
es sólo una lámpara de bronce apagada
tranquila, inocente
sobre una mesa de caoba

 


Gracias, poesía

por enseñarme que el camino a la verdad
no puede pasar por la mentira,
que los medios son también parte del fin;
gracias por recordarme que sólo el futuro no deja huellas,
por mis defectos que me hicieron humano,
por mi hora de pena y mi hora de gloria.
Gracias por tu dulce y terrible compañía.
No me abandones.

 


Pérdida del poema de amor llamado "niebla"

Ayer he escrito un poema magnífico
lástima
lo he perdido no sé donde
ahora no puedo recordarlo
pero era estupendo
decía más o menos
que estaba enamorado
claro lo decía de otra forma
ya les digo era excelente
pero ella amaba a otro
y entonces venía una parte
realmente bella donde hablaba de
los árboles el viento y luego
más adelante explicaba algo acerca de la muerte
naturalmente no decía muerte decía
oscura garra o algo así
y luego venían unos versos extraordinarios
y hacia el final
contaba como me había ido caminando
por una calle desierta
convencido de que la vida comienza de nuevo
en cualquier esquina
por supuesto no decía esa cursilería
era bueno el poema

lástima de pérdida
lástima de memoria.

 


Eternoretornógrafo

El joven poeta murmuró cerrando el libro de Apollinaire:
"Este sí es un poeta..."
Y Apollinaire, el soldado polaco Wilhelm Apollinaris de
Kostrowitzky,
enterrado hasta la cintura en el fango de la trinchera cerca de
Lyon,
mirando la noche estrellada del 4 de agosto de 1914,
la tierra seca, florecida de estacas y alambre de púas,
sembrada de minas esa noche de 1914,
mirando las bengalas azules, rojas, verdes en el cielo envenenado
por los gases
apretó el húmedo librito de Rimbaud mientras sobre su cabeza
pasaban silbando los obuses.
Y Rimbaud, haciendo sus maletas en Charleville, echó junto a
su ropa los versos de Villon.
Y Villon, el doce veces condenado, el apócrifo, el inédito,
pensó ante el patíbulo en las tres cosas que más había amado:
su mujer Christine, su leyenda, la de él, la de Villon,
y el borroso recuerdo de unos versos que hablaban de la noche
del 711 en que Taric se apoderó de Gibraltar.

Y el sombrío poeta árabe que escribió aquellos versos la
noche del 711 apoyándose en la cimitarra
imitaba los versos que su abuelo le leía en la lejana Argel;
y el abuelo de Argel había leído a Imru-ul-Qais, al que Mahoma
consideraba el primer gran poeta árabe; lo había leído una
interminable jornada en el desierto de Sahara más húmedo
ahora que entonces
en la lenta marcha de los camellos y las teas encendidas.
Y es probable que Imru-ul-Qais escribiera en la lengua de Alá
imitaciones de Horacio,
y Horacio admiraba a Virgilio,
y Virgilio aprendió en Homero,
y Homero, el ciego, repetía en hexámetros los extraños poemas
que se susurraban al oído los amantes en las estrechas calles
de Babilonia y Susa,
y en Babilonia y Susa
los poetas imitaban los versos de los hititas de Bog Haz Keui y
de la capital egipcia de Tell El Amarna,
y los poetas del 4000 a.n.e.
imitaban a los poetas del 5000 a.n.e.
hasta que el hombre de Pekín, en la húmeda caverna de Chou-Tien
viendo arder lentamente sobre las brasas el anca de un venado,
gruñó los versos que le dictaba desde el futuro
un joven poeta que murmuraba cerrando un libro
de Apollinaire.



Tú dijiste adiós

Tú dijiste adiós para siempre,
no desde la cima de una colina, en primavera,
ni desde un tren en marcha,
ni desde un muelle, al atardecer,
ni desde el extremo de un camino,
agitando un pañuelo:
en esta era de adelantos tecnológicos,
tú dijiste adiós vía satélite,
en una larguísima distancia,
de modo que la ITT
es también responsable de esa despedida sin
cara, de ese adiós naufragando en la estática,
de esa voz sin labios para besar
por última vez.