A
un torso arcaico
Dicen
que aún
La hermosura no se había prendado
de tí,
que una excesiva frontalidad
hizo sospechar
cercanos vinículos de sangre
con Anubis.
Aseguran que tu cuerpo
no fluyó entre las manos
de Praxiteles,
que nunca guardaste la entrada
de un templo de Fidias.
Para algunos, eres sencillamente
un voto de obligada
y permanente
castidad.
Esto me tranquiliza.
Porque te va a ser muy difícil
engañarme.