Maritza Aguirre
Palma Soriano. Cuba.
Reside en Estados Unidos.


 

Tierra que me fuiste dada

Eran casas praderas pasadas por los siglos
con tendederas de sábanas y de golondrinas
un parque con retreta
y toda una muchachada de domingo
girando una y otra y otra vez
sentido inverso
para encontrarnos cien veces
cien veces venturosos
reir enamorarnos
de algún adolescente del colegio.

Yo no tengo estirpe de patriota
no asisto a las plazas convocadas
no clamo por consignas
yo dije patria
donde haya tierra blanda
donde habite un amigo
donde un hijo procree
pero el país es una sumatoria de terribles
todo ruinas
todo escombros
y los rostros
esos rostros del hambre ya sin asideros
doblando las estrellas
los sin ojos
cosidos en el zulo de alguna fortaleza.

¡Ay! pueblo mío
país arrebatado
tan mío tan amado tan lejos de este mundo
yo que nunca dejé crecer melancolías
quiero tomarte país entre mis brazos
como una novia rota como un niño dormido
y llegar hasta el fondo de los ríos
para emerger después sin las heridas
para nacer de nuevo en otra historia
donde la muerte sea la consecuencia de la vida
y no la vida este penar de muerte
país de mis amores.



Oración por la lluvia

Vengo a pedirte, señor, por mis cenizas.
Porque estos recipientes ya vacíos
no se me rompan y pueda un día
llenar mis precipicios nuevamente.
Vengo a pedirte por mi camposanto.
Ese que nunca regaste con tus aguas
para que nuestros cuerpos resecos
se humedezcan
y de estas rocas hirvientes
el musgo nos resguarde.
Vengo a pedirte también
por este carnaval de huesos ignorantes
danzando en la abstinencia del sepulcro.
Porque los tiempos de olvido convocado
no calcinen la senda de los hijos.
Porque estas cuencas de náufrago
no logren mutilarlos
y brote entre los dienteperros y el absurdo
alguna cosa verde que huela a primavera.

 


Descripción para un retrato

Mis pies son esos dos pilotes que se hincan
hasta el profundo corazón de las cavernas
sus raíces de acero, sus aguas subterráneas.

Mi tronco está entre las columnas y portones
tras los arcos encendidos que custodian nostalgias
por los muros insurrectos de un insomne aldabón
en las tejas que atesoran claraboyas exactas.

Mis brazos son esos ríos que te bañan en Junio
la sombra en la pradera que una nube te ofrece
la copa de los árboles
el viento acariciando tus regiones ocultas
y esta lluvia que resbala por tu cuerpo de Mayo.

Mi cabeza es ese pájaro que la brisa intuye
el aroma de una ciudad perdida entre los tiempos
bajo el bramido del mar en un banco de encajes
la luz traspasando el mediopunto
el café y la plática que queda en la memoria
la consecuencia, la causa, el acto mismo.

 


Santiago, mi corazón

I

Santiago es mi adolescencia
llenándose de Enramadas
por antiguas balaustradas
que dibujan mi inocencia
las cuerdas de tu presencia
seduciendo ventanales
mientras cubiertas corales
insinuando a la bahía
se entregan en cofradía
que ignoran cantos nupciales.

II

Santiago tú mi oración
por los altos corredores
por la Plaza de Dolores
bajo un techo de Garzón.
Santiago, mi corazón
deambula en el Instituto
en cierto pájaro astuto
que anidó en la catedral
en tu casco colonial
en un balcón diminuto.

III

Si el cielo se las ingenia
y de algún modo a tu suelo
van las alas de mi vuelo
Santiago, Santa Efigenia
no es remanso de mi venia
más que mi muerte me importa
la vida que reconforta
latiendo por tus caminos.
Ay, si pudieran mis trinos
sumergirme por tu aorta.

IV

Quién pudiera enamorarte.
Cómo beber tus raíces
y mezclarse en tus matices.
Ay, San Juan, Plaza de Marte
quién puede de tanto amarte
con tu magia, tus cerrojos,
entregarte sus despojos.
Para qué darte mis huesos
teniendo yo tantos besos
tantos cánticos y arrojos.

V

Santiago, en tus callejones
un día morí de amor
como el pudor al clamor
de las antiguas pasiones
testigo son los portones
los raíles del tranvía
culpable es Santa Lucía
de los besos que te diera
como si la vida entera
fuera tu boca y la mía.

VI

Si a tu paso por Santiago
algún temblor te sorprende
no temas, mi suelo es duende
que juguetea a ser mago
la tierra mece en halago
por pobladores que sueñan
los transeúntes se adueñan
de ventanales que trovan
y los caribes desovan
los corazones se empeñan.

VII

En mi ciudad consentida
soplan duro los fantasmas
magia ritual cataplasmas
de las almas, de la vida
a veces cierran la herida
a veces hasta florece
y cuando el cielo parece
que nos negara su manto
en el camino hasta el santo
de alguna calle acontece.

VIII

Te quiero por tantas cosas
que se quedan en el alma
aunque me pudra en la calma
de las semanas luctuosas
o lanzando irrespetuosas
premoniciones, da igual,
pero este tiempo de sal
transitará por molinos
y entre tus brazos marinos
me arrullará un madrigal.

 


Pasaje al arco iris

A Carlos José

Yo digo amor, y el mundo se puebla de palomas.
Cada sílaba mía trae la primavera.

Pablo Neruda


Cuando tu ríes
ríes por cada poro
por cada uno de tus vellos
por todas las moléculas que expiras
el mundo se puebla de Nerudas
y yo galopo al pelo de un caballo azul
con todos tus soles en mis cauces
y un aire metafísico penetra en mis legiones.

Cuando tu ríes
hasta el último rincón de tus vertientes cruje
y yo defiendo tus mares y tus cuencas
y llego hasta las mismas aspas de la historia
como un alucinado o un gladiador
con todos tus agostos en mi frente
estallo en la adversidad de mis lagartos
en tus océanos me inundo
sin otro timonel que tus demonios
y tus olas me entregan los corales
al romper sus arcos en mi playa.

Cuando tu ríes
yo voy de mi naufragio al arco iris
se hincha el corazón de mil palomas
y todo el mundo
es un grano pequeñito en mis bolsillos.

 


No, Don Anselmo


No, Don Anselmo.
Recurro al cansino principio del marxismo:
en la esencia del ser radica el tema.
No importa que cuna lo vio nacer a usted
ni en que remota isla, por hermosa.
No reinicie la ruta conocida
ni vuelva a ver en América, Las Indias.
No equivoque.
Mi nombre no es asere
no es santa ni gallega.
Es agua clara.
Ser de mi isla no entraña
ajustar su isla a mi cintura.
Desande usted camino. Marche al barranco.
Y entréguele a su madre mis respetos.

 


Nota para Ana lanzada en una piedra

con mi raíz cerca de la tuya para que nuestras copas juntas mecieran con el aire


Ana, esta noche lo leí.
No me puedo dormir.
Te alerto.
No vayas a ningún lugar.
Es un libro maldito.
Con razón tu abuela lo escondía tan alto.

Dice que saldremos de la casa
y que no regresaremos.
Que nunca más volveremos a encontrarnos.
Que no escucharás el silbido desde mi balcón.
Que no colgaremos más tohallas de colores
para llamar los novios desde la ventana.
Y que puede suceder en un instante.

Tu casa aparece en un extremo de la hoja.
La mía en el otro.
El resto es una maraña de tierras y agua
no media nuestra calle con baches.
Quizá si recortamos el papel y unimos los bordes
podamos evitarlo
pero entonces los nombres quedan al revés
y eso puede ser peor
son campos visuales opuestos.

En un país lejano veremos nuestros cuerpos
diferentes.
Yo te reconoceré enseguida y silbaré con fuerza
pero tu no escucharás.
Desplegaré en una plaza la tohalla de colores
y tú no la verás.
Te tiraré una caja de recuerdos
con las flores secas de la noche del viernes
con los aspavientos de tu madre en el patio
con los besos de Manuel.
Y ni siquiera recordarás que Manuel fue el amor.

Busca el segundo tomo.
Encuentra el libro maldito
ahí deben estar las soluciones
siempre las hay.
Tengo miedo Ana.
Hoy vamos a quedarnos quietecitas.
No salgas aunque tu madre te lo pida.
Vamos a agarrarnos bien a estos balcones.

 


Quién iba a creer

Cuando lo escuchamos, nos reímos
porque ¿quién iba a creer aquel absurdo?
no era más que un guijarro
un lunar
un soplido
una siesta de todos los sentidos.

Cuando lo leímos, nos reímos
porque ¿quién iba a creer aquel absurdo?
no era más que el vuelo de un escritor muy fértil
un susto de muchacha, una agujeta.

Cuando empezamos a vivirlo, nos reímos
porque ¿quién iba a creer aquel absurdo?
no era más que un mazo golpeando las cabezas
un grillo alojado en el oído
el hincón de una abeja en la esperanza.

Cuando empezamos a morirlo, nos reímos
porque ¿quién iba a creer aquel absurdo?
no era más que un hierro quemando las entrañas
un rasgón de tiras de vagina, un incesto tardío,
un tiro sin la gracia de la muerte.

Cuando nos mataron, nos reímos
porque ¿quién iba a creer aquel absurdo?
no era más que un temblor sin piedad en los cuerpos
un nular de alas
un talar de troncos
un silencio de pájaros.

Cuando las imágenes salieron, lloramos
porque ¿quién iba a creer aquel absurdo?

 


Los amigos son raras especies

Hay amigos mariposas.
Nos regalan el placer de los colores
pero son breves
no saben de raíces ni de rayos
y se pierden en las flores.

Hay amigos trasgos.
Aparecen sorpresivamente
iluminando los rincones de la estancia
y se van dejándonos las ganas todavía.

Hay amigos dinosaurios.
Son aquellos que pactaron con sangre
guardar nuestros amores en secreto
y ahora lo ríen con otros dinosaurios
delante de nuestros hijos.

Hay amigos troncos.
Permanecen en el mismo lugar donde nacieron
nos reciben colmándonos de frutos y de sombras
y nos hacen llorar al despedirnos.

Hay amigos puentes.
Esos jamás pierden el norte
nos van señalando teléfonos, ciudades
aparecen en las fechas señaladas
y enternecen.

Hay amigos lluvia.
Llegan en las sequías prolongadas
a prodigar nuestras tierras
a devolver el verde a las montañas
y estremecen.

Hay amigos quimera.
Les guardamos por años la blandura
y un día al voltearlos
al mirarle los ojos descubrimos
que un extraño los habita
y lastiman.

Hay amigos estrella.
Se alzan en las noches más oscuras
para darnos su luz y la esperanza.

Hay amigos concha.
Que buscan la humedad de nuestra ola
y les damos el mar
y los corales.

Hay amigos brujas.
Que en su afán por descoser espasmos
nos llevan en sus vuelos por pecados celestes
y nos hilvanan los sueños todavía.


Hoy
con sólo la presencia de uno de estos brujas
bastaría.

 


Un deseo


Yo sólo pido un deseo.
O no, mejor pido dos
ayúdame en esto, Dios
descúbreme en tu bojeo.

Yo pidiera por pedir
si de pedir se tratara
que la vida comenzara
de nuevo con el morir.

En un empeño de suerte
si regresara la doña
levantaré una borgoña
para embriagar a la muerte.

Y a alguna estrella veloz
si hubiera oportunidad
pedirle la eternidad
para vivirla con vos.



El espantángeles

Niño malcriado y rabioso
correteando al destrozo.
Pandillero, lengua suelta
de la melena revuelta.

Buscapleitos, dormilón
mal mandado, bravucón
armado de desperdicios
derramando mis desquicios.

Orquestador de secretas
aventuras, de perretas.
Niño de las malas pulgas
que con los ojos divulgas

cuando quiebran los compases.
Autor de las más audaces
diabluras, malabarista
payaso, burro flautista

remolón, desordenado
zorro, enano desdentado
que me espantas hasta el sueño,
tirano en el desempeño

cuando das mi nombre al viento.
Mas si me roza tu aliento
cuando tus ojos me ofreces
si me abrazas, si me meces

galopan entre mis venas
caracolas y sirenas
y mis torres se desdoblan
y las campanas redoblan.



La casa de la tinaja

Entre estas viejas paredes corroídas
desandan los fantasmas de mi suerte
la saya de la abuela inunda el aire
augurio de alacena de manjares
al alma del abuelo nos da el norte
maestro del central y de la esdrújula.
Bajo este techo en que tanto arrulla octubre
que hoy nos muestra el universo en su descaro
nos dichamos de primos, hermanos, travesuras
reímos juntos en cada Nochebuena
y lloramos la muerte de papá.
Por este piso pulido en mi sin fin
que fue pista de sueños, barca, oasis
al lomo de mi padre atravesamos ríos
y el bastón del abuelo se fue en surcos.
Aquí amanece el tío tecleando la Underwood
abuela nos encanta con su varita Singer
y la cama de hierro en que papá nació
fue cielo nuestro, frontera, iglú, trapecio
con que tocábamos de noche las estrellas.
Hoy que mis ángeles proyectan otro entorno
buscando un nuevo equilibrio a sus espacios
caerán los buitres sobre la miseria
y tendremos que empacar nuestros fantasmas.
¿Adónde irá a parar tu pizarrón, abuelo?
¿Con qué agujas, mamá, vas a tejer?



Para vivir

Voy a quemar todas las vocales
voy a arrancarme cada consonante
voy a agujerear las palabras
a amordazar los versos
a acuchillar todos los poemas
voy a crucificar las escrituras
desleeré cada sílaba en regreso
volveré al no ser
a la que no ha visto más luz que la del día
para vivir
como animalito que corre en la campiña
como hojita silvestre
como el feliz Arcadio que engendra en el corral
llegaré al principio
del fin.



Los gallos

¿Quién clama por ti?
Tus versos se ahogan doblados en mi pecho
y los hombres son sordos de tu nombre.

Por Ricardo Silva, Alexis Rodríguez y tantos otros.

 

Hay un gallo que canta tan ancho
que quema la noche
tiene el pico verde como de verbena
y en las plumas el rojo de los corazones
las espuelas no esconde
va rajando mentiras
por detrás de su canto se escucha
el canto de los otros gallos
faenando
arrancando penumbras
para que la mañana sea.
Al gallo primero
le van a torcer el pescuezo
por cantor
y por gallo
el mundo se espanta
porque no habrá mañana sin gallo que la cante
vecinos lejanos piden por la gracia
y el dueño
del patio y del gallo
lo restaura al palo del viejo gallinero.
El mundo agradece
guajiro tan manso
y espabila al cantío tenaz y profundo
que trae la mañana
mientras
en un foso del patio se pudren
299 cabezas de gallos.

 


Si supieras, José

He plantado un árbol y le he puesto al lado
una casa
una casa construída
con manos de labor de deshilados
un árbol y una casa
cultivados con hojas que nunca se secaban
con los viajes del patio a la cocina
con sueños servidos en la mano
donde anidaban amigos y retratos.

He tenido un hijo
en la casa que crece junto al árbol
y el hijo sale y entra
y corre y vuela por la casa
y por el árbol.

He escrito un libro
con el aura del hijo
a la sombra del árbol.

Luego un rayo partió en dos el árbol
y la casa.
Las editoriales están abarrotadas
y valen más tres putas tristes
que un sólo soneto en carne viva.
Y sigo sin saber qué es lo que viene
después del árbol, del hijo y del libro
en este cielo que exploro
con un hijo que no sabe aún
que un día habrá de sembrar otro árbol
que tal vez escriba un libro
y se multiplique en otro hijo
para que un rayo
no le parta nuevamente el árbol y la casa
y las editoriales me importen un carajo
y un hijo le abrace las espaldas.