Carta para ser entregada a mí misma
si alguna vez me voy a otro lugar para siempre
Y
ya verás, Laura,
como te acuerdas del mar
aunque una vez hayas dicho
que el mar no es ya una sorpresa
porque hace años que se anuncia.
Querrás lanzar señales
pero ya nada existirá
ni tan siquiera un poco de humo;
te tentará un hombre
amargo
desconocido
ajeno.
Te tentará un hombre
que quizás te recuerde a éste
que ahora siempre tiene prisa.
Guarda, si tienes tiempo
todos tus días viejos,
para después si te encuentro
poder reconocerte.
Quédate despierta
deja todo tu cuerpo en un poema
aunque nadie quiera leerlo,
pero quédate despierta
y ya verás, Laura,
como te acuerdas del mar
aunque una vez hayas dicho
que el mar no es ya una sorpresa
porque hace años que se anuncia.
Motivos por un fin de año
El
tiempo nos elige,
nos inventa,
nos coloca la costumbre
de aparecer en todas las ventanas.
Luego nos trae noticias de los amigos.
A veces nos trae a los amigos
sin noticias, sin afectos.
Puede que un día nos quite
los afectos, los amigos
y sólo queden catástrofes
que nos inventen esta costumbre
de ponernos tristes.
Un año es el tiempo justo
para entender que es mentira
que presiento las llegadas.
Es el plazo para prometer
que todo va a ser menos falso.
Conozco el valor exacto
de cada minuto atrevido.
Si me desnudo
ya nada habrá que pueda
rescatarme de este desorden.
El tiempo nos destituye,
nos acaba con el deseo
de esperar ternuras
que puedan salvarnos.
Ya lo sé,
a pesar de estas noches de diciembre
sigo creyendo en esos comerciantes de palabras
que sin motivos abrieron sus puertas
de par en par
para que yo entrara;
que un día las cerraron
sin saber que ya he quedado dentro
y no hay escape.
Diciembre es pequeño
y aunque tengo cuidado,
cuando jugamos a los escondidos,
siempre aparece alguien
que descubre cuál es el lugar único
en el que guardo las flores
que acostumbro a poner sobre mis hombros
cuando espero.
Me asesina con solemnes embustes
este año que termina.
Ya no sé en qué sitio
voy a encontrar una curva.
Vigilo a los amigos
en rondas que realizo a medianoche;
siempre resulta que estoy dormida,
que no estoy,
me he marchado
cuando ellos hacen un fugaz intento de acercarse.
Quiero contarte
por qué mis ángulos se vuelven
más agudos a fines de año,
quiero que esté en silencio
mientras yo continúe distante;
tratando de liberarme
de todo lo que se evapora.
¿De dónde viene este llanto tan sospechoso?
¿A dónde iré cuando acabe el año?
Estoy con los que gritan en los parques
porque temen que las calles les griten a ellos.
Yo soy de otra banda,
no sé qué hacer
con estos días que quedan de diciembre,
días que nos inventan,
nos eligen,
nos destituyen,
nos acaban
y luego siguen.
Todos somos gitanos
Ingenua
marcho
hacia lugares donde dejamos
la huella desconocida de nuestro olor a buenaventura.
Todos los recodos del camino abandonan su sitio
para enredarse hasta llegar al próximo alto.
Nadie comentó el andar detrás de los sombras
como si fuéramos, todos, animales buenos
que pretenden amigarse
con los perros que no tienen casa en el pueblo.
Nadie comentó el andarnos
y no es que no nos vieran.
Ninguna mariposa
nos acusó de robar hierbas
para colgar detrás de las puertas
y no es que no nos vieran.
Qué bailes habrán de celebrarse
a los que yo no asista
esperando perder un zapato
justo cuando suenen las doce campanadas.
Cansada estoy de oir:
"la vida es un tango".
Ojalá nadie sospeche de mí cuando suene el bandoneón.
No estoy de vuelta.
"all the best"
es esta cama.
No estoy sin alas,
aquí puedo parir hijos y barcos.
Qué sucederá cuando todo se nuble
y no hayan vigías a la entrada de mi tienda.
Ofreceré mi infierno
a los pecadores menos peligrosos
para que se conviertan en dioses.
Es necesario saber con exactitud
de dónde sopla el viento.
No soy mala.
Busco un sitio poco concurrido
donde el flautista
escuche mis aplausos.
Todos somos gitanos.
No soy mala.
Ninguna mariposa me acusa.
No soy mala
y no es que no me vean.
La mujer del guerrero
Yo pude ser la mujer de un guerrero,
para eso me educaron en casa,
pusiéronme el corazón muy fuerte,
tanto como el de mi madre
-"que mira cómo lucha".
Yo esperaría muy quieta las noticias de la batalla
no lloraría por la pérdida
yo estaría seca en el entierro.
Yo no pude ser la mujer de un guerrero,
yo elegí mal,
yo fui mal elegida.
Yo nunca conseguí endurecer mi corazón,
yo no pude estarme siquiera un instante quieta.
Yo elegí mal,
yo fui mal elegida
y el que creí mi amado estalló un día,
lloré por la pérdida.
No hubo entierro, ni cadáveres siquiera
pero tuve la atroz idea
de haber quedado casi seca.
Yo no pude ser la mujer de un guerrero,
yo quedé con el corazón cálido,
extraño, no ardiente, no frío;
sólo cálido.
En casa no entienden.
En casa no entienden que todos los guerreros han muerto,
que ninguno anda por el mundo buscando compañía.
Los guerreros han muerto sin que yo pudiese
conocer alguno jamás.
Los guerreros se han marchado no sé a dónde
y en casa me miran, mustia, delgada,
pero no entienden.
Guarda todas las llaves del mundo en tu corazón
Un
día descubrirás que nunca me llamé Laura,
que anduve aferrada a ese nombre
porque lo creí exacto a mi cuerpo.
Temo a tu afán de rescatar trenes soñolientos.
No esperé que llegara la madrugada
para beberme el torrente de silencios
de donde debiste levantarte.
Siempre supe que vendrías de lejos,
con la misma suerte de quien encuentra una casa
donde creyó que sólo había espacios desnudos.
Desnudos y simples
Tuve miedo de que no me recordaran
cuando por fin me escapase para siempre.
La revelación es una muralla
y no tengo poder
para gritarle a la piedra que se abra.
De cualquier modo tengo miedo,
guarda todas las llaves del mundo en tu corazón.
Descubrirás que nunca me llamé Laura.
Esa noche no pondré cerrojos.
Pagaré lo necesario y
tendré entonces la nostalgia de quien se ha cambiado el nombre
Ahora
voy a cambiarme el nombre
porque casi me he cansado de ser Laura.
Pagaré lo necesario
y tendré otra historia.
Cuando llegue ese tiempo
no estaré escribiéndole poemas a Jorge.
si no tal vez me decido
a hacer un acto único;
moveré los dedos
y podré trasladarme a cualquier lugar del mundo,
a cualquier mano
e inclusive a cualquier cuerpo
si es preciso.
Ahora voy a cambiar de nombre,
podré acercarme a todas las puertas,
mirar para dentro de todas las casas
y no descubriré peligro alguno.
Porque casi me he cansado de ser Laura,
pagaré lo necesario para tener primos,
un pelo muy largo,
un amante que me visite en secreto
y en cada regreso
traiga un montón de polvo en los zapatos.
Pagaré lo necesario,
tendré entonces pocos huesos
y unos deseos horribles
de balancearme sobre todos los hombros,
con la nostalgia
de quien se ha cambiado el nombre.
La moneda
I
La moneda.
Si permanecí en esta ciudad para siempre
no fue porque encontré las letras de la patria sobre el río
No por la belleza de la ciudad que se deshace.
No por los puentes ni los muros.
Si permanecí en esta ciudad para siempre
fue porque una noche lancé al aire la moneda
y cayó eligiendo por mí la espera,
la certeza de todos los regresos.
II
El reverso de la moneda.
Si permanecí en esta ciudad para siempre
fue para aguardar los regresos.
Las cartas las fotografías las postales
las negocié con mi espera.
Viví hasta el delirio cuando los otros marcharon.
Vi desmoronarse los muros,
ensancharse las calles disminuir el mar que teníamos.
Ahora vuelves en solitario, vuelves.
Tanto envejecí, tanto.
Irás de prisa, sin tiempo para ver mis ojos.
La ciudad está destruida, no hay belleza.
Soy sólo el pretexto para que odies el regreso,
para que no te angusties y jamás vuelvas.
El
poema de Sleins
Yo tengo doce años y adoro ver a mi madre cepillándose
el cabello,
es hermosa mi madre cuando está sola.
Cuando está sola mi madre está serena, suave.
Cuando alguien viene mi madre cambia.
Cuando llegan los visitantes mi madre no ve más.
Sólo yo la veo,
ellos tampoco la ven,
ellos oyen hablar mal de todo lo que anda mal,
ellos quieren ver sus vestidos, sus manos,
sólo yo la veo, está hablando con ellos
pero en realidad está cepillándose el cabello para mí.
Mi padre llega y saluda a los visitantes,
luego se reclina en la cama
y a mí me parece que su enorme cuerpo está tan cansado
que siento pena
y pienso levantarme para acariciarle la frente
pero qué van a pensar los visitantes
ya soy un hombre y no debo tocar a otro hombre,
sin embargo, a veces, quisiera tanto poder abrazarlo
muy fuerte como si yo fuera una niña
y él me alzara del piso y yo me colgara de su cuello
y él me apretara fortísimo hasta estrujarme la bata.
Mi padre conoce tan bien a mi madre.
Mi madre está tan sola.
Mi padre la ama tanto,
le perdona la frialdad, las malas maneras
y hasta el cariño que a manos llenas da a los otros.
Mi madre está tan sola.
Mi padre está envejeciendo y mi madre no quiere ver su desamparo,
yo estoy creciendo y mi madre no quiere ver mi desamparo,
le da pavor no poder remediarlo.
Mi padre sabe que estoy creciendo aquí donde estoy sentado,
mi padre sabe que tengo deseos de besarlo,
mi padre espera pacientemente a que la visita se marche.
Yo espero a que la visita se marche,
somos cómplices de lo mismo,
nos miramos y cada uno sabe lo que el otro está pensando,
es lo de siempre,
el rezo eterno para que los visitantes en la huida
no se lleven el corazón de mi madre.
La
sombra de los otros
Yo he estado sola en el fondo de mi casa
y he sentido tras de mí una sombra cálida.
He tenido miedo de volverme y no hallar nada.
La sombra, lo sé, ha intentado acariciarme el cabello, suave,
levemente para que no lo note,
para que no sepa cuánto me cuida.
La sombra quisiera acariciarme despacio,
teme que me eche a llorar
porque sé que no merezco la recompensa.
Los días en que menos buena he sido
es justo cuando se me aparece
y la veo ir y venir,
me mira escoger el arroz, lavarlo.
Me mira conectar el radio y ponerlo muy alto
para no oírme a mí misma,
me mira cuando pego la espalda a la pared
y me voy dejando caer, llorando,
hasta llegar al suelo.
La sombra, lo sé, es quien me dicta,
me examina y me indica en las esquinas
a dónde mirar para no morir atropellada.
Todo lo someto a su juicio
y nadie lo sabe,
creen que no consulto jamás,
que no pido ayuda,
que no me equivoco.
Yo he estado sola en el fondo de mi casa
y he sentido tras de mí una sombra cálida.
Sólo yo sé cuántas veces no la merezco,
yo he estado sola y he sentido una sombra cálida.
Yo he sentido miedo de volverme y no hallar nada.