Yo
que llegué a ver temporada de mi muerte
Hay
una temporada
en que el hombre enmudece y muere
y se cava en el pecho para enterrar la lucidez un hueco
hay un tiempo en que los amados tuyos
te abandonan en los manicomios
y tienden a desconocerte
y un tiempo en que se vuelven a la codicia
los hombres pobres codician cosas simples
la lucidez de otros o cosas simples
pero hay un tiempo en que se muere
y la lucidez cesa
y los amados queman tus fotos con bochorno
y te entierran en el patio de sus casas por bochorno.
En
una temporada así viniste Tú
y no te percibió mi ojo enfermo
yo era un extraño en hombros de un extraño
que conducía mi cuerpo a parte alguna y no te vi
yo no te vi porque los hombres
en estas temporadas mueren
o fingen estar sordos o se van por los puentes
lamentando en un verso la oscuridad ajena.
Mi
madre me enviaba cartas
y panecillos de su indigencia
(desde otro tiempo supongo)
porque me hablaba de la muerte de alguien
que yo sabía muerto hacía tiempo
mi madre residía en el Estado
y el Estado era anciano
y los ancianos prefieren cosas simples para moldear la mente.
Nunca
escapó por el corredizo
que unía mi casa con su casa
literalmente no había unión alguna
porque los ancianos prefieren cosas simples como la soledad
yo le hacía señas, me aprestaba a correr con sus huesos,
mas ella nunca abrió o huyó de sí.
La
casa de los amados míos está en un hueco
que cavaron los antepasados de mis antepasados
para esconder su lucidez
que murieron y fueron enterrados
por desconocidos hombres o por amados suyos
en el corredizo que unía mi casa con sus casas.
Los amados míos que me hacían muerto
cortaron los árboles que había plantado yo hacía
tiempo
para marcar los límites que me pertenecían de la lucidez;
mas estaba severamente enfermo
en la temporada en que vino mi madre
por el corredizo que unía nuestras casas
y yo no abrí, no estaba yo dentro de las habitaciones
que había enlucido para el recibimiento de los míos,
había desorden y extraños versos que no habría
escrito yo
en los tiempos de la lucidez,
no estoy seguro si fue realmente así
porque me he visto recostado a mi madre en una foto
de aquella temporada en que Dios me vio flaco y postergó mi muerte.
Volviendo
de la guerra
Estoy volviendo de
la guerra
como quien vuelve del polvo
a su antigua armadura de hombre,
no reconozco la ciudad que me aguarda,
si alguna vez fue mi ciudad este laberinto
y cabía en mi bolsillo como una llave
el secreto de sus grandes puertas.
Yo fui a la guerra
y de buen guerrero puse mi rostro
mas he vuelto hoy ciego y desnudo a ser quien antes fuera,
he vuelto como quien busca
dónde acomodar en paz su frente y ya no hay sitio,
la ciudad danza en su demencia
y yo he olvidado el secreto de sus grandes puertas.
Los que no fueron a la guerra
hicieron la paz en sus cabezas
y enterraron las tablas
en que escribían extensos manuscritos,
acerca de hambre o acerca de Dios
que según las tablas estaba en todas partes.
Los que no fueron
a la guerra
mal inventaron la historia
e hicieron muros para que no volvieran las noticias
porque era un bochorno la guerra y lo contrario
y en pavorosas llamas
quemaron los intranquilos ángeles de la mente
para no pensar en el mármol
y en la sagrada tristeza de la ciudad
que habían fundado bajo pretexto.
Esta es la ciudad
a la que he vuelto
como quien busca dónde acomodar su frente
y ya no hay sitio,
la ciudad danza en su demencia,
los que vuelven de la guerra
han olvidado el secreto de sus puertas,
y yo estoy volviendo del polvo
a mi antigua armadura de hombre,
no reconozco sus templos
convertidos en abrevaderos de bestias,
sus vírgenes que vinieron a ser
como cántaros al borde de la fuente
para apaciguar la sed de los viajeros,
no sé si es ésta mi ciudad
la que ahora como una generosa madre
me abre las puertas de su laberinto.
Estado
de sitio
Yo
digo que si el alma tiene un sitio,
ese sitio es el ojo.
Jorge Delbravo
Mi
cara es un espejo
quebrado por la semblanza de mi tiempo que me mira,
estoy viviendo en la prisa de mi ojo,
en el centro del fuego estoy viviendo.
Feliz año tengan los nacidos que me vean arder,
feliz año para los que ayunan
con temor a morir de indigestiones,
ayunen en paz y feliz año,
que la vida es agria y no puede mezclarse con la leche.
No viva usted en la prisa de su ojo,
no se desvie usted, turista
qu mi casa está sin pintar y afea mi país
y en mi país hay carteles que dicen "Feliz año"
aunque mi cara tenga la acidez de un queso;
que vengan los moralistas a poner un cartel frente a mi casa,
yo estaré quieto y ni el soplo del aire
podrá moverme de mi sitio.
Tocaré el arpa
Padre,
tocaré el arpa dulcemente
cavaremos un pozo al borde del camino
y no iremos a dormir
hasta que pase el último sediento.
Mira, vendré y habiéndote besado
mi cara será extraña,
asómbrate que apenas sé quien soy
y en la memoria
uno no puede cargar con la tristeza del mundo,
hay que hacerse un bolsillo en la carne
y olvidarse de vez en cuando
que la tristeza es un pez fuera del agua,
olvidarse que uno tuvo un rostro
donde cabía bien el sufrimiento
pero fueron tantas las pedradas en la puerta
que un día el hombre no vino a abrir,
que un día el hombre decidió adobar su mansedumbre
y la comió hasta volverse sabio.
Mira, tocaré el arpa dulcemente,
cavaremos un pozo
para que vengan los sedientos
a beber y lavarse los ojos,
habrá luz para todos
y la música del arpa será un canto redimible.