Una
de las costumbres más sanas de la gente vital es reunirse alrededor de una mesa para compartir momentos personales en torno a una taza
de café.
El
Cafetín ha logrado proporcionar a cada rincón el calor del espacio acogedor
y el dinamismo del espacio público.
Pero
este café-bar ofrece no solo un espacio para la cita o el encuentro,
que se prolonga y se pospone en el mismo sitio, sino que a cada uno
de sus clientes ofrece su especialidad: combinado de sensaciones.
El
aroma del "café a la antigua" en un ambiente que invita a la tertulia,
es solo el inicio de toda una cadena de ofertas culturales que salpican
de actividad las estaciones del año en el Cafetín.
En
1994 aparecieron las primeras pinceladas sobre el café, cuando sus paredes
exhibieron la obra acuarelística de un pintor que posteriormente ha
recibido alguno de los más relevantes premios y reconocimientos del
panorama artístico nacional: Javier Garrido. A partir de entonces, no
han cesado las exposiciones de pintura, dibujo y fotografía.
Esta
inquietud cultural llevó a sus responsables a compartir la creación
de un certamen de pintura cuya temática gira en torno a la hostelería
y recibe cada año cientos de obras: "Certamen de pintura Cafetín-Cruzcampo".
En
el Cafetín, la música no es únicamente un adorno ambiental sino que
cobra protagonismo por sí misma cuando se materializa en conciertos
y veladas al aire libre o en el interior del local, donde los conciertos
de jazz, tango, música clásica... crean un ambiente único, reforzado
por el acogedor espacio.
El
teatro, los recitales de poesía y la narración oral de los cuentacuentos
también hallan en el Cafetín el rincón imprescindible para conectar
con un público-cliente ansioso de actividades que alejan de la rutina.
Es la intensidad de la música y el espectáculo en directo.
La
última iniciativa promovida por este singular local nació en verano
del año 2000. Después de numerosas proyecciones de películas, disfrutando
de la noche del verano calagurritano, surgió un certamen de cortometrajes,
que desde su primera edición ha contado con la bendición del
éxito, haciendo rebosar de público el exterior del local.
Su
regusto a café antiguo, donde se mezclan en perfecta armonía la madera
y el mármol de las mesas, queda oculto cuando adopta el aire de la antigua
ciudad romana para sincronizarse con el mercado de la Calagurris antigua
que se adueña de la ciudad un fin de semana al año, siempre alrededor
de Semana Santa (Mercaforum), o cuando muestra estampas fúnebres en
la noche de Halloween.
Toda
esta intensa actividad se completa con la convocatoria anual de campeonatos
(parchís, mus...).
El
más dificultoso de los cubatas o el más exigente de los cafés, puede
ser encontrado en un sinfín de locales, pero combinar el convencionalismo
del café-bar con múltiples opciones solo es posible en lugares selectos
donde han hallado la fórmula de la originalidad hostelera, que adereza
el servicio con una pizca de teatro, salpicada de gotas de arte y aderezada
con música y cine. Así es el Cafetín.
Rosa
Chocolanea