(resumen de la discusión de
Pengolodh)
Al final de la Lammas, Pengolodh discute brevemente
sobre la transmisión de pensamientos (sanwe-latya
"apertura de pensamiento"), haciendo varias afirmaciones al respecto
que, evidentemente, dependen de teorías y observaciones de los Eldar tratadas
en profundidad en otra parte por los Maestros Élficos de Tradición. Estas
conciernen principalmente a los Eldar y a los Valar (incluyendo a los Maiar,
del mismo orden). No considera especialmente a los Hombres, excepto hasta el
punto en que estos están incluidos en el estamento general de Encarnados (Mirröanwi). Pengolodh solamente dice de
ellos: "Los hombres tienen la misma facultad que los Quendi, pero es en si
misma más débil, y es de funcionalidad más débil debido a la fuerza del hröa, sobre el que la mayoría de los
hombres tienen menor control por medio de la voluntad".
Pengolodh incluye este
asunto debido principalmente a su conexión con el tengwesta. Pero también se refiere a el como historiador, para
examinar las relaciones de Melkor y sus agentes con los Valar y los Eruhíni,
aunque esto solamente tiene una conexión con el “lenguaje”, puesto que tal y
como él precisa, este, el talento más
grande de los Mirröanwi, ha
sido torcido por Melkor para su propia mayor ventaja.
Pengolodh dice que las mentes (sáma, pl. sámar) son
iguales en estado, aunque diferentes en capacidad y fuerza. Una mente percibe
directamente a otra por naturaleza, pero no puede percibir más que la
existencia de la otra mente (como algo del mismo orden aunque diferente de si
mismo) excepto por voluntad de ambas partes (Nota 1). El
grado de voluntad, sin embargo, no necesita ser el mismo por ambas
partes. Si llamamos a una mente G (por huésped*
o viniente) y a la otra H (por anfitrión**
o receptor), entonces G debe tener toda la intención de examinar a H o de
informarla. Pero el conocimiento puede se alcanzado o impartido por G, aún
cuando H no intente o no se proponga impartirlo o aprenderlo: la acción de G es
eficaz si H está simplemente “abierta”
(láta; látie "apertura"). Esta distinción, dice, es de gran
importancia.
La "apertura" es
el estado natural o estado simple (indo)
de una mente que en caso contrario está enfrentada (Nota 2). En "Arda
Inmaculada" (esto es, en condiciones ideales libres de mal) la sinceridad
sería el estado normal. En caso contrario la mente podría estar cerrada (pahta). Esto requiera de un acto de
voluntad consciente: rechazo (avanir), y puede hacerse en contra de G,
de G y alguna otra , o ser un retraimiento total en “aislamiento” (aquapahtie).
Aunque en “Arda
Inmaculada" la apertura es el estado normal, cada mente tienen, desde su
creación como individuo, el derecho a cerrarse; y tiene poder absoluto para
hacerlo efectivo por medio de la voluntad. Nada
puede penetrar la barrera del rechazo (Nota 3).
Estas cosas, dice Pengolodh,
son ciertas en todas las mentes, desde las de los Ainur en presencia de Eru,
los grandes Valar como Manwë y Melkor, hasta los Maiar en Eä, y por debajo
hasta los más pequeños de los Mirröanwi.
Pero los diferentes estamentos conllevan limitaciones
que no están del todo bajo el control de la voluntad.
Los Valar entraron en Eä y
en el Tiempo por libre deseo, y ahora están en el Tiempo, mientras este
perdure. No pueden percibir nada fuera del Tiempo, excepto por la memoria de su
existencia anterior a su comienzo: pueden recordar la Música y la Visión.
Están, por supuesto, abiertos a Eru, pero no pueden por propia voluntad “ver”
cualquier parte de Su mente. Ellos pueden abrirse totalmente a Eru, y Él puede
revelarles Su pensamiento a ellos (Nota 4).
Los Encarnados tiene por la
naturaleza de la sáma las mismas
facultades; pero su percepción estás amortiguadas por el hröa, pues su fëa está unido a su hröa y su proceder normal es a través del hröa, que es en si mismo parte de Eä, sin pensamiento. El
amortiguamiento es de hecho doble; pues el pensamiento tiene que atravesar una
capa de hröa y penetrar otra. Por
esta razón, para que la transmisión de pensamiento en los Encarnados sea
efectiva se requiere un refuerzo. El
refuerzo puede ser por afinidad, por urgencia, o por autoridad.
La
afinidad puede ser debida al parentesco; pues este puede
incrementar la similitud de hröa a hröa,
y en consecuencia el afecto y los modos de pensar de los fëar alojados, el
parentesco viene acompañado normalmente por el amor y la simpatía. La afinidad
puede venir simplemente del amor y la amistad, que es el afecto y la afinidad
de fëa a fëa.
La
urgencia viene impuesta por una gran necesidad del
“remitente” (como la alegría, la pena o el miedo); y si estas cosas son
compartidas en algún grado por el “receptor”, el pensamiento es más claramente
recibido. La autoridad puede también
presentar a la fuerza al pensamiento de uno que tenga el deber para con otros,
o de cualquier gobernante que tenga cierto derecho a promulgar ordenes o a
buscar la verdad por el bien de otros.
Estas causas podrían reforzar el pensamiento para atravesar los velos y alcanzar una mente receptora. Pero esta mente debe permanecer abierta, o cuando menos pasiva. Si, siendo consciente de que está siendo referida, se cierra, ni la urgencia ni la afinidad permitirá la entrada de los pensamientos del remitente.
Finalmente, el tengwesta
se ha convertido también en un impedimento. En los Encarnados, es más claro y
preciso que la recepción de pensamientos. Por medio de este se puede comunicar
fácilmente con otros, cuando su mente no presenta ninguna resistencia añadida:
como por ejemplo cuando dos extraños se encuentran por primera vez. Y, como
hemos visto, el uso del “lenguaje” pronto se ha convertido en algo habitual,
por lo que la práctica del ósanwe (intercambio
de pensamientos) se ha descuidado y se ha vuelto más difícil. Así, vemos como
los Encarnados tienden más y más a utilizar o a esforzarse más en utilizar el ósanwe únicamente cuando tienen una gran
necesidad o urgencia, y especialmente cuando la lambe es inútil; como puede ser cuando la voz no puede oírse, lo
que ocurre más comúnmente a causa de la distancia, pues la distancia no ofrece
ningún impedimento para el ósanwe.
Pero aquellos que por afinidad bien podrían utilizar el ósanwe, utilizan la lambe
cuando están próximos por hábito o preferencia. No obstante, también debemos
señalar como los “afines” pueden comprender más rápidamente la lambe que utilizan entre ellos, y de
hecho no todo lo que se quiere decir se expresa con palabras. Con pocas
palabras alcanzan rápidamente una mejor comprensión. No hay duda de que a menudo
en ese momento el ósanwe esta de
hecho teniendo lugar; pues el deseo de conversar con la lambe
es un deseo de comunicar pensamientos, y dispone las mentes abiertamente. Puede
ser, por supuesto, que los dos interlocutores sepan ya parte del asunto y la opinión
del otro sobre este, de modo que únicamente sea necesario hacer alusiones
oscuras al desconocido; pero esto no es siempre así. Los afines pueden
conseguir la comprensión más rápidamente que los desconocidos sobre asuntos que
ni uno ni otro han discutido anteriormente, y percibir más rápidamente la importancia de palabras, que por muy
numerosas, bien elegidas y precisas que sean, deberían resultar insuficientes.
El hröa y el tengwesta
tienen inevitablemente un efecto similar entre los Valar si estos asumen una
vestimenta corporal. El hröa
disminuye en cierto grado el envío de pensamientos en fuerza y precisión, y si
la otra parte está también encarnada en un cuerpo, también la recepción de
estos. Si han adquirido el hábito del tengwesta,
como puede darse en algunos que se han
acostumbrado a estar ataviados, entonces esto reducirá la practica del ósanwe. Pero estos efectos son mucho
menores que en el caso de los Encarnados.
Dado que el hröa de un Vala, incluso cuando se ha
convertido en una costumbre, está mucho más sometido al control de la voluntad,
la mente de los Valar es mucho más fuerte y más penetrante. Y hasta donde
conciernen sus relaciones de unos con otros, la afinidad entre los Valar es
mayor que la afinidad entre otros seres; de modo que el uso del tengwesta o la lambe nunca se convierte en un imperativo, y solamente con algunos,
esto se ha convertido en una costumbre y una preferencia. En cuanto a su trato
con otras mentes de Eä, su mente a menudo tiene la más alta autoridad y la
mayor urgencia. (Nota 5)
Pengolodh procede entonces a hablar del abuso del sanwe diciendo: "Aquellos que han leído hasta tan lejos, pueden
ciertamente haber cuestionado mi saber, diciendo: Esto no parece estar de
acuerdo con las historias. Si el sáma
fuera inviolable a la fuerza, ¿como pudo Melkor haber engañado y esclavizado a
tantas mentes? ¿O es que no es del todo exacto que el sáma se pueda proteger por medio de una fuerza mayor sino también
ser capturado por una fuerza mayor? En consecuencia, Melkor, el más grande de
todos, y de igual manera el que posee en última instancia la voluntad más fija,
resuelta y despiadada, podría penetrar la mente de los Valar y proteger la suya
de la de estos, de modo que incluso Manwë, al tratar con él, nos pueda parecer
en algunas ocasiones endeble, imprudente y engañado. ¿No es así?”
"Yo digo que no es así.
Las cosas pueden parecer de esta manera, puesto que si ellos son de naturaleza
enteramente diferente deben ser diferenciados. La predicción como previsión, y el pronostico
como opinión extraída de la evidencias presentes por medio del razonamiento,
pueden ser idénticas en predicción, pero son enteramente diferentes en modo, y
los maestros de tradición deben diferenciarlas, incluso aún cuando el lenguaje
cotidiano tanto de Elfos como las de los Hombres les dan el mismo nombre como
ramas del conocimiento". (Nota 6)
Del mismo modo, el quebrantamiento de los secretos de una mente puede perecer venir de su lectura por la fuerza a pesar de su rechazo, porque el conocimiento ganado puede ocasionalmente parecer tan completo como cualquiera que se pudiera haber obtenido. No obstante no procede la haber penetrado una barrera de rechazo.
De hecho no hay ninguna axan de que la barrena no pueda ser
forzada, porque esto es algo únat,
algo imposible de ocurrir o de hacerse, pues cuanto mayor es la fuerza
ejercida, mayor es la resistencia del rechazo. Pero existe un axan universal de que nadie, ya sea
directamente por la fuerza o indirectamente por el engaño, coja de otro lo que
este tiene derecho a mantener y guardar como suyo propio.
Melkor rechazo todas las axani. Le hubiera gustado incluso, de
haber podido, abolir (para si mismo) todos los únati. De hecho, en su comienzo y en los días de su mayor poderío,
lo más ruinoso de su violencia provenía de su esfuerzo por ordenar Eä de modo
que no hubiera límites u obstáculos para su voluntad. Pero no pudo hacerlo. Los
únati permanecieron, un recordatorio perpetuo de la existencia de Eru y Su
invencibilidad; y un recordatorio también de su coexistencia con otros
seres (iguales en linaje si no en poder) inexpugnables por la fuerza. De esto
procede su incesante e implacable rabia.
Descubrió que el
acercamiento abierto de una sáma de
poder y gran fuerza de voluntad era sentido por una sáma menor como una inmensa opresión acompañada de miedo. Dominar
por medio del peso del poder y el miedo era su deleite; pero en este caso lo
encontraba inútil: el miedo cerraba la puerta rápidamente. Por tanto intentó el
engaño, la cautela.
En esto le ayudó la simplicidad
de aquellos que no eran conscientes del mal, o todavía no estaban acostumbrados
a guardarse de el. Y por esa razón se habló antes de la gran importancia de
distinguir entre apertura y el deseo activo de recepción. Pues podía llegar con
cautela a una mente abierta e
imprudente, esperando aprender una parte de su pensamiento antes de que se
cerrara, y aún más, para implantar en ella su propio pensamiento, para
engañarla y ganarse su amistad. Su pensamiento era siempre igual, aunque
variaba para satisfacer cada caso (hasta el punto en que cada uno lo
comprendiese): él era sobre todo benevolente, era rico y podía dar cualquier
regalo que sus amigos pudieran desear; tenía un amor especial a aquel al que se
dirigía; pero este debía tenerle confianza.
De esta manera se ganó el
acceso a muchas mentes, eliminando su rechazo y abriendo la puerta con una
única llave, aunque esa llave era una falsificación. Aún así esto no era lo que
más deseaba, sino conquistar al rebelde, esclavizar a sus enemigos. Aquellos que
escuchaban y no cerraban la puerta estaban demasiado a menudo inclinados a su amistad; algunos (en la
medida de sus posibilidades) habían entrado ya en un camino parecido al suyo, y
escuchaban porque esperaban aprender y recibir de él cosas que en el futuro
sirvieran a sus propios propósitos. (Así sucedió con aquellos entre los Maiar
que primero y más temprano cayeron bajo su dominio. Ya eran rebeldes, pero
carecían del poder y la despiadada voluntad de Melkor, por lo cual le
admiraban, y veían en su liderazgo una esperanza de rebelión eficaz). Pero
aquellos que eran humildes e incorruptos de “corazón” (Nota 7), a menudo eran conscientes
de su entrada, y si escuchaban la advertencia de sus corazones, dejaban de
escuchar, lo expulsaban y cerraban la puerta. Esto sucedía a estos a los que
Melkor más deseaba dominar, sus enemigos, pues para él todos los que se le
resistían en lo más mínimo o reclamaba cualquier cosa como suya propia y no de
él.
Por tanto buscó el medio de evitar el únat y el rechazo. Y esta arma la
encontró en el “lenguaje”. Pues hablamos ahora de los Encarnados, dado que a
los Eruhíni a los que más desea subyugar como desafío a Eru. Sus cuerpos que
son de Eä están sujetos a la fuerza; y sus espíritus, unidos en amor e
inquietud, están sujetos al miedo en su defensa.
Y sus lenguajes, dado que provienen de su espíritu o mente, opera a trabes de o
con el cuerpo; no es el sáma ni el sanwe, pero puede expresar el sanwe a su manera y de acuerdo con sus capacidades.
Por tanto, esta presión y este miedo pueden ser ejercidos sobre el cuerpo y
sobre su morador, de modo que la persona encarnada puede verse forzada a
hablar.
Así pensó Melkor en la oscuridad de sus previsiones mucho antes de que nosotros despertáramos. Pues en los días antiguos, cuando los Valar instruyeron a los Eldar recién llegados a Aman a cerca del principio de las cosas y la enemistad de Melkor, el propio Manwë les dijo aquel que quisieron escuchar: “Melkor supo menos acerca de los Hijos de Eru que sus pares, pues prestó menos atención a lo que podría haber aprendido, tal y como hicimos nosotros, en la Visión de su Llegada. Aun así, tal y como tememos ahora desde que os conocemos en vuestra verdadera existencia, su mente estaba ansiosa de atender a todo aquello que pudiera ayudarle en sus designios
de dominación, y su propósito se precipita hacia
delante más rápido que los nuestros al no verse limitado por ningún axan.
Desde el principio estuvo muy interesado en el “lenguaje”, ese talento que los
Eruhíni tendrían por naturaleza; pero nosotros no percibimos la malicia de su
interés, pues muchos de nosotros lo compartíamos y Aulë por sobre todos los
demás. Pero con el tiempo descubrimos que había hecho una lengua para aquellos
que le servían y que había aprendido la
nuestra con facilidad. Es muy hábil en este asunto. Sin duda dominará todas las
lenguas, incluso la hermosa lengua de los Eldar. Por tanto, si alguna vez
habláis con el ¡cuidado!”
“¡Ay!" dijo Pengolodh, "en Valinor Melkor utilizó
el Quenya con tal maestría que todos los Eldar se sorprendieron, pues su uso
del mismo no podía ser superado; incluso raramente los poetas y maestros de
tradición lo igualaban”.
Así pues,
por medio del engaño, las mentiras, el tormento del cuerpo y el espíritu, por
la amenaza de atormentar a otros bien amados, o por el terror de su propia presencia, Melkor siempre intentaba forzar
al Encarnado a caer bajo su poder, o atraerlo a su alcance para hablar y que le
dijera todo lo que quería saber. Pero su propia Mentira engendraba una infinita
progenie de mentiras.
Por estos medios ha destruido a muchos, ha provocado
traiciones inenarrables, y ha adquirido conocimiento de secretos para gran
ventaja suya y ruina la de sus enemigos. Pero esto no lo logra entrando en la
mente o leyéndolo en esta tal cual es y a su pesar. Es más, por grande que sea
el conocimiento que obtenga, detrás de las palabras (incluso de aquellas que
provienen del miedo y el tormento) habita siempre el sáma inviolable: las palabras no están en el, aunque proceden de el
(como gritos desde detrás de una puerta cerrada); deben ser juzgadas y
evaluadas para saber que verdad puede haber en ellas. Por tanto, el Mentiroso
dice que todas las palabras son mentiras: todo lo que oye se entretejen con
engaños con evasivas, significados ocultos, y odiando. En esta basta red el
mismo se enreda en disputas y rabias, roído por la suspicacia, la duda y el
miedo. Nada de esto hubiera sido así si él hubiera podido romper la barrera y
contemplar el corazón tal y como es en su verdadera revelación.
Si hablamos por último de la “locura” de Manwë y de
la debilidad y imprudencia de los Valar, tengamos cuidado con nuestros juicios.
De hecho, en las historias podemos vernos sorprendidos y afligidos de leer como
(aparentemente) Melkor engaña y estafa a otros, y como incluso Manwë aparece en
ocasiones como un simplón en comparación con él: como si un padre bondadoso
pero ignorante estuviera tratando a un niño caprichoso que fuera a darse cuenta
con el tiempo del error de sus
acciones. Mientras que considerando y conociendo el resultado, vemos entonces
como Melkor conoce bien sus actos pero se mantiene firma en ellos por odio y
orgullo más allá de arrepentimiento alguno. Puedo leer la mente de Manwë, pues
la puerta estaba abierta; pero su propia mente era falsa e incluso si la puerta
pareciera abierta, había puertas de hierro dentro que la cerraban para siempre.
¿De que otra manera lo habríais hecho?
¿Deberían Manwë y Varda resolverlo en secreto con subterfugios, traicioneramente
con falsedades, mintiendo con más mentiras? ¿Por el hecho de que Melkor les
niegue sus derechos, deben ellos negarle los suyos? ¿Puede el odio superar al
odio? No, Manwë era más sabio; o por lo menos estando siempre abierto a Eru
hizo Su voluntad, que es más que la sabiduría. El permanece siempre abierto
puesto que no tiene nada que encubrir, ningún pensamiento que sea dañino para
el que lo conozca, si es que puede comprenderlo. De hecho, Melkor sabía su
voluntad sin cuestionarla; y sabía que Manwë estaba limitado por los mandatos y
las prescripciones de Eru, y podía hacer esto o abstenerse de aquello en base a
ellas, incluso sabiendo que Melkor podría romperlos según se acomodara a sus
propósitos. Así el despiadado siempre contará con la misericordia, y el
mentiroso hará uso de la verdad; pues si se niegan la misericordia y la verdad
por la crueldad y la mentira, estas dejarán de ser honradas.
Manwë no podía por medio de la coacción
tratar de obligar a Melkor a revelar sus pensamientos y propósitos, o (si
utilizara palabras) a decir la verdad. Si el hablara y dijese: esto es
verdad, debería ser creído hasta que se probara su falsedad; si dijese: esto
es lo que deseo hacer, tal y como mandas, debería tener la oportunidad de
cumplir su promesa. (Nota
8)
La fuerza y restricción que se utilizo contra Melkor por medio de la
unión del poder de todos los Valar no se utilizó para extraer por la fuerza una
confesión (que era innecesaria); ni para obligarle a revelar sus pensamientos
(que era ilegal, si no vano). Fue hecho prisionero como castigo por sus
acciones malvadas, bajo la autoridad del Rey. Por tanto podemos decir que fue
privado por un plazo de tiempo, fijado por medio de una promesa, de su poder de
actuar, para que pudiera parar y considerarse a si mismo, y así tener la única
oportunidad que la misericordia podía idear para el arrepentimiento y la
enmienda. De hecho para la curación de Arda, pero también para su propia
curación. Melkor tiene el derecho de existir, y el derecho de actuar y utilizar
sus poderes. Manwë tiene la autoridad de gobernar y ordenar el mundo, hasta
donde es capaz de hacerlo, por el bien
de los Eruhíni; pero si Melkor se arrepintiese y volviera a la obediencia a
Eru, debía serle devuelta la libertad de nuevo. No podía ser esclavizado ni
negársele su parte. La función del Rey Mayor era mantener a todos sus súbditos
en la obediencia a Eru o devolverlos a ella, y en esa obediencia darles la
libertad.
Por tanto Melkor no fue derrocado
completamente y privado para siempre de todo su poder para hacer o deshacer
antes del fin, y ni siquiera entonces excepto por orden expresa de Eru y bajo
Su poder.
¿Quienes de entre los Eldar mantienen
que el cautiverio de Melkor en Mandos (que se logró por medio de la fuerza) era
imprudente e ilegítimo? Aún así, la resolución del ataque a Melkor, no solo
para oponerse a él o para enfrentar la violencia con la cólera con riesgo para Arda, fue únicamente tomada
por Manwë y con recelo. Considérese entonces: ¿Qué bien alcanzó en todo caso el
uso legítimo de la fuerza? Lo apartó durante un periodo de tiempo y libró a la
Tierra Media de la presión de su malicia, pero no desarraigó su mal pues no
podía hacerse tal cosa; al menos que de hecho, quizá, Melkor se arrepintiera. (Nota 9) Pero no se
arrepintió, y en la humillación se volvió más obstinado: más sutil en sus
engaños, más astuto en sus mentiras, más cruel y más cobarde en su venganza. El
más cobarde y más imprudente de los actos de Manwë, según les parece a muchos,
fue la liberación de Melkor de su cautiverio. Pues de ella vendría la mayor
perdida y el daño más grave: la muerte de los Árboles, y el exilio y la
angustia de los Noldor. Con todo, de este sufrimiento también surgió, como de
otra manera pudiera no haber surgido, la victoria de los Días Antiguos: la
caída de Angband y la derrota final de Melkor.
¿Quién puede decir entonces que el haber mantenido a Melkor sometido a ataduras habrían traído menores males? Incluso estando disminuido, el poder de Melkor está más allá de nuestro computo. Aún así, un solo arrebato ruinoso en su desesperación no es lo peor que pudiera haber acontecido. La liberación fue de acuerdo con la promesa de Manwë. Si Manwë hubiera roto esta promesa para sus propios propósitos, incluso aún pensando en el “bien”, hubiera dado un paso por el camino de Melkor, y este es un paso peligroso. En esa hora y acción podría haber dejado de ser el vice-regente del Único, convirtiéndose por el contrario en un rey que toma ventaja sobre el rival que ha conquistado por la fuerza. ¿Podríamos soportar los sufrimientos que de hecho acontecerían; o podríamos aceptar que el Rey Mayor perdiera su honor y pasar, quizá, a estar en un mundo dividido entre dos orgullosos señores que se enfrentan por el trono? De esto podemos estar seguros, nosotros los hijos de pequeña fuerza: cualquiera de los Valar podría haber escogido el camino de Melkor y convertirse en alguien como él; con uno ya es suficiente.
Notas del Autor:
Nota 1
Siendo aquí níra
(“voluntad” como capacidad o facultad) puesto que el requerimiento mínimo es
que esta facultad no se esté ejerciendo en negación; la acción o un acto de la
voluntad es nirme; de la misma manera que sanwe “pensamiento” o
“un pensamiento” es la acción o un acto del sáma.
Puede estar ocupada con pensamientos o distraída en otras cosas; bien puede ser “encarada a Eru”; o bien ocupada en una “conversación de pensamientos” con una tercera mente. Pengolodh dice: “Solo las grandes mentes pueden conversas con más de únicamente otra al mismo tiempo; varios pueden conferir, pero entonces solo una puede impartir cada vez, mientras que las demás reciben”.
"Ninguna mente puede, sin embargo, estar cerrada a Eru, ni contra Su inspección ni contra Su mensaje. En el último caso se puede no prestar atención, pero no decir que no se recibe ".
Pengolodh añade: "Algunos dicen que Manwë, como una concesión especial al Rey, puede de hecho percibir en cierta medida a Eru, otros dicen, lo que es más probable, que se mantiene más cerca de Eru y que Eru está más dispuesto a contestarle".
En este punto
Pengolodh agrega una extensa nota sobre el uso del hröar por parte de los Valar. En resumen dice que aunque en origen
es una “auto-investidura”, esta puede tender a acercarse al estado de
“encarnación”, especialmente con los miembros menores de la orden (los Maiar).
“Se dice que mientras más y durante mayor tiempo se utilice el mismo hröa, mayor es vinculo del hábito, y menor el deseo de dejar la
“auto-investidura”. Como tal pronto pede dejar de ser un adorno para
convertirse (tal como se dice en la lengua tanto de Elfos como de Hombres) en
un ‘hábito’, en una costumbre arraigada. De otro modo, si como en el caso de los
Elfos y los Hombres se lleva para mitigar el calor o el frío, esto pronto hace
al cuerpo vestido menos capaz de soportar estas cosas cuando está desnudo.”
Pengolodh cita también la opinión de que si un “espíritu” (esto es, uno de
aquellos no encarnados por creación) utiliza un hröa para fomentar sus propósitos personales, o (aún más) para
disfrutar de las facultades del cuerpo, este encuentra dificultades cada vez
mayores de operar sin hröa. Las cosas
que están más arraigadas son aquellas que los Encarnados tienen que hacer ellos
mismos con la vida de su propio hröa,
su sustento y su propagación. Así están arraigados el comer y el beber, pero no
el deleite en la belleza del sonido o la forma. Más arraigados están el
engendrar o el concebir.
"No
conocemos la axani (ley, regla,
sobretodo como procedente de Eru) que les se aplicaron a los Valar, en
particular con referencia a si estado, pero parece claro que no había ninguna axan en contra de estas cosas. No
obstante parece existir una axan, o
pudiera ser una consecuencia necesaria, que si lo hacían, entonces los espíritu
debían morar en el cuerpo que se estaba usando, y estar bajo las mismas
necesidades que los encarnados. El único caso que se conoce en las historias de
los Eldar es el de Melian que se convirtió en la esposa del Rey Thingol.
Ciertamente, este caso no fue malvado o en contra de la voluntad de Eru, y
aunque condujo al dolo, tanto los Elfos como los Hombres se vieron
enriquecidos.
Los grandes
Valar no hacían estas cosas: ellos no engendraban, ni comían o bebían, salvo
durante las grandes asani, como muestra de su señorío y como moradores
de Arda, y para la bendición de la sustancia de los Hijos. Solo Melkor de entre
los Grandes se volvió al final una forma corpórea; pero esto fue así a causa
del uso que hacía de esta en sus propósitos para convertirse en Señor de los
Encarnados, y por las grandes maldades que hacía como cuerpo visible. también
había disipado si poder nativo en el control de sus agentes y sirvientes, hasta
el punto que al final se volvió, en si mismo y sin el soporte de estos, en algo
debilitado, consumido por el odio e incapaz de recuperarse a si mismo del
estado en que había caído. Incluso no pudo dominar nunca más dominar su forma
visible, por tanto no pudo nunca más enmascarar su horripilancia, mostrando en
adelante la malignidad de su mente. Esto era también así en algunos de sus
grandes sirvientes, tal y como vemos en estos días posteriores: quedaron atados
a la forma de sus malignos actos, y si estos cuerpos les eran arrebatados o
destruidos, quedaban anulados hasta que los reconstruían a semejanza de sus
habitáculos anteriores y con los cuales podían continuar la maligna trayectoria
en la que estaban imbuidos.” (Pengolodh se refiera aquí evidentemente a Sauron
en particular, por
cuyo alzamiento termino huyendo de la Tierra Media. Pero la primera destrucción de la forma corporal de Sauron está registrada
en las historias de los Días Antiguos, en la Balada de Leithian.)
Pengolodh trata
aquí (aunque no es necesario para su argumentación) el asunto de la
“predicción”. Ninguna mente, afirma, conoce lo que no está en ella. Todo lo que
ha experimentado se encuentra en ella, aunque en el caso de los Encarnados, al
depender directamente del hröa,
algunas cosas pueden ser “olvidadas”, no estar inmediatamente disponibles para
el recuerdo. Pero ninguna parte del “futuro” se encuentra ahí, pues la mente no
puede ver o haber visto esto; esto es, una mente está ubicada en el tiempo. De
la misma manera solamente puede aprender del futuro a partir de otra mente que lo haya visto. Pero esto es en última
instancia por medio de Eru, o de otra mente que haya visto en Eru alguna parte
de Sus propósito (como es el cano de los Ainur que son ahora los Valar de Eä).
Un Encarnado solamente puede, por tanto, conocer el futuro por medio de la
instrucción derivada de los Valar, o por medio de una revelación venida
directamente de Eru. Pero cualquier mente, ya sea de los Valar o de los
Encarnados, podría deducir por medio de la razón que ocurrirá o que podría
llegar a ocurrir. Esto no es predicción, aunque puede ser más claro en
términos e incluso de hecho mas exacto que destellos de predicción. No siempre
cuando está formada por visiones se ve en sueños, que es lo que generalmente se
entiende por “predicción”, sino que también se presenta con frecuencia a la
mente.
Las Mentes que
tienen gran conocimiento del pasado, el presente y la naturaleza de Eä, pueden
predecir con gran exactitud, y lo más próximo en el futuro lo hace más
claramente (salvo siempre la libertad de Eru). Por tanto a mucho de lo que se
llama “predicción” en el habla descuidada, es solamente deducción del sabio, y
si se recibe como advertencia o instrucción de los Valar, puede ser solamente
deducción del más sabio, aunque algunas veces puede subsiguientemente conllevar
“predicción”.
Nota
7
Enda. Esto lo traduzco como "corazón", aunque no es
una referencia física a ningún órgano del hröa.
Significa "centro", y se refiere (aunque con inevitables
connotaciones físicas) al fëa o la sáma en si misma, distinta de la
periferia (tal como era) de sus contactos con el hröa; auto-conciencia;
dotada con la sabiduría primitiva de su hechura que la hace sensitiva hacia
cualquier cosa hostil en el menor de los grado.
Por la razón de
que Melkor dijo a menudo la verdad, y de hecho raramente mintió sin entremezclar
alguna verdad. Al menos que fuera en sus mentiras contra Eru; y fue quizá por
difundir estas por lo que le fue denegado el regreso.
Algunos sostienen que, aunque el mal
pudiera hacer sido mitigado, no hubiese podido ser desecho ni aún por medio del
arrepentimiento de Melkor; pues su poder se había extendido a partir de él y ya
no estaría más bajo el control de su voluntad. Arda estaba estropeada en su
propia existencia. Las semillas que
siembra la mano pueden germinar aún cuando se elimine a la mano.