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HUMANIZACIÓN DE URDAIBAI

         Urdaibai posee numerosos yacimientos arqueológicos y vestigios históricos, muchos de ellos de gran valor a la hora de entender los principales estadios de la presencia humana en la comarca y desentrañar su capacidad de transformación del paisaje.

Prehistoria:    

          Los indicios más antiguos de actividad humana en el País Vasco y la Cornisa Cantábrica datan de hace 150.000 años (Paleolítico inferior), si bien no se han hallado restos humanos, tan solo hachas y fragmentos de huesos de los animales cazados.
pinturas de Santimamiñe            La presencia del hombre de Cro-Magnon (Homo sapiens sapiens) en la región de Urdaibai se data hace 35.000 años a.de C. según las excavaciones realizadas en la entrada de la cueva de Santimamiñe (Kortezubi) por Telesforo de Aranzadi, Jose Miguel Barandiaran y Enrique Eguren, llamados los tres trogloditas por los habitantes de la zona por trabajar en las cuevas, en la primera y segunda década del siglo XX.
         Otras cuevas con restos Paleolíticos de la zona son Gerrandijo (Ibarrangelua) y Kobaederra (Kortezubi).
         Ya en el Neolítico, los habitantes de Urdaibai fueron abandonando progresivamente las cuevas y las formas de vida seminómadas para comenzar a vivir de forma sedentaria al aire libre. Hace 3.000 años los habitantes de la comarca ya conocían las técnicas de fabricación de utensilios y armas fundiendo metales, tal y como acreditan los restos encontrados en el yacimiento de Gerrandijo, datados de la Edad de Bronce.
        La cultura del Bronce cede el paso alrededor de 600 a. de C. al uso del hierro como materia prima. Al parecer, el aprendizaje de la técnica ferrona llegó a Urdaibai al tiempo que en la Península se implantan las culturas de tipo celta procedentes del centro de Europa

Ferrerías:  
          
         Los primeros indicios de producción de hierro en Urdaibai datan de la Edad de los Metales, localizados en los castros de Marueleza y Kosnoaga y constituyó más tarde el principal atractivo de la zona para los romanos.
Las primeras ferrerías eran sencillas instalaciones al aire libre o en pequeños cobertizos, cerca de los puntos de extracción del mineral. Éste era calentado bajo un montón de troncos en un agujero practicado directamente en el suelo. El rudimentario horno podía ser reforzado por un muro de arcilla o cal y canto, y a través de su pared se extraían las escorias incandescentes. El metal no llegaba fundir convenientemente, por lo que debía ser separado de la escoria golpeándolo con martillos una vez enfriado.ferrería
          A finales del siglo XIII se constata ya la proliferación de las nuevas "Ferrerías de Valle", desplazadas a los cauces fluviales para aprovechar su energía hidráulica mediante una noria, que movía un fuelle con el que se insuflaba aire al interior del horno. Simultáneamente la noria accionaba un martillo automático, el martinete, que fue ganando tamaño conforme el sistema se perfeccionaba. Servía para limpiar la escoria y dar la primera forma del lingote o "tocho" a la salida del horno.
          La industria ferrona se hallaba perfectamente asentada al final de la Edad Media, satisfaciendo la demanda rural de aperos y utensilios domésticos, la bélica, que requería cañones, armas y armaduras, y la naval.
          En Urdaibai quedan un pie antiguas ferrerías que nos hablan de los pasos seguidos en su reciente reconversión. Entre ellas destacan la de Uarka, transformada en aserradero y posteriormente en central eléctrica hasta su clausura. La ferrería de Errotabarri, en el valle de Oma (Kortezubi), fabricó utensilios domésticos hasta 1930, aún quedan su muros, el canal, las ruedas y el arco frontal de desagüe.
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