ROSAURA O EL DESTINO TRÁGICO

C

omo en su anterior obra, El cuarto oscuro [1] , José Vicente Pascual ha vuelto a escribir una novela sobre el fracaso. Lo ineluctable del destino es un leif‑motif de su producción. Cuanto más aparentemente exitosa es la vida de sus protagonistas, tanto más les aguarda el hundimiento. Es lo que sucedía en El cuarto oscuro, que acaba con el suicidio de Melchor, el protagonista. Es lo que sucede en Palermo del cuchillo [2] con Aníbal Ramos "el Cachafaz" y Gilberto Martínez "el Entrerriano". Surgidos ambos de la miseria, el primero llega a ser un famoso cantor de tangos, y el segundo, un estimable futbolista del Real Zaragoza. El triunfo de ambos se produce de la noche a la mañana. Aníbal topa con un señorito al que le encanta la música, el cual lo encumbrará como artista. Gilberto es llevado al equipo de Entre Ríos en cuanto lo ve el señor Mattei, y luego traspasado al Zaragoza.


Pero la dicha no puede durar. Se prorrogue más o menos en el tiempo, está constantemente amenazada. Adivinar aquí el espíritu de la tragedia griega no es gratuito. Como en ella, cuanto más intentan los personajes oponerse a su destino, tanto más se precipitan hacia él. Como en el antiguo drama, el conocimiento del final es un requisito indispensable para que éste se produzca. Aníbal llega a decir:

"Yo no sé qué tenemos algunas personas, pero cuando pensamos en lo negro del futuro, lo negro del futuro se cumple a rajatabla."

No es otra cosa lo que les sucede. En el caso de Aníbal, el protector muere en un accidente de tráfico, con lo que su exitosa vida artística queda cortada de raíz. En cuanto a Gilberto, recibe en un partido una patada que echa a pique su carrera futbolística. De pronto, nos encontramos con dos fracasados que, habiendo conocido el dulce sabor del éxito, lo son por ello aún más.

El destino funesto se personifica en una mujer: Rosaura. Ella es como un aleph que convoca sus destinos hacia el envilecimiento total. Hija de una influyente familia granadina, representa la parte fiera, caótica, inmisericorde de la vida. Siendo aún estudiante, ha conocido a Aníbal y tenido con él una intensa relación, pero ésta tiene que acabar por presiones de la familia. Y como una venganza, se entrega a todo tipo de hombres y, entre ellos, en una memorable escena erótica que transcurre en los vestuarios de un equipo, a Gilberto, el cual, a pesar de los consejos en contra, contrae matrimonio con ella.

Aquí tenemos a estos dos hombres con un destino idéntico: Ambos con su pasado argentino, ambos venidos a España, ambos con un parétesis de éxito, ambos fracasados después, ambos caídos en la fatal órbita de Rosaura, ambos unidos en el asesinato común de la chica. Porque esa es su última acción, la que los hunde irremisiblemente en el destino del que pretenden escapar: Creyendo conjurar su desgracia con el crimen, acaban de precipitarla en toda su vastedad.

No hay, pues, remisión posible. Todos los personajes en la obra de José Vicente Pascual sobrellevan el peso de una culpa inefable, la cual, tal vez, resida en haberse atrevido a tentar el Paraíso. Sus historias remiten una y otra vez a la de Adán y Eva expulsados del Edén.

Por todo ello, la literatura de José Vicente Pascual es una literatura trágica, una literatura que nos plantea la lucha del hombre con el destino y que conecta así con la más lejana antigüedad y, de este modo, con el futuro. Porque si hay un futuro, éste tendrá en su forzoso humanismo una estrechísima relación con lo tiempos primigenios que vieron el nacimiento de la literatura. Lo antiguo es lo nuevo.

Gregorio Morales, El cadáver de Balzac, Alicante, Epígono, 1998, pp 138-140


     [1] Ediciones B, Barcelona, 1995.

     [2] Ediciones B, Barcelona, 1996.

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