BIOGRAFÍA
Miguel Ángel Contreras nació en Guadix (Granada),
el 21 de octubre de 1968. Licenciado en Filología Hispánica
por la Universidad de Granada, se ha especializado en literatura española
del Siglo de Oro y en poesía española contemporánea,
así como en la enseñanza del español como lengua
extranjera. En 1998 fue uno de los seleccionados por Fernando
de Villena en su antología La
poesía que llega. Jóvenes poetas españoles
(Madrid, Ed. Huerga y Fierro). Ha colaborado en distintas revistas y
publicaciones de las que cabe destacar Calas. Revista de literatura.
También ha participado en diferentes lecturas poéticas,
individuales y colectivas, organizadas en Santander, Murcia, Valencia,
Málaga y Granada. Desde 1998 forma parte del “Grupo de
Estética Cuántica” que coordinan el novelista Gregorio
Morales y el pintor Xaverio. Actualmente, tiene dos poemarios inéditos:
Las vanidades profanas y En el desierto.
Entiende la poesía como una forma de percibir el mundo; un modo
de interpretar la vida desde lo alegórico, lo mítico o
el sentimiento; un espacio para lo intenso y lo emotivo por medio de
la metáfora y la música que desprende la palabra.
POEMAS
POEMAS PLÁSTICOS
I
Homenaje
A Aurelio Teno
Como un demiurgo que ordena y organiza,
que busca de la piedra la vida,
rastreando entre los pliegues de la roca
la materia de la carne; que desnudara el mármol
del ropaje aquel que la escondía; que la sacara
a sabiendas que aun sin respirar perduraría
y él perduraría en ella.
Así fue en sus silencios y en sus gritos,
en las mañanas dormidas y cubiertas
por el sueño aquel de lo terrible.
Titán que busca en la materia
la fuerza inagotable de lo eterno;
pues si despiertas rodeado de fósiles
y flores de plástico en agosto,
sabrás reconocer entre los huesos
como nace allá
el agua netoniana de la esencia.
II
Indagación
A Xaverio y a María Caro
Vengo a la región de la materia, al espectro
visible que descubre el paisaje,
al caos y al equilibrio.
Porque he rasgado el velo
que escondía los matices, que ocultaba
en la forma los distintos colores...
Vuelvo a la región de la materia.
NOCTURNO
Para que tú te des cuenta
del sonido de la gente.
De cómo andan perdidos
por las noches de la calle.
Para que tú lo observes.
Fíjate en los senderos grises
del perdido paisaje verde,
en la siniestra avenida,
¿no lo has notado todavía?
Habitas sobre un cementerio
de árboles talados
que te miran fijamente a los ojos,
y no dejan que te escondas
en la oscuridad de tu solitaria estancia.
(De Las vanidades profanas)
Precisión
es todo lo contrario a incertidumbre.
(De En el desierto)
PRELUDIO
Te sientes como un ángel caído
desterrado momentáneamente del Edén.
Y te cobijas en tu jardín,
bajo la fresca sombra de un ciprés
junto al arroyo del transcurrir eterno.
(De En el desierto)
Cómo poder encontrarte,
en esa inmensa mancha de arena
que es el desierto que te cubre,
entre millones de granos
intemporales y crudos.
Cómo intentar hallar tu figura.
Desde el último oasis que soñé,
necesito buscar la senda,
seguir el rastro de las huellas
que de ti dejaste
sobre la inmensa masa de playa sin mar...,
de olas de dunas y arena.
El desierto se hace opaco,
como una incesante oquedad abierta,
una oquedad que se abre eterna
y se desmorona lentamente,
casi de forma ingrávida.
(De En el desierto)
Desierto, todo es desierto.
Y mi cuerpo
una prolongación física
de mi eterno desierto interior.
Todo es calor y soledad.
Polvorienta soledad
de miles de dunas estériles
que danzan incasables hacia la nada.
Desierto y soledad,
se acompañan..., y se prolongan.
(De En el desierto)
He creído comprender.
Después de treinta y nueve
noches de retiro,
he creído comprender
en soledad.
Estoy desterrado,
terriblemente desterrado
en el interior de una metamorfosis
de arena, polvo y sudor.
Y la transmutación
del camino se alarga
como una perenne extensión
que conduce al infinito.
Toda sombra existente
es en el fondo
una proyección de vida.
Y estoy solo,
terribleemente solo
en un desierto de sombras.
(De En el desierto)
Las lenguas se te echarán encima.
Te juzgarán, te condenarán...
Buscarán que te sometas a sus miserias.
¡No compartas jamás con ellos
la mesa de la esperanza!
¡Huye de lo que es la oquedad!
Las lenguas no saben ni entienden ni tienen,
tan sólo escupen al que se muestra distinto,
al que no está satisfecho en la esclavitud.
¡Huye de lo que no sea belleza!
¡No dejes jamás que las lenguas usurpen tu nombre,
no permitas que escupan en tu memoria!
Las lenguas nunca sabrán ni entenderán
ni tendrán la bondad del que ama.
(De En el desierto)
Y tú, no eres el último desierto
en el que he estado.
(De En el desierto )
Los bosques de la noche han abierto sus lunas
unidos por la vigilia última que precede a la muerte.
He visto el ataúd de la consciencia
hundirse en el vacío y la oquedad:
La muerte no es más
que la pérdida del tiempo en su espacio.
(De En el desierto)