
![]() |
|
|
|
|
|
| Margalit Matitiahu | |
|
Cuando, proporcionado por una amiga común, leí Matriz de luz, primer libro de Margalit Matitiahu que cayó en mis manos, me poseyó una gran emoción. Ahí estaban las viejas palabras, las palabras preteridas, las formas abandonadas, los giros en desuso del español. Y con ellos venía una ola de antiguos sentimientos. Algo oscuro y entrañablemente mío se reconocía en sus palabras. Pero, a la vez, esas palabras hacían referencia a situaciones modernas, realizando una extraña y sugestiva "coiunctio oppositorum" entre el presente y el pasado, o, más aún, incluyendo también el futuro, porque, de una manera que no puedo precisar, veía y veo el futuro en los poemas de Matitiahu. Al entusiasmo que siento por lo judeoespañol, al familiar abismo de tiempo abierto por sus palabras, se une mi afinidad por toda estética nueva. Puedo afirmar, pues, que no sólo me siento dichosísimo de haber descubierto a Matitiahu, sino que el encuentro constituía uno de mis destinos y era, por tanto, necesario. Quizá lo intuía cuando dediqué la obra más representativa de mis ideas estéticas (El cadáver de Balzac) “A mis antepasados, judíos conversos, obligados a abrazar el realismo de los cristianos viejos”. Creo que está claro el camino iniciado o, más bien, “reiniciado”. Aunque la ascendencia de Matitiahu está muy lejos de ser conversa. Sus antepasados fueron de los que abandonaron la Península para seguir fieles a su fe. Sin embargo, algo milenario en mí emparenta el sufrimiento de los suyos por el destierro con el sufrimiento de los “míos” (sentido de una manera irracional y genética, y también psicológica, a través del inconsciente colectivo) por la conversión impuesta y las humillaciones reiteradas. Por eso, cuando más tarde leí Kurtijo Kemado, volví a sentir como propia la pesadumbre y la melancolía que allí se expresa. Pero Margalit Matitiahu no sólo aporta la memoria de lo que fuimos o pudimos ser; también concentra en sí las tres características de todo gran poeta: revolución lingüística (¿acaso no lo es escribir en este castellano que parece estar creándose permanentemente ante nuestros ojos?), sentimientos arraigados, veraces y universales desde lo particular, y modernidad. Todos estos ingredientes se hallan logrados y trabados hasta tal punto en la poesía de Margalit, que se hace contagioso el deseo de escribir nosotros mismos en sefardí. ¡No puede haber una revolución mayor de la obra literaria! La tradición lingüística que masacró el nazismo, vuelve a emerger en nuestros labios por mediación de su arte consumado. Por todo ello, constituye un orgullo para mí ser el anfitrión de Matitiahu y estoy seguro de que todos aquellos que la lean, compartirán conmigo el mismo gozo, el mismo vértigo, la misma emoción. Es virtud de la gran literatura comunicarnos los sentimientos como si fueran propios, independientemente de cualquier otra circunstancia. Y quizá sea esto y sólo esto lo que yo siento al leer a Matitiahu: el sufrimiento y la alegría descarnados de cuanto ella expresa en su entrañable y hermosísimo judeo-español. Y el resto, tal vez, sea sólo literatura, imaginación de quien ama imaginar y sentirse en el pellejo de los más débiles. ¿Pero la literatura no es la esencia misma de la vida, su intensidad concentrada, la síntesis real como ninguna del pasado, de lo actual y de lo que ha de venir? Tenemos el ejemplo más claro en la obra de Matitiahu. Que el lector lo compruebe por sí mismo.
Margalit
Matitiahu nació en Tel Aviv (Israel), donde, tras el Holocausto y la
Segunda Guerra Mundial, se establecieron sus padres procedentes de Salónica
(Grecia) y descendientes de judeoespañoles de León, llevando con ellos
el ladino o sefardí, que Matitiahu aprendió de niña. Posteriormente
realizó estudios de Literatura Hebrea y Filosofía en la Universidad
de Bar Ilán. Aunque, en un principio, comenzó a escribir en hebreo,
en 1988 dio visiblemente el paso hacia la escritura en la lengua originaria
de sus padres con Curtijo Quemado, un desgarrador testimonio
de la destrucción nazi escrito durante un viaje en el verano de 1986
a las comunidades judías de Grecia. Desde entonces, los libros en ladino
se han sucedido, publicando en 1992 Alegrica, y en 1997 Matriz
de luz y Vela de la luz
(que incluye Curtijo quemado, Los visajes, Alegrica,
Cartas, Simientes de amor, Matriz de luz y Las
escaleras de media noche). En hebreo ha publicado Por el vidrio
de la ventana (1976), El no silencio veraniego (1979), Cartas
blancas (1983), Esposada (1987) y Escaleras de media noche
(1995). Margalit se ha convertido en una apasionada investigadora y
difusora del sefardí, habiendo estudiado la prensa judía de Salónica
en ladino durante el período 1860-1940 así como el desarrollo de la
poesía que aparece en ellos, y participado en programas de radio en
ladino durante más de 25 años. Es también una estudiosa del papel de
la mujer en la familia, la sociedad, la educación y la política. Pertenece
a la Academia Mundial de Arte y Cultura (de la que es Doctor Honoris
Causa), al Pen Club Israelí y a la Asociación Hebrea de Escritores.
Desempeña, además, el cargo de secretaria general de la Asociación Israelí
de Escritores. Ha participado en congresos y encuentros de todo el mundo;
concretamente, y en España, en Valencia (1998, 1999), Toledo (1998)
y Murcia (2000). Tiene numerosos premios en su haber, entre ellos el
Ateneo de Jaén 1996, el “Fernando Jeno” 1994, concedido por la comunidad
judía de México, y el “Premio de creación del Primer Ministro” 1999,
el máximo galardón que se concede en las letras israelíes. En 1997 fue
recibida y homenajeada por el Ayuntamiento de León, de donde habían
sido expulsados sus ascendientes junto a las comunidades del resto de
la Península, inaugurándose un monolito en su memoria que lleva estos
versos de Margalit: “Entonses, muestros nombres/ se van a grabar en
los caminos de secreto/ y van a abrir las puertas de union” (“El el
fondo del tiempo”, Matriz de luz). Margalit Matitiahu vive actualmente en Kiriat Ono (Israel). Está casada y es madre de dos hijos, de los cuales, el primero es varón y ejerce como fotógrafo de espectáculos y webmaster en París; el segundo es una chica que trabaja como actriz. |
|
|
|
|