Firmas invitadas por Gregorio Morales
Margalit Matitiahu

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MARGALIT MATITIAHU

 Presentación

*  Biografía

 Porke escribo en dos lenguas, hebreo i judeo-espaniol

 Poemas

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Margalit Matitiahu ---

Presentación

Gregorio Morales

Cuando, proporcionado por una amiga común, leí Matriz de luz, primer libro de Margalit Matitiahu que cayó en mis manos, me poseyó una gran emoción. Ahí estaban las viejas palabras, las palabras preteridas, las formas abandonadas, los giros en desuso del español. Y con ellos venía una ola de antiguos sentimientos. Algo oscuro y entrañablemente mío se reconocía en sus palabras. Pero, a  la vez, esas palabras hacían referencia a situaciones modernas, realizando una extraña y sugestiva "coiunctio oppositorum" entre el presente y el pasado, o, más aún, incluyendo también el futuro, porque, de una manera que no puedo precisar, veía y veo el futuro en los poemas de Matitiahu.

Al entusiasmo que siento por lo judeoespañol, al familiar abismo de tiempo abierto por sus palabras, se une mi afinidad por toda estética nueva. Puedo afirmar, pues, que no sólo me siento dichosísimo de haber descubierto a Matitiahu, sino que el encuentro constituía uno de mis destinos y era, por tanto, necesario. Quizá lo intuía cuando dediqué la obra más representativa de mis ideas estéticas (El cadáver de Balzac) “A mis antepasados, judíos conversos, obligados a abrazar el realismo de los cristianos viejos”. Creo que está claro el camino iniciado o, más bien, “reiniciado”.

Aunque la ascendencia de Matitiahu está muy lejos de ser conversa. Sus antepasados fueron de los que abandonaron la Península para seguir fieles a su fe. Sin embargo, algo milenario en mí emparenta el sufrimiento de los suyos por el destierro con el sufrimiento de los “míos” (sentido de una manera irracional y genética, y también psicológica, a través del inconsciente colectivo) por la conversión impuesta y las humillaciones reiteradas. Por eso, cuando más tarde leí Kurtijo Kemado, volví a sentir como propia la pesadumbre y la melancolía que allí se expresa.

Pero Margalit Matitiahu no sólo aporta la memoria de lo que fuimos o pudimos ser; también concentra en sí las tres características de todo gran poeta: revolución lingüística (¿acaso no lo es escribir en este castellano que parece estar creándose permanentemente ante nuestros ojos?), sentimientos arraigados, veraces y universales desde lo particular, y modernidad. Todos estos ingredientes se hallan logrados y trabados hasta tal punto en  la poesía de Margalit, que se hace contagioso el deseo de escribir nosotros mismos en sefardí. ¡No puede haber una revolución mayor de la obra literaria! La tradición lingüística que masacró el nazismo, vuelve a emerger en nuestros labios por mediación de su arte consumado.

Por todo ello, constituye un orgullo para mí ser el anfitrión de Matitiahu y estoy seguro de que todos aquellos que la lean, compartirán conmigo el mismo gozo, el mismo vértigo, la misma emoción. Es virtud de la gran literatura comunicarnos los sentimientos como si fueran propios, independientemente de cualquier otra circunstancia. Y quizá sea esto y sólo esto lo que yo siento al leer a Matitiahu: el sufrimiento y la alegría descarnados de cuanto ella expresa en su entrañable y hermosísimo judeo-español. Y el resto, tal vez, sea sólo literatura, imaginación de quien ama imaginar y sentirse en el pellejo de los más débiles. ¿Pero la literatura no es la esencia misma de la vida, su intensidad concentrada, la síntesis real como ninguna del pasado, de lo actual y de lo que ha de venir? Tenemos el ejemplo más claro en la obra de Matitiahu. Que el lector lo compruebe por sí mismo.

 

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Biografía

Margalit Matitiahu nació en Tel Aviv (Israel), donde, tras el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial, se establecieron sus padres procedentes de Salónica (Grecia) y descendientes de judeoespañoles de León, llevando con ellos el ladino o sefardí, que Matitiahu aprendió de niña. Posteriormente realizó estudios de Literatura Hebrea y Filosofía en la Universidad de Bar Ilán. Aunque, en un principio, comenzó a escribir en hebreo, en 1988 dio visiblemente el paso hacia la escritura en la lengua originaria de sus padres con Curtijo Quemado, un desgarrador testimonio de la destrucción nazi escrito durante un viaje en el verano de 1986 a las comunidades judías de Grecia. Desde entonces, los libros en ladino se han sucedido, publicando en 1992 Alegrica, y en 1997 Matriz de luz y Vela de la luz (que incluye Curtijo quemado, Los visajes, Alegrica, Cartas, Simientes de amor, Matriz de luz y Las escaleras de media noche). En hebreo ha publicado Por el vidrio de la ventana (1976), El no silencio veraniego (1979), Cartas blancas (1983), Esposada (1987) y Escaleras de media noche (1995).

Margalit se ha convertido en una apasionada investigadora y difusora del sefardí, habiendo estudiado la prensa judía de Salónica en ladino durante el período 1860-1940 así como el desarrollo de la poesía que aparece en ellos, y participado en programas de radio en ladino durante más de 25 años. Es también una estudiosa del papel de la mujer en la familia, la sociedad, la educación y la política. Pertenece a la Academia Mundial de Arte y Cultura (de la que es Doctor Honoris Causa), al Pen Club Israelí y a la Asociación Hebrea de Escritores. Desempeña, además, el cargo de secretaria general de la Asociación Israelí de Escritores. Ha participado en congresos y encuentros de todo el mundo; concretamente, y en España, en Valencia (1998, 1999), Toledo (1998) y Murcia (2000). Tiene numerosos premios en su haber, entre ellos el Ateneo de Jaén 1996, el “Fernando Jeno” 1994, concedido por la comunidad judía de México, y el “Premio de creación del Primer Ministro” 1999, el máximo galardón que se concede en las letras israelíes. En 1997 fue recibida y homenajeada por el Ayuntamiento de León, de donde habían sido expulsados sus ascendientes junto a las comunidades del resto de la Península, inaugurándose un monolito en su memoria que lleva estos versos de Margalit: “Entonses, muestros nombres/ se van a grabar en los caminos de secreto/ y van a abrir las puertas de union” (“El el fondo del tiempo”, Matriz de luz).

 Margalit Matitiahu vive actualmente en Kiriat Ono (Israel). Está casada y es madre de dos hijos, de los cuales, el primero es varón y ejerce como fotógrafo de espectáculos y webmaster en París; el segundo es una chica que trabaja como actriz.

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