Presentación
La obra de José Vicente Pascual se caracteriza por
una minuciosa instrospección en los personajes, que son analizados
detalladamente en sus preferencias, movimientos, pasiones y formas
de ver el mundo, junto a una prosa que fluye con armonía y que tiene
la virtud de conformar siempre un mundo propio. Por otra parte, el
autor hace gala de una misteriosa potestad para penetrar en todos
los ambientes y épocas como si los hubiera vivido en carne propia,
y, de este modo, sus personajes pueden moverse en la Argentina del
siglo XX, o en la Granada del siglo XVI, o en la del XIX, y siempre
de una forma convincente. Aunque José Vicente Pascual es un narrador
nato, que sabe contar magníficamente sus historias, uno de los elementos
más sobresalientes de su obra es que, de súbito, cuando el lector
menos se lo espera, en la trama general irrumpen pequeñas historias
secundarias, que comienzan a tener vida independiente y que son como
mazazos en un camino que, sin ellas, podría antojársenos demasiado
fácil; para mí, esos fragmentos son manifestaciones súbitas del inconsciente
del novelista, por lo que presentan un valor añadido. Como articulista,
la prosa de José Vicente Pascual está llena de una subversiva sensatez,
humor y solidaridad con el género humano. Pienso que José Vicente
Pascual representa al novelista nato, que cuentas sus historias con
fruición y ama tanto a sus personajes que éstos, sean del país o de
la época que fuere, están repletos de vida y de verdad.
José
Vicente Pascual nació en Madrid en 1956. Ha publicado los siguientes
relatos: "Mi corazón africano". Ficciones,
Granada, 1994. "Nueve ficciones súbitas". El signo
del gorrión, Valladolid, 1995. "Perpetua costumbre".
Ed. Osuna, Granada, 1996. En el campo novelístico, ha publicado:
"La montaña de Taishán" (Premio Azorín,
1989). Aguaclara, Alicante, 1990. "El capitán de plomo"
(Premio Café Gijón, 1993). Aguaclara, Alicante, 1994.
"El cuarto oscuro". Ediciones B, Barcelona, 1995. "Palermo
del cuchillo" (Premio Fundación Alfonso XIII, 1995). Ediciones
B, Barcelona, 1996. "Juan Latino". Ed. Comares, Granada, 1998.
Ed. Atrio, (tercera edición), Granada, 2003. "El pescador
de pájaros". Ed. Comares, Granada, 2000. "El país
de Abel". IDEAL - Ed. Dauro, Granada, 2002. "El arpa de oriente".
Ed. Atrio, Granada, 2003. "El ingeniero y el rey". Ed. Arial,
Granada, 2003. De su obra se han llevado a cabo las siguientes adaptaciones:
En teatro:"Juan Latino". Compañía de Tito Junco
Martínez. Estrenada en el teatro Alhambra, Granada, enero de
2000. Representaciones en España, Francia, Argentina y Cuba.
En narrativa.- "El segundo hijo del mercader de sedas para jóvenes
lectores". Ed. Comares, Granada, 2000. En el periodismo literario
ha colaborado en diversas publicaciones (Tiempo, Man, Diario de Córdoba
y Cuadernos del Sur entre otras). Desde hace siete años es colaborador
y columnista, con secciones semanal (Puerta Real) y quincenal (El síndrome
de Waterloo), en el diario IDEAL de Granada (Grupo Vocento). Es miembro
del equipo de redacción de , canal literario, de la edición
digital de IDEAL www.ideal.es/atramentum
. En Internet tiene publicados:
"Una habitación en la selva". www.relatocorto.com
"El realismo de lo singular". www.ilustrados.com
Ha organizado diversos ciclos de conferencias sobre creación
literaria, tanto para entidades privadas como instituciones públicas
(Revista "Ficciones", Centro Andaluz de las Letras-Junta de
Andalucía, Diputación de Córdoba y Ayuntamientos
de Motril y Granada).
Ha impartido talleres de animación a la lectura e iniciación
a la escritura (relato, novela, periodismo), en colaboración
con distintas entidades (Asoc. de la Prensa de Granada, Circuito Andaluz
de las Letras [CAL-Junta de Andalucía], Universidad de Granada,
Unidad de Bibliotecas del Ayuntamiento de Granada, etc).
En la actualidad es director de publicaciones de "Granada Literaria"
(narrativa, ensayo y poesía), colección de la que es titular
el Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento de Granada.
J.H.W.
(Anotaciones en el diario de viajes [1]. Don
José Moreno, arzobispo católico, se entrevista con un funcionario
curial).
17'30.- Don José Moreno Mazán, arzobispo de
Granada, ha recibido en su despacho de la Curia al funcionario Renato
García de Paredes, hombre que tiende a encubrirse en perfiles angulosos
de una hechura acartonada, persona resbaladiza aunque temerosa de
Dios que trabaja en las oficinas actuariales de esa santa casa. El
arzobispo habla y el funcionario escucha. Ambos toman zumo de limón,
vasos de agua muy fresca, aromatizada con granos de anís, y un dulce
chocolatero que fabrica el obrador Marinetto, de la calle Alhóndiga,
al que todos llaman "brazo de gitano". El arzobispo, goloso,
diserta entre bocado y bocado.
- No me quieren, buen amigo. Lo sé y me pesa
pero he de reconocerlo. Hay gente que no me quiere. Es más: me detestan.
Todo por el simple motivo de que cumplo mis obligaciones apostólicas.
)Lo cree justo, Paredes?
Renato García de Paredes, receloso, confirma
su temor de que el arzobispo lo haya invitado a merendar para sonsacarle
alguna que otra confidencia sobre su amigo el párroco Menéndez. Como
todos los curas (sean de tiara y capisaya o sotaneros con pringue
de cocido en la panza), el arzobispo nomadea en torno a las palabras,
se entretiene en circunloquios y va enroscando los anillos de su abrazo
fraternal hasta que crea llegado el momento de abrir boca sobre el
fondo del asunto, las tres o cuatro preguntas que de verdad le interesan.
- Hay gente muy obcecada en nuestra ciudad,
Ilustrísima - responde García de Paredes -. Personas que han puesto
sus raíces en el pasado y que no comprenden el verdadero sentido de
los nuevos tiempos.
- A eso iba - prosigue el arzobispo -. Me aborrecen
porque doy mi apoyo sincero al progreso de Granada, porque he bendecido
las primeras instalaciones azucareras y porque en una carta pastoral
dirigida a la feligresía defendí la iniciativa privada, el compromiso
social que contraen los capitalistas y la dignidad irrenunciable de
la clase trabajadora. Todos somos hijos de Dios, Paredes. Todos lo
somos, desde el inversor financiero al último empleado de la industria
más modesta. Estos principios, al parecer, han herido la susceptibilidad
de algunos aristócratas, políticos a su servicio y terratenientes
a la antigua. Total, )qué querían? )Qué podía yo decir si la Iglesia, a través del
Sumo Pontífice, a quien Dios guarde, ya se ha definido al respecto?
Lo supongo al tanto de la doctrina y conceptos sostenidos en las últimas
encíclicas de nuestro venerado León XIII.
- Por supuesto, Ilustrísima.
- Pues esa es la cuestión. Y no hay más.
Deja escapar un suspiro el arzobispo. Acaba
el último trozo de brazo de gitano, mastica afanosamente, se limpia
los labios con una servilleta almidonada y murmura con sigilo de sacristía:
- No está mal este confite, aunque a mí lo que
me gusta de verdad, pero de verdad de la buena, son los churros.
García de Paredes da un trago corto al zumo
de limón. )Qué hace allí?, se pregunta, bajo el aura aterciopelada,
leve de sombras, del despacho arzobispal. Guarda silencio el funcionario.
Callar y esperar... eso se promete. Ya saldrá el arzobispo con la
música que quiera y cuando le plazca.
- Ay... buen amigo - se lamenta el arzobispo
-. Y si esos fueran mis únicos problemas... qué daría yo, Señor, Dios
de mi alma, porque esos fueran mis únicos problemas. Tengo miles de
indigentes ociando por las calles y buscando consuelo, de vez en cuando,
en las iglesias. Tengo señoritos crápulas que fomentan el lenocinio,
el juego, el vicio de la bebida e incluso el adulterio, que es el
crimen más grande que puede cometerse contra una familia cristiana.
Tengo víctimas de muchas enfermedades que no pueden pagar la asistencia
de los médicos; me refiero a esas dolamas que inficionan la sangre
y se agarran a los pulmones y te llevan a la tumba en un santiamén.
Por muchas limosnas que se repartan, y por mucho auxilio que les demos,
el problema no desaparece, más bien se acrecienta. Por tener, amigo
Paredes, tengo hasta curas respondones.
Ahí quería llegar el muy ladino - piensa Renato
García de Paredes -, al problema del párroco indócil.
- Por cierto, )no tendrá usted noticias de la carta que hace
días me envió Pedro José Menéndez?
Indaga con soterrada avidez el arzobispo en
el semblante del funcionario, como si le advirtiese desde el confín
implacable de su expresión bonachona: "no me mientas, Renato,
no me mientas porque lo sabré en seguida".
- No sé a qué se refiere Su Ilustrísima - se
excusa García de Paredes.
- Pues a una carta.
- No... no... yo de cartas no sé nada.
- Una carta con muy mala sombra, he de decírselo.
- Nada. Ni la menor idea.
El arzobispo se levanta, va hacia la gaveta
de su escritorio y se hace con un par de folios caligrafiados en muy
elegante letra pelada.
- A esta carta me refiero. Lea, buen amigo.
Lea y después, si no hay impedimento, cuénteme algo sobre nuestro
inefable, culto, estudioso y arisco Menéndez.
El arzobispo, contundente, pone la carta sobre
la mesa. Renato García de Paredes se dispone a mentir. Lleva años
haciéndolo, así que experiencia no le falta.
18'15.- El funcionario García de Paredes besa
el anillo del arzobispo Moreno Mazán. Se despide apresurado, con torpeza
impropia en alguien como él, experto en sotaneos, protocolos de iglesia
y mentiras piadosas.
18'20.- Renato García de Paredes, tras dar un
rodeo para que nadie se fije en la dirección que han de tomar sus
pasos, se encamina hacia la parroquia de Santa Cándida. Le urge hablar
con su amigo el párroco Menéndez.
José Vicente Pascual, El pescador de pájaros, Granada, Comares,
2000
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