Andrés CárdenasCRÍTICAS
reo sinceramente que la mejor manera de hablarles de este libro y de su autor sería transcribir aquí las páginas que, firmadas por Melchor Sáiz-Pardo, director de Ideal, y Juan Jesús Hernández, presidente de la Asociación de la Prensa, abren el mencionado libro. Porque ellos conocen desde hace años al periodista, al escritor y al hombre. Pero este crítico tiene el satisfactorio deber de cumplir con su misión y a ello me apresto, aunque a lo largo de estas líneas tome prestados algunos de los juicios que tan certeramente han emitido ambos sobre el autor y la obra. No
cabe duda de que el columnismo se ha convertido hoy en la modalidad más
prestigiosa del periodismo, hasta el punto de que se le considera un género, a
cuya consolidación y actualidad han contribuido brillantes plumas, algunas de
ellas con una importante obra literaria a sus espaldas. Reconocido ya, incluso,
por la más rancia Academia, en nuestra ciudad gozamos con el privilegio de
contar con varios profesionales que brillan con luz propia en los medios en los
que escriben. Algunos de ellos están precisamente en este periódico, y entre
los mismos hay que incluir obligatoriamente a Andrés Cárdenas, columnista y
redactor-jefe del mismo. El propio escritor, autor ya de siete libros, reconoce
haber encontrado en la columna o en el artículo de prensa su lugar natural en
el que aunar sus dos grandes pasiones: la literatura y el periodismo. En esa
simbiosis, en esa fusión, se encuentra, efectivamente, como pez en el agua
Andrés Cárdenas. También, en la de cronista o reportero, como ya demostró en
alguna de sus obras anteriores. Yo y el tiempo contra todos recoge algunos de los
artículos de las columnas que a lo largo de los últimos años ha venido
publicando el autor en Ideal. Son impresiones, ráfagas, agudas
observaciones de un hombre de a pie capaz de reflejar en pocas líneas aquello
que cualquier ciudadano ve, oye o piensa mientras camina por nuestra ciudad, en
el trabajo, cuando va de compras o en su hogar. Son los temas de los que la
mayoría de la gente habla, las pequeñas cosas de cada día, a las que el autor
sabe darles el tratamiento adecuado para convertirlas en pequeñas obras
maestras del género. La educación de los hijos, las noticias del periódico, la
cola de la caja del hipermercado, las eternas polémicas de la ciudad,
personajes más o menos pintorescos, el Día Internacional de la Mujer, la Semana
Blanca, la condición humana, las fantasías o sueños de cualquier mortal, la
profundidad de un pensamiento, el dramatismo de una situación..., mil y un
temas han pasado por la pluma de este agudo observador de la realidad de cada
día, de manera que, al ser leídas, nos producen esa extraña y desasosegante
sensación de que son las mismas cosas que nos han ocurrido a nosotros, lo que
pensamos un día sí y otro también, nuestros sueños, nuestros problemas,
nuestras preocupaciones y conversaciones. Si a todo esto unimos el finísimo humor con que Cárdenas
suele adobar muchos de los temas que trata, pensaremos entonces que estamos en
presencia de un mago, capaz no sólo de adivinar y traducir nuestros
pensamientos, sino de utilizar la varita mágica del lenguaje para hacernos
asomar una sonrisa, o una carcajada, que se nos encoja el corazón ante el
dramatismo de una situación o movernos a la reflexión ante la denuncia sutil de
los conflictos que nos rodean. Y es que este periodista, que lleva su profesión en las
venas, tiene la extraordinaria virtud de saber atrapar la vida en cada
artículo, a golpe de frescura, como dice Melchor Sáiz-Pardo. No busque el
lector los consejos ni soluciones milagrosas en las recetas de Cárdenas;
encontrará, sí, la denuncia clara, aunque sin acritud, la mirada compasiva e
irónica y la defensa de la condición humana, tan vapuleada en estos tiempos, a
despecho del cutrerío que nos invade, de la soberbia, la desfachatez, la
inmoralidad y la mala educación que se ha adueñado de esta sociedad
finisecular. Vea, pues, el lector la manera de hacerse con este libro
porque, a buen seguro, disfrutará con la buena prosa de Andrés Cárdenas, que le
arrancará, sin duda, más de una sonrisa, el tiempo que le conmoverá con estas pequeñas
historias de todos los días en las que el autor hace gala, recordando a
Gracián, de su extraordinaria agudeza y arte de ingenio. Salvador Alonso, “Artes y Letras”, Ideal, martes, 26 de diciembre
de 2000, p. 7. |
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