Caramelos

¿Os he contado alguna vez que hubo un tiempo en que viví encima de una fábrica de caramelos?
Yo era muy pequeña, y aquello mi gran sueño.
Recuerdo que vivía en el primer piso de la casa, justo encima de la fábrica. Tenía un balcón que daba al patio interior, donde también estaba el patio de la fábrica.
Luis era el caramelero, pero para mí, él era aquella persona mayor tan especial que cuando me asomaba me daba un enorme caramelo de colorines. No tenía más que llamarlo: "Luiiiiis, ¿me das un caramelo?", y al punto salía Luis con él en la mano y lo acercaba hasta mi balcón.
Otras veces me invitaba a bajar a la fábrica. Entonces sí que era un sueño. Aquellos enormes calderos llenos de caramelo líquido de todos los colores, aquel olor a azúcar caliente.
Entonces Luis me preguntaba: "¿Cómo quieres el caramelo?" y se ponía a hacerlo ante mis ojos, exactamente como yo le decía que lo quería: "un poco de sabor a limón, una vuelta de fresa, ahora un baño de naranja, un poco de menta, enróscalo como si fuera un lazo, Luis".
Y con el gran lazo de caramelo todavía caliente, me iba con el alma iluminada hasta mi casa a comérmelo poco a poco hasta que se acabara y saliera otra vez al balcón: "Luiiiiis, ¿me haces un caramelo?".

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