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HISTORIA RESUMIDA DE LA
ANTEOJERÍA Y
ORIGEN DE LA OPTOMETRÍA

 

A continuación presento esta pequeña historia extraída de documentación que obra en mi poder.


Parte de ella pertenece al curso de optometría dirigido a los ópticos europeos organizado por la SOCIEDAD EUROPEA DE ÓPTICOS OPTOMETRISTAS en colaboración con la Escuela de Optometría de la UNIVERSIDAD DE MONTREAL DE CANADÁ, con la adición de extractos de un artículo de Maurice Cox de Filadelfia y del interesante trabajo que mereció un premio accésit de Rafael Casaño Salido, O.D.

Conviene, para no herir susceptibilidades, tener en cuenta que las fechas aquí mencionadas han envejecido conmigo veinte o treinta años. Dicho esto podemos pasar a lo que nos importa.

Dentro de la historia de la óptica fisiológica, es necesario recordar que ciertos conocimientos que creemos haber desvelado ahora, han sido descubiertos con antelación a nuestros tiempos. Además se pone de relieve la continuidad de la ciencia y de las teorías de la visión en particular.

Veremos también que innumerables problemas quedan todavía por resolver y que investigaciones continuas se efectúan en numerosos países, en las escuelas de optometría, fisiología, psicología y física.

Pese a que la mayor parte de nuestros conocimientos hayan sido puestos en evidencia desde hace un siglo, y que ciertas cuestiones bosquejadas en los primeros años del siglo XIX acaban de mostrar una respuesta, como ocurre con la base fisiológica de la visión de los colores, apenas comprendemos todavía cómo se realiza en el cerebro la transformación de los impulsos nerviosos que recibe del ojo, que nos permiten percibir las formas, los colores y el espacio.

Para los filósofos de la Antigua Grecia y Roma, Pitágoras (siglo VI antes de Cristo), Euclides, Ptolomeo y Galien, la visión era una emanación que fluía de los ojos (el "Pneumas") en dirección a los objetos hasta tocarlos.

Demócrito y Aristóteles (siglo V antes de Cristo), sugirieron que el camino era justo a la inversa, diciendo que la luz que emanaban los objetos se ponía en contacto con nuestros ojos. Platón intervino coordinando estas dos teorías que se mantuvieron durante siglos.

En el siglo X de nuestra era, el médico del Cairo, Halhacen en su tratado de óptica, condenaba la viejísima idea de una emisión que partiera del ojo (el Pneuma) y postulaba la formación de una imagen visual, sin situar específicamente en qué lugar se formaría esta imagen en el ojo.

En el siglo XVI, Leonardo de Vinci, postuló que la formación de la imagen visual debía de formarse en la retina, pero el hecho de que la imagen sobre ésta se hallara invertida, debió de parecerle inaceptable, pues dibujaba los ojos de forma que los rayos luminosos se cortaban dos veces.

Por fin, es el anatomista suizo Platter (1583) quien prueba que la retina era exactamente la sede de la fotorrecepción. En efecto, Platter cortó los ligamentos del cristalino sin que la visión desapareciera, pues hasta entonces, buen número de sabios pensaba que el cristalino interpretaba el papel de fotorreceptor.

La prueba matemática y óptica la ofreció el matemático Kepler en 1604 quien demostró que la luz se refractaba en la córnea y el cristalino para formar una imagen invertida sobre la retina. La inversión de esta imagen no preocupó a Kepler, pero planteó a otros sabios de su siglo y del siguiente, un problema que no supieron resolver. Para ellos resultaba difícil comprender, cómo se podía ver los objetos derechos, mientras la imagen retiniana estaba invertida. En efecto, nosotros no vemos nuestra imagen retiniana, vemos gracias a ella. La imagen que vemos, es aquella que nuestro cerebro ha restablecido gracias a los impulsos nerviosos provenientes de la retina.

En 1609 Galileo perfecciona las gafas o lentes y aplicó estas últimas a la construcción de gemelos, y en 1610 Kepler estableció la nueva teoría sobre las lentes y las gafas.

A Christoph Scheiner, Jesuita y astrónomo alemán se debe el conocimiento de los índices de refracción del humor acuoso, cristalino y vítreo. Descubrió que el índice de refracción del humor acuoso es más o menos el mismo que el agua, el del cristalino aproximado al del cristal, y el del cuerpo vítreo quedaba entre los dos.

Estas observaciones son de una precisión sorprendente, considerando que fueron hechas hace más de tres siglos, con instrumentos casi arcaicos para esta misión.

Medidas más modernas han determinado que el índice del humor acuoso y el del cuerpo vítreo son aproximadamente el mismo. Se atribuyó a este científico la primera sugerencia de que el cristalino fuera el responsable de la acomodación.

Otra prueba experimental de la imagen retiniana la dio Scheiner en 1625, al ver esta imagen directamente, tras haber cortado un trozo de esclerótica y de coroides, abriendo una ventana que permitía contemplar la retina en el interior. Scheiner que era un científico muy ingenioso, fabricó un modelo de ojo artificial de cristal y agua para poder observar y verificar la marcha de la luz en el ojo.

Pero han sido las audaces experiencias del genial Thomas Young (1801) las que lo han demostrado de forma irrefutable probando mediante un sistema sofisticado que el ojo no se alargaba durante la acomodación.

En 1925 Fincham, profesor de Optometría e investigador en la Escuela de Londres, completó las investigaciones del célebre físico alemán Helmholtz sobre la elasticidad de la cápsula del cristalino.

Skeffintong, optometrista autor de una teoría universal del desarrollo de la visión, nos explica una concepción holística de la misma en relación al organismo humano. Analiza y sintetiza cada proceso de la visión bajo esquemas pedagógicos, contemplados desde un método científico cibernético.

Se puede decir que la evolución de la óptica ha seguido cierto paralelismo con el progreso de la profesión médica, incluso en alguna de sus facetas este desarrollo fue más rápido si nos atenemos al hecho de que los profesionales de la medicina no supieron reconocer la eficacia de las gafas, hasta que la valoración de la visión efectuada por los optometristas demostró su rendimiento.

Hacia el siglo XIX, no solo los oftalmólogos no consideraban la refracción como una parte integrante de su profesión, sino que estimaban el uso de vidrios correctores, como poco convenientes para la salud ; incluso algunos de los más destacados especialistas prohibía su uso por considerarlo peligroso, siendo en el siglo XVIII normal la prescripción de colirios para evitar el uso de vidrios correctores y conservar la vista libre de estas ayudas consideradas poco científicas.

Los médicos se resistieron a reconocer la realidad de estos acontecimientos y les resultó difícil impugnarlos debido al retraso con que el médico en tanto que especialista en oftalmología, no se concretó hasta los últimos cien años y por supuesto no dedicó ninguna atención a la refracción antes del siglo XX.

La aparición de los optometristas como profesión localizada en muchos países, el aumento del uso de los vidrios correctores que se generalizó por el mundo y últimamente el crecimiento del nivel sanitario disminuyendo las enfermedades oculares, han hecho que los oftalmólogos empezaran a reivindicar la anteojería como una parcela de sus especialidades, y en algunos casos pretendiendo su exclusividad que cuando menos ha de considerarse sospechosa y desde luego contraria a los principios de la libertad científica.

Las ciencias relacionadas en alguna medida con la medicina y precisamente por su base profundamente humanística, han conseguido sus avances más espectaculares merced a los que se han llamado "los grandes intrusos" del que quizás sea el ejemplo más conocido, el desarrollo de la microbiología por el químico Pasteur.

La anteojería ha conocido también los más importantes avances en su especialidad gracias a los trabajos de "intrusos de la profesión" desde la figura del genial notario de la inquisición Benito Daza Valdés hasta la personalidad destacada del arquitecto Cristofer Wren y del diplomático y científico polifacético Benjamin Franklin descubridores de los vidrios cilíndricos y de las lentes bifocales, respectivamente. Todo esto nos sirve de base para subrayar el carácter universal y científico de la anteojería, que precisamente por la dimensión humana profunda que le da su incidencia sobre el más importante de los sentidos, ha hecho preocuparse de ella a científicos de las más variadas procedencias, muchas veces lejos de su campo profesional.

El origen de la medicina así como la de la optometría se pierden en la antigüedad. En principio el cuerpo médico era una orden sacerdotal que rodeaba del mayor secreto los conocimientos adquiridos y este comportamiento se ha perpetuado en cierto sentido a través de los años. La profesión estaba rodeada de supersticiones y se acompañaba de un ceremonial religioso.

Hipócrates (460 a. de J.C.) ha sido nombrado el padre de la profesión médica. Su escuela de medicina estudiaba los efectos de los regímenes, de las aguas minerales, del aire y la gimnasia.

Cuando la medicina fue introducida de Grecia a Roma hacia el año 200 a. de J.C., no era otra cosa que un arte práctico que giraba alrededor de teorías erróneas. Por eso no debe extrañar que cuando el gran galeno (130 a 200 d. de J.C.), entró en el campo de la profesión médica encontró que ésta estaba dividida en diferentes secciones.

Con su influencia consiguió una unidad muy importante y se reveló como una gran autoridad dentro de la profesión. Marcó una pauta de pensamiento que fue seguida durante mil trescientos años.

Desde una perspectiva moderna las investigaciones y las teorías de Galeno resultan infantiles e incluso algunas de ellas son desdeñables. Todo parece confirmar que la medicina no se inició dentro de las normas científicas, antes del siglo XIV e incluso hay opiniones que sostienen que no lo hizo antes del siglo XVII. En cualquiera de los casos queda claro que esta realidad se manifestó muchísimo tiempo después de la aparición de las lentes y de la ayuda que la anteojería pudo proporcionar al ser humano con la introducción de las gafas

A decir verdad después de la era de Hipócrates y Galeno la curación por medio de las estrellas era un capítulo importante dentro de la medicina, y la astrología gozó de una autoridad reconocida durante dos mil años, hasta el siglo XVII. El profesor D.G. Dick de la Universidad de California, sostiene que en el siglo XVII se estableció la línea de demarcación entre la nueva medicina nacida de la observación, y la antigua medicina fruto de las tradiciones. Además hizo resaltar que la medicina astrológica era solamente una parte del vasto dominio de la superstición.

Phyllis Allen del museo de artes y ciencias de Rochester, en su artículo publicado en el "Diario de la Historia de la Medicina y Ciencias Aliadas" indica que los establecimientos de los horóscopos era una de las labores más importantes de los médicos en aquellos tiempos.

Por entonces se podía obtener un grado de medicina por auspicio real o eclesiástico. Un acta del parlamento permitía al arzobispo de Canterbury entregar diplomas de médicos y no era raro encontrar estudiantes de medicina que habían obtenido su título de doctor en medicina antes de haber iniciado el estudio de la misma.
Fue en ese período cuando los barberos-cirujanos tenían un colegio que era considerado en Londres como una gran institución educadora y una sociedad sabia, en estrecha relación con los colegios de médicos. Nadie debe olvidar que fue en el siglo XVIII cuando los barberos-cirujanos fueron abolidos por la ley, en París y Londres.

 

Capítulo decimoquinto

"Ciegos totales y ciegos legales"

Valentín López López.

 

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