Inquisición médica
Hace ahora poco más de 150 años Ignacio Semmelweis - medico húngaro
que trabajaba en un hospital de Viena - comprobó que el número
de fallecimientos entre las mujeres que daban a luz en un hospital era mucho
mayor que el de las que parían en sus casas.
Preocupado por el hecho al no entender qué
pasaba - a diferencia de sus colegas, a los que les parecía algo "normal"-
analizó qué había de distinto en ambas situaciones comprendiendo
pronto que la diferencia sólo estaba, básicamente, en el lugar
donde se desarrollaba el parto - el hospital y no la casa -y la atención:
médicos y matronas. Asimismo, se preguntó si el hecho de que los
médicos pasaran con toda normalidad de practicar una autopsia a atender
un parto podía tener relación. Piénsese que hablamos de
una época anterior a Luis Pasteur y la ciencia no conocía la existencia
de los microbios y cómo éstos provocan infecciones. Obviamente,
tampoco había antibióticos. Pues bien, a fin de averiguarlo decidió
que a partir de ese momento los miembros de su equipo se lavaran siempre las
manos con agua a la que había echado cloruro de cal antes de atender
a una persona. Las consecuencias fueron espectaculares: del 30% de fallecimientos
en los partos se pasó al 1 %. Entusiasmado, comunicó su descubrimiento
a todos sus colegas. ¿El resultado? Risas, burlas y todo tipo de comentarios
jocosos e hirientes. Prácticamente todos los colegas se carcajearon de
él. Un escarnio constante que le llevaría a enfermar siendo recluido
en un manicomio. Allí, una enfermera que le atendía le provocó
una herida involuntariamente causándole una infección que le llevaría
a la muerte. De esa forma, el hombre que primero combatió las infecciones
moría víctima de una de ellas.
Es sólo un ejemplo pero la historia de la Medicina está llena de ellos. Y no sólo en épocas remotas: hoy día ocurre lo mismo. Lo grave es que nadie parece sentirse aludido cuando se narran este tipo de ejemplos. Los "ignorantes repletos de soberbia" son siempre los otros. Pero, ¿cómo habría que calificar a quienes reclaman a gritos que las autoridades políticas y sanitarias persigan de oficio a quienes no aceptan como borregos las "verdades" oficialmente establecidas? Porque esos médicos existen, son cada vez más y están sufriendo en todo el mundo una vergonzosa persecución que pretende justificarse en nombre de la ciencia. Sépalo el lector: no vamos a consentir impasibles una inquisición médica. A los argumentos de quienes disienten de lo oficialmente establecido se les debe responder con argumentos. No con exabruptos ni persecuciones.
José Antonio Campoy
Director de la revista Discovery Dsalud.