PERSONALIDAD CREATIVA Y CREADORA
Juan Mora es un torero de grandes posibilidades. Densa y extensa se muestra su capacidad artística adaptativa a la gran variedad de comportamientos que los toros ofrecen, toda ella impregnada de "su sello" encarnado en un ideal de belleza heredero del más depurado estilo grecolatino, que más que humano, roza lo divino.
Es una aleación entre pundonor y esencia, entre dominio y talento soñador, entre inteligencia serena e incesante inspiración.
El de Plasencia, no se preocupa por estadísticas que reflejen las marcas o como ahora se dice: los récords, ni por la acumulación de trofeos, ni por conseguir un número diferente al de algún torero precedente. Los dígitos, cifras y demás registros matemáticos no constituyen el foco de inquietud de nuestro torero, todo lo opuesto, para él lo realmente importante es la calidad de su arte, no la cantidad – dado que el arte no se puede cuantificar – lo relevante es el "darlo todo", término que no se adscribe dentro de los parámetros estadísticos, son categorías distintas.

Interpreta el "toreo bueno", siempre a su gusto, impregnado de plasticidad, naturalidad, arquetipo puro, acendrado y vertical
Su figura que tiempos atrás bautizaron "de espejo" hace comprender a los aficionados lo mágico del toreo, esa experiencia estética emocionante, esa danza dormida en su genuino "desmayao".
Juan Mora está dotado de ese "pellizco", de ese toreo "de cante jondo", de ese "echar la pata p´adelante" ó a pies juntos, de corte largo, en el terreno verdaderamente comprometido.
Otra de sus cualidades es el temple, tan difícil y que en sus manos se entrevé tan fácil.
El capote = perfume explosivo de pureza + gallardía. Claro exponente del toreo fundamental, practicando como base constitutiva y permanente, la reina del toreo de capa: la verónica.

El arte de Juan Mora se revela como aquel que perdura, indeleble en el paso del tiempo. Torero substancial en la vertebralidad y desarrollo de la fiesta taurina contemporánea.