CONCEPCIÓN ARTÍSTICA

        El concepto del toreo que siente y que profesa lo construye sobre los pilares maestros del clasicismo: torear de arriba hacia abajo y de fuera a dentro, con temple, con hondura, mayestático, cargando la suerte.

        La plasticidad y el sentimiento son los principios sobre los que Juan Mora establece su concepción de lo que es torear. Torear reuniendo cualidades como: hondura, largura, cadencia, la peculiar "chispa", desarrollando su amplísima y profunda personalidad. Alcanza su realización cuando lancea tan despacio como dictan los pulsos de su muñeca, que mece en el rubor grana enloquecido de cada muletazo.

        Si a partir de su impronta se pudiera sugerir ó colegir una definición, si de los hechos se dedujera una huella personal, un carácter identificatorio -- como si de algo inteligible se tratara—estaríamos hablando del "toreo de verdad". Este "toreo de verdad" se vislumbra cuando el artista otorga todas las ventajas al toro, citando de frente, con el pecho, poniéndole la muleta con pureza, ligando los pases, trazando el recorrido desde fuera hasta el último músculo de la cadera, "educando" pasmosamente la embestida con los mimos del paño sagrado.

        Es torero porque su fin último es comunicar al aficionado ese misterio eterno por él experimentado que es la tauromaquia, su deseo se conjuga en la poesía muletera para traspasar las fibras de lo palpable y así iluminar lo percibido por la sensibilidad.

        Expresa el sentimiento en esa danza dramática, en un arte vivo, puro y duro.

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