EXTRANJERO DE TI MISMO

Imagínate que con diez años pierdes a tus padres y te ves obligado a emigrar a un país desconocido con otros niños huérfanos a los que no conoces de nada. Pues esta es la experiencia vivida por centenares de niños españoles que tras morir sus padres en la Guerra Civil se los llevaron para la Unión soviética: Los niños de Rusia. Y precisamente así, se llama el documental de Jaime Camino estrenado en las salas de cine el mes de diciembre.

En esta película, ademas de documentos visuales de la época, podemos ver como los propios protagonistas, o sus familiares directos, nos explican en diversas entrevistas su historia. Una historia escrita por la mala fortuna: la URSS que se encontraron a su llegada era la de Stalin. Es decir, huyendo de una dictadura en ciernes se encontraron con la represión stalinista. Y no sólo eso, pues en aquellos momentos la Segunda Guerra Mundial acababa de empezar y muchos por su edad tuvieron que luchar en la terrible batalla de Stalingrado. Aún así, nunca volvieron a sus ciudades de origen.

Pobreza, soledad y morriña son las constantes de una vida marcada por el infortunio. Extranjeros de sí mismos, otro documental de la misma tematica realizado el año pasado, mostraba lo difícil que es sentirse bien en un país de diferente cultura. Sentirse extranjero de uno mismo es una de las cosas peores que te puedan pasar. Pero no hace falta irse tan lejos para encontrar a gente que no se siente de ninguna parte. Este es el caso de los hijos de emigrantes andaluces, extremeños, gallegos y demas en Cataluña. Los catalanes que se sienten de pura cepa, pese a tan sslo saber a ciencia cierta que sus abuelos nacieron aquí, no ven a los hijos de emigrantes como uno de los suyos: son una especie de añadido a la buena sociedad catalana, charnegos, españolistas en potencia, vamos. Pero cuando estos "malos catalanes" se van de vacaciones a los pueblos de origen de sus padres tampoco se sienten de allí, ni los autóctonos los sienten como suyos: son los catalufos, los independentistas esos que hablan raro. No sentirse de ningún lugar puede confundirte pero hay que tener las suficientes agallas de tirar para adelante y encararse a la soberbia sin agachar la cabeza. Basta con tener un poco del espíritu de los niños de Rusia: aunque pueda doler, a veces hay que dejar de lado los orígenes culturales de uno e intentar dar lo mejor de ti mismo donde sea. Aunque te sientas extranjero de ti mismo, no parecerlo. Llorando no se consigue nada.

eurofóbico
VOLVER