![]() GÉNOVA SE TIÑE DE SANGRE Hace ya tiempo que la represión policial se endureció y que su violencia cae sobre expresiones populares de todo tipo. El movimiento okupa, los sindicatos obreros y estudiantiles, grupos ecologistas y asociaciones de diversa índole han sufrido cargas por parte de la policía, que intenta sofocar de forma nada pacífica las reivindicaciones surgidas desde el fondo de la sociedad civil. Pero el movimiento antiglobalización se les ha ido de las manos. En la pasada cumbre del G8, en la ciudad italiana de Génova, un policía asesinó a Carlo Giuliani, un joven activista de la lucha contra la globalización capitalista, ante los ojos del mundo entero. Sacó su pistola y, en nombre del Estado al que representa como miembro de su cuerpo de seguridad, mató al joven manifestante. Aunque las libertades de expresión y manifestación son indiscutibles, las fuerzas del orden siempre se imponen a ellas a base de violencia y conductas poco menos que fascistas, arrasando a su paso con los derechos del individuo. Las imágenes de las últimas manifestaciones antiglobalización no dejan lugar a dudas con respecto a la dureza de las cargas policiales, que son cada vez más descontroladas e indiscriminadas. Pero las más de 200 personas heridas que han dejado en Génova, además de la muerte de Carlo, no pueden quedar impunes. Ya es hora de comprender que el abuso de la violencia que ejercen los cuerpos de policía de los diversos países del planeta es un exceso inadmisible. Ellos matan vestidos con uniforme y en nombre de un sistema, de un gobierno, para el que trabajan. Es la cara visible del terrorismo de Estado. Las fuerzas del orden, teóricamente llamadas a proteger al ciudadano y garantizar su seguridad, se dedican únicamente a proteger los intereses del poder establecido. Son los guardianes de este imperio del dinero en el que vivimos, los que preparan el terreno sobre el que se edificarán, entre otras cosas, las políticas económicas que tanto han proliferado en Occidente, convirtiéndose en bandera de lo que la globalización trata de exportar. El Estado otorga a su policía licencia para aplicar la violencia en defensa de sus intereses. Es un modo de demostrar su poder. Y la voz del movimiento de resistencia contra la globalización les resulta muy molesta, ya que pone al descubierto la injusticia que sustenta el sistema capitalista actual y hace peligrar intereses económicos demasiado importantes como para dejar que corran peligro. La vida de Carlo o la de cualquier otro no tiene ninguna importancia para aquellos que dicen representar nuestros intereses. Lo que cuenta es hacer crecer el imperio, cuanto más mejor. Pero ahora, en el bando rival se está viviendo un cambio. Si bien la disgregación y las discrepancias internas constituían el eterno problema sin solución de los movimientos sociales de izquierdas, en la lucha contra la globalización el problema parece haberse remediado o, almenos, se pasa un poco por alto y se suman esfuerzos para combatir por un objetivo común. La misma globalización, que unifica las fórmulas políticas y económicas para aplicarlas de igual manera en todo el mundo, contribuye a aunar las protestas de colectivos y personas muy diferentes entre sí. Hoy por hoy son cientos de miles los que se agrupan bajo una misma consigna para protestar contra la injusticia social, el poder ilimitado de las multinacionales, la dictadura de las instituciones económicas mundiales que deciden por nosotros sin consultarnos, la distribución desigual de la riqueza mundial,... y para proponer alternativas al modelo capitalista de globalización, a la aplicación del podrido modelo neoliberal en todo el mundo. Es un movimiento espontáneo, surgido de la misma base de la sociedad y que no tiene líder ni una organización fija y estable. Las protestas nacen de la conciencia social, del sentimiento revolucionario, de las personas que han abierto los ojos a la realidad y saben que el actual modelo de organización político-económica es algo insostenible. Mientras todo esto ocurría en las calles, el G8 continuaba su reunión en Génova. Los 8 hombres más poderosos del planeta se proponen decidir sobre cuestiones que nos afectan a todos, tapándose los oídos para no escuchar las voces de la mayoría, el clamor de la ciudadanía unida. Creen saber lo que necesitamos. Hablan de un mundo sin pobreza mientras hacen del mercado un campo salvaje en el que los países menos desarrollados no pueden competir. Hablan de justicia social mientras su propia policía asesina a sangre fría a un joven a menos de 200 metros de ellos. Hablan de paz mientras proporcionan sus armas sobrantes a países en guerra. Hablan pero no escuchan. Dicen que el ruido de las calles no impedirá que se sigan reuniendo, lo cual demuestra que no han comprendido nada. No se trata solamente de hacer ruido sino de articular una respuesta social ante lo que ellos proponen desde su pedestal. Génova ha sido el último escenario de la nueva guerra social planetaria, después de lugares como Seattle, Praga, Davos,... como dato importante, han sido 200.000 personas las que han salido a la calle para decir algo. Y la respuesta de los destinatarios de tales mensajes ha sido, además de hacer oídos sordos a sus palabras, mandarles a 20.000 policías armados hasta los dientes. Pero la muerte de Carlo es un descaro que no se les puede permitir. Su sangre es la de todos, la de la lucha global. Por eso, ahora más que nunca la voz de la calle no debe apagarse. La lucha continua. Hasta la victoria siempre. Si quieres ver más fotos del asesinato de Carlo Giuliani puedes encontrar una secuencia bastante completa aquí: Mientras tanto, la próxima gran protesta se prepara...
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