TERRORISMO Y POLÍTICA

Las pasadas elecciones autonómicas en Euskadi y su correspondiente campaña electoral demostraron una vez más cómo la lucha por el poder puede tomar tintes salvajes. Los partidos candidatos aprovechan cualquier ocasión para anotarse un tanto a su favor. Todo vale: el regateo por los presupuestos del gobierno, la construcción del AVE, la celebración de una fiesta nacional y, muy especialmente, el terrorismo. Cada acción de ETA, cada persona que muere e incluso cada entierro son ocasiones de oro para los políticos que forman el circo de las elecciones vascas.

El terrorismo ha dejado de ser un problema político puesto que nadie busca una solución política para él, y se ha convertido en una excusa para hacer campaña, para poner en marcha toda la maquinaria de demagogia que precede a la captación del voto y al lavado de conciencias, para ahondar en la división del territorio vasco. Es tan sólo una herramienta útil para los que se autodenominan guardianes de la democracia y defensores de la vida y los Derechos Humanos por encima de cifras y banderas.

Nadie busca una solución, quizás por miedo a encontrarla. Nadie busca una salida satisfactoria al conflicto y cualquier inocente observador podría llegar a pensar, sin grandes esfuerzos, que lo que ocurre en realidad es que no quieren hallarla, temerosos de poder perder así tan sobresaliente mina de palabras punzantes y monsergas acusadoras de probada efectividad entre los votantes.

Jaime Mayor Oreja, candidato a lehendakari por el PP, declaró durante los días de campaña que en caso de resultar vencedor lo primero que haría sería organizar un homenaje a todos los familiares de víctimas de ETA. Muy bien. Pero, ¿y qué más? ¿Acaso no ha pensado en plantear un foro de negociación con la banda para llegar a algún tipo de acuerdo? ¿Acaso no iba a poner algo de su parte para poner fin al conflicto que vive Euskadi? ¿Acaso no tiene más programa político que regodearse en sus propias miserias? Quizás es que no le interesa en absoluto acabar con el terrorismo en el País Vasco. Es mejor dejar que siga muriendo gente para luego poder rendirles pomposos homenajes que a buen seguro serán retransmitidos por televisión e incluso colocados en la cabecera de todos los informativos. De no ser así, ¿con qué otra cuestión podría encabezar sus discursos, tan similares a un lanzallamas de evasivas y falsedad?

sirocco
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