...Cambiamos el final

Caperucita Roja

Caperucita Roja era una niña que vivía con sus papás, como casi todas las niñas. Tenía una abuelita que vivía al otro lado del bosque. Para ir a donde su abuelita se ponía una capa roja que le tapaba la cabeza  el cuerpo, para no tener frío. Por eso le llamaban Caperucita Roja.

Todos los días de las vacaciones iba a donde su abuelita para llevarle una cesta con fruta, leche y miel, para la merienda. Tenía que cruzar un bosque para llegar a ella y le metían miedo con el lobo.

Que si el lobo te puede comer, que si ten cuidado, mucho cuidado, pero...

Se encontró con el lobo y le dijo:

-Oye lobo, ¿qué haces en el bosque?.

-Esta es mi casa – le dijo el lobo- y me paseo para bajar la comida. ¿Adónde vas tú, niña?

-Voy a casa de mi abuelita, que vive al otro lado.

-Pero vas por mal camino –le dijo el lobo- conozco su casa y tienes que ir por ese camino de la derecha.

El lobo se fue por la izquierda y llegó primero, llamó a la puerta. Como no estaba cerrada, entró. Se encontró a la abuelita en la siesta y ella se asustó.

-¡Socorro, socorro!, gritaba la abuela, pero nadie la oía.

El lobo se asustó y le dijo:

- Abuela no chille, que me asusta!. Quiero preparar la mesa para la merienda que viene su simpática nieta a verla y me gustaría estar con vosotras.

- ¿Pero tú no eres el lobo malo, muy malo?

- ¡Qué va!, eso lo dicen algunos cuentistas, para hacerme mala propaganda. Pero este cuento es distinto y si me dejáis podemos merendar juntos.

- ¡Vale, vale!.

Cuando llegó Caperucita, la abuela ya estaba convencida de que le lobo no era tan malo, tan malo, sino que se sentía solo y a veces asustaba para entretenerse.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado

Margarita Grande      Cantabria  España