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JUAN
DEL ENZINA nació
en 1469 en Encina
de San Silvestre* , próximo a Salamanca
(40 km.). Falleció en Salamanca en 1530. Responde al
ideal humanista de su época, cultivando tanto la música
como la literatura y destacando como erudito en la corte de
los Reyes Católicos. Es una de las figuras que preparó
el terreno para la explosión de las humanidades, una
o dos generaciones después, en el Siglo de Oro castellano.
Se dice
que se imbuyó del espíritu renacentista estudiando
con Nebrija en Salamanca, donde consiguió el título
de bachiller de Leyes al tiempo que recibía las órdenes
de diácono. De la Universidad salió para trabajar
como Maestro de Capilla del segundo Duque de Alba don Fadrique
Álvarez de Toledo, y bajo su mecenazgo, alternó
su estancia entre Salamanca y Alba hasta finales del siglo.
Del mecenazgo del Duque de Alba pasó a la Corte Real,
donde ejerció como preceptor del Infante Juan. Precisamente
con ocasión del inesperado fallecimiento del Infante
en 1497, acontecimiento que conmocionó profundamente
toda Castilla, Juan del Enzina compuso la Tragedia Trovada,
quizá su obra más inspirada. Tras la muerte
del Infante, Juan del Enzina se trasladó a Roma, donde
residió durante largos años, trabajando y recibiendo
favores de la Corte Papal. Perigrinó a Jerusalén
desde 1519 a 1521, como tantos otros humanistas de su época.
Después de este viaje, parece que regresó a
Castilla, ejerciendo como canónigo en León,
nombrado por el Papa León X. Algunas autoridades afirman
que fué profesor en la Universidad de Salamanca.
Entre
la producción musical de Juan del Enzina, casi toda
compuesta antes de los 30 años, destaca fundamentalmente
su Cancionero, editado primero en Salamanca (1496)
y reimpreso en varias ocasiones con importantes adiciones.
En él se recogen poemas, villancicos, canciones y romances,
entre otros. Además, muchas de sus composiciones se
han transmitido dentro de la recopilación del Cancionero
Musical de Palacio. Sus composiciones destacan por su
sencillez y espontaneidad, con variados y flexibles ritmos
y melodías sugerentes, conjugando todo ello en una
singular y transparente textura polifónica. Su obra
teatral está formada por una decena de églogas
tanto religiosas -Égloga de Navidad- como de carácter
profano -Égloga de Mingo Gil y Pascuala, Égloga
de Cristino y Febea o Égloga de Fileno Zambardo y Cardonio-.
De su obra poética destacan los villancicos, tanto
profanos como sacros. En el conjunto, la obra de Juan del
Enzina supuso un paso hacia el Renacimiento sin poderse sustraer
de elementos tradicionales como la religiosidad o el crudo
realismo, irónico y sarcástico, de algunos de
los pastores que protagonizan sus obras. Casi toda su obra
musical la compuso antes de los 30 años.
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Fuente: Espasa-Calpe 1985
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