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Boletín 89 - Primavera 2003  > Portadas  I Editorial | SumarioNoticias | Tradición | Historia | Documento
                  
Documento   > Bodas de plata | XXV años | Trasvase de agua | Documentos | Concejo abierto                 


BODAS DE PLATA

    Ofrecer este escrito de uno de los fundadores-redactores de nuestro Boletín -y redactor siempre-,  proporciona un sentimiento de alegría y de gratitud que, en pocas ocasiones se puede tener, sea en la vida personal como en la de un pueblo.
    Quienes formamos
el equipo de redacción  y, en nombre de todos los que participan en la elaboración de este pequeño y singular tesoro, así como, seguramente, de todos  los lectores, nos sentimos orgullosos de la labor iniciada y realizada por Plácido y Fernando (d.e.p.).
    Gracias Plácido,
gracias Fernando, gracias a todos, colaboradores y lectores.

    Repetimos la ilusión:   ¡Continuamos!

            Bodas de Plata de nuestro Boletín. Así es. Y es necesario recordar que nació como un medio de comunicación para la fiesta. Y desde la Comisión recién creada, cuya presidenta era Mª Jesús Fernández.

            He de reconocer que aquellas dos primeras "Hojas" que así las llamamos, hoy casi me ruborizan por la mala presentación y pobre impresión. Pero también les tengo un cariño especial. Porque fue el despertar de una fuerza oculta, de un entusiasmo colectivo que subyacía en la gente del pueblo. Las respuestas a la primera hoja reseñadas en la segunda fueron muy numerosas y todas con un entusiasmo extraordinario. Se decía en la segunda hoja "Por eso me atrevería a cambiar el subtítulo un pueblo que no quiere morir que figuraba en el primer número, por este otro Un pueblo que vive, porque un pueblo lo forma el espíritu de un conjunto de personas que tiene una raíces y no las quiere perder.

            Llegar a estos 25 años me parece un milagro. Aún recuerdo el comentario que alguien nos hizo cuando andábamos por los primeros números: Se os va a agotar el tema; no vais a tener qué poner... Bueno, pues lo dejaremos cuando eso ocurra.

            Este milagro es la expresión de una entusiasta acogida y colaboración por parte de todos. Cada uno ha colaborado como ha podido, pero es obra de todos. Debo recordar como memoria obligada a Fernando. El fue quien le dio, no el nacimiento, sino el crecimiento. Hasta su muerte en 1989. Hasta el nº 40. Después continuó una segunda etapa. La editorial del 42 decía: ¡Continuamos! Otros tomaron las riendas "con la misma incuestionable ilusión, el mismo cariño, y quizá con mayores dificultades". Así siguió Miguel Fuertes, que ayudado por Tino y su hija  Ana desde Avilés y, por supuesto, de muchos otros colaboradores, reporteros, fotógrafos y corresponsales.

            Una tercera etapa que figura en la carátula como Segunda Época es la del formato grande y a imprenta. Comienza con el nº 57 en la Primavera de 1995. Miguel con otros muchos colaboradores es el Redactor y Director del Boletín. No cabe duda que los medios sofisticados de nuestros días como es el ordenador hacen posible que este pequeño milagro se vaya perfeccionando y mejorando. Y vamos por el número 89.

            Como es sabido se distribuye en varios países de todo el mundo donde están repartidos muchos hijos del pueblo. Así mismo varias instituciones culturales nos reclaman el Boletín: como la Diputación de León, La Biblioteca de León etc. El Depósito legal figura en Zaragoza, donde nacieron los primaros números. En otras revistas se ha comentado el fenómeno de nuestro Boletín, no muy común con la periodicidad que ha podido mantener.

            Ya forma parte de nuestra historia reciente y por medio de la revista podemos desentrañar parte de nuestro pasado, de nuestras costumbres, de nuestras tradiciones, de nuestra vida.

            Alegrarse de este acontecimiento creo que es justo. Pero siempre desde la humildad.  Seguiremos mientras podamos y mientras todos quieran. Seguir participando de la manera que cada uno pueda es ahora nuestro desafío. Y renovar el entusiasmo y el optimismo

            ¡Felices Bodas de Plata!

                                                                                  Plácido


AÑO XXV

            Iniciamos con este número que se publica en marzo de este año 2003, por primavera como consta en la cabecera del Boletín, la andadura del vigésimo quinto año de la existencia de nuestro "La Mata de Curueño, un Pueblo que nos Une".

            Ya en el editorial se hace mención a este acontecimiento por medio de las palabras que Gloria Fernández Alvarez-Acevedo, hija del pueblo, nos ha enviado como colaboración para esta efeméride.

            Transmite la gran satisfacción por haber llegado hasta aquí y, como estamos seguros de que todos los lectores participan de tal sentimiento, nada mejor que este testimonio realce la fecha que conmemoramos.

            El testimonio de uno de los  fundadores-redactores de nuestra revista como es el de Plácido Fernández García aumenta, si cabe, ese sentimiento que debe ir acompañado con el de una inmensa prueba de gratitud.

            En la página 5, Plácido nos dice eso, que celebramos las  Bodas de Plata. Recuerdo que nos lleva hasta Fernando Sierra

Álvarez que inició con él, asimismo, esta humilde y hermosa aventura de papel y que abandonó el 9 de enero de 1989 para continuar su definitiva aventura personal de eternidad.

            A lo largo de estos últimos años se ha conmemorado, de alguna manera, ese tipo de fechas que la costumbre marca en el discurrir del tiempo. Muchos recordarán y podrán volver a leerlo cómo hicimos un alto al publicar el número 50 hace diez años.

            No era ocasión para ninguna celebración de "bodas de oro", como pudiera parecer ,ya que solamente eran quince los años transcurridos.

            Sin embargo, fue oportuno ver escrita la "opinión y expectativas" de algunos sobre lo que el Boletín representaba; también, para hacer una Crónica de las distintas fases y épocas vividas por nuestro periódico hasta entonces y dejar cierta constancia testimonial, asimismo, al reproducir la primera página de los cuarenta y nueve números publicados, cuya fotocopia había realizado nuestro recordado colaborador Tino.

            En el otoño de 1999, destacamos la llegada del número 75 porque "se había conseguido la maravillosa realidad de la unión de las plazas y las gentes del pueblo mediante la noticia-tradición-historia-documento plasmadas en las mil ciento ochenta y seis páginas ya publicadas". Con el deseo de que fueran muchas más, escribíamos en el editorial aunque no se trataba de celebrar, por supuesto, las denominadas "bodas de platino".

            Desde hace tiempo, dedicamos una página del Boletín, como se hace en algunos periódicos y revistas, a realizar un resumen de lo publicado en el nuestro hace 10 y 20 años. Es una sencilla, pero constante conmemoración de los artículos, nombres y sucesos relacionados en tales fechas.

            Fernando, en diciembre de 1988, días antes de morir y en el Boletín en el que participó por última vez escribió un poema a la Solidaridad. Decía en sus versos:

“Cuando digas periódico popular,
debes añadir:
vivir es comunicarse".

            Su deseo se ha ido haciendo realidad año tras año esa comunicación al seguir viviendo esta aventura. ¡Y vamos para veinticinco!

            A continuación ofrecemos los nombres de quienes, por acuerdo, iniciaron el AÑO I.

Lucinio Álvarez Tascón, Sofía Bayón Bayón, Margarita Díez González, Carlos Díez Muñiz, Mª Jesús Fernández García, Plácido Fernández García, Antonio García Llamera, Antonino Getino Fernández, Evaristo Pérez Ugidos, Casimiro Rodríguez Castro, Simón Rodríguez Castro y Fernando Sierra Álvarez.

fueron quienes en la reunión de 29 de agosto de 1979, celebrada en el Teleclub, tomaron, como Comisión de Fiestas, el acuerdo formal que, en el punto 4 del Acta, dice:

“La Revista "La Mata de Curueño, un pueblo que nos une" correrá a cargo de la comisión en el aspecto económico por la que se aporta un presupuesto de 10.000 ptas. entregadas a Plácido Fernández según figura en el resguardo que posee el tesorero.  La dirección de la Revista estará a cargo de Fernando Sierra y Plácido Fernández y constará de 4 secciones: Editorial-Noticias de La Mata-Los Hijos del Pueblo-Sugerencias, Avisos. Se tirarán 4 números este año”.

En esta fecha conmemorativa es necesario, por gratitud, como testimonio y dato para nuestra pequeña historia, dejar constancia de quienes decidieron, representando al pueblo, realizar nuestro Boletín.

En alguna de las dos reuniones de la Comisión de Fiestas, celebradas en 1978 para preparar las del año siguiente, se sugirió ya dar información sobre las mismas por medio de una especie de circular o carta que llegara a cuantos "matenses" se pudiera para que "así todos sabrían de todos". Las dos primeras cartas, luego números 1 y 2 del Boletín, enviadas en abril y julio de 1979, se hicieron con tal fin.

El número 3, octubre de 1979, fue el resultado de tal decisión al aparecer ya como revista con su propia cabecera, la cual se conserva con los matices propios de las técnicas actuales.

Años más tarde, la publicación del Boletín se independizó económica y organizativamente de la Comisión de Fiestas al constituirse dirección y equipo de redacción propios.

PRIMERAS PALABRAS

Muchas familias guardan en la memoria o conservan, grabado en cinta o en vídeo, los primeros balbuceos de sus hijos como testimonio del inicio de las nuevas vidas.

La gran familia de La Mata conserva  en  simples folios las primeras palabras escritas que iniciaron esta obra que tenemos entre manos.

Se ofrece enlazados en el documento adjunto, los textos de los tres primeros números del Boletín en los cuales se hizo referencia expresa a sus comienzos:

La primera “Hoja” donde se anunciaba la idea “de saber unos de otros”; la segunda, relatando las “muchas respuestas recibidas animando a hacerlo” y la tercera, en la cual ya se dice “nuestro periódico”.

 


 

EN LA MATA SE "PELEÓ" POR EL AGUA CUANDO EL TRASVASE...  

            Hace 50 años, el 26 de marzo de 1953, el Boletín Oficial del Estado, número 85, publicaba el proyecto sobre obras en el Pantano de Vegamián, del Porma, en el que se anunciaba públicamente el trasvase de parte del agua del río Curueño al citado pantano mediante un túnel a la altura de Tolibia de Abajo. Se pretendía regular las abundantes aguas del río y ser aprovechadas para la construcción de una minicentral eléctrica y para ampliar los regadíos en las riberas de los ríos Porma y Esla. Sea este un breve testimonio de aquel suceso.  

            En la actualidad existe cierta preocupación nacional por las circunstancias del denominado Plan Hidrológico Nacional que, entre otras obras, proyecta trasvasar aguas del río Ebro a diversas zonas de Cataluña, de la Comunidad Valenciana y de Murcia, entre otras.

            Nuestro pueblo de La Mata también pasó por un trance parecido. Es interesante conocer que se vivió la preocupación por los efectos negativos que sobre el consumo y el riego podría ocasionar la disminución del caudal del río por el trasvase citado.

            Conocida la propuesta e informado el pueblo mediante alguno de los Concejos que se celebraban, la Junta Vecinal presentó un escrito de protesta por medio de su presidente, entonces D. Víctor García Llamera, firmado el 23 de abril y dirigido al Sr. Ingeniero Jefe de la Confederación Hidrográfica del Duero.

            En tres puntos se expusieron los motivos de la queja que los vecinos del pueblo tenían en contra de  la realización del  trasvase y que se resumen a continuación:

            En primer lugar, que el pueblo vivía exclusivamente del campo, existiendo tomas de agua del río por medio de diversas presas y que la cantidad de heminas regadas eran de mil quinientas.

            Como segunda circunstancia a considerar es que no solo se utilizaba el agua para el riego, sino para el consumo ordinario de las personas y de los animales, dado el número importante de pozos en las casas y de fuentes en el término del pueblo y de sus vegas.

            Finalmente, se insistía en la necesidad del total aprovechamiento de toda la zona cultivable del término del pueblo y el probable deterioro si se cortaba el suministro constante del agua.

            Terminaba el escrito diciendo: “Si la finalidad del pantano del Porma es el de utilizar las aguas para el riego, no es lógico suprimir unos riegos para aumentar otros, máximo cuando la calidad del terreno de estos es inmejorable. Este vecindario que me honro en presidir está convencido de que el trasiego de aguas no obedece a móviles o razones de riego, sino que en el fondo lo motiva el interés de una poderosísima empresa para fines exclusivamente de ella; y, si esto fuera así, lo que sería de lamentar, esperamos del recto y elevado crietrio que preside sus actos que, teniendo en cuenta los intereses creados de estos pueblos, deje sin efecto la proyectada desviación de aguas, cosa esta que va en contra de todo principio jurídico. Y resuelva en el sentido de que caso de ser necesarias las mismas para fines industriales, se aprovechen dentro del propio curso natural del río...”.

             Se construyó el túnel, el cual estuvo inutilizado durante años por hundimientos y su mal estado, hasta que nuevas obras lo han mejorado. Con la sequía de los últimos años, apenas si se debiera regular las aguas del Curueño, conforme a los requisitos que se establecieron, aunque, regularmente, se trasvasa cierta cantidad de agua. No se ha construído la minicentral y, en la actualidad, el agua que abastece la capital se toma en unos depósitos construídos en Candanedo de Boñar, por lo que agua de nuestro río se bebe en la ciudad de León.

   


DOCUMENTOS  

Presentamos dos escritos, emitidos por la Alcaldía Constitucional de Santa Colomba de Curueño, señalados con los números 5 y 129, del año 1911. Están dirigidos a los “señores presidentes” de Pardesivil, La Mata, Sta. Colomba,Gallegos, Barrillos, Barrio, Debesa y Ambasaguas.
Su lectura nos recuerde las próximas elecciones municipales.  

Núm. 5. 16 de Enero de 1911
  “Los señores Presidentes de
los pueblos del margen tan pronto reciban la presente si ya no lo hubieran hecho dispondrán de que por hacenderas obligadas se abra paso libre de carro, en todos los caminos reales que pertenezcan a cada pueblo: quitando la nieve, los hielos y cuantos estorbos hubiese en dichos caminos.
Quedan conminados con
la multa de diez pesetas a quien no cumpliere este servicio”

Núm129. 14 de octubre de 1911
“Teniendo noticia esta
Alcaldía que entre el ganado vacuno en este Ayuntamiento existe la enfermedad de epicostia ó gripe, y con especialidad en el pueblo de Barrillo: Se acordó que se haga saber a los dueños de reses que los tengan, que bajo la multa de 15 pesetas, no los dejen salir al pasto ni a la calle hasta que no estén curados ó sanos”.

 


LA MATA, CONCEJO ABIERTO (y 8)

Anastasio Alonso Gutiérrez

Con este artículo finaliza la colaboración del que fue párroco de nuestro pueblo, D. Anastasio Alonso.
   En este marco de “concejo abierto” del pueblo
ha presentado sabias y entrañables páginas que enlazan con los cuatro pilares del Boletín: Noticia, Tradición, Historia y Documento.
   Agradecemos muy sinceramente esta aportación
y confiamos que seguirá colaborando en esta revista, que también es suya como Hijo del Pueblo que es por la importante función que desarrolló en el mismo durante tantos años.

 Los asuntos tratados, entre otros, en los ocho artículos han sido:
Las Señoría del Valle del Curueño.
El Concejo: personas que intervienen. Economía y sociedad. Pastar en el monte. La recogida de la hoja. Rebaños y veceras. Los “veladores”. Características del campo. El lino. La ganadería. La Presa Grande. El arriendo de la taberna. El arriendo de la fragua. El oficio de barbero. 

El arriendo o subasta de la taberna. 

El arriendo o subasta del vino y del aguardiente al pueblo era uno de los asuntos  tratar en el concejo de vecinos. Al igual que el Ajuste Del vaqueo, del cirujano o del barbero, la asistencia a la fragua y otros oficios similares o profesiones al servicio del pueblo.

El denominado abasto del vino y aguardiente o taberna, se arrendaba en pública subasta al mejor y mayor postor, el cual podía ser vecino o no del lugar. El arriendo de la taberna solía ser de un año de duración y el importe se daba para el concejo.

A comienzos del siglo XIX las condiciones que se suelen poner son que el tabernero ha de “dar buen vino de olor, color y sabor” y que “debe de dar hasta tres cantaros a una recién parida si se los pide sobre prenda suficiente y también a los regidores que se lo pidan, habiendo consumido y pagado el anterior”. Por su parte, el tabernero exigía, entre otras cosas, que ninguna persona fuera del mismo tabernero pueda vender “puertas dentro” ni vino, ni aguardiente, ni por mayor ni por menor (carros y borricos), ni vecino, ni forastero, bajo ser responsable de todos los daños.

A mediados del siglo XIX, algunas de las condiciones anteriores se concretaban y se precisaban más: Como la de vender al por mayor o al por menor, diciendo que “ninguno pueda vender de media cántara para abajo y el que se verifique que vende de media cántara para abajo pagará otro tanto y el género será decomisado, y los carros que vengan al pueblo no podrán vender no siendo en público y ninguno podrá hacer noche sin dar parte al tabernero. Otras veces, en los pueblos de nuestro municipio se exigía a los carros que vinieran a vender un canon por carro, al igual que “los borriquitos tenían que pagar el suyo cántaro; y además se les exigía no andar por el lugar (pueblo) sin antes a visar al hombre nombrado o al señor regidor.

El pago del arriendo se hacía, generalmente, mediante una cantidad de dinero, otra en vino y otra en pan; pan y vino que se consumían en alguna reunión de concejo, así como alguna cantidad de vino al hacer la escritura.

Relacionado con el vino y su abastecimiento en el pueblo, se nombraba un aforador encargado de medir y valuar el vino que había durante el año en el pueblo. Manuel González, en los primeros años del siglo XIX, ocupó tal misión. En uno de esos años aforó en tres carrales (cantidad transportada por un carro) 90 cántaros de vino; en otro carral de un vecino, 30 cántaros   y 6 pellejos y, a otro vecino, aforó 90 cántaros en tres carrales. Uno de ellos era el tabernero, precisamente.

Un dato curioso es que en la taberna se practica la “sisa”, una especie de impuesto que se cobraba sobre los géneros comestibles, lo cual consistía en rebajar las medidas en proporción al impuesto.

Arriendo de la fragua. 

No es infrecuente, encontrarnos entre los nombres de lugares del caso del pueblo o en sus alrededores, con el de “la fragua”, aplicado a una edificación o, simplemente, a un solar o lugar.

Uno de los oficios importantes en todo pueblo agrícola era el de “maestro herrero”, el cual tenía la obligación de “gobernar las rejas y demás cosas” propias del oficio. Este oficio estuvo presente en La Mata hasta su último representante, Donato Panera. El ejercicio de herrero pasaba por distintas manos, así como los lugares de la fragua. Fernando Sierra recordaba que tuvieron asiento fraguas en La Llamosa, Los Cantarales, la Plazuela de Las Nogales y la Fábrica. De muchas de estas personas del siglo pasado se tienen aún recuerdos. 

Refiero alguno de los datos propios de este oficio en siglos anteriores . Para asistir la fragua del pueblo (era concejil) como herrero se requería una previa presentación en  concejo abierto de vecinos solicitando poder desempeñar tal oficio. , en el cual se le imponía ciertas condiciones. Hacia mitad del siglo XIX, en uno de los ajustes se impusieron las siguientes. Componer las rejas y todo los que necesite el arado de cada vecino, revocar azada y azadón, escabuches lo mismo de monte que los que se necesiten para cavar los garbanzos y el trigo, una docena de clavos o más si se ofreciese, una plancha y una correa de arado, corras de carro aguijones y alguna otra cosa necesaria... Estas condiciones eran preferenciales ante otro posible trabajo, de tal manera que el herrero no podía hacer otro trabajo, aunque hubiera llegado antes a la fragua a encargarlo, siempre que tuviera que trabajar para lo que lleve consigo el arado como necesario para arar. 

En ocasiones, un mismo herrero compartía su oficio en varios pueblos, lo que hacía que obligaba a repartir el trabajo en cada pueblo a dos o tres días a la semana. El comienzo de la jornada de su trabajo era señalado con el toque de campana, igual que para otras actividades y acontecimientos del pueblo, ,lo cual era como un “reloj” que marcaba el ritmo de sucesión de actividades. 

Aunque el herrero, en algún momento, no tuviera trabajo, además de permanecer en la fragua el tiempo acordado no podía trabajar para nadie que no hubiera pagado la cuota correspondiente al concejo de vecinos. De tal manera, que si les hacía algún trabajo era multado. Normalmente, el ajuste del oficio era de “San Miguel” a “San Miguel”, en parte porque las cuotas se solían pagar gran parte en especie, es decir, en productos de la cosecha, y que en tal fecha era el tiempo de los arriendos y pagos de fincas, de ganado, etc.

Uno de los forasteros que el siglo XIX se ajustaron en La Mata para asistir a la fragua y ejercer el oficio fue Pedro de Robles, vecino de Pardesivil. Como de costumbre, se le entregaron las “alajas” o instrumentos de la herrería de los cuales tenía que dar cuenta al final del ajuste: la torreja, el yunque, las tenazas, los martillos, los cortafríos, las tajaderas, los punzones y clavijas, un badil y un espetón para sacar la escoria, etc.

El oficio de barbero o la barbería. 

En los documentos de mediados del siglo XVIII y del siglo XIX llama la atención un personaje que recorre nuestros pueblos del Curueño, al igual que muchas personas de este oficio lo hacían por otros lugares. Se le cita con el nombre de “maestro sangrador”, como profesor de cirugía, para cuyo oficio desempeña varias funciones. Una de ellas era la de “rasurar” (afeitar) a los vecinos, por lo cual se le conoce como “barbero”, como pudiera ser muy bien la de “médico”.

Uno de ellos, hacia alrededor del año 1850, llamado Pedro González pidió ejercer de “maestro sangrador” en el pueblo, oficio que hacía en otros pueblos de la Ribera. Las condiciones fueron: la primera, asistir a los enfermos que hubiera en cada casa de vecino y a sus familiares, siempre que se hallen a anualmente a su servicio, en las casas y cosas tocantes a su facultad, exceptuando “los golpes a mano airada”. La segunda era la de hacer la “rasura” a los vecinos cada quince días, señalando para esto los viernes que correspondiesen y, si faltara más de dos días de los quince, sería multado con cuatro reales por cada vez. Además, si quedara alguno en el día que viniera por afeitar, dará una vuelta por entre semana.

Los vecinos, por su parte, se obligaban a pagarle una hemina de trigo y una libra de lino por cada vecino, todo de buena calidad.


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