"Ser de Dios"

Monasterio de la Encarnación
de Zaragoza

¿Qué es la llamada?

La llamada es una escucha, una respuesta fresca y generosa a "Alguien".

Es un instante, en el que se percibe, en lo íntimo, algo diferente en nosotros, algún insólito deseo que nos lleva a cambiar sin enterarnos, el modo de vivir, de pensar y de razonar.

La plegaria, el silencio, la soledad son buenos síntomas del bien! Se cambia ruta… y los otros se asombran. Querrían entender, descubrir y saber. Pero se convierte en un secreto entre nosotros y Dios: es el misterio.

Dios se da conocer al que le sabe escuchar y quiere llegar a la luz...

Entonces se hace urgente la respuesta a Él, que da sentido a nuestra vida, que da sentido a todo nuestro pensar y actuar. ¡Dios es nuestro absoluto! … al que hacemos regalo de lo que somos y podemos ser.

Él es la plena realización de todos nuestros deseos. En Él se calman todas las ansiedades y las angustias del corazón. El corazón canta las misericordias del Dios: Alfa y Omega, Principio y Fin de nuestra vida.

La plegaria mana espontánea del corazón, cuando se ha buscado y encontrado al que nos quiere y descubrimos que en Él está la plenitud absoluta de nuestra vida. No es otra cosa que expresión de amor: expresión más íntima que verbal.

Esto se convierte en guía, elección en nuestro cotidiano vivir y es estimulo en nuestro camino ascético. En efecto la plegaria empuja a obrar bien, al regalo de sí a Dios y al prójimo: es disponibilidad

La plegaria es un regalo, una pregunta, una acción de gracias, verdad de sí delante de Dios.

La plegaria además debe ser humilde. Dios, en efecto, se da conocer al humilde, al que le sabe escuchar y al que quiere llegar a la luz. La plegaria viene del corazón y acaba sobre nuestros labios: "día y noche oraba continuamente".

¿Clausura por qué?
Las monjas carmelitas

Tenemos que remontarnos al 1300. Éramos "oblatas", es decir mujeres ocupadas a nivel espiritual, en la consagración al servicio de Dios con referencia a los Ermitaños del Monte Carmelo (Palestina). La Regla de ellos, observada, se convirtió también en nuestra Regla.

Aunque viviéramos fuera del Convento, estábamos unidas a la Orden. En efecto recitábamos con los Frailes los Salmos, participando en su oración. Usábamos el vestido de la Orden emitiendo los votos y observando la Regla hasta la muerte.

Nuestra Comunidad de Zaragoza

El 7 octubre del 1452 el Papa Nicolás V, con la Bula "Cum Nulla" reconoció jurídicamente la existencia del las "manteladas" y autorizó a la Orden a dirigirlas y cuidar espiritualmente en su género de vida.

Actualmente estamos difundidas por doquier: Europa, América de Norte y el Sur, Asia, África, etcétera.

Nuestra vida se desenvuelve en la soledad y silencio de la celda, lugar de encuentro con Dios. Apartarse a la soledad comporta sacrificios, pero el sacrificio se convierte en purificación y perfección. En el Monasterio también vivimos la alegría de la comunión con las hermanas: la comunidad es una familia, dónde se vive la fe, la esperanza, el amor.

Se vive en intensa comunión con Dios por la gracia que Él concede y por el espíritu de unión a Él por que le ofrecemos todos los acontecimientos de nuestra vida. Las alegrías de unas se convierten en las alegrías de las otras, como las dificultades propias repercuten fraternalmente en el corazón de todas.

También vivimos en profunda comunión con los hermanos teniéndolos presentes en nuestras plegarias y en todas las circunstancias de la vida cotidiana. Ofrecemos a todos un profundo testimonio de vida dedicada a Dios. Además el locutorio del Monasterio siempre está abierto para recibir a quien necesita consuelo, consejo, descanso y distensión.

Una propuesta para ti….

¿No es maravilloso proclamar todos los días las maravillas de Dios y alegrarse el espíritu en el Señor, nuestro Salvador?

Creemos que cada uno encuentra en Cristo y en su Evangelio el significado de su vida, la liberación de todas las formas de esclavitud, la fraternidad y la paz, que son los deseos de nuestro corazón.

Seguir a Cristo pobre, obediente y casto vale la pena. Las monjas carmelitas lo testimonian con sus vidas y así se encuentran felices en la clausura de sus Monasterios.

Nuestra Señora del Monte Carmelo nos guíe hacia su santa montaña, que es Cristo el Señor, porque solamente en Él encontraremos nuestra verdadera felicidad.

 

¿Eres joven?
¿Te inquieta la vocación?
¿Quieres vivir una experiencia de silencio?
¡Ven!
Nos encontrarás en nuestro Monasterio.


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Hermanas Carmelitas
Zaragoza

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