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Literatura
JUAN MANUEL LÓPEZ

 

Injustísimo corzo,

Has acariciado mi cuello

Mientras lloraba inclinado

Sobre las aguas del río

Y luego te has ido...

He seguido en vano

tus huellas durante días

a través de los bosques,

de caminos

y de cumbres desnudas.

Ahora vuelvo a ver tu silueta

Entre troncos de abetos,

Junto al lago de la Ninfa.

Por favor, no huyas,

No pararé hasta agradecerte

Con un beso

Tu caricia

 

 

 

Esta mañana he bajado, Corzo,

A la umbría fuente

Donde tú sueles beber

Sólo por el gusto

De probar tu saliva.

Luego, a cuatro patas, he comido los mismos mirtilos

Y las frambuesas

que tú ya habías mordisqueado.

¡qué placer tan excitante!

¡Y en lo alto los farolillos verdes de las hayas

Parecían festejarlo conmigo!

 

 

 

Quién fuera

Amado Corzo

La mancha de turba

Que hoy dibuja

Una lágrima negra

En tu mejilla

¿Has vuelto a subir

Al lago de Pratignana

A saborear los tréboles acuáticos

Que tanto te gustan?

Sabes que no debes

Hundir tus patas

En la húmeda turbera

¿Lo has hecho para mostrarme

Que esa gota de barro

Que ya casi roza tus labios

Es más osada que yo?

 

 

 

¿Recuerdas, Corzo?

recorríamos juntos

el sendero de la Cruz Arcana,

yo unos pasos detrás de tí,

para no asustarte.

Las campánulas palpitaban

Azules

Sobre las redondas cumbres

Y una brisa fresca subía desde los valles glaciares.

Íbamos en busca del lago Scaffaiolo.

De pronto algo extraño ocurrió.

Una manada de caballos salvajes

Cruzó al galope los prados

Y tú corriste tras ellos.

Te esperé a oscuras

Temblando como un álamo bajo las estrellas

Pero ya no volví a verte.

¿adónde te llevaron?

¿Pudiste hallar el lago?

 

 
CANTOS DEL ÁLAMO TEMBLÓN

Tu profunda mirada
me desconcierta
¿me quieres para ti
o sólo como amigo?

Junto al río te espero
como un álamo temblón.



¿Ves cómo el joven nogal
llora y suspira por hundir
sus raíces en el río?
Así yo, pobre cautivo,
sepultado entre paredes
como los santos de Éfeso,
lloro por tener un beso
de aquella que sin saberlo
ignoró todas mis redes.



Temblaba desnudo
bajo los árboles
sacudido por las manos
despiadadas
de los transeúntes.
Ojalá la ubicua yedra
me conceda su abrazo
y me sepulte.



Después de cruzar altas cimas
llegaré hasta ti
como la niebla lenta
y difusa
el páramo cubre,
mojando a su paso
los brezos
con tenue saliva





 

Hoy tu mar ausente
ha dejado al descubierto
un lecho de barro y rocas.
¿Cómo podré atravesarlo
para reencontrarte?

Parece que disfrutas
retrasando mi camino
con caracolas de colores.

Fingiré que no las miro,
que el barro no me pesa,
que las rocas no me hieren



Ya nada
me podrá impedir
vivir el sueño
que he vivido:
tener el agua
de tu fuente
donde duermen
salamandras
cada noche
al alcance
de mi mano



Frente al arcoiris
sobre los campos segados
yo era porque tú eras
la lluvia que mojaba tu pelo
la brisa que cruzaba tus dedos
un coche
un castillo en ruinas
un silencio infinitamente dulce
el mejor regalo

 

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