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CINE EUGENIO TAPIA
 

 

 

 

PIRATAS DEL CARIBE / LA MALDICIÓN DE LA PERLA NEGRA.2003.


 
Piratas del Caribe / La maldición de la Perla Negra.
(Pirates of the Caribbean: The Curse of the Black Pearl) U.S.A. 2003.
Dirección: Gore Verbinski. Guión: Tedd Eliot y Jerry Rossio.
Intérpretes: Johnny Depp, Geoffrey Rush, Orlando Bloom, Keyra Knightley, Jonathan Pryce.


Las correrías de corsarios y bucaneros de uno a otro confín del Mar Caribe habían sido narradas en clave romántica por escritores del XIX, de manera arquetípica por Robert Louis Stevenson en La Isla del tesoro (de la cual Victor Fleming dirigiría una versión cinematográfica en 1934, referencia obligada para las películas del género). Esta literatura forjó una figura romántica, atemporal, símbolo del anhelo de libertad y de la rebeldía, que poco o nada tenía que ver con los hechos históricos en que se basa.
La mencionada La isla del tesoro (Victor Fleming, 1934) y otras joyas como Piratas del Mar Caribe (Cecil B. De Mille, 1942) o El temible Burlón (Robert Siodmark, 1952), establecieron las constantes y los tópicos del cine de piratas, un subgénero del cine de aventuras que gozó de la mayor popularidad para ser posteriormente abandonado por las grandes productoras en favor de la épica del western y el cine bélico, la introspección más madura del cine negro o la corriente realista de influencia europea.

Piratas del Caribe. La Maldición de la Perla Negra llega a España después de batir todos los récords de taquilla en Estados Unidos. Su director Gore Verbinsky, con el respaldo de la Walt Disney Pictures, revisita más de 50 años después las tabernas, mazmorras y arrecifes de la Isla Tortuga en clave paródica, como ya hiciera Polansky en los ochenta, recurriendo a todos los clichés del género y a una fantasmagoría emparentada con la estética del heavy metal más que con la gótica. Está dirigida pues a un público no demasiado exigente, entre infantil y adolescente, que con seguridad llenará las salas.

El personaje central del Capitan Jack Sparrow carga con el peso de la parodia pero ningún elemento del atrezzo habitual, parches, garfios, monos y loros, mazmorras y cueva del tesoro se libra de la burla. Sin embargo, a mitad de película se tiene la impresión de asistir a un divertimento facilón de consumo juvenil, en la línea de los juegos de playstation, más que a un ejercicio cinematográfico. El guión recurre a escenarios y situaciones, lugares comunes del género, como excusa para armar una comedia limitada y cubrir desde todos los ángulos el maquillaje y los abalorios de su actor estrella.

Johnny Depp acumula gesto sobre gesto en una interpretación amanerada y monocorde de su personaje, el capitán Jack Sparrow. Acapara la mayoría de las secuencias y si a veces aporta detalles de humor, acaba resultando algo indigesto. La burla de su propio personaje requeriría un actor más maduro y ambivalente.
Menos histriónico pero también excesivo es el trabajo de Geoffrey Rush en el papel de su enemigo el Capitán Barbosa. Está más cercano al Capitán Garfio que a Long John Silver ( ¿la mano de la productora Disney?). La resolución del duelo final entre los dos terribles corsarios, por otra parte todo un despliegue de efectos digitales, deja patente la simpleza y falta de ambición del guión.
De alguna manera el exceso interpretativo de Rush y Depp compensa la debilidad del trabajo de los dos protagonistas más jóvenes, bastante soso Orlando Bloom y algo más enérgica Keyra Knightley.

Aunque con toques aislados de humor, La Maldición de la Perla Negra no satisface del todo como parodia humorística, resulta infantil y tópica. Quizá sea el público adolescente quien aprecie mejor sus posibles virtudes. Por otro lado como película de aventuras carece de la energía y el poder de sugestión de los clásicos del género.
La escena que abre la película parece invitarnos a mirar al mar desde la cubierta imaginaria de un galeón a través de los ojos asombrados de una niña, reconociendo lo que de ensoñación infantil tiene el mito del pirata. Parecía un arranque prometedor que se ve poco a poco devaluado. Los que busquen reencontrarse con el mito de la libertad, echarán de menos los espacios abiertos y el viento azotando los aparejos.


Eugenio Tapia Cubiles

 
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