Las novelas y relatos de Philip K. Dick han sido llevados en varias
ocasiones al cine. La más conocida, "¿Sueñan
los androides con ovejas eléctricas?", dio lugar al clásico
de ciencia-ficción de los años ochenta Blade Runner.
Película de culto y referencia constante de muchas otras, que
ofrecen una visión pesimista y negra del futuro próximo,
deudora de la antiutopía orwelliana de 1984. Para
el guión de Minority Report Spielberg toma como
base otro relato de Dick y lo convierte en un thriller futurista con
alusiones a grandes clásicos de los años cuarenta y cincuenta
- según palabras del propio Spielberg- , como El Halcón
Maltés de John Huston o Con la muerte en los talones
de Hitchcock.
Si la película de Ridley Scott era una reflexión sobre
la conciencia del hombre de lo perecedero de la existencia y su pretensión
de suplantar a Dios, la de Spielberg nos habla del dilema entre libertad
individual y seguridad en una sociedad que dispone de métodos
cada vez más sofisticados de control y acceso a la intimidad
personal. Minority Report presenta puntos en común con la película
de Ridley Scott: una gigantesca ciudad vertical, inmensa torre de babel,
enésima reencarnación de la Metrópolis
de Fritz Lang, más luminosa que la Los Angeles de Blade
Runner, que hunde sus cimientos en la mugre de los barrios bajos.
Aquí tenemos también a un policía atormentado y
solitario, un científico arrogante y omnisciente, y a unos seres,
mitad humanos mitad ángeles, producto y víctimas a la
vez de nuestra propia soberbia.
Las deudas con la película de los replicantes son bastantes obvias,
no obstante estamos ante un thriller menos complejo, menos metafísico
y más en la línea "hitchcock" de las historias
de "falso culpable". Minority Report es sobre
todo una trepidante película de acción con escenas espectaculares,
magistralmente rodadas o recreadas virtualmente. El encadenamiento de
secuencias desde la huida del agente Anderton del "oráculo"y
la persecución vertiginosa desde las alturas hasta los oscuros
apartamentos de los barrios pobres, deja al espectador apabullado, sin
aliento. Si alguien sabe rodar, y montar, una escena de persecución
- de camiones, de dinosaurios, de nativos enfurecidos- ese es Spielberg.
Si el cine es un arte eminentemente visual, el cine de Spielberg lo
es en grado sumo. Él mismo confiesa que no lee por placer casi
nunca y que es hijo de esa generación que creció con la
televisión. Su lenguaje cinematográfico prima la secuenciación
de imágenes sobre el desarrollo de diálogos. La importancia
de lo visual, de la mirada, en Minority Report queda subrayada
de forma muy evidente: el "oráculo" de los "pre-cog"
se manifiesta a través de visualizaciones sin contextualizar,
como si estuviéramos viendo un puzzle hecho con los fotogramas
de un telefilm. El papel del agente Anderton consiste en interpretar,
relacionar e identificar esas imágenes. Por otro lado en ese
futuro a la vuelta de la esquina la mirada delata voluntaria o involuntariamente
la identidad del individuo. El edificio que revela sus mismas entrañas
a las "arañas-espía", queda destripado también
para el espectador por medio de unos planos cenitales que lo invaden
todo, en clara referencia al ojo omnisciente del "Gran Hermano"
de George Orwell. Y finalmente el propio Anderton debe escamotear su
propia mirada al aparato estatal de vigilancia e información
para escapar de sus garras.
Este mayor peso de lo visual sobre lo textual es lo que desequilibra
de alguna manera una película, en muchos aspectos fascinante.
El guión, como esqueleto estructural sobre el que desarrollar
la trama, resulta al final algo previsible, facilón y un poco
ingenuo. La motivación de algunos personajes, el interpretado
por Max Von Sydow por ejemplo, no está a la altura de las expectativas.
Es una decepción menor que no invalida todo lo que de espectáculo,
casi de trance hipnótico, ofrecen los dos tercios primeros de
esta película.
Tom Cruise, el actor más influyente de Hollywood, quizá
no posea la sutileza interpretativa de Tom Hanks, Anthony Hopkins o
Kevin Spacey, pero encarna a la perfección a un agente Anderton
con la conciencia desquiciada por un pasado trágico, y acorralado
entre un presente que se le escapa entre las manos y un futuro que le
declara culpable de antemano. El papel de veterano de Vietnam le quedaba
algo grande en Nacido el cuatro de Julio, ahora, ya en
los cuarenta, se ha endurecido y parece menos autoindulgente como actor.
Max Von Sydow encarna con la solvencia habitual el papel de "creador"
de "Pre-Crimen", esa entidad que se arroga la facultad de
ver el futuro, de juez supremo, más allá del bien y del
mal, que juega con la libertad de decidir del individuo. Sólo
al final se desmadeja un poco su personaje para caer en lo mezquino.
Spielberg aplica pues su bisturí - sin profundizar demasiado
- a un tema actual, palpitante, con pretensiones de desbrozar la maraña
pegajosa de la relación entre individuo y estado. Sin embargo
no es el ensayo sociológico lo que persigue Spielberg, sino la
fabulación y el espectáculo. No en vano al menos tres
películas de las 20 que ha hecho, están entre las diez
más taquilleras de la historia.