página principal

CINE EUGENIO TAPIA
 
 
MINORITY REPORT (2002)

Director: Steven Spielberg. Guión: Scott Frank y Jon Cohen, basado en un relato de Philip K. Dick.
Intérpretes: Tom Cruise, Max Von Sydow, Samantha Morton, Colin Farrell. Fotografía: Janusz Kaminski.

Las novelas y relatos de Philip K. Dick han sido llevados en varias ocasiones al cine. La más conocida, "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?", dio lugar al clásico de ciencia-ficción de los años ochenta Blade Runner. Película de culto y referencia constante de muchas otras, que ofrecen una visión pesimista y negra del futuro próximo, deudora de la antiutopía orwelliana de 1984. Para el guión de Minority Report Spielberg toma como base otro relato de Dick y lo convierte en un thriller futurista con alusiones a grandes clásicos de los años cuarenta y cincuenta - según palabras del propio Spielberg- , como El Halcón Maltés de John Huston o Con la muerte en los talones de Hitchcock.


Si la película de Ridley Scott era una reflexión sobre la conciencia del hombre de lo perecedero de la existencia y su pretensión de suplantar a Dios, la de Spielberg nos habla del dilema entre libertad individual y seguridad en una sociedad que dispone de métodos cada vez más sofisticados de control y acceso a la intimidad personal. Minority Report presenta puntos en común con la película de Ridley Scott: una gigantesca ciudad vertical, inmensa torre de babel, enésima reencarnación de la Metrópolis de Fritz Lang, más luminosa que la Los Angeles de Blade Runner, que hunde sus cimientos en la mugre de los barrios bajos. Aquí tenemos también a un policía atormentado y solitario, un científico arrogante y omnisciente, y a unos seres, mitad humanos mitad ángeles, producto y víctimas a la vez de nuestra propia soberbia.


Las deudas con la película de los replicantes son bastantes obvias, no obstante estamos ante un thriller menos complejo, menos metafísico y más en la línea "hitchcock" de las historias de "falso culpable". Minority Report es sobre todo una trepidante película de acción con escenas espectaculares, magistralmente rodadas o recreadas virtualmente. El encadenamiento de secuencias desde la huida del agente Anderton del "oráculo"y la persecución vertiginosa desde las alturas hasta los oscuros apartamentos de los barrios pobres, deja al espectador apabullado, sin aliento. Si alguien sabe rodar, y montar, una escena de persecución - de camiones, de dinosaurios, de nativos enfurecidos- ese es Spielberg.


Si el cine es un arte eminentemente visual, el cine de Spielberg lo es en grado sumo. Él mismo confiesa que no lee por placer casi nunca y que es hijo de esa generación que creció con la televisión. Su lenguaje cinematográfico prima la secuenciación de imágenes sobre el desarrollo de diálogos. La importancia de lo visual, de la mirada, en Minority Report queda subrayada de forma muy evidente: el "oráculo" de los "pre-cog" se manifiesta a través de visualizaciones sin contextualizar, como si estuviéramos viendo un puzzle hecho con los fotogramas de un telefilm. El papel del agente Anderton consiste en interpretar, relacionar e identificar esas imágenes. Por otro lado en ese futuro a la vuelta de la esquina la mirada delata voluntaria o involuntariamente la identidad del individuo. El edificio que revela sus mismas entrañas a las "arañas-espía", queda destripado también para el espectador por medio de unos planos cenitales que lo invaden todo, en clara referencia al ojo omnisciente del "Gran Hermano" de George Orwell. Y finalmente el propio Anderton debe escamotear su propia mirada al aparato estatal de vigilancia e información para escapar de sus garras.


Este mayor peso de lo visual sobre lo textual es lo que desequilibra de alguna manera una película, en muchos aspectos fascinante. El guión, como esqueleto estructural sobre el que desarrollar la trama, resulta al final algo previsible, facilón y un poco ingenuo. La motivación de algunos personajes, el interpretado por Max Von Sydow por ejemplo, no está a la altura de las expectativas. Es una decepción menor que no invalida todo lo que de espectáculo, casi de trance hipnótico, ofrecen los dos tercios primeros de esta película.


Tom Cruise, el actor más influyente de Hollywood, quizá no posea la sutileza interpretativa de Tom Hanks, Anthony Hopkins o Kevin Spacey, pero encarna a la perfección a un agente Anderton con la conciencia desquiciada por un pasado trágico, y acorralado entre un presente que se le escapa entre las manos y un futuro que le declara culpable de antemano. El papel de veterano de Vietnam le quedaba algo grande en Nacido el cuatro de Julio, ahora, ya en los cuarenta, se ha endurecido y parece menos autoindulgente como actor.


Max Von Sydow encarna con la solvencia habitual el papel de "creador" de "Pre-Crimen", esa entidad que se arroga la facultad de ver el futuro, de juez supremo, más allá del bien y del mal, que juega con la libertad de decidir del individuo. Sólo al final se desmadeja un poco su personaje para caer en lo mezquino.


Spielberg aplica pues su bisturí - sin profundizar demasiado - a un tema actual, palpitante, con pretensiones de desbrozar la maraña pegajosa de la relación entre individuo y estado. Sin embargo no es el ensayo sociológico lo que persigue Spielberg, sino la fabulación y el espectáculo. No en vano al menos tres películas de las 20 que ha hecho, están entre las diez más taquilleras de la historia.

 
Correo Pintura Escultura Grabado Literatura Pág. principal