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CINE EUGENIO TAPIA
 
 

LA GUERRA DE LOS MUNDOS

La guerra de los mundos. War of the Worlds. USA. 2005. Dirección: Steven Spielberg.
Intérpretes: Tom Cruise, Tim Robbins, Dakota Fanning, Justin Chatwin. Guión: David Koepp, adaptación de la novela La guerra de los mundos de H.G. Wells

H. G. Wells escribió La guerra de los mundos en 1898, en pleno apogeo del Imperio Británico. Es dudoso que la intención de su novela fuera cuestionar el colonialismo victoriano, con sus secuelas de destrucción de identidades y culturas autóctonas, no obstante en ella se atreve a prevenir a la humanidad y al mundo occidental sobre su propia arrogancia y su falta de compasión. Quizá después de todo, parece advertirnos Wells, no debería extrañarnos la crueldad de una especie, los marcianos, para con otra inferior, los terrícolas, si consideramos la que los humanos desplegamos para con otras especies, y para con nosotros mismos.

Más de un siglo después de la aparición de La guerra de los mundos, sus sucesivos tratamientos audiovisuales han desdibujado algo esa intención admonitoria de Wells, para poner en primer plano la representación, tremendamente efectiva, del pánico colectivo que se adueña sorpresivamente de una sociedad autocomplaciente y vulnerable. La emisión radiofónica de Orson Welles alertaba en 1938 sobre el nazismo, y la primera versión cinematográfica, dirigida por Byron Haskins en 1953, abundaba en la histeria anticomunista de esos años de guerra fría.
Steven Spieberg, que compró en 1993 la única copia existente del guión de Orson Welles, adopta este punto de vista al trasladar la novela. En sus propias palabras, su película trata de "norteamericanos que tienen que huir para salvar la vida y no saben por qué son atacados". Ciudades como Londres, Hiroshima, Berlín o París saben del horror de los bombardeos, asedios o la ocupación por ejércitos extranjeros. Los ataques terroristas de 2001 al territorio americano han hecho conscientes a sus ciudadanos de que la muerte y el caos pueden golpear igualmente sus ciudades. Son reconocibles en secuencias de la película, imágenes de televisión del 11 de Septiembre en Nueva York: gente que unos minutos antes iba despreocupada a sus ocupaciones, huye ahora a pie por calles cubiertas de escombros, mirando despavorida al cielo, agentes del orden sin saber exactamente qué hacer para controlar el pánico de los ciudadanos, o la gruesa capa de polvo y cenizas, la pasta de la que están hechas las ciudades y sus habitantes, que cubre a Ray Ferrier-Tom Cruise en su vuelta a casa.

La maestría de Spielberg para planificar, ambientar, dar verosimilitud y filmar escenas espectaculares queda sobradamente demostrada. Escenas como la primera aparición de las naves alienígenas, que metafóricamente surgen de los intestinos de la propia ciudad, elevan hasta un clímax frenético de destrucción y horror la tensión. El resto de la película mantiene sin respiro la presión sobre los aterrados protagonistas y espectadores, hasta que el final apresurado, ingenuo y poco convincente viene a restituir la paz. Ante lo apocalíptico y realista de escenas de destrucción como el ataque al ferry, poco importan detalles inverosímiles, como esa furgoneta que nunca se detiene, y que queda intacta aparcada junto a la casa sobre la que se desploma un avión.

La película no aclara demasiado la motivación de los extraterrestres, pero eso tampoco es relevante para los intereses del director. Son la representación del mal, sin sentimientos, en una versión darwinista de la guerra de las especies. Si permanecemos de brazos cruzados acabarán aniquilándonos, por lo tanto es obligación de buenos ciudadanos defenderse de la agresión exterior y evitar que el pánico nos haga volvernos contra nuestros hermanos - como en el episodio angustioso de la lucha por la furgoneta.

La secuencia en la que los protagonistas se refugian en el sótano de la casa resulta ilustrativa del punto de vista de Spielberg y de su habilidad para desarrollar y resolver milimétricamente el montaje de escenas de tensión. Parece decirnos que el patriota tendrá que optar entre defender su casa o su familia. El director trata con mimo el personaje de Tim Robbins, bordeando la sobreactuación sin llegar a caer en ella, en la línea de su trabajo en Mystic River. Es una reminiscencia del patriota ultra blanco-americano, que rifle en mano defiende lo que le queda de su propiedad y de su sangre, pero incapaz finalmente de mantener la mente fría necesaria para enfrentarse al enemigo.
El patriotismo del personaje interpretado por Tom Cruise, con un trabajo de interpretación siempre convincente incluso en las secuencias menos verosímiles, está motivado por su desesperado intento de salvar la unidad familiar. Ha cometido muchos errores como marido y como padre, pero la guerra le ha revelado que su patria es su familia. Como en E.T., Inteligencia Artificial, El Imperio del Sol, Atrápame si puedes, etc, Spielberg retrata la institución familiar con cariño pero sin condescendencia, muestra las grietas de los tiempos que corren: padres jóvenes, separados, hijos conflictivos, etc.

La Guerra de los mundos es una película de entretenimiento, rodada como habitualmente en Spielberg, con grandes dosis de parafernalia tecnológica, efectos especiales sorprendentes y un afán de mantener al espectador aferrado a su asiento, sobrecogido por la espectacularidad de las escenas, pero con un guión plano que no desarrolla los personajes sino como arquetipos. Con la novela de Wells como pretexto la película de Spielberg sigue la línea de las producciones de serie B de catástrofes, Godzillas y alienígenas, adaptada a los temores y ansiedades colectivas del tercer milenio.

 
 
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