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| Campaña de arabización (2002-2007)
Tradicionalmente, la enseñanza del árabe en la universidad española ha tenido como objetivo facilitar el estudio de al-Andalus [1]. Al igual que en otros países, el árabe era la herramienta necesaria para traducir textos medievales, coincidiendo de esta forma con el uso y la manera de enseñar las lenguas clásicas por excelencia: el latín y el griego. Pero el árabe, a diferencia de éstas, seguía teniendo vigencia como lengua común y escrita y lo que es más importante: junto a los fines eruditos de su estudio -si no por encima de ellos o en secreta connivencia- estaban los coloniales. Por razones de índole diversa, el arabismo académico español -en buena medida incapaz de ofrecer la formación que necesitaban los distintos agentes implicados- se mantuvo si no al margen sí a una distancia prudente del terreno, dejando a militares, funcionarios y otros intermediarios una utilización mucho más directa y menos libresca de la lengua. Este otro arabismo recibirá a menudo un trato sumamente despectivo desde el ámbito académico: por un lado se le reprocha su falta de aportaciones a "la gran ciencia" y por otro -paradójicamente- su alianza con la intervención colonial. A las obras medievales se fueron sumando con posterioridad -en consonancia con lo que sucedía dentro y fuera del mundo árabe- las versiones de textos contemporáneos, de manera que la enseñanza continuaba basándose en la formación de traductores más que de hablantes, a pesar del cambio en la temática y en claro detrimento de las destrezas básicas que determinan la adquisición de una competencia comunicativa: hablar, entender, leer y escribir. |
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| Justificación La insistencia en la memorización de nociones gramaticales y en la traducción (como medio y fin a la vez) continúa hoy plenamente vigente en la enseñanza universitaria del árabe en España, pese a lo que aconsejan las teorías didácticas más recientes y en contra tanto de los intereses del alumnado como de las exigencias del mercado laboral.
En este sentido, la enseñanza del árabe se desarrolla en multitud de casos a espaldas de toda la experiencia acumulada en estos últimos años en el ámbito de la didáctica de lenguas extranjeras. No pasan desapercibidos la casi total ausencia de recursos destinados a que el alumno ejercite su competencia comunicativa, los temarios cuyo orden es el de las gramáticas descriptivas tradicionales, la falta de naturalidad en el manejo de la lengua, un claro desinterés hacia las destrezas orales y, en definitiva, un largo etcétera de circunstancias que afectan negativamente a los resultados del aprendizaje (sin ser menos importante un descontento generalizado entre los alumnos). Un uso más cotidiano y espontáneo del árabe, regulado por unos criterios didácticos elementales que tengan en cuenta el nivel y la capacidad de asimilación de los alumnos, sólo puede tener efectos positivos sobre su aprendizaje como lengua extranjera. |
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"[...] nadie enseñaba a hacerlo [escribir en árabe] durante la carrera, o nadie se esforzaba en aprenderlo entonces o luego, como tampoco, salvo rara excepción, a hablar dicha lengua o leerla con soltura en forma más o menos literaria, sino que todo se quedaba, sencillamente, en hacer laboriosas traducciones con diccionario, a menudo llenas de errores [...]." Federico Corriente, catedrático de la Universidad de Zaragoza, 2000. |
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| Objetivos y recomendaciones Esta campaña de arabización es puramente simbólica y su único objetivo es concienciar a profesores y alumnos de las ventajas de emplear el árabe lo máximo posible dentro y fuera de las aulas. Para ello se hace a unos y a otros esta serie de recomendaciones generales:
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| [1]. Véase la introducción al "arabismo andalusista" que hace Nieves Paradela en su artículo "Literatura árabe moderna en el arabismo español" [DOC], Sociedad Española de Estudios Árabes, 2003. [2]. Conviene precisar que esta recomendación aboga por un uso razonable tanto de la L1 como de la L2 (el árabe) en el aula, y no por una erradicación indiscriminada de la L1. Hoy en día el uso prioritario de la L2 se ha convertido en casi un axioma de la glotodidáctica, pero hay quienes ven necesario reexaminar esta idea: véase p. ej., el artículo de Vivian Cook, "Using the First Language in the Classroom", publicado originalmente en Canadian Modern Language Review, 57 (2001), fasc. 3. En el caso del árabe sería justo reconocer que se está muy lejos de llegar a echar en falta una mayor presencia de la L1, hasta ahora ubicua y omnipresente. Véase igualmente un estudio de Luke Prodromou sobre la actitud de los alumnos hacia la L1 en clase: "From mother tongue to other tongue", BBC-British Council. [3]. Como en el punto 1 -y
lo mismo podría decirse del 2 y 4- se trata de paliar una situación
a veces extrema y no de desterrar una práctica, como es la traducción
con fines didácticos, de forma absoluta. En términos más
precisos, el objetivo de la campaña sería ir superando una
metodología que se ha dado en llamar "de gramática-traducción".
Una descripción breve y concisa de este no-método
(como algunos lo han denominado) puede encontrarse en "Métodos
de aprendizaje: un resumen histórico", resumen a su vez
del cap. 1º de D. Brown, Principles of Language Learning and
Teaching, 1987, publicado en el sitio del prestigioso Summer
Institute of Linguistics (SIL) y dentro de un
curso muy recomendable sobre la adquisición de segundas lenguas.
En este sentido hay que señalar, p. ej., la escasa explotación
de un recurso didáctico como el de la traducción inversa
(del español al árabe) a pesar de su gran utilidad, lo cual
no es sino un reflejo más del desinterés por las destrezas
relacionadas con la expresión: hablar y escribir. |
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"Alguna vez he comparado la enseñanza de Asín con la ascensión, que luego hice, a la Gran Pirámide. Cada día, izados por su talento, subíamos en vilo tremebundos escalones." (E. García Gómez, 1941)
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