Esquemas armónicos y astrología experimental.



    Las proposiciones matemáticas, en cuanto que tienen que ver con la realidad, no son ciertas; y en cuanto que son ciertas, no tienen que ver con la realidad.

                                                                                  Albert Einstein.




       
       
       
        Todas las formas culturales del conocimiento humano, ya sean filosóficas, científicas o artísticas, se mueven en la tensión entre modelos ideales y experiencias sensibles que nunca llegan a conformarse del todo entre sí. La razón humana genera desarrollos lógicos y matemáticos impecables que, sin embargo, se estrellan con frecuencia contra una realidad escurridiza, compleja y dinámica. La lógica es infalible en un mundo inmutable y eterno, que no es el que habitamos. Nuestro mundo es procesual, movimiento constante, sin puntos de referencia definitivos; algo que parece estar a medio camino entre el orden y el caos, entre lo previsible y lo imprevisible, entre lo inteligible y lo enigmático. El conocimiento científico es tan sólo un tanteo, una aproximación a lo que de estable hay en la naturaleza. En esta búsqueda de lo que permanece a través de los cambios, que dio origen a la filosofía y a la ciencia y que alentaba ya desde sus precedentes míticos y religiosos, hubo algo que llamó naturalmente la atención de los investigadores desde el principio: la existencia de procesos cíclicos.

        Los ciclos constan de una secuencia finita de acontecimientos cambiantes que se repite una y otra vez. Hay en ellos algo que cambia y algo que permanece, una síntesis entre lo móvil y lo inmóvil. La naturaleza parece sufrir una especie de adicción compulsiva por los movimientos cíclicos en todos los niveles. Los planetas giran sobre sí mismos y en torno al Sol, que también gira sobre sí mismo. Los electrones giran en torno de los núcleos atómicos. Los animales alternan el sueño y la vigilia con regularidad, respiran rítmicamente, bombean su sangre mediante el siempre renovado ciclo sístole-diástole. Las plantas siguen ritmos diarios y estacionales.

        Esta circunstancia nos brinda uno de los mejores recursos que tenemos para prever los cambios, aunque sea sólo de modo aproximado o probable; y esto con independencia de que comprendamos o no la razón por la cual las cosas se suceden en ese orden.

        Los antiguos astrólogos se cuentan entre los primeros y más consumados observadores de ciclos cósmicos ligados a procesos naturales e históricos. Una de sus principales preocupaciones ha sido tratar de comprender de qué manera engarzan entre sí ciclos de diversa amplitud y naturaleza. La confección de los calendarios, que era una de sus tareas oficiales, consiste en buscar esquemas de tiempo regulares que se aproximen razonablemente a los ciclos naturales más importantes, como el año, el mes, la semana o el día. Estos periodos, utilizados para reglamentar las actividades civiles y las fiestas religiosas, dependen de ciclos entre el Sol, la Tierra y la Luna que no encajan entre sí con el mismo tipo de precisión que las artificiales unidades de tiempo de relojes y calendarios. Los intentos de conciliar el ciclo sinódico lunar con la revolución solar de tal modo que el año incluya un número entero de meses obligan a dar prioridad a uno de los dos ciclos, violentando el otro. Los astrólogos chinos escogieron el ciclo lunar; sus años siempre empiezan en Luna Nueva, pero a costa de tener duraciones sensiblemente diferentes, unos de doce lunaciones y otros de trece. Los astrólogos mesopotámicos optaron por el ciclo solar, adoptando meses que, en promedio, exceden la duración del ciclo sinódico lunar.

        En este ejemplo vemos como la razón y las exigencias prácticas pueden conducir a tergiversar el orden natural de las cosas. Aun así, los esquemas abstractos suelen venir inducidos por esa misma realidad que les es parcialmente esquiva; brindan puentes e interesantes modos de aproximación a los hechos, de los cuales no se hallan disociados, aunque tampoco coincidan exáctamente con ellos. La razón de ser de este trabajo estriba precisamente en el reconocimiento de las virtualidades positivas de ciertos esquemas a la hora de descubrir aspectos de la realidad nada evidentes para la experiencia sensible ordinaria.

       
Esquemas armónicos.
        De acuerdo con un sentido puramente geométrico, "armonía" significa proporción y correspondencia entre las partes de un todo. La figura geométrica más utilizada en astrología es el círculo (no solamente en la forma de "círculos máximos", como la eclíptica, el ecuador celeste, la primera vertical, el horizonte verdadero, etc., sino también como modo de representación abstracta de ciclos dinámicos planetarios no exáctamente circulares). Si dividimos un círculo en partes iguales podemos decir que hemos efectuado una sectorización armónica del mismo. Al número de partes iguales en que decidamos dividir un círculo dado podemos denominarlo "número armónico" o simplemente "armónico". En principio, los sectores resultantes de esta operación no se diferencian en nada de los intervalos en que los estadísticos dividen una distribución circular. Cuando trabajamos con círculos de relevancia astrológica, dividirlos en partes iguales sirve al propósito de organizar o clasificar la información. Sin embargo, los ejemplos de divisiones armónicas que nos provee la tradición constan de un elemento adicional que los distingue de las sectorizaciones meramente estadísticas, a saber, la dimensión cualitativa asociada a cada sector o grupo definido de sectores. Así, por ejemplo, el conjunto de los signos del zodíaco tropical responde, en efecto, a una división de la eclíptica en 12 partes iguales; pero únicamente son iguales en tamaño, no en significado o cualidad intrínseca. Lo que tenemos en realidad es un secuencia de 12 diferentes cualidades que, a lo largo de los años, se suceden siempre en el mismo orden. En esto se comportan como los sistemas de numeración; la última cifra de una serie ordenada de enteros consecutivos en el sistema de numeración decimal se repite cada diez casos, y siempre en el mismo orden. Por esta razón, propongo llamar "número base" o simplemente "base" al número de categorías cualitativamente distintas que cabe considerar dentro de una clasificación o distribución sectorial armónica.

        Articulando armónicos y bases podemos describir la mayor parte de las clasificaciones sectoriales de que nos provee la tradición astrológica. Se hace siempre en estos pasos:

        Primero.- Se divide un círculo en un número entero de partes iguales, que hemos definido como número armónico y puede ser cualquiera, incluido el 1. Denominaremos "fragmento armónico" a cada una de estas partes. Podemos numerarlas correlativamente a partir del punto de origen de las divisiones, a fin de distinguirlas sin equívocos.

        Segundo.- Cada fragmento armónico se subdivide en un número entero de partes iguales -naturalmente, siempre el mismo para todos los fragmentos-, que hemos definido como número base. Denominaremos "sector armónico" a cada una de estas partes. Igualmente las numeraremos correlativamente dentro de cada fragmento.

        Tercero.- Todos los sectores armónicos del mismo número se consideran como de la misma naturaleza, constituyendo una clase o categoría; estos sectores ocupan la misma posición relativa dentro de cada fragmento. Llamaremos "categoría armónica" a cada grupo de sectores definido por estos procedimientos armónicos. Hemos recogido una selección de esquemas armónicos categoriales usados en astrología en la sección Secuencias armónicas.

        La utilidad de estos esquemas categoriales es fácilmente admitida por cualquier practicante de la astrología simbólica o interpretativa. Las clases resultantes han sido revestidas de nombres específicos, símbolos, mitos asociados y descripciones detalladas de sus características. En la medida en que esta asignación de significados ha cristalizado y se utiliza sin crítica ni discusión, podemos decir que nos hallamos ante una astrología dogmática. Ceñirse en exceso a esta clase de fórmulas puede resultar limitativo, empobrecedor, y conducir a numerosos errores de apreciación. A veces se trata de forzar la realidad para obligarla a encajar en esquemas preconcebidos; otras veces sucede que ni siquiera se percibe lo que se tiene delante porque no se parece a lo que se espera encontrar. Sin embargo, estos "precipitados semánticos" o condensaciones de significados, más o menos estables, no solamente no tienen nada de nocivos en sí mismos, sino que sin ellos sería imposible pensar astrológicamente. El que sirvan para iluminar la realidad o para ocultarla depende, en parte, del buen criterio de quien los usa y, en parte, de la forma más o menos confiable en que hayan sido estipulados. La prudencia aconseja tomar los significados preestablecidos como hipótesis o guías útiles para una mirada inicialmente desorientada, para dirigirnos a explorar unos asuntos antes que otros, pero nunca para dar por averiguado ni un rasgo de carácter, ni un comportamiento ni un acontecimiento sin la oportuna constatación.

        Por su parte, el punto de vista experimental en astrología está interesado en ampliar perspectivas, en descubrir nuevos modos de funcionamiento de la interrelación entre la globalidad del cosmos y la existencia particular de los individuos que lo habitan, o en calibrar lo más precisamente posible la magnitud en que operan las formas previamente conocidas. Para ello, la astrología experimental debe desarrollar cierta capacidad para tomar distancia de los presupuestos de la astrología dogmática; debe protegerse de la interferencia de las ideas preconcebidas, impedir la constricción de los lugares comunes de la tradición. En cierto modo, por lo menos en algunos casos, debe comportarse como si la astrología no existiera, pero hubiésemos intuido su posibilidad y nos viésemos, así, ante la oportunidad de diseñar herramientas de investigación para descubrirla por vez primera. Esto no significa desvincularse totalmente de las doctrinas astrológicas generalmente aceptadas; se trata, más bien, de mantener independencia de criterios dentro de un diálogo fructífero con otros modos de hacer astrología. En definitiva, es de esperar que la astrología dogmática se haya constituido en medida no despreciable por la sedimentación de una experiencia acumulada a lo largo de múltiples generaciones; además, el objetivo último del trabajo experimental en astrología es, precisamente, alcanzar nuevos elementos de conocimiento más o menos estable con los que contribuir al perfeccionamiento de la parte dogmática.

       
Intervalos armónicos.
        El diálogo entre la astrología dogmática y la astrología experimental es particularmente interesante por lo que se refiere al tratamiento de los esquemas categoriales. Hemos distinguido claramente los tres pasos que se siguen para definir uno de estos esquemas. Por lo general, sólo el primero de estos tres pasos coincide exáctamente con la estrategia de investigación estadística. Los "sectores Gauquelin" responden a la aplicación de este primer paso sobre la esfera local; se divide ésta en 12, 18 o 36 partes iguales, según los casos, y queda constituida cada una de ellas como un intervalo. Uno de los principales objetivos del presente trabajo consiste en mostrar de qué forma se enriquecen las perspectivas de la investigación si incorporamos los dos pasos siguientes al proceso de definición de intervalos estadísticos. Sin embargo, fieles al principio experimental de reducir presupuestos teóricos, dejaremos al margen los elementos cualitativos inscritos en los esquemas categoriales. Las expresiones "número armónico" y "número base" las mantendremos porque, de suyo, no conllevan connotacionnes cualitativas y reciben sus denominaciones de criterios cuantitativos. Pero lo que más arriba hemos calificado de "categorías armónicas", en un contexto experimental será más apropiado designarlo como "intervalos armónicos". Estos intervalos consistirán en la suma de los sectores armónicos del mismo número (posición relativa) de todos los fragmentos armónicos. En la sección Intervalos armónicos se explica con detalle el procedimiento. A diferencia de las categorías armónicas, los intervalos armónicos no se comprometen con la existencia de ninguna cualidad que se corresponda con sus límites. Son un mero artificio para organizar datos. Una ventaja adicional de los intervalos armónicos sobre las categorías es que quedan liberados de la dependencia de un círculo de referencia determinado, pudiendo aplicarse sobre cualquier círculo, incluidos los ciclos entre un par de planetas o factores astrológicos cualesquiera.

        Hay dos razones principales por las que es importante incorporar los intervalos armónicos a las técnicas de investigación estadística. La fundamental es que solamente ellos están en condiciones de detectar apropiadamente ciertas oscilaciones ondulatorias activas en un ciclo dado. La otra razón es que, gracias a ellos, podemos obtener resultados estadísticamente significativos a partir de muestras relativamente pequeñas.

        Al hablar de oscilaciones ondulatorias en el contexto de la astrología experimental no se está asumiendo la intervención de ondas vibratorias físicas en los fenómenos investigados. Nos referimos únicamente a la peculiaridad de algunas representaciones gráficas estadísticas de presentar un perfil sinusoidal. A su vez, esto suele ser un indicio claro de la existencia de variaciones rítmicas de intensidad en las manifestaciones del fenómeno estudiado. La búsqueda de estas variaciones rítmicas de intensidad es, de hecho, el principal objetivo de la astrología experimental de orientación armónica. A menudo nos referiremos a ellas como "ondas" asociadas al armónico de que se trate, dando al término el matiz de fuerza postulada de naturaleza indefinida. Los diseños formales puros asociados con estas ondas armónicas pueden concebirse como algo bastante próximo a lo que se exhibe en la sección de Circuitos armónicos. Un resultado experimental que se ajusta bastante bien a una "onda del 12" puede apreciarse en la figura 16.

        Uno de los principales obstáculos con que tropieza el trabajo experimental en astrología consiste en la dificultad de reunir un número suficientemente alto de casos (datos natales) para investigar un comportamiento dado. El número de intervalos en que es admisible dividir un ciclo a efectos de valoración estadística está en proporción directa al tamaño de la muestra disponible: cuanto mayor es el número de casos, más alto es el tope máximo de intervalos con capacidad de aportar información significativa. Asimismo, en distribuciones circulares cerradas, cuanto mayor es el número de intervalos más pequeños son éstos; y cuanto más pequeños sean los intervalos más podremos afinar en nuestros análisis. Cuestiones como el orbe funcional de los aspectos astrológicos no pueden dilucidarse experimentalmente con un número bajo de intervalos; para eso se requieren muestras bastante amplias. En ocasiones, algunos investigadores, excesivamente preocupados por alcanzar un número lo más alto posible de casos, debilitan las restricciones de manera inconveniente; es decir, mezclan cosas muy diferentes al usar criterios de selección un tanto vagos. Así, por ejemplo, en los ficheros de escritores suelen incluirse no solamente autores de géneros tan distintos como la poesía, la investigación científica, la historiografía, etc, sino también periodistas, cronistas deportivos y prácticamente cualquier persona que se haya significado por valerse de la comunicación por escrito. O en archivos de deportistas se hallan juntos datos de patinadoras artísticas, boxeadores o jugadores de ajedrez. Separarlos por especialidades suele resultar mucho más productivo, pero entonces las muestras resultantes se quedan cortas, permitiendo, a lo sumo, dos o tres intervalos. Esta es una limitación muy seria para la forma habitual de trazar intervalos (continuos y unisectoriales), pero no lo es tanto cuando se trabaja con esquemas armónicos. Puesto que el número de intervalos armónicos coincide con el número base del esquema escogido, manteniendo un número bajo de bases podemos explorar armónicos diversos tan altos como queramos.

        El trabajo con intervalos armónicos presenta también un inconveniente; contraviene la exigencia metodológica de mantener fijo el número de intervalos a lo largo de una investigación. Este riesgo ha de asumirse necesariamente. Su antídoto consiste en replicar los experimentos con las mismas variaciones de intervalos que en el primer ensayo.

        No olvidemos que, por decirlo así, los esquemas armónicos son "redes" que se lanzan al espacio con la intención de "pescar ondas" de muy diverso calibre. Así como dependiendo de que una red sea más o menos tupida nos permitirá pescar peces más pequeños o más grandes, también las diferentes ondas requieren distintos esquemas armónicos para su detección. Y como no podemos saber a priori cuantas ni cuales sean las ondas que puedan estar activas en cada ciclo de una muestra, necesitamos probar con diferentes esquemas, es decir, modificar los límites de los intervalos. Este proceder se hace acreedor a la crítica de "jugar a la lotería con demasiados números, asegurándose así algún premio". Ya hemos mencionado más arriba el modo de protegerse contra esta objeción. Ahora bien, antes de replicar un experimento hay que completar su primera serie y publicar los resultados para animar así a otros investigadores a efectuar las oportunas réplicas. Entretanto, estos primeros escrutinios deben valorarse con cautela y reserva. Pueden consultarse varios bloques de casos prácticos en nuestra sección de Estadísticas. Para una mejor comprensión de los mismos, comentamos a continuación dos de los ejemplos.

       
Ciclo heliocéntrico Venus - Mercurio (matrimonios).
        Sobre una muestra de 203 personas casadas, exploramos en cada natividad el ángulo que forman Venus y Mercurio desde un punto de vista heliocéntrico. La opción por el heliocentrismo obedece a varias razones de carácter general que discutimos con algún detalle en otro lugar (Revolución copernicana en clave armónica).

        203 casos constituyen una muestra relativamente corta. Para aspirar a obtener algún resultado estadísticamente significativo, los ángulos entre estos dos planetas deben clasificarse en un número pequeño de intervalos. Tres intervalos es una de las opciones aceptables. Podríamos, entonces, dividir los 360 grados del ciclo en tres partes de 120 grados cada una; si hiciéramos eso, el primer intervalo alojaría todos los ángulos Venus-Mercurio comprendidos entre 0 y 120 grados; el segundo, entre 120 y 240; y el tercero, entre 240 y 360. Este es el modo en que organizaría la información un investigador convencional ajeno al conocimiento de las técnicas armónicas. Trabajaría -sin saberlo- sobre un esquema armónico 1 de base 3.

        Cuando investigamos sobre el trasfondo de la teoría armónica, una de las cosas que nos puede interesar averiguar es qué serie de aspectos está activa en una distribución. Por lo general, el armónico 1 no es muy útil usado con divisiones grandes (es decir, con un número bajo de bases), ya que no hay muchos aspectos con orbes tan amplios. Como hemos dicho, el número Base de un esquema armónico, aplicado a un análisis estadístico, nos indica, a su vez, el número de intervalos. Por tanto, si hemos decidido trabajar con tres intervalos, ese será siempre el número Base del esquema armónico a utilizar; pero el número Armónico puede ser cualquiera. Manteniendo fijas las bases, cuanto más alto sea el número armónico más pequeños serán los sectores resultantes y, por consiguiente, mayor el poder de discriminación entre las distancias angulares planetarias. Al mismo tiempo, la intensidad de los aspectos está en relación inversa al número del armónico. Así pues, lo ideal es escoger un armónico no muy alto, para no perder en intensidad la ganancia en discriminación. Por supuesto, se puede probar con todos los armónicos que se quiera, como también pueden cambiarse las bases, dentro de los límites autorizados por el tamaño de la muestra. De hecho, lo más conveniente sería un rastreo sistemático por un amplio conjunto de variantes. Cuando se hace esto, lo que suele suceder es que se destacan varias series que son múltiplos del armónico menor involucrado. Pero, por el momento, nos contentaremos con una sola combinación; en nuestro caso, la del Armónico 10, de base 3. Este esquema genera 30 sectores (10 x 3) de 12 grados cada uno, agrupados en 3 intervalos de 120 (10 sectores por intervalo).

        En la figura 10 se muestran dos distribuciones anidadas: en la parte interna, la correspondiente al Armónico 1 de Base 30, y en la parte externa la correspondiente al Armónico 10 de Base 3, desplegada o montada sobre el esquema armónico anterior; este despliegue, como puede verse, consiste en representar asociado a cada sector el valor total del intervalo al que pertenece. Ambos esquemas constan de 30 sectores de 12 grados, pero difieren en la constitución de los intervalos. En el armónico 1 los intervalos coinciden con los sectores (30), pero en el armónico 10 se obtienen sumando los valores correspondientes a todos aquellos sectores separados entre sí nBase posiciones:

        Intervalo 1 = sectores 1, 4, 7, 10, 13, 16, 19, 22, 25, 28.
        Intervalo 2 = sectores 2, 5, 8, 11, 14, 17, 20, 23, 26, 29.
        Intervalo 3 = sectores 3, 6, 9, 12, 15, 18, 21, 24, 27, 30.

        La conveniencia de asociar ambos esquemas es bastante obvia. El primero, el armónico 1 de base 30, no nos interesa por sí mismo, ya que 30 intervalos son demasiados para una muestra de 203 casos. La información que proporciona no es nula, pero está expuesta en alto grado a las contingencias caprichosas del azar. De todas maneras, antes de constituir los 3 intervalos compuestos del segundo esquema, hay que computar los valores de los 30 sectores de que constan. En definitiva, el A1, B30 es usado, tan sólo, para conservar esta información separada por sectores. Como norma general, el Armónico 1, usado como referencia complementaria de cualquier esquema N-armónico, deberá tener como número base el resultado de multiplicar el armónico por la base en el esquema principal.

        ¿Qué utilidad tiene conservar la información de los intervalos separada en sus sectores constituyentes? Se trata, fundamentalmente, de una medida de control. A veces ocurre que uno de los intervalos armónicos registra un valor que queda sensiblemente por encima de lo esperado. Sin más información que esa, sería fácil inclinarse a estimar que todos y cada uno de los sectores que conforman ese intervalo arrojan valores más altos de lo normal. Esto no es así casi nunca; de hecho, en ocasiones es tan sólo uno de los sectores el que aparece sobredimensionado, mientras los demás mantienen valores neutros o incluso negativos. En casos así, puede ser un error atribuir eficacia a la serie armónica de que se trate. El sector destacado puede ser producto del azar, o bien un reflejo indirecto de la eficacia de otra serie, que habría que investigar. Un sector dado de 10 grados, por ejemplo, será enteramente compartido por los esquemas armónicos a1b36, a2b18, a3b12, a4b9, a6b6, a9b4, a12b3 y a18b2; y parcialmente compartido por otras muchas series. Si una cualquiera de estas series es activa puede, a través de sectores comunes, invadir otras series, incitando a errores de apreciación. Examinando separadamente los distintos sectores de un mismo intervalo reducimos estos riesgos.

        Veamos, sin más demora, los datos correspondientes a la figura 10 de nuestro ejemplo.

        En primer lugar se ofrece una estimación de los valores esperados conforme a las características astronómicas del periodo al que pertenen todos los casos de la muestra. Este periodo se extiende desde 1865 hasta 1970, pero la distribución se concentra en unos pocos años, como puede verse en la tabla de datos natales. La estimación de los valores astronómicos esperados ha de ajustarse a las oscilaciones registradas en esta tabla, de manera proporcional. Al perfil suavizado de esas oscilaciones le llamamos "curva de disponibilidad de los datos". Del éxito en la empresa de trazar adecuadamente esta curva depende la fiabilidad de los resultados finales. Una vez trazada, construimos con arreglo a ella un fichero de posiciones astronómicas correspondientes al periodo en cuestión. En este caso hemos utilizado 23431 cartas astrales, repartidas proporcionalmente según el peso específico de cada fase del periodo.

        Se muestran los porcentajes ofrecidos por el fichero de control, seguidos de los obtenidos realmente en la muestra. En este punto de la investigación, deberíamos dividir los porcentajes obtenidos entre los esperados, para saber en que medida se apartan unos de otros. En este caso se ha obviado ese paso, dada la casi total uniformidad de valores esperados para cada sector. Las dos series armónicas se representan gráficamente como sigue (v.figura 10) Como puede verse, los ideogramas de Venus y Mercurio aparecen dibujados a ambos lados de una línea horizontal. Venus aparece a la izquierda, en la zona exterior del dibujo, lo que indica que ha sido escogido como "factor funcionalmente estático", y Mercurio en el interior del círculo central, lo cual le señala como "factor funcionalmente dinámico". Esto significa que el gráfico registra las variaciones de posición de Mercurio con respecto a un Venus idealmente fijo [v.NOTA 1]. La línea horizontal indica el punto de CONJUNCIÓN (distancia angular 0°) o de origen del ciclo. Desde ella se cuentan los intervalos en sentido antihorario. Mercurio aparece rodeado de una serie de 203 circulitos, ensartados en 30 radios. Cada radio representa un intervalo de la serie a1b30, en su orden, desde la línea de origen. Cada circulito es una posición relativa de Mercurio con respecto a Venus, es decir, un caso de ángulo Venus-Mercurio asignado a su correspondiente intervalo. El promedio de casos por intervalo es de 6,7. Hemos visto que las características astronómicas de este periodo no introducen variaciones significativas respecto de ese promedio. Por esta razón, podemos utilizarlo como indicativo de si el valor de un intervalo queda por encima o por debajo de lo normal; el círculo naranja en torno a Mercurio marca visualmente este límite

        El intervalo 1 de la serie a1b30 incluye, tan sólo, dos casos. Es la puntuación más débil de toda la serie y coincide con lo que la tradición astrológica llamaría una conjunción separativa. De esto no podemos sacar ninguna conclusión, pues ya hemos dicho que 30 intervalos son demasiados para una muestra de 203 casos; pero no deja de ser una llamada de atención para los practicantes de la astrología, que harían bien en consultar en sus ficheros en busca de personas por ellos conocidas que tengan este ángulo en sus natividades, y revisar las actitudes de estas personas con respecto al matrimonio o modos de relación interpersonal en general.

        Hemos dicho que el interés del a1b30 reside en su capacidad de esclarecer si la serie superior (la a10b3) es realmente activa. Los tres intervalos de la serie A10,B3 se representan reiteradamente, hasta diez veces, alrededor de la serie A1,B30. Cada intervalo se acopla con cada uno de los diez sectores de que consta. De este modo, podemos comparar, fragmento a fragmento, lo que cada uno de ellos aporta al resultado final. El círculo púrpura señala el lugar del valor promedio de los tres intervalos.

        El primer fragmento armónico (intervalos 1-3 del a1b30) presenta los valores: 2, 7, 3. El sector central es dominante en este fragmento, del mismo modo que lo es en el A10,B3 total. El segundo fragmento (5, 14, 5) se comporta de igual manera, alcanzando en el sector central un valor desconcertantemente alto. Los tres fragmentos siguientes no ofrecen diferencias significativas entre sus sectores, pero en los 4 que siguen a estos se repite la historia del sector central dominante. El último fragmento viene a ser casi neutro. Es decir, en 6 de los diez fragmentos, el segmento central es claramente dominante, manteniendo posiciones neutras en los 4 restantes y no dando, en ningún caso, valores deficitarios. Está claro, pues, que los resultados finales no dependen de uno o dos sectores aislados, sino que es la serie armónica 10 la que, en conjunto, muestra ese comportamiento. Pero a la hora de valorar la relación de esta serie con el ciclo heliocéntrico Venus-Mercurio, aplicado al matrimonio, hemos de tener en cuenta algo más. Si quisiéramos traducir en términos de aspectos las peculiaridades del esquema armónico a10b3, diríamos que el primer intervalo acoge los aspectos separativos, el segundo los ángulos que no conforman aspectos y el tercero integra los ángulos aplicativos. Como el intervalo que aquí se destaca es el segundo, lo que este estudio pone de manifiesto es que, en el asunto que nos ocupa, la serie del 10 más que activa es reactiva; es decir, Mercurio propende a evitar los lugares desde los cuales formaría con Venus aspectos de la serie del 10. Qué razón pueda haber para que los cítados aspectos disminuyan la inclinación al matrimonio es algo que queda fuera del alcance de la metodología estadística. Sólo puede averiguarse por observación directa de casos concretos.

        Sobre esta misma muestra y usando el mismo ciclo (Venus-Mercurio heliocéntrico), con el mismo número de intervalos (3), hemos investigado también el armónico 12. En la
figura 4 y sus datos se registran los resultados. En este caso es el tercer intervalo el que se destaca, es decir, el correspondiente a los aspectos aplicativos. Podemos concluir que la serie del 12 es activa, mientras que la serie del 10 es reactiva. De la combinación de las dos series se derivan zonas en las que ambas tendencias se potencian mutuamente, otras en las que se contrarrestan y, finalmente, otras en las que no se interfieren de ninguna de las dos maneras anteriores, tal como se ve en la figura que sigue.



        El sector A12(2)B3(3) queda totalmente incluido dentro del A10(2)B3(2), del mismo modo que el sector A12(8)B3(3) se solapa con el A10(7)B3(2). Estos dos lugares son, pues, los que deberían registran mayor énfasis, si es cierto que las dos series, 10 y 12, funcionan tal y como lo hemos descrito más arriba. En efecto, el primero de estos dos lugares es el que registra el valor máximo de la serie a1b30 (el intervalo-sector 5 de esta serie de control) y el segundo, sin destacarse tanto, sigue siendo el máximo valor respecto de los 14 sectores precedentes (2 le igualan y 12 quedan por debajo)[figura 10]. Aunque estos esquemas armónicos no se ajustan a los orbes tradicionales de los aspectos, cabe decir que el primer sextil aplicativo y el segundo trígono aplicativo de este ciclo encajan, en principio, entre los ángulos más proclives al matrimonio. Estos datos se agrupan tal y como lo harían si su distribución fuese producto de una suma de ondas. Este es un ejemplo de la utilidad de las analogías ondulatorias en la investigación astrológica.

        Con esto no se agota el análisis de esta distribución de los datos. Casi con seguridad, debe haber más series interviniendo, que podrían explicar más cosas; por ejemplo, la escasez de casos en los intervalos que preceden y siguen a la conjunción. No obstante, como ilustración de cómo aplicar la metodología de intervalos armónicos al análisis de muestras estadísticas, es más que suficiente con lo dicho hasta aquí. Incorporamos un segundo ejemplo, como modelo de otros tipos de gráficos y estrategias usados en la sección de Estadísticas.

       
Ciclos heliocéntrico y geocéntrico Plutón - Marte (boxeadores).
        Hemos extraído una muestra de 124 boxeadores de los archivos de deportistas de Michel Gauquelin. Los datos originales pueden consultarse en nuestra Base de datos, sección DATOS CON HORA NATAL, 568 deportistas, que contiene en ficheros separados la información relativa a diferentes modalidades deportivas.

        El perfil de la curva de disponibilidad de los datos se intuye fácilmente a partir de la tabla de datos natales. El periodo abarca desde 1892 hasta 1932, ambos inclusive, pero la mayor parte de los datos se concentra en la última década, donde forman una especie de campana de Gauss. Hemos construido un fichero de control con 4378 fechas ficticias de nacimiento, proporcionalmente repartidas dentro de ese período, con arreglo a la curva de disponibilidad de los datos. En base al mismo establecemos una estimación de los valores astronómicos esperados para cada ciclo a investigar. En este caso nos limitaremos a considerar el ciclo Plutón-Marte, en su doble vertiente heliocéntrica y geocéntrica.

        De nuevo nos hallamos ante una muestra bastante escueta. Ya hemos dicho que una de las virtualidades de los intervalos armónicos es su capacidad de proveernos de resultados estadísticos significativos a partir de muestras cortas. Cuanto menor sea el número de intervalos utilizado más fiables serán los resultados. El número más pequeño de intervalos apto para proporcionar alguna información es 2. Por tanto, usando como base el 2 podemos obtener resultados interesantes con cualquier armónico.

        Para averiguar si hay armónicos activos en relación al ciclo y muestra que nos ocupan existen varios procedimientos. El más sistemático consiste en recorrer en su orden tantos armónicos como deseemos probar, manteniendo fija la base. Esto es lo que hemos hecho con los 12 primeros armónicos de base 2. Examinemos primero el ciclo heliocéntrico.

        Comenzamos por el Armónico 1 de Base 2. Este esquema armónico divide el ciclo Plutón-Marte en dos partes iguales; el primer intervalo acoge todos los ángulos comprendidos entre 0° y 180°, es decir, desde la conjunción hasta la oposición; y el segundo intervalo recibirá los ángulos comprendidos entre 180° y 360°, o sea, desde la oposición hasta el final del ciclo en una nueva conjunción. Lo primero que tenemos que hacer es calcular los valores esperados astronómicos. El fichero de control nos los suministra. Nos indica un 54,45% de expectativa para el primer intervalo y un 45,55% para el segundo. Estos valores son indispensables, ya que el único modo que tenemos de averiguar si un armónico es activo es midiendo la diferencia entre estos valores esperados y los valores realmente obtenidos [v.NOTA 2]. Cuanto mayores sean las diferencias más activo se muestra ese armónico. Si las diferencias tienden a cero, eso indica ausencia de actividad, algo parecido a un electrocardiograma o electroencefalograma plano.

        Una vez determinados los valores esperados, pasamos a contabilizar los realmente obtenidos en la muestra. Hallamos 70 casos asignables al primer intervalo, lo cual representa un 56,45% del total de 124; naturalmente, los 54 casos restantes quedan ubicados en el segundo intervalo y representan un 43,55% del total. Los porcentajes obtenidos deben compararse con los esperados. Hemos visto que el valor esperado para el primer intervalo, en términos porcentuales, era de 54,45 y el obtenido queda justo 2 puntos por encima, 56,45. En este caso, la diferencia no es lo bastante grande como para que podamos afirmar que el esquema a1b2 nos ha permitido detectar algún tipo de actividad. Sin embargo, si el porcentaje esperado hubiera sido de un 2% e igualmente hubiésemos obtenido un resultado que quedase 2 puntos por encima del esperado, es decir, un 4%, eso sería exáctamente el doble, lo cual -por lo menos en muestras bastante más amplias que ésta- tendría una lectura muy diferente. Para salvar estas fluctuaciones entre valores esperados correspondientes a distintos intervalos y armónicos, de modo que sean directamente comparables, podemos dividir el porcentaje obtenido entre el porcentaje esperado; de ese modo obtendremos un índice que será igual a 1 cuando ambos valores coincidan, superior a 1 cuando se rebase lo esperado, e inferior a 1 cuando no se alcance. En nuestro ejemplo, redondeando hasta dos decimales, ese índice asciende a 1,04. Podemos decir, entonces, que hemos hallado 1,04 veces el total de casos esperados para este intervalo. El índice para el segundo intervalo es 0,96.

        Estas operaciones se repiten con cada esquema armónico que decidamos utilizar. Como puede verse en el resumen final de la
relación de resultados heliocéntricos, el armónico 6 es el que se muestra más activo, registrándose un 29% más casos de lo esperado en el segundo intervalo. En la última columna de esa tabla-resumen se registran los excedentes habidos en el intervalo que más se destaca en cada armónico. La suma de esos excedentes nos da una idea del nivel de actividad general del ciclo y nos sirve de pauta para compararla con la de otros ciclos sometidos a idéntico tratamiento. El signo '+' que precede a algunos de los valores de esa columna es una arbitrariedad ocasional cuyo propósito es distinguir los excedentes que proceden del segundo intervalo de cada esquema armónico [v.NOTA 3].

       La
relación de resultados geocéntricos nos brinda la oportunidad de comparar como varía el grado de respuesta al ciclo Plutón-Marte en función del tipo de coordenadas. Para facilitar esta comparación se incluye a continuación el gráfico de oscilaciones en los 12 primeros armónicos. Se han tomado los excedentes del intervalo dominante, con independencia de cual de los dos fuera en cada caso. Se muestran en azul los datos geocéntricos y en rojo los heliocéntricos.






        La imagen no ofrece dudas sobre el claro predominio de los ángulos heliocéntricos sobre los geocéntricos. La suma de los índices de actividad nos lo confirma: 136 frente a 70. El grado de respuesta a los ángulos heliócentricos casi duplica, en principio, a los geocéntricos. Pero si nos concentramos en los segundos intervalos la diferencia de intensidad se eleva desde 1,94 hasta 6,44. Es decir, desde este punto de vista, los ángulos heliocéntricos demuestran una actividad entre 6 y 7 veces más intensa que sus correlatos geocéntricos (116 H. frente a 18 G.). La siguiente imagen ilustra este punto.






        Hasta aquí hemos mostrado algunos procedimientos para introducir valores cuantitativos en investigaciones astrológicas. Hemos definido qué medir (los ángulos entre dos factores de un ciclo), donde medirlo (en una muestra de cartas astrales correspondientes a las natividades de personas que se han destacado por alguna actividad común) y cómo medirlo (mediante estructuras de intervalos basados en esquemas armónicos). Para que los valores así obtenidos tengan algún sentido debe hacerse el ensayo de integrarlos en algún sistema conceptual. La confrontación con los tópicos de las tradiciones astrológicas puede resultar muy fructífera. En el caso que acabamos de exponer podemos preguntarnos si las diferencias de intensidad registradas entre valores geocéntricos y heliocéntricos reflejan adecuadamente los distintos niveles de efectividad de ambos ciclos. Si lo decisivo es la posición relativa de los dos factores planetarios, entonces podemos confiar en que las proporciones halladas no deben quedar muy lejos de la realidad de la cuestión. Pero si lo verdaderamente importante fuera la condición de aspecto aplicativo entonces los valores de ambas tablas no son directamente comparables. En la tabla de resultados heliocéntricos, todos los aspectos aplicativos quedan encuadrados en segundos intervalos; pero en la tabla de resultados geocéntricos cierto porcentaje de aspectos aplicativos habrán sido asignados al primer intervalo, como también hallaremos en el segundo intervalo cierto número de aspectos separativos. No podemos, pues, apresurarnos a proclamar la superioridad del heliocentrismo, pero, en cualquier caso, éste siempre sale bien parado. La primera interpretación le favorece claramente, y la segunda sólo puede plantearse sobre la base de que los ángulos heliocéntricos son eficaces.

        Antes de dar por terminado el análisis de este segundo ejemplo de aplicación de esquemas armónicos a un ciclo bifactorial, vamos a considerar un método alternativo de extraer información con estas mismas herramientas. El procedimiento sistemático de recorrer una serie predefinida de armónicos sobre una base estable es, en general, el más recomendable, aunque no está libre de algunos inconvenientes. Si el número de armónicos a explorar es elevado su cálculo y análisis puede resultar bastante engorroso y no siempre se verá recompensado con aportes sustanciales que jusfifiquen semejante inversión de tiempo y esfuerzo. Además, si se utiliza un número base muy bajo, la información relativa al armónico 1 resulta bastante precaria; dado que la mayor parte del trabajo astrológico habitual se realiza en base al primer armónico, las posibles consecuencias prácticas de la investigación sufren, por esto, severas restricciones [v.NOTA 4]. Una forma de minimizar estas dificultades consiste en comenzar la investigación por el armónico 1, usando una base más alta que la mayor autorizada por las convenciones estadísticas. Se trata, tan sólo, de una medida provisional para hacernos una idea intuitiva de cuál o cuáles puedan ser los armónicos activos en la muestra. Veámoslo prácticamente sobre nuestro ejemplo.

        Usaremos, de entrada, 24 intervalos de 15 grados cada uno, es decir, un armónico 1 de base 24, aplicado, en principio, a los ángulos heliocéntricos Plutón-Marte. En promedio, el valor esperado para cada intervalo estará en torno a los 5 casos, una cifra demasiado baja como para ofrecer información digna de crédito; pero no nos interesa ahora ningún intervalo en particular, sino sólo una primera visión de conjunto. En la
figura 17 y sus datos se ofrecen los resultados de esta primera indagación. La forma en que se ha diseñado esta figura presenta algunas diferencias importantes respecto de las mostradas en el primer ejemplo. Aquí no hemos usado pequeños círculos para representar casos ni individuales ni a escala. En su lugar utilizamos líneas cuya longitud expresa el resultado de dividir el valor obtenido entre el valor esperado para cada intervalo; es decir, representamos los índices de frecuencia relativa que se muestran en la tabla de resultados. Los círculos concéntricos que rodean al signo de Marte en el centro de la figura marcan una escala que, partiendo de 0, se incrementa 0,5 puntos por círculo. La superficie encerrada entre 0 y 1 se dibuja con fondo blanco para diferenciar los valores que quedan por debajo de lo normal de los que quedan por encima. Las líneas que terminan antes de alcanzar el perímetro exterior de esa zona blanca señalan intervalos cuyos valores quedan por debajo de lo esperado. Las líneas que sobrepasan ese perímetro indican que en sus intervalo asociados se han obtenido valores por encima de lo esperado, en la medida de su longitud proporcional. Así podemos ver, sin necesidad de consultar la tabla de datos, que el primer intervalo sólo alcanza la mitad de lo esperado, el segundo se ajusta a la expectativas, el tercero las sobrepasa en más de la mitad -aproximadamente un 70% más de lo esperado... y el último alcanza una cifra que se aproxima a 2 veces y media su valor esperado. Este último intervalo se corresponde con las conjunciones aplicativas.

        El que se obtengan márgenes de oscilación tan elevados, entre 0 y 2,35, es algo normal cuando los valores esperados para cada intervalo son muy bajos. No debemos darle más importancia. Pero que el máximo valor obtenido coincida con el aspecto que tradicionalmente se considera el más potente -la conjunción aplicativa- es algo de lo que, al menos, conviene tomar nota [v.NOTA 5].

        Cuando miramos el gráfico en su conjunto nos damos cuenta de que no tiene la apariencia caótica típica de las distribuciones estadísticas de estas magnitudes. Se destacan tres grandes zonas de confluencia de datos, aproximadamente equidistantes entre sí, junto con un par de espigas en zonas intermedias. Este panorama sugiere inmediatamente que un armónico 3 puede dar resultados interesantes. Usando una base 8, el tamaño de cada sector seguirá siendo de 15 grados, lo que facilita los cálculos partiendo de la tabla anterior. Ahora los intervalos constarán de tres sectores de 15 grados, 45 en total, lo que significa que la fiabilidad, por escasa que sea, se verá triplicada. Los resultados de esta operación se ofrecen en la
figura 18, correspondiente al a3b8 desplegado sobre el a1, y sus datos.

        Ahora los márgenes de oscilación se han suavizado algo, quedando entre 0,53 y 1,69. La apariencia de la nueva figura resultante invita a probar con un armónico 6; combinado con una base 4 podremos aún aprovechar los sectores de 15 grados. La fiabilidad se verá de nuevo incrementada, esta vez al doble del ensayo anterior. Véase el a6b4 en la figura 19 y sus datos.

        A estas alturas del proceso, la información se ha condensado ya de una manera muy precisa, formando una especie de "onda del 6" bastante armónica. En este punto, no parece conveniente elevar más el número del armónico, pero podemos reducir el número base a la mitad con objeto de incrementar de nuevo la fiabilidad hasta el máximo posible. Los resultados de este último paso se muestran en la figura 20 y sus datos.

        Estamos, de nuevo, en el mismo punto al que nos había conducido el abordaje sistemático de nuestro primer análisis. Recordemos que, tras recorrer los 12 primeros armónicos de base 2, habíamos descubierto que el armónico 6 era el más activo. Ahora, por un procedimiento más intuitivo, hemos alcanzado idénticas conclusiones. En el camino, hemos encontrado pistas que el procedimiento sistemático nos hurtaba, como, por ejemplo, la importancia de las conjunciones aplicativas o la mayor densidad de los fragmentos impares frente a los pares del a6b2 final. Una panorámica general del proceso puede disfrutarse en nuestra sección de estadísticas, muestra de boxeadores. En ella se encuentra, además, el resultado de aplicar al ciclo geocéntrico Plutón-Marte los mismos esquemas armónicos que hemos usado sobre el ciclo heliocéntrico (figuras 21 a 24), cuyo producto final es la total coincidencia entre valores esperados y valores obtenidos, es decir, un nivel NULO de actividad registrada por el a6b2. Obsérvese que la distribución a1b24 del ciclo geocéntrico sí que tiene una apariencia bastante caótica.

        El proceso que lleva desde el a1b24 hasta el a6b2 heliocéntricos puede concebirse como un trabajo de depuración cuyo objetivo es alcanzar "la buena forma" de una distribución inicialmente desordenada. Esta búsqueda de regularidades subyacentes a las azarosas apariencias es común en las ciencias de la naturaleza y el que podamos hallarlas también en el comportamiento humano, por la intermediación de ciclos cósmicos, contribuye a salvar la distancia entre aquéllas y las ciencias humanas.


Julián García Vara
25 de julio del 2001


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[NOTA 1]   Voy a describir un procedimiento bastante rocambolesco de obtener el mismo resultado, por si alguien no terminara de captar qué es lo que se representa en estos gráficos. Imaginemos que nos hemos tomado la molestia de dibujar y recortar una rueda zodiacal de diez centímetros de diámetro y un centímetro de ancho de banda. Sobre ella dibujamos los signos de Venus y Mercurio en las posiciones heliocéntricas que ocupan en la primera carta de nuestra muestra. A continuación, dibujamos y recortamos una segunda rueda zodiacal, también de un centímetro de ancho de banda, pero de doce centímetros de diámetro. De esa forma, la primera debería encajar perfectamente dentro de la segunda. En nuestra segunda rueda dibujamos los signos de Venus y Mercurio, de acuerdo con las posiciones heliocéntricas que ocupan en la segunda carta. Después, hacemos girar una rueda sobre la otra, hasta que los dos Venus coincidan en la misma posición. Repetimos estas operaciones hasta completar 203 ruedas, encajarlas unas en otras y girarlas de forma que todos los Venus coincidan (necesitaremos un espacio de algo más de 4 metros de diámetro para completar nuestro disparate). Una vez hecho esto, dibujamos un radio en el que queden insertados todos los Venus y, contando desde éste, otros 29 más, a intervalos de doce grados. De ese modo, habremos definido 30 sectores. Ahora sólo tenemos que contar el número de veces que aparece Mercurio en cada uno de estos sectores para obtener sus frecuencias absolutas. Éstas son las que aparecen representadas, directamente o a escala, en cada uno de los brazos o sectores que rodean al signo de Mercurio, partiendo de la línea que le une a Venus.
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[NOTA 2]  Para ser absolutamente rigurosos se deberían tener en cuenta, además de estos factores astronómicos, los llamados factores demográficos. Esto se refiere a que el volumen de nacimientos varía según los meses del año y las horas del día. Aunque los ciclos directamente afectados por esta circunstancia son los anuales y diarios, es decir, el Sol en la eclíptica y la posición de los planetas en la esfera local, algunos otros ciclos se ven indirectamente concernidos. De todas formas, el trabajo con intervalos armónicos minimiza considerablemente esta dificultad, ya que las diferencias demográficas tienden a desaparecer según se asciende en la escala armónica, incluso en los ciclos más estrechamente ligados a esas variaciones.
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[NOTA 3]   Interesa hacer esto para poder relacionar los armónicos con las series de aspectos del mismo número. Cuando se trabaja con base 2, en coordenadas heliocéntricas, los aspectos aplicativos de la serie armónica de que se trate quedan dentro de los límites del segundo intervalo y los aspectos separativos dentro del primero. En coordenadas geocéntricas esto ya no es necesariamente así, salvo que se utilicen sólo factores sin retrogradaciones (Sol y Luna).
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[NOTA 4]   La técnica que hemos usado en la mayor parte de los gráficos de intervalos armónicos, consistente en repetir los resultados tantas veces como sea necesario para cubrir el círculo completo del primer armónico, es, de hecho, una concesión a esta necesidad de reinterpretar los datos de armónicos superiores en términos del primero. Ya hemos visto los peligros que entraña una asimilación de este tipo; en el primer armónico se reflejan de manera confusa todos los armónicos superiores efectivos, interfiriéndose unos a otros, reforzándose en algunas partes y neutralizándose en otras. Todo esto tiende a olvidarse cuando concentramos nuestra atención en el gráfico de un sólo armónico desplegado sobre el primero. Hemos sugerido el uso de distribuciones anidadas como medida de protección.
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[NOTA 5]   La conjunción separativa, asociada al primer intervalo, se queda en la mitad de lo esperado, es decir, presenta una especie de comportamiento reactivo, completamente opuesto al de la otra conjunción. Es verdad que ante muestras de este tamaño no conviene aventurarse a formular demasiadas valoraciones, pero he tenido ocasión de constatar este mismo fenómeno en numerosas muestras de distintos tamaños y diferentes ciclos. La diferencia entre una conjunción aplicativa y una separativa es, generalmente, ignorada por completo en los manuales de "recetas" de interpretación de aspectos. Las pocas veces que se la menciona se la considera sólo como una variación de intensidad dentro de un proceso de fusión de ambas energías planetarias. Pero los datos experimentales apuntan que la diferencia no es sólo de grado, sino que son cualitativamente distintas. Reflexionando por la vía analógica sobre la naturaleza de los ciclos, se comprende enseguida que no es lo mismo estar comenzando un ciclo (conjunción separativa) que estar terminándolo (conjunción aplicativa), ni es igual estar dirigiéndose hacia algo (conjunción aplicativa) que alejándose de ese algo (conjunción separativa).
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