Analogías ondulatorias.




        La teoría ondulatoria tiene posibilidades de constituirse en uno de los pilares que podrían sustentar una visión unitaria de la astrología, tanto intrínsecamente como en sus relaciones con las disciplinas más estimadas en los entornos académicos occidentales.

        Hace ya mucho tiempo que Demetrio Santos planteó justamente esta tesis [v.NOTA 1] , así como la estrecha relación que existe entre los ciclos, las ondas y los armónicos (de John Addey) [v.NOTA 2]. Posteriormente Miguel García ha tomado esta idea como eje de su línea fundamental de trabajo, aportando interesantes y novedosos desarrollos [v.NOTA 3].

        No siendo físico ni matemático resultaría pretencioso de mi parte tratar de abordar estas cuestiones desde un punto de vista científico. Mis intenciones no van más allá de proponer un enfoque pragmático para ciertas investigaciones astrológicas elementales. Ahora bien, tampoco sería justo dejar de reconocer lo que este enfoque debe a los autores mencionados más arriba.

        La astrología trata principalmente de CICLOS. Las ONDAS tienen una naturaleza obviamente cíclica. Los ARMÓNICOS de Addey no son otra cosa que microciclos. Si estas entidades (sean físicas, mentales, espirituales, imaginarias... o de un tipo tal que no podamos ni imaginar) son, no obstante operativas, es de esperar que por lo menos en algún caso alguno de sus modos de operación resulte constatable y medible.

        Para facilitar esta tarea he desarrollado una sencilla herramienta informática de investigación estadística, orientada por una reelaboración personal de la teoría de los armónicos: el
programa Cronos , cuya versión 1.1 puede descargarse desde esta misma página-web. Aunque sólo he completado la primera fase del proyecto, ha sido suficiente para comprobar la fertilidad de esta metodología, que ya ha rendido sus primeros frutos, algunos de los cuales se muestran en la sección de estadísticas. Pero es imposible comprender el alcance de estos resultados si antes no se han asimilado los conceptos que han servido para ordenarlos. Para estos conceptos, en sí mismos muy simples, no siempre he encontrado denominaciones válidas al uso, lo que me ha obligado a acuñar parte de la terminología.

        Pienso que estamos muy lejos de poder ofrecer explicaciones científicas del por qué y el cómo funciona la astrología. No falta quien piensa que tales explicaciones no son ni posibles ni deseables. Pero es consustancial a la naturaleza humana la irrenunciable vocación de habitar en un mundo comprensible. De ahí que cualquier fenómeno que escape a toda posibilidad real de explicación en los términos propios del paradigma científico vigente (en un contexto dado) se vea o bien cuestionado como realidad o bien dotado de sentido por vías alternativas: míticas, religiosas, poéticas, analógicas, filosóficas, etc.

        Los fenómenos astrológicos son, ciertamente, muy extraños. Por eso es que hay tantas personas que simplemente niegan que tales fenómenos existan. Y entre quienes los admiten son muchos los que se mantienen sumidos en la perplejidad, asombrados de que esto "que no debería funcionar" acumule, sin embargo, en la práctica diaria, evidencias observacionales a su favor. Entonces el mundo se les parte en dos. De un lado, ese universo cotidiano de apariencia tranquilizadora y previsible, sobre cuya naturaleza y funcionamiento se ponen fácilmente de acuerdo con sus vecinos -siempre que no haya entre ellos un filósofo. Y de otro lado, esas extrañas fuerzas disímiles que parecen operar según sus propias reglas, perturbando a su antojo el "buen orden" de las cosas "bien conocidas".

        Si, a falta de una explicación cabal, podemos, al menos, imaginar un modelo conceptual de lo que podría estar pasando, habremos ganado algún terreno en orden a la restitución de nuestra experiencia como un cosmos integrado, siquiera en sus líneas maestras.

        Uno de estos modelos puede derivarse de la teoría ondulatoria. Pero insisto en que, bajo mi punto de vista, es prematuro proponerlo como explicación científica. Por ello me contento con presentarlo como una simple analogía, que nos permitirá, por ejemplo, describir ciertos fenómenos astrológicos diciendo que se comportan como lo haría un tren de ondas.


       
ANALOGÍAS ONDULATORIAS.

        1. Incidencia de un agente perturbador en un medio de propagación. Nodos y otros puntos críticos.

        El comportamiento de los fenómenos de tipo ondulatorio suele ilustrarse a nivel macroscópico con el ejemplo de lo que sucede cuando arrojamos una piedra a las aguas tranquilas de un estanque. El impacto genera sobre la superficie una vibración que se extiende en forma de ondas concéntricas con perfil sinusoidal.

        Esto guarda cierta semejanza con la forma en que conceptualizamos algunos sucesos macrocósmicos de repercusiones decisivas para la astrología.

        Desde una perspectiva geocéntrica, consideremos el plano en el cual se integra el ecuador celeste como círculo máximo. Este plano, que en principio es sólo una abstracción, podría, no obstante, corresponderse con algún tipo de campo de fuerza generado por el movimiento de rotación terrestre. Tal plano ecuatorial es cruzado por el Sol, en su aparente movimiento anual en torno a la Tierra, dos veces por ciclo, en ambas direcciones: de sur a norte, en el Punto Vernal o cero Aries; de norte a sur, en el Punto Otoñal o cero Libra.

        Estos "impactos" podrían generar una perturbación ondulatoria en ese supuesto campo de fuerzas, la cual podría tener algo que ver en la conformación del zodíaco tropical (en este caso, medido en Ascensión Recta).

        Tomemos ahora la eclíptica como círculo máximo inscrito en un plano. Igualmente este plano, en principio, es sólo una abstracción; pero podría corresponderse con algún tipo de campo de fuerzas generado por el movimiento de traslación terrestre. El plano eclíptico es atravesado por la Luna en dos puntos: el nodo norte y el nodo sur. Desde ahí podrían generarse perturbaciones ondulatorias que tuvieran algo que ver en la conformación del zodíaco dracónico.

        Lo mismo ocurre con los demás planetas, cuyos nodos pueden tomarse como origen de otros tantos zodíacos.


        2. Constancia de longitudes de onda, zodíacos intelectuales y otras divisiones uniformes de los círculos de referencia.

        Las divisiones en partes iguales de la eclíptica -o de otros círculos de referencia-, tales como signos del zodíaco, decanatos, mansiones lunares o secuencias armónicas, se corresponden bien con la constancia de las longitudes de las diferentes ondas de una secuencia vibratoria típica. No obstante, este tipo de divisiones suelen concebirse como uniformes o rectilíneos, en el sentido de que dentro de cada división cada uno de sus puntos es igual a cualquier otro; carecen, por tanto de modulación o variación de intensidad progresiva. Miguel García (op. cít.) se refiere a ellos como "caminos fermiónicos", valiéndose de una analogía tomada de la Física de Partículas; los contrapone a los "caminos bosónicos", que básicamente identifica con los aspectos astrológicos. Los aspectos tienen orbe, es decir, van de tantos grados antes de cierto punto a tantos grados después del mismo; en cierto modo, también ellos definen sectores; pero las áreas de acción de los aspectos presentan dos importantes diferencias con respecto a las divisiones típicamente sectoriales. En primer lugar, se admite generalmente que un aspecto es tanto más fuerte cuanto menor sea la distancia que separa a ambos planetas del ángulo exacto en que consiste; esa particularidad permite representarlos gráficamente como funciones de intensidad con apariencia ondulatoria. En segundo lugar, los aspectos (al menos los de un mismo tipo, serie o familia) no cubren la totalidad del espacio disponible, es decir, dejan espacios libres entre unos y otros.

        Por su parte, la escuela Huber ha desarrollado una concepción "bosónica" de signos y casas, asignándoles curvas de intensidad.


        3. Bidireccionalidad de las ondas respecto de un referente lineal, puntos reflejos y medios y técnicas conversas.

        Volviendo al ejemplo inicial, consideremos un estanque en cuya superficie flotan centenares de pequeños objetos. Fijémonos en dos cualesquiera de ellos que no mantengan entre sí ningún tipo de vínculo especial, ni de contigüidad ni de ninguna otra clase; digamos una pajita y un pequeño fragmento de corcho a medio metro de distancia uno del otro. Si arrojamos en vertical una piedra justo en medio de ambos objetos, la ondulación resultante los elevará a los dos al mismo tiempo. Quedarán en ese instante comunicados por la onda circular de la cual serán extremos opuestos de uno de sus diámetros. Si prolongamos indefinidamente este diámetro por ambos extremos, los diversos objetos situados en esa línea, equidistantes del lugar del impacto, irán siendo puestos en comunicación por la onda expansiva sucesivamente, según un ritmo regular.

        Esta imagen nos brinda un modelo formal que, al menos, sugiere un posible fundamento para algunos elementos y técnicas de la astrología.

        En primer lugar, los puntos reflejos, conocidos como antiscios y contrantiscios, equidistantes de las posiciones que ocupa el Sol al comienzo de las estaciones. Los contrantiscios, en particular, son justamente los pares de puntos por los que sucesivamente se desplegaría sobre la eclíptica una onda nacida de un impacto sobre el punto vernal o su opuesto (tal vez el impacto del Ecuador Celeste, o bien el del Sol sobre este Ecuador, si los medimos en Ascensión Recta).

        En segundo lugar, los puntos medios son precisamente aquellos lugares de la eclíptica tales que si de ellos naciese una onda, ésta pondría en comunicación a los dos factores usados para definirlos.

        En tercer lugar -y esta es la más interesante y, al mismo tiempo, la más problemática de las analogías basadas en la bidireccionalidad- las técnicas conversas encuentran aquí una posible justificación.

        Imaginemos el tiempo como una línea tal que para cualquier punto de ella los segmentos precedentes se entiendan como pertenecientes al pasado y los subsiguientes como pertenecientes al futuro, siempre en relación a ese punto [v.NOTA 4]. Supongamos que un impacto en un punto cualquiera de esa línea pudiera originar una onda o vibración bidireccional, tal que cada punto temporal subsiguiente quedase conectado con el punto precedente equidistante del origen [v.NOTA 5]. El resultado sería exáctamente el que se necesita para justificar la eficacia de los tránsitos conversos: el milésimo día posterior a un nacimiento, por ejemplo, quedaría conectado con el milésimo día anterior a un nacimiento. Esto posibilitaría un trasvase entre las cualidades propias de ambos momentos.

        Ahora bien, semejante línea temporal estaría muy lejos de coincidir con un tiempo lineal tal como lo concibe la filosofía de inspiración judeo-cristiana. Esta nunca autorizaría que un momento cualquiera de su desarrollo secuencial pudiera reactivarse en otros. Menos aún la insólita consecuencia -que es consustancial a nuestro planteamiento- de que el pasado pudiera recibir información o modificaciones desde innumerables momentos del futuro.

        Y por esto, porque vivimos inmersos en una cultura impregnada hasta la médula de judeo-cristianismo, es por lo que nos parecen tan inconcebibles las técnicas conversas usadas por la astrología. Aunque es justo reconocer que tampoco el tiempo circular de los griegos y otras culturas contempla la bidireccionalidad.

        Una dificultad añadida estriba en que parece que la manera más natural de entender los procesos ondulatorios es aplicándolos sobre relaciones espaciales objetivas, pero los tránsitos conversos se ocupan de relaciones temporales entre vivencias subjetivas.

        Intentar penetrar en estos misterios no entra en los objetivos de este trabajo. Nos contentaremos con apuntar el dato de que la astrología parece conservar en algunas de sus técnicas un modo de entender el mundo en el cual espacio y tiempo son, de alguna manera, interconvertibles
[v.NOTA 6]; y donde el sujeto y el objeto participan de una naturaleza común, tal como en Spinoza pensamiento y extensión son dos atributos o modos de manifestación de una y la misma sustancia.

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[NOTA 1] Demetrio Santos, Investigaciones sobre Astrología, Ediciones Ciclos del Cosmos, Madrid, 1999 (1ª edición, Editora Nacional, 1978). [ Continuar la lectura ]

[NOTA 2] John Addey, Harmonics in Astrology, Fowler, 1976. [ Continuar la lectura ]

[NOTA 3] Miguel García, Suite Armónica, Cuadernos de Investigación Astrológica, nº 6. Ramses Ediciones, 1997. [ Continuar la lectura ]

[NOTA 4] Estos conceptos -"pasado" y "futuro"- son enormemente problemáticos en este contexto, como se entenderá por lo que sigue. Quizá sería mejor no haberlos utilizado, pero, de momento no se me ocurren otros mejores. En cualquier caso, no deben tomarse en su estricta literalidad. [ Continuar la lectura ]

[NOTA 5] También aquí el término "impacto" suscita dificultades, ya que algo que impacte en el tiempo tendría que proceder del exterior del mismo. Podría hablar de "algo que surge", "un movimiento interno" o cosas similares, para ahorrarme complicaciones, pero mantengo "impacto" para que la analogía quede clara. El lector puntilloso puede hacer las sustituciones que crea oportunas. [ Continuar la lectura ]

[NOTA 6] En realidad, los procesos ondulatorios son vibraciones, es decir, movimientos que se expanden en todas direcciones, y no relaciones espaciales estáticas. Que la conciencia de la persona que irrumpe en el mundo al nacer disponga de recursos con propiedades cuasi-vibratorias abre una fascinante vía a la especulación y a la investigación. El estudio de acontecimientos históricos prenatales puede usarse para iluminar vivencias o estados de ánimo posteriores. [ Continuar la lectura ]