NOVEDADES DE ARTHISTORIA

Bueno, pues recién casi salidos del cine, vamos a hablar de la nueva incursión quijotesca de Manuel Gutiérrez Aragón: El Caballero Don Quijote.

SON EXCUSAS PARA OTROS, NO PARA MÍ.

Yo fui seguidor impenitente de la serie que a principios de los 90 hiciera este mismo director, los famosos Trancos, para recrear la primera parte del inmortal clásico cervantino. Lo reconozco. Los tengo grabados y sufro porque sé que las cintas empiezan a flaquear ya. Puede que hasta me lo compre. Y aquí es por donde vengo a hablaros de las series de la Primera de TVE, especialmente por lo que la relaciona con nuestra impresionante tradición literaria, e incluyo HispanoAmérica. De todos es sabido que la BBC inglesa se caracteriza por complacerse en producir excelentes series basadas tanto en la literatura británica más clásica (David Copperfield, la serie Jane Austen, etc..), como los mejores coetáneos (Robert Graves y Yo, Claudio), o incluso los más talentosos de los presentes guionistas (no hay más que recordar la celebradísima y larguísima serie Arriba y Abajo, escrita en su mayor parte por una de las entonces jóvenes actrices, Jean Marsh, y que es una guía inmejorable para recorrer la historia del Reino Unido en el primer tercio del siglo XX). Este ha sido el caso sólo a ratos de nuestra televisión pública (incluyo a la 2, claro). Si podemos citar otras épocas (los especiales teatrales de los 70 y 80, Fortunata y Jacinta, el sabio batiburrillo que hizo Fernán Gómez con la picaresca), o la presente actualidad (la  nunca poco ensalzada Cuéntame cómo pasó), como buenos ejemplos a comparar, la cosa no pasa de esporádica e insuficiente. 

En el cine viene a suceder tres cuartos de lo mismo, con las honrosísimas excepciones de Garci (sin pasarse), la para estas cosas visionaria Pilar Miró, o el hombre que nos ocupa hoy, Gutiérrez Aragón, que a decir propio, salda en la película una deuda de su más íntima afectividad con la magnífica obra de Cervantes. Hablemos ya de la película no sin antes decir que este déficit de producción comentado no tiene excusa, o si la tiene "son para otros, no para mí", que dice un líricamente moribundo Juan Luis Galiardo. ¿Quién puede decir, por ejemplo, por qué nadie se atreve a coger el toro por los cuernos con La Vida es Sueño, o El Sí de las Niñas, o el teatro lorquiano..?

Si la serie era divertida y tierna, la película es crepuscular, como corresponde, y más poética, de la mano de un Quijote grande, a ratos más abandonado al fuego de su locura, decepcionado y recalcitrante. El Sancho de Carlos Iglesias pasa por igual de la ternura al gracejo, con esas caras de pillastre que capea como puede los 3000 azotes de la discordia, y de ahí a las querellas violentas con su señor. El final se resuelve en escenas de gran belleza en las playas de la Mar de Barcelona. Allí, el caballero es como nunca de la triste figura. Como la España de la época, que el gran Pierre Vilar ha bautizado quijotesca, el caballero de  armadura abollada y figura ridícula va a su último combate sin esperanza, como el soldado de Rocroi que dijo al francés que contara los muertos si quería saber a cúantos había vencido. No pude evitar pensar en Pérez Reverte y en su fiera herida y majestuosa que era la España (perdón, "este país") del XVII, el mundo de la sinrazón, el siglo del Quijote. Una escena emocionante.

Poco más puedo deciros que no sea que eché de menos algunas escenas como la de Clavileño o la del juicio del gobernador Panza,..recomendarla, y añadir que la BSO de José Nieto es, como de costumbre, magnífica. Ojalá cunda el ejemplo de Gutiérrez Aragón..Viva por siempre Dulcinea, allá donde esté y sea quien sea..

Florestan

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