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Esta sección está dedicada a obras maestras del Séptimo Arte basadas en clásicos literarios, eso aún hay que remarcarlo, creo. Vamos a por una nueva etapa de nuestra andadura, aún con pasos infantiles, claro. Cuando muchos andábamos, precisamente, recién salidos de la infancia, nos sentimos impactados, algún viernes por la noche seguramente, con el encanto de la película literaria que hoy nos va a comentar Erda: Excalibur, de John Boorman. Y lo va a hacer, y más de uno estamos agradecidos, con un ojo puesto en Wagner. Disfrutad. |
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Algunas frases. Donde se mezclan todas aquellas cosas que siempre hemos buscado. Cabalga!
Cabalga! "El futuro
se ha sembrado en el presente... se ha cumplido". Y la mirada de
Merlín, perdida desde dentro y como viendo más allá de las cosas que
los demás podemos ver, es terrorífica. Porque Merlín sabe que el
destino acaba de jugar una baza poderosa. La mirada de Merlín se nos ha
perdido en el infinito, mientras Arturo es engendrado, en virtud de un
engaño, en un acto de fuerzas desencadenadas, que trasciende la carne,
que trasciende la voluptuosidad de la danza del deseo... es la propia
pasión de la naturaleza engendradora de vida la que da la luz a Arturo,
la que pone en marcha la rueda de la Fortuna... ¡ Oh, Diosa! acaso
puedes tú detener la rueda que gira y gira ? Es bajo la mirada inquisitiva de una Morgana niña, cuando Merlín reclama su patrimonio: el niño engendrado por un propósito, que se hará hombre y cumplirá y deseará cumplir para sí mismo el propio sueño de Merlín. Oh, sí, Morgana, el último vestigio de los poderes atávicos de la Tierra... "Pero ¿ y el Poder ?". ¿ Dónde queda el Poder, si en virtud de un plan concebido por amor a una raza y a una tierra, un hombre es capaz de sacrificarse a sí mismo, de dar hasta la última gota del aliento de su poder? Y Morgana se consume a si misma en el fuego del Dragón. Bajo la atenta mirada del mago, el niño crece hasta ver convertida en una feria de circo la lucha ingenua por el símbolo de un poder de juguete. Arturo todavía no entiende, como no entienden los pequeños señores, la mezquindad de sus miras. Hará falta encontrarse con la mirada de diamante del dragón, sentir su hálito, probar su sangre, para que parte de la sabiduría de la Tierra pueda revelarse. Y así nos encontramos con una especie de Sigfrido que sí conoce el miedo, mientras en una noche envuelta en las brumas del inicio de los tiempos, vela el sueño sapiente de su mentor : "Duerme, descansa en los brazos del Dragón... ¡sueña!". Y el dragón, que es la Tierra, "Excalibur es parte del Dragón, también", que es el poder de la propia Tierra, habrá de revelarse a Arturo para que conozca al fin su destino. Y Arturo sueña nuestro mismo sueño, ese sueño que otros también han tenido, ese sueño que aún no sabemos si habrá de cumplirse alguna vez: establecer un nuevo orden de las cosas, en el que la armonía con la tierra pueda generar unidad en el poder y unidad en el amor. Arturo, en brazos del dragón, sueña con esas melodías nuevas que el Dios soñó para nosotros en el final de su Ocaso. Una Tierra, un Rey. Pero tú no viste a Erda, sino a la Dama del Lago. Y la Dama del Lago es compasiva con los errores humanos, y está dispuesta, a despecho de la tierra inmisericorde, a conceder una segunda oportunidad. ¿ Hemos derrotado el mal? Y atrás, los cuervos negros de Wotan: Pensamiento y memoria, aletean en espera de noticias. No, no hemos derrotado el mal, el fruto cae para que las semillas puedan enterrarse y germinar, insuflado el hálito arrebatador del seno generoso de una tierra. Pensamiento, memoria. Y Verdad. Verdad: Lanzarote: "aún no he encontrado un Rey digno de mi espada". Erguido, a la cabeza del puente, sin soberbia ni falso orgullo, sólo con la firmeza casi humilde del que defiende la verdad simple, llana. Con esa tristeza infinita del que no tiene más caminos que recorrer que el que ve claramente ante sus ojos. El hombre que cometió un único pecado, el más grande de todos: el amor... nuevamente caíste por amor en esa trampa que teje el destino para evitar el fin último. No, Lanzarote, no eres tú el elegido, igual que tampoco lo fue otro hijo predilecto, porque tú has despreciado el poder, y te has entregado al amor y oh!, Fortuna, la rueda que gira y gira no la mueve el amor ignorante de los poderes seculares de la Tierra. Al igual que Sigfrido, te entregaste ciego y sordo al amor. Y la tierra es vengativa. Oh, esa mirada cargada de destino cuando Lanzarote despierta arrebatado a la muerte por un conjuro hecho de Tierra y de hálito de Dragón... La verdad también nos redimirá. Y la Fe. "Dios, sálvame de mi mismo!" "Sólo el Grial os redimirá, ¡ buscad ¡ ¡ buscad ¡". No renunciaré a la esperanza... es lo único que me queda". Y al fondo, como un contrapunto que nos eleva por encima de las brumosas costas de la Bretaña mítica, se escucha el tema de la Fe, tal y como lo reconoceremos ya para siempre en nuestros corazones, y Parsifal, que no se ha entregado al amor ni se ha entregado al Poder, quizá sea quien pueda retomar en sus manos la misión última de redención... Dime, "¿ a quién sirve ?". "Tu fe me ha hecho venir, y vengo por amistad". Es la Fe la que despierta a Merlín de su sueño cristalino en las entrañas del Dragón. Y se hace la Primavera mientras Arturo cabalga hacia su destino ( Oh, Fortuna ). Y al fin, la batalla final (Oh!, Fortuna ), Lanzarote ha vuelto (Oh!, Fortuna ). Tu fe, oh, el mejor de los hombres: el que es hombre y ama y asume su parte en el Poder. Y mientras padre e hijo se funden en un abrazo mortal, ante el inmenso sol del ocaso, Sigfrido muere. Y mientras el sol rojo de sangre se va fundiendo en el Ocaso de un mundo que desaparece para que pueda emerger otro distinto y nuevo, Sigfrido muere, y los compases lloran desconsolados en la marcha fúnebre más sublime que haya podido salir jamás de la mano de un mortal. Sigfrido muere, y el corazón se nos desgarra de dolor mientras Arturo cae bajo el sol del Ocaso, y quizá sea necesario que ambos mueran para poder dar lugar a una nueva era. Pero mis lágrimas son infinitas mientras escucho a Arturo y a Sigfrido dejarnos para siempre. Busca un lago de aguas tranquilas donde llevar mi Espada. Miraré al infinito mientras la barca que lleva el cuerpo muerto de Arturo se aleja. Busca un lago de aguas tranquilas. Allí encontrarás a la Dama, y podrás devolver el don. Lo que había de hacerse, ya está hecho. Esperaré en orilla, con la mirada fija en el ocaso, a que el nuevo sol de una nueva era aparezca por el Este, tras de mí, y entonces podré cantar con alegría, porque cuando lo sienta por fin levantarse a mis espaldas, sabré que Arturo sonríe, que se cumplieron los designios del dios. Erda |
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