|
La vida moderna y sus cambios de escenario es un problema que ya es historia. De eso y algo más viene a hablarnos Shavatska con su comentario a la novela Dientes Blancos de Zadie Smith, llevada ahora en Inglaterra a la televisión de gran éxito. A ver cúando la vemos por aquí. De momento, he aquí un aperitivo (sin miel,claro). |
||||||
|
DIENTES BLANCOS WHITE
TEETH de Zadie Smith es una novela de la que se habló muchísimo en Gran
Bretaña, y en general en el mundo anglosajón, durante el 2000 y el 2001.
A tierras españolas, llegó la temporada 2001/02 ,de la mano de la
editorial Salamandra (Dientes blancos). Esta autora está de nuevo de
actualidad porque acaba de publicar, con gran expectación, su segunda
novela The autograph man ; y además, porque en octubre
se ha emitido en el canal 4 de la BBC la versión televisiva de
“Dientes Blancos”, con un gran éxito de audiencia. Zadie Smith es una londinense, de madre jamaicana y padre inglés, que nació -y aquí está sólo uno de los asombrosos detalles de la obra- en 1975. Así que echen cálculos. Y para más pasmo, decirles que la novela ya estaba vendida antes de su terminación por una cifra astronómica, a una autora sumamente joven y desconocida que no había publicado antes. ¿De dónde salía tanta expectación y tanto interés por parte de los editores? Un interés y una expectación a la que respondió, sin ningún asomo de duda, ya no sólo el público lector y los ambientes literarios, sino la sociedad inglesa en general, (serie de televisión incluida). Todo parece indicar, por lo tanto, que se trata de mucho más, que del tirón que pueda tener una autora mujer, negra, joven y atractiva. “Primera
hora de la mañana, último cuarto del siglo, avenida Criklewood. A las
seis y veintisiete de enero de 1975, Alfred
Archibald Jones se encontraba de bruces sobre el volante de un
familiar Cavalier Musketeer inundado de dióxido de carbono, vestido de
pana y confiando en que no fuera muy severo el juicio que le aguardaba.
Tenía la mandíbula laxa y
los brazos en cruz como un ángel caído; en un puño(el
izquierdo)apretaba sus medallas al mérito militar, y en el otro(el
derecho), su certificado de matrimonio, ya que había decidido llevar
consigo sus errores. Ante sus ojos parpadeaba una lucecita verde,
anunciando un giro a la derecha que Archibald había decidido no hacer.
Estaba resignado. Estaba preparado. Había
lanzado al aire la moneda y acataba con entereza su veredicto. Era
un suicidio a cara o cruz. En realidad, era un propósito de Año Nuevo [...]. Así comienza la versión en castellano de Dientes blancos. Archie Jones, excombatiente en la Segunda Guerra Mundial y de clase trabajadora, nos da la bienvenida, precisamente con su intento de despedirse de la vida. Pero no se dejen engañar, no estamos ante un relato de angustias vitales y grises búsquedas de uno mismo. “ Archie Jones quería suicidarse porque Ophelia, su esposa, una italiana con los ojos de color violeta y un poco de bigote, se había divorciado de él...” Estas pequeñas muestras nos dan a conocer ya los medios por los que el hilo de la narración atrapa a los lectores: energía y una voz marcada, más que por la fría ironía, por la intención de mostrar lo “extravagante” y lo paradójico de la mayoría de las cosas más importantes de la vida. Archie Jones es salvado por un carnicero musulmán que habita en el barrio, el de Willesden, y a partir de ahí, la novela nos cuenta cómo han ido a parar a ese barrio los miembros de las dos familias, al lado de las cuales vamos a ir viviendo las tres últimas décadas, los 70, 80 y 90 en ese barrio de la ciudad de Londres. Se trata de la familia de Clara, hija ilegítima de una jamaicana y un inglés, y Archie Jones, con el que se casa tras reponerse de la crisis que casi lo lleva al suicidio. Clara pierde de joven la parte delantera de su blanca dentadura, lo que le da un singular aspecto, tras la recomposición. Tras su matrimonio con Clara, los Jones se instalan en Willesden y allí Archie se reencuentra con su antiguo amigo, Samad Iqbal. Los dos habían compartido un regimiento, no precisamente el de los más brillantes y valorados soldados, durante la Segunda Guerra Mundial en las filas del ejercito británico. Este regimiento sufrió un ataque en Rumanía, al que sólo sobrevivieron ellos, y un intrigante episodio que traerá consecuencias al final de la novela. Y encontramos ,así, la otra familia, la de Samad y Alsana Iqbal, dos bengalíes, no indios, como continuamente se ven obligados a aclarar, y además musulmanes. Alsana y Samad se casaron sin conocerse, a través del matrimonio pactado entre sus familias. Cuando Alsana llega a Londres, tras las mieles de los primeros tiempos, sale a la luz un fuerte carácter, que se debate entre la sumisión debida al marido impuesta por la tradición y el Islam y la fuerza arrolladora de un temperamento endemoniado. Un genio que también sufrirá la misma hermana de Alsana, lesbiana y feminista, que, para más inri, también vive en Londres con una inglesa. En el seno de estos dos hogares, asistiremos a escenas extravagantes y un poco desquiciadas , en las que el humor no es un fin, sino un medio a través del cual vemos, como señala la autora, que el final del siglo XX, ha sido, sobre todo en las grandes ciudades europeas, el del gran experimento de la inmigración. Los problemas de identidad de la segunda generación, los hijos, causados involuntariamente por los padres, no tardan en aparecer. La hija de los Jones, en la adolescencia sufrirá varias angustias. Entre ellas la de ser una niña inteligente e inquieta, atrapada en un cuerpo con demasiados quilos, con un pelo demasiado rizado (que veremos chamuscar en la peluquería afro del barrio), y en una familia en la que no encontrará el nivel “intelectual” (su padre es sólo un “worker class”) de la familia de un compañero de la escuela; una familia de padres ex-hipies y universitarios: ella, escritora y madre, modelo pedagoga avanzada, él, judío e investigador genético. Especialmente interesantes son las inquietudes de Samad, cuya preocupación máxima es la de ser un buen musulmán. Mientras vamos conociendo sus obsesiones, somos testigos de un estilo de vida que no puede escapar a las condiciones del entorno. Para Samad, el mejor rato del día es el que pasa en un pub irlandés regentado por un musulmán, y en el que, frente a varias cervezas (y alguna que otra salchicha), se reúne con su amigo Archie. Pero también la concupiscencia occidental asedia al pobre Samad. Uno de los momentos más intensos de su vida es la breve aventura que tiene con la muy inglesa y muy pelirroja, profesora de música de sus hijos. Pero el gran problema de Alsana y Samad son sus hijos, unos gémelos, distintos como la noche y el día que se rebelan, cada uno en una dirección, contra las formas culturales con las que conviven. En las entrevistas a Zadie Smith, una de las cosas que más llama la atención es el gran rechazo que siente la autora ante las grandilocuentes etiquetas y las definiciones altisonantes que tanto se estilan en los ambientes literarios. Cuando le preguntan acerca de si se tiene como una cronista del Londres multirracial, ella responde irónicamente, rechazando de plano ese papel. Señala que su novela no retrata al hombre negro actual, como ninguna otra sola novela retrata al hombre blanco actual. Quizá, como revulsivo ante estas etiquetas, la autora declara cosas como que le importa más el estilo que el argumento; que la novela no tiene nada de autobiográfico o que lo que a ella le interesa es la literatura. Ante lo que yo creo que reacciona la autora, es ante el riesgo de encasillamiento, del peligro de relegar su novela a un compartimiento estanco de la realidad. Y es que a mi entender, el tema principal de la novela, no es el de la multiculturalidad, sino el de la identidad. Pero no desde el punto de vista metafísico, sino desde el punto de vista de los referentes a ras de tierra, de los que la mayoría de los mortales no nos podemos deshacer. El principal problema de los personajes no es saber quiénes son, sino de dónde son. Pero no es sólo un problema de los que llegan de otras culturas, sino también de los que los reciben. Hasta no hace mucho, durante un largo periodo de tiempo, ser británico o ser bengalí llevaba directamente asociado un color de piel, una lengua, una alimentación...y, cuando todo eso se comenzó a desdibujar, colonialismo mediante, al menos quedaba la pertenencia a una tierra. ¿Pero qué está pasando en nuestro viejo mundo desde finales del siglo XX? ¿Qué es ser británico? ¿o francés? O mejor, ¿dónde está Londres? ¿ Y Jamaica? En algunas de las reseñas del libro se habla de que en él, Londres aparece como un “caos” o como un laberinto. Quizá, lo que ocurre es que la imagen que de Londres aparece en la novela, no es la de los emigrantes, sino la de unos londinenses que no hacen sino devolver una visita que antes le hicieron los anfitriones. La cuestión es, que es difícil deshacerse de tanto equipaje que trae uno de su tierra; entre otras cosas porque nos hace darnos cuenta de que hemos venido para quedarnos. Mientras buscaba información acerca de la serie de televisión, encontré que la cadena que la emitía vendía la banda sonora de la serie. Ésta no era sino una recopilación de canciones que hicieron historia, nunca mejor dicho, en los 70, 80 y 90. Esto me trajo a la memoria el gran éxito, aquí en España, de la serie “Cuéntame”. Como lo fue en su día en E.E. U.U. “Aquellos maravillosos años”. Quizá estamos en ese momento en el que, al cambiar todos los puntos de referencia, volvemos la mirada hacia el lugar al que pertenecimos en el pasado. El artículo acerca del nihilismo en este mismo número de Arthistoria, habla del momento en que la sociedad occidental perdió la fe en el conocimiento y en la estabilidad de las cosas y que eso abonó el advenimiento del fascismo. Yo creo que el fascismo, desde este punto de vista, fue una respuesta tramposa a una pregunta que no era ¿quiénes somos?, sino más bien ¿de dónde venimos? La novedad y la fuerza de “Dientes blancos” es la de reflejar cómo el espacio en el que vivimos, es a la vez resistente y movedizo; cómo el tiempo se divierte con nosotros, cambiándonos de sitio los muebles. Y lo que es más importante, cómo eso nos afecta a todos: a los que estábamos, a los que nos fuimos, a los que llegamos, a los que nos quedamos... Shavatska |
||||||
Para cualquier consulta sobre el sitio
|
||||||
|
|
||||||