NOVEDADES DE ARTHISTORIA

Varias cosas tenemos para vosotros. Un comentario de la interesante "El Laberinto del Fauno", para acabar. Por otro lado, tenemos Alatriste y tenemos Los Borgia. Dos grandes superproducciones históricas. Historia de España que no es la Guerra Civil. Eso ya es un logro. ¿Quizás habría estado bien mandar una de ellas a los Oscar en vez de Almodóvar? ¿Hay cine español más allá de ponerle velas a The Christ of Medinaceli? Santiago Delgado nos habla de Alatriste y Shavatska de Los Borgia y del problema más general, en la sección de Cine Histórico y Literario.

 

Alatriste fílmico

 

            Ya he ido a ver Alatriste. Reconozco que fui con prejuicio: las cuatro o cinco aventuras de golpe, así como el cambio al lenguaje cinematográfico, me hacían ser desconfiado. He de decir que la desilusión no fue total. Lo cual es un elogio. Pero fue desilusión, que conste. Me dice Y, periodista de buen olfato, que se nota que los actores, mayoritariamente encuadrables en el pancarterismo izquierdoso militante, no son muy adictos a la idea de España que se defiende, de manera paradójica, a la vez firme y difusamente, en la creación perezrevertiana. Y lleva razón. Por lo menos algo de razón. No cuadra ver al progre Echanove haciendo del ultraderechista y reaccionario Quevedo... No es una película especialmente pensada para el colectivo de actores bardemiano. No.

            Pero bueno, la peli, desde luego, es larga. Yo miré el reloj justo a la hora de empezar. Malo. Luego me olvidé. Bueno. Y vamos con lo más sustancial de mi crítica. Alatriste es un fenómeno literario de aventuras, de lance, de peripecia, de huida, de salto, de intriga… en un 80%; mayoría absoluta casi aplastante. El 20% restante, sí, es esa teoría del héroe cansado revertiana. Una teoría que tiene dos fundamentos: por un lado la fuerte impronta española de huir de la frivolidad, acercándose siempre a lo trascendental. Una variante algo. Es muy difícil para un escritor español desdecirse del todo, por completo, del sentimiento trágico de la vida que dijo Don Miguel de Unamuno. Eso, decimos, de una parte. De otra, cierta influencia exógena de los héroes mejores de la novela negra norteamericana, poblada toda ella de investigadores sombríos con una soledad muy profunda, ¡y cinematográfica!, tipo Bogart o así. Bien, se lo repito: cuatro partes de batallitas y una parte de alma.

            Sucede que en la peli lo han hecho al revés: cuatro partes de preocupación existencial histórica y eso, y una parte de espadachines y aventuras. Muy bien, es la elección  del productor. Otra cosa es el Alatriste de cada uno. Cada lectorcillo tiene su librillo. Desde luego, que Viggo Mortensen está excelente, pero está más al servicio de la tristeza del personaje, no del personaje mismo en sí. Obvio es decir que la tal tristeza está en el guión. Custiono eso exactamente, el guión. Ariadna Gil sobreactúa. Ella cree que nos muestra la alegría femenina de la cómica enamorada de Alatriste, y lo que en realidad enseña es el gozo de haber sido elegida ella, Ariadna Gil, como actriz, para ese papel, en el reparto. O sea, que siempre es Ariadna Gil. Lo cual no es de lo que se trata, claro.

            Otra cosa: la lluvia. Blade Runner está al fondo. Nada mejor que una intensa lluvia para transmitir en la sala oscura esa épica sensación tan lírica. Muy bien escogida la influencia fílmica, pero España es otra cosa., ¿no? Incluso hay más nieve que sol.  Falta sol, aunque estemos en Flandes. Y por último, me gustó, aunque a muchos les haya chirriado, la negativa final, ante los franchutes, del Tercio Viejo de Cartagena -me emocioné al leerlo- a la invitación a rendirse del Conde de Enguin en Rocroi, sobre el campo de trigo recién cosechado del mes de Mayo. Como de Agustina de Aragón; con un par. Por cierto, sol en los amenes imperiales hispanos, y lluvia y frío en las calendas triunfales. LO dicho, el mundo al revés.

            Por supuesto, no va a los oscars. Alatriste, que nació con vocación de agilidad cinematográfica, tiene que conformarse con perderla en aras de un guión con naturaleza de película de tesis. Error, craso error. Vale

Los Borgia, eso fue; pero no así

            La película, gran producción española. Casi bien la restauración de la época, salvo algún barroco escapado por alguna escena. Y, oh desastre, hasta algún neoclasicismo arquitectónico. No importa. Todo cabe en la época. Todo, menos el lenguaje. Y no hablo de los idiomas. A mí me hubiese gustado escuchar valenciano, italiano, latín, por supuesto, y haber dejado el castellano, aún no español, para el momento sublime en que Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, lo detiene en tierras de Nápoles, donde ha ido engañado por el mismo Papa Della Rovere. Hablo de mentalidades. No aparece el cinismo ni la hipocresía por ninguna parte. La corrupción es clara y manifiesta. Y no era así. La maldad se producía sutil, velada. La ambición que se muestra en la película es cutre y espectacular. Apoyada en un lenguaje moderno que echa por tierra cualquier intento de sublimar la acción. El tuteo incesante, la manifestación de los deseos tal cual, sin inteligencia alguna, degradan la película, la época y el esfuerzo mismo de producción. Alejandro VI no era Al Capone. Era mucho más malvado, cierto, pero se gastaba otro talante. No hay nada de refinamiento en las disputas con los Orsini, Colonna, Sforza, Della Rovere… Manca finezza,. Lo dicho: fue eso, pero no así.

            Una sorpresa, que no puedo dejar pasar sin más. Salté de la butaca cuando escuché el nombre de Olverrotto de Fermo. No podía ser otro sino el Oliveretto de Fermo de Manuel Machado. Yo creí, en mi ignorancia, que era una invención del poeta sevillano. Recordemos el poema:

OLIVERETTO DE FERMO, DEL TIEMPO DE LOS MÉDICIS(-A Ricardo Calvo-)

            Fue valiente, fue hermoso, fue artista. / Inspiró amor, terror y respeto.  //  En pintarle gladiando desnudo ilustró su pincel Tintoretto. / Machiavelli nos narra su historia de asesino elegante y discreto. / César Borgia lo ahorcó en Sinigaglia... / Dejó un cuadro, un puñal y un soneto.

            Oliveretto es uno de los conjurados que César Borgia, anticipándose a ellos, prende en el pequeño pueblo romano de Sinigaglia. Por cierto, el cronista de este suceso, ya lo dice Manuel Machado, fue, nada menos, que Nicolás de Maquiavelo. Un lujo.

            Y un lujo escuchar el nombre de Lorca, Ramiro de Lorca, alcaide de la misma Sinigaglia, decapitado por el propio Borgia. Personaje histórico. Debió ser servidor de los Borgia. Alejandro Borgia fue nombrado Obispo de Cartagena, con residencia en Murcia; y ello, aunque jamás pisara tierra murciana. Acaso fue un cliente de los setabenses Borjas, luego Borgias, y marchara con ellos a Roma. El caso es que midió mal su traición, y acabó como se cuenta en la película.

            Otra familiaridad. El Gran Capitán embarca a César Borgia hacia España. ¿Desembarcaría en Cartagena? Su primera prisión fue Chinchilla. Murió en las guerras civiles navarras que antecedieron a la incorporación a Castilla del viejo reino. Vale

  Santiago Delgado

EL LABERINTO DEL FAUNO.

Aunque sé que no le es lícito al creyente,

a veces deseo que, en mitad de la congregación,

dios mande una señal, algo,

y así finalmente me haga decidirme.

The Divine Comedy “El Ojo de la aguja”. Traducción mala, pero espero efectiva.

            Esta es una película que vista con lupa permite cuestionarse por qué el malo no es un etarra sino uno de esos militares franquistas del confundir los cojones con comer trigo y del “esto lo arreglo yo con cuatro tiros”. Pensando mal no costaría mucho, y menos en estos tiempos, pero no sería de recibo hacerlo así. En 1944, España , una parte de ella, esperaba un milagro como el del verso que hemos elegido. La niña protagonista, Ofelia, también espera otro, que confunda a los malvados y restablezca el orden correcto. Con este doble mimbre, Del Toro teje una película muy hermosa, hermosísima a ratos, cosa a lo que ayuda la fotografía, la ambientación, los exteriores y las actuaciones impresionantes, entre las que destacaría, a bote pronto, la del Capitán (Sergi López), Ofelia (Ivana Baquero), el Doctor (Alex Angulo). y Mercedes (Maribel Verdú). Los efectos especiales son también muy destacables, por aquello de que la necesaria convergencia con EEUU se va consumando en este tema, aunque las dosis de violencia son menos imprescindibles y seguramente responden a la omnipresente cuota adolescentizante – permítasenos la palabra.

            Estéticamente, porque ya digo que del tema político no me da la gana hablar por desagradable,  ni gracias a las deidades selváticas venga aquí a cuento, creo que habría que destacar una cosa básica: el carácter arquetípico de los militares “nacionales” y los maquis que aparecen en la película. El Capitán, de pelo en pecho, fumador empedernido y coñaquero con título, usuario de un castellano abundoso en  dejes falangistas mal tenidos como madrileños por aquellos "que no saben ver" como “No me joda”; o los maquis, que cual ángeles vengadores descienden del monte liderados por Pedro, con su cara de héroe de la cartelística republicana. Más allá de la estética y sin llegar a la política, ya me pareció destacable en “El espinazo del diablo” la sensible atención de este director a un tema como la orfandad en la guerra civil, con su cortejo de noches frías, melancolía de ojos hundidos, secretos inconfesables y hambre. Poco más o menos lo mismo hace ahora, expandiendo el tratamiento del tema a una especie de “Historia Interminable” de la mitología cantábrica. Una historia interminable que, como no podía ser menos dado el naturalismo dominante en el arte hispánico, no puede sino tener el final que tiene.

            En definitiva, léase/véase o no, según a uno le apetezca entretenerse o no, que es lo que siempre decimos.

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