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En este número seguimos apreciando la fina ironía
de Luis Calero y además, aprovechamos para introducir, con Rosa Cáceres,
la poesía de Jose Millán Eslava, poeta del pueblo de Vallanca a quien no
podemos menos que abrir las puertas de nuestra revista. Como siempre, ya sabéis que esta es una sección de libre configuración, como
algunas asignaturas. Abierto para todos. Que lo disfrutéis. EL POETA JOSÉ MILLÁN ESLAVA José Millán Eslava escribe sus versos en un ambiente bucólico que los dota de un reposado sentimiento y un perfume clásico. El clasicismo de José Millán vendría dado por la raigambre ovidiana de su modus vivendi, que es aquel de quien ha seguido “ la escondida senda /por donde han ido /los pocos sabios que en el mundo han sido”. Estos versos de la “Oda a la vida retirada” de fray Luis de León, que se basa a su vez en el “Beatus ille” del gran Ovidio, parecen hechos para este magnífico poeta, grande en su poesía y aún más grande en su calidad humana. Vive José Millán Eslava en un pueblo de piedra en las fachadas y madera antigua en las balconadas, de aire frío y sereno y caminos deliciosos que transcurren entre nogales cargados de fruto y manzanos de olorosos pomas verdes y rosadas, escucha el rumor de agua corriente y pura en regatos sonoros y en su río Bohilgues. Su pueblo se llama Vallanca, su comarca el Rincón de Ademuz. Hace poco que tengo el privilegio de haberlo conocido y de haber leído sus versos, de los que destacaría la facilidad de su inspiración y la búsqueda de la perfección de métrica y rima junto con la brillantez de la constelación de adjetivos que maneja y la abundancia de figuras retóricas que son muestra de la elevación de su sensibilidad. La producción poética de Millán Eslava es considerable aunque inédita y podría dividirse en composiciones de honda filosofía de la vida y poemas de circunstancias que celebran efemérides y acontecimientos familiares. Hombre de reposado pensamiento, trasparenta su sentir en versos cuidados en los que esculpa, al modo de un cantero, las figuras de su vida y las escenas de su vivencia. En este artículo pretendo ofrecer una muestra de la producción de José Millán, que, por cierto, con su amabilidad proverbial se encuentra cómodo siendo para todos, simplemente Pepe. Pero esta cercanía que ofrece y esta afabilidad innata no pueden ocultar a nadie que, cuando se está delante de él, se está delante de un gran señor, con todas las palabras: don José Millán Eslava, poeta de Vallanca, en el extremo norte de Valencia. Y ahora, el poema : La paloma. Eres brava paloma mensajera Que anidas en el palomar de mis sueños Meciendo tus dos alas vigorosas En medio del espacio y del tiempo. Espacio y tiempo unidos van Como jinete y caballo al mismo tiempo, Como juntas tus tormentas van Abrasadas al ritmo de los vientos Juntas van la calma y la paciencia, Juntos van el odio y el silencio, Juntos van dos corazones Cuando se aman en secreto. Juntas van la alegría y la tristeza, Juntas van las caricias y los besos, Juntas van las ilusiones Y juntos van los recuerdos. Regresa la paloma al palomar contenta Después de recorrer el firmamento. En todo lo largo de su viaje En parte se cumplieron sus deseos. Ha jugado un poco por el mundo Y ha vuelto al lugar de sus ancestros. Recordando que este mundo Sigue igual que en otros tiempos, Ocultando sus miserias Las guerras y sufrimientos. JOSÉ MILLÁN ESLAVA Tengo la satisfacción de que el poeta me dedicase estos versos expresamente escritos por “Aura”, una de mis novelas, y los guardo como un tesoro. Rosa Cáceres Y las Historiéticas (segunda entrega, I y II) III. Comprando unos pantalones
La familia de Mercedes Pilfarro es una familia de usar y tirar.
Como llevan un ritmo de vida tan ajetreado, ni siquiera pueden permitirse
perder el tiempo en fregar los platos o lavar los manteles y servilletas.
Comen y ¡hala!: plásticos y papeles a la basura (la comida ya de por sí
suele serlo). La misma suerte corren las latas, los vidrios y los periódicos.
Cada vez que sale un nuevo modelo de coche, su padre va y se lo compra. Y
cada vez que salen en el coche, su madre va y se compra un modelito nuevo.
Tradicionalmente pasan la jornada del sábado en unos grandes almacenes, y
si durante la semana les queda algún rato libre se lo dedican a los pequeños.
Aquella desapacible tarde de otoño a Mercedes debía quedarle algún rato
libre cuando el destino quiso que Jesús Picaz se cruzara con ella. -¡Hola,
hola, Mercedes! Seguro que aprovechando tu tiempo... -Necesito
comprarme unos pantalones y he salido por si veo algunos que me gusten. ¿Algún
problema? -No,
no, qué va. Me parece estupendo... Sólo que no termino de comprender
bien una cosa. Has dicho que necesitas comprarte unos pantalones y yo no
creo que necesites unos pantalones. -Pero
bueno, ¿se puede saber quién eres tú para decirme lo que yo necesito?
¿eh? -Verás,
es muy fácil. Al decir que necesitas comprar unos pantalones la necesidad
recae en el comprar, no en los pantalones. Lo que tú necesitas es
comprar, no unos pantalones. De lo contrario hubieses dicho:
"Necesito unos pantalones".
-Mira Jesús, con pantalones o sin pantalones, lo que de verdad
necesito es que me dejes en paz.
Y Jesús la dejó. Solo que en la puerta de una tienda. Con falda,
por el otro extremo de la calle y anticipándose al resto de la pandilla,
asomó desgarbada la inconfundible figura de Inma Durez. ¿Podría comprar
en algún sitio lo que de veras más necesitaba? IV.
El amante del sexo
Aunque hasta ahora nunca había tenido la ocasión de practicarlo,
Jesús Picaz se consideraba un amante del sexo. Justificábase diciendo
que al igual que algunos filósofos antiguos pasaron por ser unos amantes
de la sabiduría sin tenerla, asimismo él podía pasar (no por mucho más
tiempo, desde luego) por ser un amante del trato carnal sin
experimentarlo. Es cierto que, en teoría, también barajaba otras
posibilidades: amor sin sexo, sexo sin amor e, incluso, sexo y amor
juntos. En realidad, sólo había descartado someterse a humillaciones o
maltratos en el acto, por mucho que el bruto de Dámaso Quista ya hubiera
cantado alguna vez sus excelencias. Pero estaba profundamente convencido
de que mientras no sintiera en su interior la verdadera llama de la pasión
amorosa (cosa a la que no se sentía particularmente obligado), definirse
como un “amante del sexo” era la manera más razonable de conjugar los
dos términos del problema. Jesús no estaba, pues, enamorado, pero le
gustaba (como a tantos otros) una compañera de clase llamada Lorena.
-Lorena, hazme un favor: ¿cómo sería tu chico ideal? Me gustaría
saber con qué posibilidades cuento,
...aunque sólo fuera por un rato.
-Anda Jesús, no seas grosero. Sabes muy bien que yo no soy de esas
que se contratan a tiempo parcial. Mi amor debe ser lo que se dice eterno,
para toda la vida.
-Vale, vale, no te pongas así. Lo único que quería insinuarte es
que lo mismo que hay ratos que se hacen eternos podría haber, qué sé
yo, eternidades que durasen un rato. ¿No crees?
-¡Tú siempre tan gracioso! Y sin embargo, fíjate, reconozco que
eres el tío más “sesi” de la clase.
-¿He oído bien, Lorena?
-Has oído bien, Susito, siempre que por “sesi” entiendas una
manera muy amable de decirte que te calientas mucho los sesos, y no otra
cosa.
Aquella misma noche, Jesús Picaz supo que Lorena Morada lo estaba
de un tipo mucho menos “sesi” que él, pero más apasionado y romántico.
Alguien dijo que, no en balde, aquel tipo se llamaba Eduardo de Amor.
Luis
Calero
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