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POSADAS DE 1.900 A 1.9501. INTRODUCCIÓN.
ANTECEDENTES: EL S. XIX La historia no es solo la narración sucesiva de unos
hechos pasados, sino algo más: conocer qué causas
los motivaron, qué consecuencias tuvieron, qué
intérpretes los realizaron y por qué no otros. En
este sentido cada época de la historia es hija de la
anterior y madre de la siguiente. La vida es un continuo fluir de
acontecimientos encadenados unos a otros, por lo que realmente
las eras, épocas o períodos en que se suele dividir
no son más que eso, divisiones que hacen los estudiosos
para intentar comprenderla o explicarla mejor.
Si tenemos en cuenta que las familias solían ser numerosas , y confeccionamos un menú de tres comidas para una familia de cinco personas (muchas de ellas tenían de 5 hijos en adelante), veremos que después de malcomer, no queda nada para otras necesidades: médico y medicinas, pues no existía la Seguridad Social y no eran gratuitos, alquiler de vivienda, ropa y calzado, higiene, cultura y ocio, etc. Añadamos que la jornada de trabajo en el campo eran «de sol a sol», es decir desde el amanecer al anochecer, y en otros trabajos lo frecuente eran las 12 o 14 horas de trabajo. Para agravar aún más la situación, la neutralidad de España en la I Guerra Mundial, 1914-18, hace que nuestro país se convierta en proveedor de alimentos y materias primas a los contendientes, que pagan a buen precio, provocando de un lado el aumento de grandes fortunas a productores y exportadores, y de otro una subida de los precios en el interior que empobrece aún más a las clases trabajadoras. Para completar el panorama está la guerra colonial que España sostiene en Marruecos, donde se suceden una serie de fracasos de nuestro ejército con enormes pérdidas de vidas españolas (Barranco del Lobo, Melilla, Desastre de Annual, etc.); el servicio militar es obligatorio pero de él se pueden librar los que paguen una cantidad de dinero. Las canciones populares de la época resumían el sentir de las gentes ante la Guerra de Marruecos, así:
Se producen agitaciones y revueltas que podemos consultar en el libro «Historia de las agitaciones campesinas andaluzas»de Díaz del Moral. En 1909 hay una huelga general en Cataluña y tiene lugar la llamada Semana Trágica, en 1917 hay otra huelga general motivada por los precios y la carestía de vida, mientras en Europa están en plena I Guerra Mundial. El sistema de partidos ya brevemente descrito de conservadores y liberales, apoyados en el caciquismo y la corrupción, y la ausencia de cauces políticos para las aspiraciones de los obreros va a llevar a una crisis profunda a esa pseudodemocracia que conducirá hasta el golpe de estado militar del General Primo de Rivera, que proclama la Dictadura, con la complicidad del Rey Alfonso XIII, en 1923. Esta descripción de la situación política por su simplicidad es algo inexacta, pues hay otros partidos y fuerzas políticas, aunque en verdad sin posibilidades de llegar a gobernar. El partido Socialista tiene en 1915 más de 14.000 afiliados y celebra su X Congreso, su sindicato, la UGT, tiene afiliados a más de 150.000 trabajadores, la Federación Nacional de Sindicatos Católicos contaba con 20.000 afiliados en 1912, y la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) está extendida por la zonas industriales de Cataluña y Levante y encuentra sobre todo en los jornaleros y braceros de Andalucía un caldo de cultivo apropiado donde su ideas anarcosindicalistas se propagan como reguero de pólvora. En una Andalucía de jornaleros hambrientos y marginados, analfabetos a la fuerza y oprimidos social y políticamente, las ideas libertarias de los anarquistas que propugnan una sociedad igualitaria donde cada uno aporta su trabajo y recibe lo que necesita, que promueve la cultura para todos, que tiene como ideal al «hombre nuevo» que tratará a los demás como hermanos o compañeros, de bancos que hagan préstamos sin cobrar intereses, que en las relaciones de pareja imponen la igualdad y la libertad total (lo que después se dio en llamar «el amor libre»), todo ello representaba una bocanada de esperanza, la convicción de que la vida y en definitiva el mundo, no tienen que ser tan negros ni irremediables como lo eran para ellos. En Rusia ha triunfado la Revolución bolchevique y se van a poner en práctica estas ideas en una sociedad sin clases; todos los obreros siguen con expectación los sucesos de aquel lejano país. Para darnos una idea de la extensión del anarquismo en España volvemos a M. Tuñón de Lara, que en «La España del S. XX» dice: «la CNT, que alcanzó su apogeo en 1919, reunió del 10 al 18 de diciembre de aquel año su Congreso Nacional, celebrado en el Teatro de la Comedia de Madrid. Estaban presentes 450 delegados que representaban a 700.000 sindicados». En Posadas se crea a principios de siglo una agrupación obrera o sindicato de clara tendencia anarquista. Se transcriben a continuación el contenido de dos documentos existentes en el Archivo Municipal; son dos citaciones a reuniones o asambleas, para las que solicitaban el correspondiente permiso gubernativo. Dicen así: «AL PUEBLO OBRERO DE POSADAS. Compañeros, salud: En virtud de las corrientes societarias que existen en el universo, y viendo la necesidad de que los obreros vivan unidos por medio de la asociación para defender sus derechos que como hombres les pertenecen, los fundadores de la Sociedad de Varios Oficios, titulada Unión Obrera de Posadas, creyendo beneficioso secundar el movimiento que en estos días se opera en todos los pueblos del mundo, ha iniciado la realización de una reunión pública para tratar de cuestión societaria y de los intereses de la clase trabajadora, seguros como estamos de que no dejarán de asistir todos los obreros y obreras a dicho acto, que tendrá lugar el día 24 de Junio de 1902, en la casa número 33 de la calle M. De Viana, a las 6 y 15 minutos de la tarde. No dudando de la puntual asistencia de todos los trabajadores de esta villa, a referida reunión, os desean salud y unión. La Comisión. Posadas a 22 de Junio de 1902. Rafael Jiménez (firmado)». «AL PUEBLO OBRERO DE POSADAS. Compañeros, salud: La Sociedad que abajo firma, no dudando de vuestra imparcialidad en la lucha económica que se opera en todo el universo para regenerarnos por hombres libres y pensadores con arreglo a las leyes que impone la naturaleza, cree un deber de justicia invitaros al mitin de propaganda societaria que se celebrará en el Centro Social el viernes día 24 del corriente mes, a las 8 de la noche, en el cual tomarán parte nuestros queridos compañeros de Barcelona Teresa Claramunt y Leopoldo Bonafulla. Los progresos realizados hacia la emancipación humana, hubieran sido ineficaces sin los esfuerzos de cuantos, desafiando todos los peligros y arriesgando su existencia, no rehusaron poner sus actos con arreglo a su conciencia. Adelante, compañeros, demostremos todos los obreros una vez más nuestra fe en casos como el presente honrando con nuestra presencia dicho acto, y a la par llevemos a nuestras compañeras, por creerlo un deber, que ellas tomen parte en unión del hombre en la lucha por el amor y la fraternidad. La Sociedad de Obreros de Oficios Varios. Posadas 22 de Octubre de 1902. La Comisión». Algunas características que observamos en estos textos serían las siguientes: – Los saludos de entrada y despedida, clásicos en los partidos anarquistas y comunistas. – Universalidad, pues sus ideales deben extenderse a todo el mundo. – Una clara conciencia de clase. – Un cierto sentido de la dignidad de hombres y de los derechos que como tales les pertenecen. En el segundo texto, además de lo anterior, se aprecia: – El sentido de la dignidad como personas les lleva a «regenerarse por hombres libres y pensadores» con arreglo a las leyes naturales. – Esto supone una gran dosis de racionalismo, que a su vez se refuerza con la coherencia que está presente en la expresión «poner sus actos de acuerdo con su conciencia». – Tienen un claro objetivo, la emancipación humana. No dicen de su clase social, sino de todo el género humano. Y si ese es el objetivo es porque de algún modo la Humanidad está dominada. – Sienten el deber de ir de la mano con la compañera en esa lucha, en plano de igualdad. No dice la mujer, ni siquiera la esposa. Se vislumbra aquí un sentido de las relaciones de pareja que era toda una revolución en aquel principio del S. XX. Baste recordar como ejemplo que el voto a la mujer se concedió en España treinta años después, ya en la II República, y que tampoco lo tenían las mujeres de la democracia parlamentaria más consolidada y antigua de Europa, Inglaterra. Para otro sector progresista de la población esos ideales de fraternidad universal, de educación para el pueblo, de progreso económico, y de racionalismo frente a supersticiones y falsas creencias, lo representa la Masonería. Con el apoyo de los masones de Palma del Río se constituye en 1920 la logia masónica malena llamada ABRIL, que llegó a tener en su momento álgido 59 afiliados. En el libro «La masonería en Córdoba», de Moreno Gómez y Ortiz Villalba, se relacionan esas 59 personas con expresión de su oficio o profesión, entre los que hay albañiles, empleados, propietarios, carpinteros, barberos, alfareros, maestros, ferroviarios e incluso labradores, pero ni un solo jornalero. Esta logia hubo de soportar la represión de la Dictadura de Primo de Rivera, y en 1928, tras un proceso judicial por «asociación ilícita», fue disuelta, siendo sus dirigentes condenados a fuertes multas e incluso uno de ellos a prisión. Algunos de los hombres más significativos de ABRIL los vamos a encontrar pocos años después en el advenimiento de la II República (1.931). Además de otros nombres, Rafael Matencio Muñoz que fue el primer alcalde republicano y concejal electo durante todo el período1931-36, y José Martínez Santiago igualmente concejal en esos años, y alcalde el 18 de Julio de 1936, en el momento de la sublevación militar con que se inició la Guerra Civil. Volviendo a los hechos políticos, ya ha quedado señalado que en 1923, el General M. Primo de Rivera da un golpe de estado e impone una dictadura militar, que soluciona momentáneamente algunos problemas como el orden público o la Guerra de Marruecos e inicia un programa de obras públicas para mitigar el paro. En estos años se construye en Posadas el primer edificio público destinado a la educación, es el edificio conocido como Siurot, de la calle Gaitán, que constaba de 4 aulas. Pero en 1929 el dictador dimite y se entra en un interregno que nos lleva al 12 de Abril de 1931, día para el que hay señaladas unas Elecciones Municipales. El descontento general del país, la creciente fuerza de organizaciones obreras y partidos republicanos, y la torpeza del Rey Alfonso XIII estando siempre del lado del ejército y de los partidos de derechas, convierten estas elecciones en un plebiscito, es decir como un referéndum. El triunfo de los republicanos fue aplastante. Según M. Tuñón de Lara en la obra citada, solo en nueve capitales de provincias obtuvo mayoría la opción monárquica, por lo que el rey decidió marcharse de España permitiendo la proclamación de la República sin ningún incidente violento. 3. LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA (1931-36).
Con estas bellas palabras saludaba el gran poeta la proclamación de la República, que fue festejada en todos los rincones de España, porque representaba no solo un cambio de régimen sino la esperanza de llevar a cabo la transformación de las viejas estructuras sociales que anteriormente se han descrito. Esta aspiración era sentida por la mayoría de la población, si bien de distinta manera: la mayoría de la clase obrera deseaba llegar a una sociedad sin clases, y entre ellos los anarquistas hasta sin Estado, con los medios de producción colectivizados, tal como ya se había hecho en Rusia; los republicanos y mediana burguesía de las grandes ciudades querían modernizar el país, extender la educación al pueblo, separación entre Iglesia y Estado, y en las zonas rurales donde no existía, crear una clase de pequeños propietarios agrícolas, que además proporcionaría estabilidad social. Como vemos posturas muy difíciles de conciliar, que a la larga contribuirían al fracaso de la República y dieron argumentos para la sublevación militar que originó la Guerra Civil. Pero además en España existían -igual que hoy- unos «poderes fácticos», es decir poderes de hecho, que iban a combatir hasta sus últimas consecuencias los cambios propuestos por la República. Francisco Moreno Gómez en su libro «La República y la Guerra Civil en Córdoba (I)», editado por el Ayuntamiento de Córdoba en 1982, pág. 11 dice «la crisis de régimen y de sistema de 1930 no supuso, ni mucho menos, la eliminación de los llamados cuatro poderes tradicionales en España: la aristocracia (‘sensu lato’), la burguesía agraria, el Ejército y la Iglesia.» La aristocracia era fundamentalmente terrateniente y por lo general ausente del campo, es decir vivía en las grandes ciudades. Quiero recordar aquí una narración oída por este autor muchas veces durante su infancia: «Los Duques de Alba podían viajar a caballo desde Madrid hasta su palacio en Sevilla, pisando siempre tierras propias». No sé si es cierto este dato o no, pero sirve para darnos una idea de la extensión de sus propiedades, que, según Tuñón de Lara, eran de 34.455 hectáreas, pero las fincas del Duque de Medinaceli sumaban casi 80.000. En cuanto a la burguesía agraria, ya ha quedado descrito más arriba. El Ejército tenía una larga tradición golpista durante el S. XIX y lo que iba del S. XX, pero dentro de este poder hay que incluir a la Guardia Civil, que había sido creada en el siglo anterior por el Duque de Ahumada con la finalidad principal de proteger las propiedades agrarias tras las Desamortizaciones. En los pueblos, esta institución desempeñará un papel represivo fundamental durante la República, La Guerra Civil y la consiguiente Posguerra. Y en cuanto al Clero, volvemos a la obra citada de Moreno Gómez: «...El Clero estaba ligado tradicionalmente a la burguesía conservadora y aconsejaba a las clases humildes la sumisión y la aceptación del orden social existente (ésta y no otra era la filosofía de los círculos o sindicatos católicos). Rara vez se alzó voz alguna entre el Clero para denunciar las abismales desigualdades sociales en la España de 1930.» Gozaba de ciertos privilegios y según el Concordato de 1851 entre el Estado Español y el Papa, tenían el monopolio de la enseñanza. Por otra parte el contexto internacional tampoco era favorable para la República: en 1929 se había desencadenado una crisis económica internacional llamada «La Gran Depresión», que aunque no afectó mucho a España por ser un país atrasado y apartado de los circuitos económicos mundiales, sí favoreció el ascenso del fascismo en Centroeuropa, y el retroceso de los países democráticos. Mussolini ya gobernaba en Italia y Hitler asumió el poder en Alemania en 1932. A pesar de ello los republicanos afrontaron los grandes problemas del país: a) La Reforma Agraria, que preveía la expropiación de las tierras de la Grandeza de España indemnizándolos y repartiéndolas a los jornaleros sin tierra, que por una renta módica serían dueños del usufructo, explotándola de forma individual o colectiva. b) La cuestión regional sobre la peculiaridad de algunas zonas (Cataluña, País Vasco, Galicia), se intentó resolver con Estatutos de Autonomía. Es curioso señalar que el Proyecto de Estatuto de Andalucía fue aprobado en Abril de 1936, en Córdoba, y estaba dispuesto para ser enviado a Las Cortes, con una encuesta para su revisión por el Parlamento. Pero el 18 de Julio de ese año estalló la guerra. c) La ley de Ordenes y Congregaciones Religiosas que prohibía el ejercicio de la enseñanza a los curas, y entre otras cosas declaraba a los templos lugares de propiedad pública que seguirían sirviendo a sus fines religiosos. Hay que recordar ahora el enorme esfuerzo que hizo la República en el terreno de la enseñanza: en los tres primeros años se crearon casi 14.000 escuelas nuevas. En Posadas se comenzó la construcción de un Colegio con 8 aulas, es decir el doble de las ya existentes en el edificio Siurot de la calle Gaitán. El nuevo colegio se edificó en el Llano de Jesús, y siempre ha llevado ese nombre. No llegó a utilizarse como centro de enseñanza por el comienzo de la guerra, sirvió de albergue para familias sin vivienda en la posguerra, e incluso se utilizó de almacén durante la construcción del barrio de casas que lo rodea. Durante muchos años permaneció vacío mientras los escolares de Posadas asistían a Siurot en distintos turnos de mañana o tarde. Finalmente fue inaugurado como colegio en 1958, por el Gobernador Civil, Sr. Barquero, más de 20 años después de su construcción. d) Se concedió el voto a la mujer y se promovió la igualdad, dándole acceso a la cultura. Por primera vez en nuestra historia hubo mujeres en cargos importantes e incluso la anarquista Federica Montseny fue ministra. e) En el ejército, se permitió el retiro a los jefes y oficiales que no quisieran prestar fidelidad a la República, conservando su sueldo íntegro. En cuanto a Posadas las elecciones municipales del 12 de abril del 31, dieron el siguiente resultado para 15 concejales a elegir: Monárquicos.......7, Republicanos...........4, Socialistas..........4 Como vemos es una ligera mayoría de partidos de izquierda sobre la derecha monárquica, pero no hay representación del numeroso grupo social que componían la Sociedad Obrera de Oficios Varios, en Posadas en los años 30 el número de afiliados a la CNT era de 1.600 sobre una población de 6.700 personas. Es de suponer que los anarquistas, fieles a su ideología, se negaran a presentarse a las elecciones; lo que no sabemos es si también tuvieron esta vez la consigna de no ir a votar, como sucedería en las Elecciones Generales de 1934. Siguiendo con el análisis del resultado electoral, en el Acta constitutiva del nuevo Ayuntamiento se indica como Teniente de Alcalde saliente, que presidía la sesión a D. Manuel Ramos Medrano, quién cedió la presidencia interina al más votado de los electos, D. José Martínez Santiago. Seguidamente se procedió a la elección de Alcalde, Ttes. De Alcalde y Regidor Síndico con el resultado de: Alcalde D. Rafael Matencio Muñoz por catorce votos a favor y uno en blanco. Puede deducirse que este hombre del Partido Republicano, que había pertenecido a la logia masónica ABRIL, representó el consenso entre las dos fuerzas presentes en el Ayuntamiento. Como Ttes. de Alcalde y por este orden fueron elegidos 1º José Alonso Hidalgo, 2º José Martínez Santiago y 3º José Ojeda García. Como Regidor Síndico Francisco Rodríguez Benavides. Como dato curioso, en esa sesión quedó fijado el jueves como día semanal para celebración de los plenos, ¡a las 10 de la noche!. Existe un documento en el archivo municipal redactado probablemente tras la Guerra Civil, y quizás para la instrucción de causas judiciales según la Ley de Responsabilidades Políticas de 1939 o para la Causa General, en el que se relaciona a todas las personas que habían sido concejales durante la Republica (1931-36), con expresión de su edad, estado civil, lugar de nacimiento y profesión. De ahí extraemos estos datos en relación a estas elecciones del 12 de Abril de 1931: a) Todos estaban casados, con edades entre 29 y 56 años. b) Doce habían nacido en Posadas, dos en Palma del Río, y uno en Fernán-Núñez. c) Cuatro eran jornaleros, dos albañiles, un alfarero, un panadero, un corredor, un abogado, un empleado, cuatro labradores. d) Cuatro habían formado parte de la logia masónica ABRIL. La nueva correlación de fuerzas y ciertas disposiciones del gobierno, como subida de los jornales en el campo y la prohibición de contratar obreros de fuera de la localidad, motivaron una reacción de la burguesía agraria, que en adelante contrataban cada vez menos personal, y se negaban a cumplir esas disposiciones gubernamentales. Según Moreno Gómez, de abril a diciembre se producen una serie de huelgas campesinas en toda la provincia. En Posadas en los meses de julio y agosto, con resultado de heridos. Para entender bien cómo funcionaban las cosas veamos lo ocurrido en el vecino pueblo de Almodóvar, que era un importante núcleo anarcosindicalista, relatado por dicho autor: los huelguistas exigían la retirada de obreros granadinos traídos para la recogida de la aceituna. «Unos quinientos, encabezados por el alcalde, se dirigieron a casa del propietario Antonio García Pedrajas, implicado en la contratación ilegal de forasteros. Como éste se negara a despedirlos comenzó una violenta discusión, y desde las ventanas próximas varios propietarios hicieron disparos de escopeta contra los obreros. Acudió la Guardia Civil que empezó a disparar también. Resultado: dos muertos y varios heridos entre los jornaleros. Entonces la multitud de obreros se dispersó por las calles adyacentes, se repitieron los disparos de postas, hechos por los patronos desde balcones y ventanas, con un nuevo balance de dos heridos. Por si la represión había sido aún suave, la Guardia Civil detuvo más de 30 obreros, y clausuró no el centro patronal, sino el obrero, como era costumbre.» Así lo narra Moreno Gómez en dicha obra. Sucesos parecidos ocurrieron en Palma del Río, resultando también muerto un obrero. Durante el año 1932, si bien se producen en la provincia un total de 48 huelgas, y algunas en esas localidades vecinas de Almodóvar y Palma, ninguna de ellas tiene lugar en Posadas. Al aprobarse la Ley de Reforma Agraria en el Parlamento aumentó la oposición de los latifundista del sur, que dejaron de invertir en el campo y abandonaron las labores habituales de cada época; el gobierno hubo de promulgar una ley de laboreo forzoso. Pérez Yruela, citado por Moreno Gómez indica la superficie de tierra expropiable en cada municipio de la provincia. En Posadas era de 6.205,93 ha., que representan el 39,8 % del resto del término, lo cual resulta poco significativo en comparación con Córdoba 90.397 ha., Hornachuelos 57.336 ha., Montoro 50.083 ha., Fuente Obejuna 26.153 ha., Espiel 23.970 ha., Palma del Río 12.132 ha., Almodóvar 9.871 ha. Entre tanto, en algunas ciudades, como consecuencia de las huelgas, algaradas callejeras y enfrentamientos con la fuerza pública, los obreros asaltaron e incendiaron varios conventos de religiosos, lo que, aparte de su gravedad intrínseca, dio argumentos a la derecha para combatir a todos los republicanos. Lenta pero inexorablemente se fue produciendo un clima de enfrentamiento social. Dice Moreno Gómez, que se celebró un mitin del partido Acción Popular en el Gran Teatro de Córdoba el 25 de junio de 1933 interviniendo la plana mayor de las derechas, «fueron utilizados por los oradores todos los temas de retórica burguesa: la religión, Dios, la masonería, el pecado, el patrioterismo... tópicos que bajo principios sagrados encubrían grandes intereses económicos como lo demostraban las afirmaciones de los líderes: «La Reforma Agraria es un crimen que cometen contra España», «La República vino por dejación de la sociedad que había pecado», «Condeno el laicismo del Gobierno... La Reforma Agraria debe llamarse el desastre agrario... El poder político del gobierno proviene de la masonería... La religión es la brújula del pensamiento humano... Mientras haya una sociedad sin Dios no habrá paz». En el Otoño de 1933 la coalición de gobierno en Madrid, formada por republicanos y socialistas, entra en crisis y se celebran elecciones generales en el mes de noviembre. Mientras la izquierda se presenta desunida y los anarquista, defraudados por la lentitud de las reformas, no participan en las elecciones, los partidos de derechas se presentan unidos y con un programa de marcha atrás en las reformas del bienio anterior. El resultado fue el siguiente; partidos de la izquierda 99 escaños, partidos de centro 156 y partido de la derecha 217. En la provincia de Córdoba, Posadas y Almodóvar incluidos, se voto mayoritariamente a la derecha. La izquierda atribuyó parte de este triunfo al voto por primera vez de la mujer, siempre más conservador, se pensaba. Inmediatamente el nuevo gobierno se apresta a anular o paralizar lo realizado en la etapa anterior, y de la otra parte, con el socialista Largo Caballero al frente, se prepara una revolución social. A primeros de Octubre de 1934 se declara una Huelga General, que en Asturias se convierte en una revolución adueñándose los obreros de todos los centros de poder, mientras en el resto de España el gobierno consigue controlar la situación. Éste trae al ejercito de Marruecos para reprimir a los revolucionarios. El saldo es estremecedor: varios miles de muertos y heridos en su mayoría entre los obreros en Asturias-León y cerca de 40.000 detenidos en toda España. Fue como una premonición de lo que poco después sería la Guerra Civil. En Madrid José A. Primo de Rivera, hijo del general dictador, ha creado el partido Falange Española, y en uno de sus discursos ha proclamado la dialéctica «de los puños y las pistolas». Comienzan los asesinatos callejeros, ajustes de cuentas y tiros en la nuca entre facciones de la derecha y la izquierda. Se ha roto -si es que antes existía- el sistema de convivencia, el acuerdo inicial de sacar al país de su atraso secular. De un lado unos proyectan derrocar a la República recurriendo a cualquier clase de violencia si es necesario, del otro solo hay una meta que es la revolución . En el campo andaluz siguen las huelgas (durante 1934 en la provincia de Córdoba, 58 en total: 53 de campesinos y 5 de otros) que tienen en muchos casos carácter localista y estacional según las épocas de cada cosecha o laboreo. Pero en Almodóvar los anarquistas secundaron los sucesos de Asturias, apoderándose de la dinamita que se usaba en la construcción del embalse de La Breña, e intentaron volar el puente del ferrocarril sobre el Guadiato, por donde pasaban los convoyes del ejército de Marruecos hacia Asturias. La represión fue durísima, varios encarcelamientos y cuatro condenas de muerte que no llegaron a ejecutarse. De 1934 a enero de 1936 la composición del Ayuntamiento de Posadas por profesiones es la siguiente: 3 labradores, 2 industriales, 2 abogados, 2 albañiles, y con 1 concejal los oficios de maestro de albañil, jornalero, panadero, alfarero, herrero y empleado. De ellos, 9 repiten de la anterior elección del 12 de abril del 31. Y esta distribución es la que se mantiene con ligeras variaciones hasta el 18 de julio del 36, en que vemos que solo hay doce concejales pero que todos ellos habían formado parte del primer Ayuntamiento de la República elegido el 12 de Abril de 1931. 1935 es un año en el que la derecha en el gobierno fortalecida por el éxito en la represión de Asturias, se empeña en aplastar al movimiento obrero. Según Moreno Gómez, la provincia de Córdoba registra 50.000 parados y «Muchos alcaldes se quejaban del abandono en que muchos propietarios tenían los campos y de que no se cumplía para nada el derecho sobre el laboreo forzoso.» Ante las peticiones de trabajo de los obreros y la situación de hambre que se pasaba en el campo, parece que se hizo célebre aquella respuestas. «¿No queríais República?, pues comed República». La derecha antirrepublicana se dedicó más a la revancha y a la aniquilación del contrario que a la solución de los múltiples problemas de España en ese momento, y además la actividad fascista se hace cada vez más presente. El 12 de mayo de 1935 hubo en Córdoba un acto de Falange Española con presencia de José A. Primo de Rivera, su jefe nacional, que dijo: «Es posible que la presencia de Gil Robles en el Poder traiga a España algún beneficio; pero precisamente ahora es cuando nosotros estamos más dispuestos que nunca a ir agitando España» (Moreno Gómez, op.cit.). A finales del verano del 35 un escándalo financiero en el que está implicado un hijo de Lerroux, Presidente del Gobierno, le hace entrar en crisis saliendo de dicho cargo. Fueron dos extranjeros, Strauss y Perlo, los promotores del negocio sobornando a altos cargos, y el pueblo acuñó un nuevo vocablo -el estraperlo-, para indicar cualquier negocio sucio al margen de la ley, pero consentido por los gobernantes a sus adictos. Durante muchos años de la posguerra, entre 1939 y 1965, la palabras estraperlo y estraperlista fueron de uso muy corrientes, con ellas se indicaba el mercado negro y los que a ello se dedicaban. Varias crisis de gobierno sucesivas a la caída de Alejandro Lerroux, trajeron por fin unas nuevas elecciones generales, señaladas para el 16 de febrero de 1936. La izquierda, con la experiencia de los dos años anteriores, en esta ocasión tras duras negociaciones consiguió formar un frente unido, el Frente Popular, integrado por socialistas, comunistas, partidos republicanos, UGT, POUM, etc. Los dirigentes de la CNT (anarquista), decidieron esta vez votar facilitando así el triunfo electoral de la izquierda. En cambio la derecha tropezó con más dificultades para llevar a cabo la unión. La campaña electoral fue más apasionada que nunca, pero a la vez con muy pocos incidentes; la derecha utilizó sus temas de siempre, Dios y la religión, la Patria y el orden; la izquierda se centró en la defensa y apoyo de las instituciones republicanas y democráticas, justicia por los excesos de la represión en Asturias, y amnistía para los encarcelados por ello. Ambos bloques estaban convencidos de ganar estos comicios. Como es sabido el triunfo de la izquierda fue abrumador: 257 escaños para la izquierda, 57 para el centro y 139 para la derecha, según M. Tuñón de Lara, op. cit. Dicho autor señala asimismo las primeras reacciones de la derecha: Gil Robles, jefe de la CEDA (agrupación de partidos de derechas), pide al Presidente del Gobierno que declare el estado de guerra, y José A. Primo de Rivera le pide armas para que la Falange se defienda; por su parte Franco le pide al Ministro de Guerra que declare el estado de sitio. En los pueblos y ciudades del sur se notó claramente el voto de los anarquistas, así en Posadas el Frente Popular recibió 1.749 votos contra 1.144 para la derecha. En todas las localidades hubo manifestaciones y celebraciones del triunfo casi sin incidentes a excepción de la vecina Palma del Río, donde ocurrieron los hechos más violentos de la provincia: los jornaleros con sus mujeres e hijos se echaron a la calle, asaltaron las sedes de dos partidos de derechas arrojando muebles y documentación a la calle e incendiándolos, hicieron lo mismo contra la Oficina de Administración de Arbitrios y las casas de las grandes familias ( 11 casas de ricos propietarios fueron asaltadas y sus muebles más valiosos quemados en las calles). Finalmente tuvo lugar la quema de iglesias y conventos, desapareciendo en alguno de ellos objetos de incalculable valor, como 14 libros corales con miniaturas del S XIV, de la Parroquia de La Asunción. Se recomienda la consulta del tantas veces citado libro de Moreno Gómez para comprender cuál era la situación de la gente para llegar a realizar estos lamentables hechos. El enfrentamiento entre los dos grupos sociales - la burguesía agraria y los jornaleros-, es ya irreconciliable y conducirá a los trágicos sucesos del verano del 36 y la Guerra Civil. Mientras el nuevo Gobierno vuelve a la legislación del primer bienio, impulsa la Reforma Agraria y dicta normas para que se labren las tierras y haya trabajo, los propietarios boicotean estas normas, y se proveen de armas (en Granada en un solo día y en una sola armería se vendieron 4.000 armas), los partidos de la derecha reciben ayuda y asesoramiento de Hitler y Musolini, y el ejército tiene ya diseñado la realización del golpe de estado. En las calles, sobre todo de Madrid, el «pistolerismo» se cobra nuevas víctimas, y así en el mes de julio cae asesinado en la calle el teniente Castillo, un militar fiel a la República, y pocos días después es asesinado el líder monárquico José Calvo Sotelo. Era la señal esperada: el 17 de julio se subleva el ejército de África, y el 18 lo hacen las guarniciones militares del resto de España. Pero una parte del ejército, los partidos republicanos y los trabajadores se disponen a defender a su gobierno legítimamente elegido. Éste no va a ser uno de tantos pronunciamientos militares o golpes de estado como registra la Historia de España desde el S. XIX hasta 1923, sino la que muchos historiadores consideran la mayor tragedia de nuestro país. Comienza la Guerra Civil Española. 4. LA GUERRA CIVIL Alguien ha dicho que cuando comienza una guerra, la primera en morir es la verdad, antes incluso del primer disparo. Y es que cada bando acuña una terminología, y unas expresiones para legitimar sus acciones de guerra. El Gobierno de la República que era el legalmente constituido, consideraba a los militares como sublevados que habían faltado a su juramento de fidelidad, pero éstos se autodenominaban Glorioso Movimiento Nacional Salvador de la Patria, y a su vez llamaban rebeldes a quienes apoyaran a la República. La sublevación militar se inició en cada provincia –y hasta en cada pueblo– de modo distinto. En bastantes sitios fue el gobernador militar el origen de ella, pero donde éste era fiel al orden establecido, partió de la Guardia Civil, de un militar inferior, o como en el caso de Sevilla, de un militar ajeno a la provincia, Queipo de Llano, que «casualmente pasaba por allí». Los militares sublevados fusilaron inmediatamente a sus compañeros, superiores o inferiores, que se resistieron o que fueron fieles a la República. En unos casos antes de producirse, y en otros inmediatamente después de declararse el estado de guerra, los dirigentes y militantes de partidos de la derecha se presentaron en los cuarteles ofreciéndose a engrosar sus filas para controlar la ciudad e incluso reprimir a la ciudadanía si fuera preciso. Así fue en Córdoba, donde más de 150 personas se presentaron en el Cuartel de Artillería, de la Avda. Medina Azahara, ofreciéndose al Coronel Cascajo para ayudar a la sublevación (Moreno Gómez, op. cit.). Y así parece que ocurrió también en Posadas. De la misma manera, la Iglesia salvo raras excepciones apoyó la sublevación porque además de haber sufrido las quemas de conventos e iglesias, ahora esperaba recuperar sus antiguos privilegios, como así fue. En resumen el llamado Alzamiento triunfó en Navarra, Canarias, Norte de África, gran parte Castilla y León y Galicia, y en algunas grandes ciudades como Córdoba, Granada y Sevilla. Permanecieron fieles a la República, Madrid, Cataluña y todo el Levante, toda la cornisa cantábrica, La Meseta Sur, Extremadura y Andalucía a excepción de las ciudades mencionadas. En lo que a Posadas se refiere, la Guardia Civil secundó la sublevación siguiendo órdenes del comandante militar de la provincia, haciéndose cargo del ayuntamiento y suspendiendo al alcalde y concejales. He aquí copia del acta levantada en dicho acto, existente en el archivo municipal: «En la villa de Posadas, provincia de Córdoba, y en sus Casas Consistoriales siendo la hora de las diez y siete y treinta minutos del día diez y nueve de Julio de mil novecientos treinta y seis, se personó en el despacho de la Alcaldía el Señor Oficial Jefe de la Línea de la Guardia Civil, Don Rafael Calvo de Mora Blanco, y encontrándose en el referido despacho el Señor Alcalde Presidente Don José Martínez Santiago, acompañado del Oficial Mayor en funciones de Secretario Don Leovigildo Jiménez León, le requirió para que de orden del Excmº Sr. Comandante Militar de esta provincia, se le hiciera entrega del Ayuntamiento; lo que se llevó a efecto seguidamente, haciéndose cargo el Sr. Calvo de Mora de las llaves de las oficinas de Secretaría y Alcaldía y de la puerta principal. De todo ello se levanta la presente acta que firma con el Sr. Calvo de Mora el Sr. Alcalde Presidente, de que certifico.» Están las firmas de José Martínez, Rafael Calvo de Mora y Leovigildo Jiménez. Según Moreno Gómez en la obra citada, la guardia civil de Posadas tuvo una fase dubitativa respecto a la sublevación, mientras las personas de derechas se presentaban en el cuartel, de las cuales iba haciendo una lista el alférez Calvo de Mora (lista fatal para los rebeldes cuando cayeron en manos de los anarquistas). Mientras continuaban las vacilaciones del alférez, se impuso el criterio del levantisco sargento Antonio Ponce Revuelto. Además del Ayuntamiento, la guardia civil controló las comunicaciones, y se transmitieron órdenes al Cuartel de Palma del Río. El sector obrero, temiendo detenciones en masa se dispersó por el campo requisando las armas en los numeroso caseríos y viviendas del término municipal. La mayoría, como siempre, solo consiguieron hoces y hachas. Seguimos la narración de Moreno Gómez en la op. cit., «El ataque a Posadas lo coordinaron el 22 de julio cuando se presentó otro grupo de anarquistas y de la JSU de Palma del Río. Fueron ocupando las calles en la noche del 22 al 23, sin demasiada resistencia por parte del elemento patronal. Entre las cuatro y las seis de la mañana se produjeron las primeras víctimas: el cura don Leovigildo Ávalos, el tabernero Antonio Torres, el abogado Pedro Palacios, los terratenientes Manuel Palacios y Juan Lara... Pronto arrojaron varios petardos al cuartel y la Guardia Civil acabó por rendirse. Desarmados, con las manos en alto y en mangas de camisa los llevaron al Ayuntamiento, improvisando como cárcel el Salón de Actos. Antes, los obreros habían abierto un boquete en la cárcel del Ayuntamiento y habían puesto en libertad a los presos de izquierdas.» Seguidamente detuvieron a las personas de derechas, parece ser que para ello utilizaron la lista confeccionada por el alférez Calvo de Mora con las personas que se presentaron en el cuartel ofreciéndose a colaborar en la sublevación. Fueron conducidos al local del Dispensario Antipalúdico, situado en la plaza Emilio Castelar, número 1 (hoy plaza de la Constitución; la casa ya no existe pues después de la Guerra se edificó en su solar una gran cruz -La Cruz de los Caídos- que ha presidido dicha plaza durante muchos años, hasta que ya con la democracia se trasladó esa cruz al cementerio, y en su lugar se construyó una tribuna o escenario). Sigue diciendo Moreno Gómez «En seguida, aquella mañana del día 23, se declaró el comunismo libertario, con todas sus características: abolición de la propiedad, de la moneda, del comercio... se inició la incautación de todas las tierras y se creo un gran almacén de Abastos en la iglesia del convento de San Basilio, adonde tenía que ir el vecindario para proveerse mediante vales firmados por el «Comité Revolucionario». No faltó, dado los sentimientos anticlericales de la época, el saqueo de las iglesias (la Parroquia, la ermita de Jesús, iglesia del convento de San Basilio, la ermita de Gaitán)» «Alrededor del mediodía alguien trajo la noticia de que por la carretera avanzaban tropas fascistas. La alarma debió partir de la presencia de la columna que aquella mañana se apoderó de Almodóvar, cuyos cañonazos se escucharon en Posadas. Como reguero de pólvora corrió entonces por este pueblo el grito de «¡que vienen los fascistas! ». La consecuencia de la alarma injustificada fue lo que ya empezaba a ser habitual: la matanza de los presos de derechas. Un grupo de revolucionarios se dirigieron al Ayuntamiento y en la misma sala de sesiones dieron muerte al alférez Calvo de Mora, al sargento Ponce y a nueve guardias más. Otros jornaleros en armas se encaminaron al Dispensario y realizaron allí una matanza indiscriminada en la que perecieron 49 personas, entre ellas un guardia municipal (Isidoro Revuelto) que era de izquierdas. La familia más afectada fue la de don Manuel Ramos Franco, al que mataron el padre, dos hermanos, un cuñado, dos tíos, tres primos, y varios parientes más. Esto convirtió luego a Manuel Ramos en el cacique indiscutible de toda la posguerra en Posadas, en su tradicional sentido de’dueño de vidas y haciendas’». «Otras familias de la gran y media burguesía agraria de esta fértil vega del Guadalquivir se vieron afectadas por la terrible matanza del día 23: los hermanos Padilla López de Anca, el propietario Evaristo Serrano y su hijo Rafael... el exalcalde de la Dictadura Manuel Ramos Medrano, los Soldevilla y otros... La derecha en Posadas sufrió, entre las muertes citadas y algunas otras dispersas, un total de 77 víctimas según el desglose siguiente: - Por partidos: Acción Popular, 22; Progresistas 3; Falange no consta - Por profesiones: Propietarios 23; Profesiones Urbanas 20; Guardias civiles 12; Abogados 7; Estudiantes, 4; Curas 2. El Comité Revolucionario de Posadas estaba compuesto por el alcalde José Martínez Santiago (UR), un sombrerero llamado Ferri, Ángel Gómez (que se hacía llamar «Ministro de Guerra»), Bartolomé Jódar ( «general en jefe» ) y otros más». Éste es el relato de Francisco Moreno en su libro tantas veces mencionado. En Posadas era vox populi que en cada una de esas dos terribles matanzas había quedado viva una persona (una de ellas joven, con un hachazo en la cabeza), y a las que después se les atendió y salvó habiendo fallecido muchos años después con avanzada edad. Así queda reflejado en dos documentos del Archivo Municipal en los que se relatan los sucesos de los 42 días en que Posadas estuvo gobernada por el Comité Revolucionario. Dichos documentos son: a) BREVE MEMORIA SOBRE LOS HECHOS OCURRIDOS EN DICHA POBLACIÓN DURANTE EL DOMINIO DE LA MISMA POR LAS HORDAS MARXISTAS. De fecha 10 de Julio de 1.937. b) Una PROVIDENCIA. De fecha 12 de Julio de 1938. En ella el Alcalde D. Manuel Ramos Franco se dirige al Gobernador Militar y Civil de la provincia y tras relatar de nuevo los sucesos de Julio-Agosto del 36, dice «...que hasta la fecha no se ha llegado a instruir un procedimiento adecuado en el que quede probado en forma clara y documental la participación de cada una de las personas que intervinieron en los mismos, ni quiénes fueron éstos con absoluta precisión....» por lo que suplica a «...quien corresponda se ordene la incoación del oportuno sumario o procedimiento en el que quede en claro la participación de cada una de las personas que intervinieron en los hechos delictivos de referencia o se faculte a esta Alcaldía para instruir una información en la que todo quede reflejado de forma documental...» Transcurrida la falsa alarma, es de suponer que la vida en Posadas volvió a la «normalidad» que se puede esperar en un estado de guerra y tras los sucesos relatados: las familias de los asesinados, destrozadas y temerosas de nuevos desmanes, y el pueblo bajo el gobierno del Comité Revolucionario. Los viejos del lugar solían contar que hubo «tres huidas», la del 23 de Julio, la final a últimos de Agosto, y parece que otra entremedias; también recuerda este autor haber oído contar que un miembro de la burguesía agraria se salvó escondiéndose en el techo raso de su casa (entre el tejado y el techo de yeso), donde permaneció hasta que el pueblo cayó en manos del ejército sublevado. Durante una serie de años tras la guerra, cada 23 de Julio el periódico de la provincia publicaba una gran esquela mortuoria, con el título de Caídos por Dios y por la Patria en Posadas, citando los nombres y profesiones de cada uno e incluyendo en un apartado a los fallecidos en el frente de batalla y en la División Azul. De este documento hemos elaborado esta estadística: total de asesinados entre el 23 de julio y el 29 de Agosto de 1936, 77 personas. Por profesiones distribuidos así: Labradores 14, Guardias Civiles, 13, Propietarios 8, Estudiantes 6, Abogados 5, Industriales 5, Sus labores (mujeres) 5, Jornaleros 5, Guardias Municipales 3, Empleados 3, Curas 2, y con una víctima las profesiones de Juez, Funcionario Municipal, Profesor de Música, Del Comercio, Agente Comercial, Jefe de Prisión, Albañil y Panadero, figurando entre los propietarios otra mujer. Como se puede ver, ambas estadísticas son casi idénticas, y hay solo un fallecido que pudiéramos clasificar como perteneciente a la pequeña burguesía mercantil, que se describió al principio. ¿Por qué?. Si reflexionamos un poco fríamente, descubrimos que los intereses de ambos grupos sociales, la burguesía agraria y la pequeña burguesía mercantil, son distintos en relación a las familias obreras. A los primeros interesaba una masa obrera abundante, poco instruida y dócil; así siempre habría mano de obra barata. A los segundos, regentando pequeños negocios como tiendas y comercios, etc., convenía unas familias obreras con mejor nivel de vida, y sueldos más altos que les permitieran comprar más artículos de consumo. Muchos de estos comerciantes, en la medida que podían, ayudaban a las familias obreras permitiéndoles comprar fiado, y éstas después iban pagando poco a poco con miles esfuerzos y sacrificios. De este modo mientras el trato a los obreros por las familias terratenientes era por lo general altivo y a veces humillante, el de los otros era más igualitario. Las diferencias económico-sociales eran abismales e hirientes en el primer caso y bastante menos en el segundo. Francisco Moreno Gómez publicó en 1985 una continuación de su libro anterior («La Guerra Civil en Córdoba, 1936-1939», Edit. Alpuerto S-A.), donde amplía datos y cuenta la caída de Posadas en manos del Ejército franquista «El 29 de Agosto el pueblo de Posadas cayó en poder de la columna del comandante Baturones, en su avance por la carretera de Palma del Río en dirección a Córdoba... En realidad, no hubo ni ataque ni lucha , sino un simple paseo militar. Las fuerzas obreras de Posadas, después de conocer la represión que se había desencadenado en Palma, evacuaron Posadas por completo, incluida la mayoría del vecindario.» En Palma del Río las tropas acompañadas por el rico terrateniente Félix Moreno Ardanuy, fusilaron el 27 de agosto y siguientes, a un gran número de personas, de las que hay 100 inscritas en el Registro Civil (algunos inscritos en 1981), pero este número sube hasta 300 según D. Lapierre y L . Collins, y hasta 500 según la opinión pública de Palma del Río, donde se decía «que no había familia obrera que no tuviera alguna víctima fusilada por la ametralladora en el corralón de D. Félix». Además las noticias que llegaban de Sevilla y zonas conquistadas por los sublevados relataban las atrocidades permitidas a los moros del ejército de Franco como violaciones y asesinatos de mujeres de republicanos. Seguimos el relato de Moreno Gómez respecto a la evacuación de Posadas, a la que la gente solía llamar la tercera huída: «en la evacuación habían ocurrido incidentes dignos de reseñarse. La evacuación la iniciaron los anarquistas el mismo día 26 de agosto, cuando tenía lugar el ataque a Palma del Río. Aquella tarde dieron muerte a dos personas de derechas...Pero el hecho trágico de mayor impacto fue el asesinato de seis mujeres por obra de un grupo de extremistas el 27 de agosto. Estas mujeres, muy vinculadas a la vida clerical, estaban emparentadas con las víctimas del 23 de julio y en su muerte influyo el terrible anticlericalismo de la época. Sus cadáveres fueron arrojados al pozo de la Mina Montenegro, y se dice que antes fueron violadas. Este suceso motivó después injustas represalias de la columna Baturones con personas ajenas por completo a los revolucionarios. El médico Alfredo Herrera, Horacio «el organista», Narciso Gómez (farmacéutico), Manuel Fernández Rodríguez y otros fueron fusilados (algunos después de ser obligados a bajar al pozo y sacar los cadáveres de las citadas mujeres). De nuevo las mismas fuentes nacionalistas aluden a la inmediata labor justiciera e inexorable que puso en práctica el derechista de Posadas, Manuel Ramos Franco, a quien los revolucionarios le habían matado el 23 de julio una docena de familiares. Este terrateniente entró con las tropas de Baturones y escribe Pérez de Olaguer al respecto: «unas horas después, D. Manuel Ramos Franco, vengador de sus muertos gloriosos, llegaba con sus aguerridos soldados a la altura de la Herrería. Don Manuel Ramos Franco, con sus lentes y con su figura arrogante, era abrazado por los escasos supervivientes de Posadas, refugiados en la Herrería». Días después los fusilamientos continuaron entre las pocas personas apolíticas que habían quedado en el pueblo.» La represión se convirtió en venganza indiscriminada en los primeros meses, se encarcelaba y hasta fusilaba en ocasiones, a cualquiera que entrara en el pueblo. Así ocurrió con el cabeza de familia, Rafael Fernández Sánchez, que vivía en la Sierra en un caserío muy aislado, en la finca La Aljábara. En aquel tiempo las comunicaciones eran muy difíciles, en el campo no había electricidad, y las familias venían al pueblo una vez cada cuatro o cinco meses, trayendo carbón, corcho, ganado etc, o a proveerse de algunos productos, siempre andando o con caballerías, por lo que 25 ó 30 km suponían casi una jornada en el desplazamiento. Según testimonio de su hijo Carmelo Fernández, que reside en Posadas, al entrar por la carretera de Villaviciosa, se separaron el padre de su esposa e hijos, con dos y tres años de edad, dirigiéndose aquel a cumplir con la orden de presentarse ante las nuevas autoridades locales. Fue la última vez que lo vieron vivo, pues al día siguiente apareció fusilado. Esta familia sigue contando que a principio de los años 80, realizaron la inscripción de la defunción en el Registro Civil para poder solicitar una pensión como viuda de guerra, para lo cual necesitó la concurrencia de dos testigos de Posadas que reconocieron el cadáver en aquellos días de 1936. Otros recibían lo que se llamaba «un paseo»: de madrugada se presentaban un piquete de hombres armados en la casa llamando a la puerta; al abrir se llevaban al cabeza de familia y ante la insistencia de la desesperada esposa requiriendo, «¿a dónde se lo llevan?», la respuesta era «¡a dar un paseo!». A la mañana siguiente era encontrado junto a las paredes del cementerio, fusilado. Ni los ejecutores se molestaban en inscribir estas muertes en el Registro Civil, ni la familia se atrevía a ello. Por este motivo resulta muy difícil cuantificar las víctimas de la represión a la izquierda entre el 29 de agosto de 1936 y el Otoño de 1940, fecha en que todos los detenidos debían ser trasladados a Córdoba. En Posadas, la frase con la que los franquistas expresaban sus sentimientos por la pérdida de sus familiares asesinados por los izquierdistas parece ser que era «Por cada uno, diez»; cierto o no, lo que sí es verdad y está documentado es que era la consigna dada por Queipo de Llano desde Sevilla, de donde procedía la columna de Baturones. Mientras tanto, en Córdoba capital, donde la sublevación triunfó desde el primer momento, y solo hubo 1 muerto de ese lado, hay contabilizados entre los republicanos un mínimo de 2.543 fusilados entre 1936-1939, según Moreno Gómez, datos del Registro Civil y los Libros de Entierros de los dos cementerios existentes (obra citada, pág. 325), admitiendo que en muchos casos otros fallecidos no están registrados, eran enterrados en fosas comunes en cualquier paraje, y que la derecha puso empeño en borrar todo rastro de los vencidos. Así Moreno Gómez recoge el testimonio del ilustre Profesor Rafael Castejón y Martínez de Arizala a un periódico de Madrid, diciendo que el Delegado de la Cruz Roja de Córdoba tenía un recuento de 7700 fusilados y añade que sumando los que eran llevados de los pueblos se mató en la capital a 12.000 personas. En el vecino pueblo de Almodóvar, si los de izquierdas habían matado a 14 personas el 23 de julio del 36 para dominar el pueblo, el 20 de agosto al ser recuperado por la columna derechista de Córdoba, fueron fusilados 20 de izquierdas, más otros 8 en la capital; entre los 28 hay 7 mujeres sin significación política, solo por ser esposa o madre de concejal, sindicalista o miliciano anarquista. Los trabajos de investigación sobre este asunto de Moreno Gómez pueden considerarse exhaustivos, y en sus libros basamos este resumen: Posadas: fusilados de izquierdas 30 + posguerra; fusilados de derechas 77. Almodóvar del Río: fusilados de izquierdas 30 + posguerra; fusilados de derechas, 14. Palma de Río: fusilados de izquierdas 300 + posguerra; fusilados de derechas 14. Hornachuelos: fusilados de izquierdas 30 + posguerra; fusilados de derechas 18. Córdoba capital: fusilados de izquierdas 4000 + posguerra; fusilados de derechas 1. Estos fusilamientos, al principio sin juicio y más tarde con un «simulacro de proceso», sin garantías de defensa, no solo tuvieron la finalidad de venganza o revancha por los asesinatos también cometidos vilmente por un grupo de exaltados de entre los revolucionarios, sino que iban encaminados a crear un clima de terror, un miedo total en cualquier persona no adicta a la sublevación, de forma que en muchos años nadie se atreviera, no ya a reclamar, ni siquiera a discrepar. Este ambiente de terror fue en ocasiones bien aprovechados por algunos franquistas para enriquecerse, ya apropiándose de bienes de los huidos, ya eliminando competidores en sus negocios. En Posadas hubo pequeños comerciantes cuya tienda fue asaltada e incautada durante los 42 días de período revolucionario, y por haber huido a la zona republicana, fue de nuevo incautada por los franquistas durante los tres años de guerra; total, una verdadera ruina para estas familias. Se recomienda la lectura del epígrafe «El terror de Estado como exterminio de los vencidos», del libro «Córdoba en la posguerra», de Moreno Gómez, Francisco Baena, editor, 1987. Este terror incluía las torturas en los interrogatorios, o se les daba un purgante -aceite de ricino- que producía unas diarreas incontenibles, decían que «para expulsar de sus entrañas el veneno del comunismo». A las esposas, hijas o hermanas del otro bando además, se las pelaba a rape y vestidas de forma estrafalaria se las hacía recorrer las calles del pueblo, con un cartel colgado que decía «por roja», precedidas de un tambor, ridiculizándolas y humillándolas. Es necesario poner en relación los hechos relatados y los fusilamientos efectuados, con el contenido del documento del Archivo Municipal indicado en páginas anteriores, titulado PROVIDENCIA, de 12 de Julio de 1938, en el que el Sr. Alcalde D. Manuel Ramos se dirige al Gobernador Militar de la provincia para que se hagan investigaciones a fin de determinar quiénes fueron los autores de los 77 asesinatos en julio-agosto del 36, para impartirles justicia. Es decir, no se sabe quienes fueron los autores de las matanzas del Salón de Actos del Ayuntamiento y del Dispensario Antipalúdico, pero ya se ha fusilado a casi 40 personas, además de otras acciones. Queda pues claro que se trató de aterrorizar al otro bando y al resto de la población que con mucha suerte pudo mantenerse al margen de aquellos sucesos. Muchos de los huidos, que no eran anarquistas, ni habían tomado parte en los sucesos del 23 de julio y días siguientes, se pudieron salvar precisamente por ello, ya que volvieron a Posadas al finalizar la guerra, tres años después de los aciagos días del Comité Revolucionario, cuando la sed de venganza de los franquistas ya se había aplacado un poco y años después, en la posguerra comentaban en voz baja: «De no haber huido, al no matarme los primeros, lo habrían hecho los segundos». El conocimiento de esta horrible tragedia, no solo de Posadas sino de toda España, y de lo que después siguió, debe llevarnos a la convicción de que la violencia no es solución para nada, y que el único camino posible para la convivencia es el diálogo y el respeto a los demás y a las reglas del juego democrático donde quepan todos los modos de pensar a excepción de la violencia. Piénsese que en las plazas de muchos pueblos de España, y desde luego en Posadas, durante bastantes años cuando jugaban los niños, uno podía decir a otro: «Tu padre mató al mío». El tiempo, que lo cura todo, y la generosidad de muchas personas han traído a España la reconciliación, y por eso mismo debe ser el momento de conocerse la verdad de lo que pasó, no para abrir viejas heridas ya cicatrizadas, sino para que el conocimiento nos impulse a evitarlo; que algún día dejen de ser verdad aquellos versos de Antonio Machado:
5. LA POSGUERRA. Las acciones militares de la guerra apenas existieron en Posadas, y en todo caso finalizaron a los 42 días de comenzar. No fue así en toda la provincia, donde sobre todo en la zona Norte, es decir la Sierra, comarca de Los Pedroches, se dieron batallas encarnizadas y el frente perduró hasta febrero-marzo del 39. Proclamada la victoria de Franco el 1 de Abril de 1939, muchos de los huidos de Posadas el 29 de Agosto del 36, comenzaron a volver; algunos de ellos se pasaron a Francia engrosando el medio millón de españoles refugiados allí. De entre ellos unos diez mil hombres cayeron prisioneros de los alemanes y trasladados a sus célebres campos de exterminio, especialmente al de Mauthausen, en Austria, donde murieron dieciséis vecinos de Posadas. Para los que regresaron y sus familias (algunas habían quedado en Posadas), comenzaba el largo calvario de la posguerra. La represión contra los vencidos fue de tal dimensión que se convirtió en un pilar del régimen de Franco y de las clases que lo apoyaban y se beneficiaban de él. Moreno Gómez en su tercer tomo «Córdoba en la posguerra», dice: «Cuando llamamos represión o terror de Estado, queremos decir que el método de sojuzgamiento y exterminio que el franquismo puso en práctica con los españoles vencidos fue una represión institucionalizada; es decir organizada desde arriba, desde el Estado como arma política. He aquí la gran diferencia con relación al terror que al comienzo de la guerra se dio en la zona republicana, donde la violencia fue ajena al Gobierno, incontrolada y desde abajo. Tanto es así que la República desde mediados de1938 no aprobó ya ninguna ejecución de pena de muerte.» Esa cruel represión se ejerció con la colaboración de la burguesía agraria y por supuesto con las bendiciones de la Iglesia Católica, y benefició enormemente a dicha burguesía, pues no solo se deshizo lo poco que la Reforma Agraria había conseguido, sino que se volvió a unas condiciones de trabajo como las de 15 años atrás. Otros se dedicaron a desvalijar las casas de los huidos, recoger ganado por los campos o descaradamente robar ante las narices de sus dueños que no se atrevían a denunciar porque les podía costar la vida. En la década de los 50 estuvo muy de moda una obra de teatro titulada «La Muralla», en la que el protagonista, un fascista enriquecido robando a los vencidos en la guerra, movido por su fe religiosa, quiere devolver lo robado para recibir el completo perdón y poder ir al Cielo. Ni su familia ni su grupo social se lo permiten y muere «en pecado». Los regresados tenían que presentarse inmediatamente en el cuartel de la Guardia Civil y después en el cuartel de Falange; la más mínima sospecha era motivo de encarcelamiento, posterior juicio sumarísimo y sin garantías de defensa, y condenado a muerte. Volviendo a la fuente citada anteriormente, en los meses de Abril a Diciembre de 1939 hubo estos fusilamientos, señalando solo las localidades acostumbradas en este trabajo: Posadas, 19 ; Almodóvar 6; Palma del Río 32: Hornachuelos 4; Córdoba 33. En el año 1940, Hornachuelos 2; Palma del Río 8; Córdoba 209. Y hasta 1945, estas cifras : Posadas 24; Almodóvar 8; Palma del Río 21; Hornachuelos 18; Córdoba 13. Como se dijo antes, a partir del verano-otoño de 1940 todos los presos eran trasladados a la capital, juzgados y ejecutados allí. A estas cifras hay que añadir los fallecidos en la cárcel de Córdoba del 39 al 46, cuyas condiciones eran casi las de un campo nazi: hambre y desnutrición, frío, hacinamiento, enfermedades carenciales, tuberculosis, y hasta tifus exantemático transmitido por los piojos, de los que nadie se libraba. Los fallecidos fueron: Posadas 12; Almodóvar 5; Palma del Río 7; Hornachuelos 2; Córdoba 26. Las familias de los encarcelados vivían una angustia insoportable, temiendo siempre lo peor para su esposo, padre o hermanos. Hacían mil sacrificios para poder llevarle algún alimento extra, ropa limpia, jabón y algo para combatir los piojos. En ciertos casos las mujeres realizaron sacrificios sobrehumanos para salvar o ayudar a sus deudos, pero la piedad no era precisamente lo que abundaba en los vencedores. Este fragmento del libro de Moreno Gómez estremece aún hoy sesenta años después de los hechos: «Existen casos de esposas o hijas que se prostituyen con el cabecilla de Falange, con el fiscal o el juez militar, con la esperanza de salvar la vida de sus presos, pero a menudo son burladas, y pierden la honra y la vida de los suyos» Obra cit. p. 22. Otros presos no pudiendo resistir la dureza de los interrogatorios, acababan por suicidarse. El periódico ABC de Sevilla, de 2 de abril del 39 publicó: «SUICIDIO DE UN CRIMINAL MARXISTA. Comunican de Posadas que en aquella cárcel se ha suicidado un individuo apellidado Moreno, que fue detenido a su llegada a la Estación, cuando procedía de Cataluña.» Otra práctica habitual en los métodos represivos era la aplicación de la llamada «Ley de fugas». Era un especie de patente de corso por la que el ejército o la Guardia Civil disparaba a cualquiera que en su presencia emprendiera la huida. De esta forma cualquier detenido a quien se quisiera eliminar, bastaba con sacarlo al campo y decirle: ¡corre! Moreno Gómez en la obra citada «Córdoba en la posguerra», hace el siguiente relato: «En el vecino pueblo de Almodóvar del Río, conocemos por testimonio oral, que no por el Registro Civil, donde no consta, la eliminación de Joaquín Chamizo Zoilo. Este hombre trabajaba en la Electro Mecánica de la capital, y pertenecía a la CNT clandestina. Un día, cuando salía del trabajo, lo esperaba la Guardia Civil y lo llevaron detenido al pueblo de Posadas, a disposición del terrible teniente Dueñas, superviviente del Santuario de La Cabeza. Este teniente sometió a Joaquín Chamizo a extenuantes sesiones de tortura, hasta que decidió aplicarle la ley de fugas. Lo condujeron por la carretera de Almodóvar y en el puente del río Guadiato lo asesinaron, dejando allí el cadáver para escarmiento, en fecha de 1948 que no hemos podido precisar. Un vecino de Almodóvar, José Noguerol, recogió el cadáver y lo enterraron en Almodóvar». Un vecino de Posadas, Manuel Villalba, me hizo el siguiente relato, en 1977: «Al regresar a Posadas, finalizada la guerra, nos presentábamos ante la Guardia Civil; si no tenían de qué acusarnos y nos dejaban libres, íbamos a presentarnos al cuartel de Falange, situado en la Plaza de La Mártires, (hoy de La Constitución). Desde allí también podían encarcelarnos, pero si no encontraban motivo para ello, por haber pasado la guerra en la zona republicana nos ordenaban venir cada día a la plaza y de rodillas ante la Cruz de los Caídos, nos hacían pasar horas y horas rezando por sus mártires, a veces el día entero. Era frecuente ver grupos de hombres arrodillados todo el día ante la cruz de la plaza. Hasta que un día pasó por allí algún jefe provincial de Falange y pregunto qué era aquello. Cuando se lo explicaron ordenó que no se hiciera más. Con más sentido común, dijo el forastero que aquellas personas allí arrodilladas se estaban acordando de los muertos de la derecha de Posadas, pero no para rezar por ellos». El contexto internacional de los años de las posguerra influyó en el régimen de Franco; para analizarlo lo dividiremos en tres etapas: 1ª. De 1939 a 1945, simultáneo a la II Guerra Mundial. Franco se entrevista con Hitler y Musolini, sus amigos que le han ayudado a ganar la guerra. En los años de las grandes victorias de Alemania hasta 1943, se intensificó la represión en España contra lo que ellos llamaban «rojos», incluyendo ahí desde republicanos moderados hasta anarquistas, pasando por nacionalistas, socialistas y comunistas. Respecto a los que habían caído prisioneros de Alemania, en Francia, Franco dijo que ésos no eran españoles, y los dejó en manos de los alemanes para lo que quisieran. De ello se derivan las torturas y asesinatos de españoles en los campos de exterminio nazis. Cuando el signo de la Guerra Mundial se inclina a favor de los países democráticos, el franquismo inicia un tímido alejamiento de Hitler y se aprueban una leyes que dan la apariencia de una Constitución, se crean Las Cortes Españolas, y se promulga el Fuero de los Españoles y la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, en 1945. 2ª. De 1945 a 1950. Derrotadas Italia y Alemania, España es el único país fascista que queda en el mundo. La ONU declara el boicot al régimen y todos los países rompen sus relaciones diplomáticas y se niegan a comerciar con España, excepto Argentina y el Vaticano. Son años muy duros para los españoles, que coinciden con tiempos de escasez agravados por la sequía. El hambre es el denominador común en los hogares de los obreros. El Régimen de Franco reacciona ante el bloqueo con arrogancia y chulería. En una gran concentración en la Plaza de Oriente, en Madrid, con el dictador en el balcón del Palacio Real, se ve una pancarta que dice: «Si ellos tienen ONU, nosotros tenemos dos». Pero a la vez se teme una invasión de España por Estados Unidos, para instaurar un sistema democrático. En todos los discursos de Franco aparecen los mismos temas que se van a repetir hasta su muerte en 1975: Dios, la Patria y su grandeza, los españoles -buenos y malos-, y los enemigos de España, que son la masonería y el comunismo. Se acuña aquella frase famosa: «la conspiración judeomasónica en contubernio con el comunismo internacional». 3ª. Los soviéticos imponen gobiernos comunistas en los países que han ocupado al este de Alemania durante la guerra. Para detener el avance del comunismo Estados Unidos diseña el Plan Marshall, que sirve para reconstruir una Europa devastada y también para trasladar aquí los excedentes de producción una vez finalizada la guerra. Pero España queda fuera de este plan de reconstrucción. Europa resulta así dividida en dos bloques, el comunista al este y las democracias al oeste, y comienza a sentirse una tensión casi bélica entre ellos. El año 1949 fue crucial por estos tres acontecimientos: a) el triunfo del comunismo en China; b) La Unión Soviética prueba su primera bomba atómica. c) Estados Unidos, como respuesta crea la OTAN. La situación se conoce como la Guerra Fría; es decir la tensión extrema entre los dos bloques por el miedo a una tercera guerra mundial, que sería con armas nucleares. Ambos bloques dedican ingentes cantidades de sus presupuestos a producir armas. El arsenal atómico almacenado y dispuesto a estallar en 1960 por ejemplo, puede destruir toda la Tierra varias veces. Pero esta situación beneficia a Franco y resulta como un balón de oxígeno para su dictadura. Su propaganda repite incesantemente que Franco llevaba razón, que el enemigo común es el comunismo. En 1950 la ONU anula el boicot, y se autoriza la representación diplomática en Madrid. Estados Unidos firma con Franco unos pactos militares y económicos en 1953, y a cambio de armas y alimentos que a ellos les sobran, los americanos instalan sus bases militares en nuestro territorio. A todo Occidente parece que le conviene más un dictador anticomunista en España que una democracia. Por estos años el primer ministro inglés W. Churchill dijo: «Franco es un gran problema, pero solo para los españoles». Tímidamente España se abre al exterior, empieza a venir turismo extranjero, y muchos españoles, por la falta de trabajo, tienen que emigrar a Europa. Ambas cosas son un flujo constante de divisas que entra en España y sirve para comenzar la creación de una industria moderna. Las condiciones de vida en España mejoran poco a poco. A continuación se resume brevemente algunas características del ambiente que se vivió en los largos años de la posguerra: a) Economía. Por el bloqueo internacional decretado por la ONU, el gobierno español impuso la autarquía económica, es decir consumir solo lo producido dentro de España. Llegaron además años de sequía y malas cosechas: la década de los 40 es conocida como los «años del hambre», especialmente 1945 y 1948. Los pobres, mendigos e indigentes estaban en las calles, y pedían por las casas los restos de comida que hoy cualquiera arroja a la basura o echa a los perros. Algunos morían en la calle de inanición, otros lo hacían por comer hierbas del campo... Esta situación agravada por la falta de un horizonte de cambio, de unas posibilidades de mejora, llevó a un jovenzuelo de Palma del Río a buscar fortuna en el toreo. Manuel Benitez se hizo primero maletilla y después novillero. Su familia se oponía a ello por miedo a que una cornada acabara con su vida. La respuesta de M. Benitez fue una de esas frases que equivalen a todo un libro: « Más cornás da el hambre». Franco decretó un racionamiento por familia o por individuo, y no se podía comprar más que la ración establecida, pero el efecto que se consiguió fue perverso ya que los adictos a Franco acaparaban grandes cantidades de alimentos que después vendían en el mercado negro a precios de escándalo; así se hicieron grandes fortunas. Eran el estraperlo y los estraperlistas. Los sueldos y jornales bajaron a niveles de diez años atrás, y la renta «per capita» del año 1929, antes de la República no se volvió a conseguir hasta 1951. El nivel de producción agrícola de aquel año no se alcanzó hasta 1954. Ante la situación de hambruna que asolaba España y el gran número de niños huérfanos o desamparados, el franquismo impulsó el Auxilio Social que se había fundado en 1936. Mediante él se prestaba asistencia material y moral a los necesitados. Se trataba no solo de dar de comer a los hambrientos sino además de reeducar o «desintoxicar» a los hijos de los rojos. Para poder recibir el plato de guiso había que soportar la educación religiosa (aprendían el catecismo, se les bautizaba o hacían la comunión). De ello se encargaban clérigos, catequistas, damas de la Sección Femenina o Falangistas. Esta obra de caridad pública, con todas las bendiciones de la Iglesia Católica, servía para tranquilizar las conciencias y ganar puntos para el Cielo a sus factores, pero en cuanto les era posible era rechazada por los necesitados por la carga de humillación que conllevaba. El Comedor de Auxilio Social en Posadas estuvo situado en la conocida hoy como calle de la Heladería (entonces calle de Auxilio Social), en la parte trasera de la casa de D. José Jaén. Un acontecimiento que se esperaba largamente en Posadas fue la inauguración del puente sobre el Guadalquivir. Comenzado muchos años antes, fue terminado e inaugurado en 1953 por el entonces Ministro de Obras Públicas Conde de Vallellano. Se esperaba así completar las buenas comunicaciones de que disponía el pueblo, con el ferrocarril dentro del casco urbano, y la facilidad de transporte hacia Córdoba y Sevilla y que ello trajera el despegue económico de la localidad. Ya vemos que no fue así; para el desarrollo económico es quizás más importante un grupo social dinámico y emprendedor, con mentalidad empresarial, del que siempre ha carecido este pueblo. Así ocurrió con otras obras como el Pantano del Bembézar y sus regadíos, y los poblados del Instituto de Colonización, como Rivero de Posadas. b ) Política. La separación de poderes, esencial en cualquier democracia, no existía. El franquismo se autodefinía en este aspecto como «unidad de poder y coordinación de funciones». Sobre el respeto a los derechos humanos, ya se ha visto que pasaba con el primero de ellos, el derecho a la vida, pero con aspectos menores de este tema ocurría lo mismo: no había libertad para fijar la residencia, hasta para circular por el campo era necesario llevar un carné especial avalado por dos personas «de orden». La retirada de este carné era un arma represiva más contra los jornaleros, pues sin él no se podía salir al campo a trabajar. La correspondencia era censurada, y en las cartas , la fecha debía ir seguida de «I, II, III... Año Triunfal», y al principio y final de ella las expresiones «Arriba España», «Saludo a Franco». La libertad de expresión no existía, ni en los medios de comunicación -todos en manos de los vencedores-, ni siquiera a nivel personal. Criticar al régimen suponía por la parte más corta severas multas. Existen pruebas documentales de ello. Se promovió un culto a la personalidad del dictador, que se encargó de eliminar o desplazar a cualquier civil o militar que le pudiera hacer sombra. La imagen de Franco estaba presente en todos los despachos, colegios y aulas, universidades, y hasta fachadas de las iglesias. En las nuevas monedas que se acuñaron, la efigie del dictador iba rodeada de la frase «Franco Caudillo de España por la gracia de Dios» A pesar de que la sublevación había sido apoyada por un abanico de partidos desde el centro a la derecha con notables diferencias ideológicas, todos fueron aglutinados en uno solo, el Movimiento Nacional, bajo la jefatura de Franco. Así, algunos renunciaron a sus principios más sagrados pero se vieron recompensados con la protección de sus intereses y las prebendas del régimen. Ya se ha tratado un poco la represión de los vencidos como medio de aterrorizar a la población, pero hubo más: la represión fue también moral y culpabilizante, como le gusta al Catolicismo. Toda una palabrería grandilocuente y hueca estaba siempre presente en las iglesias, los periódicos, el cine, la radio, las escuelas, institutos y universidades, los frecuentes desfiles militares del ejército, la Falange o el Frente de Juventudes, y en las concentraciones de los adictos al régimen. Y siempre la población dividida en «buenos y malos». Ante esta enorme presión, el pueblo encontró en el humor una vía de escape, liberación y desquite: eran continuos los chistes que circulaban, siempre en voz baja, sobre Franco y el franquismo. De forma parecida el cine, aunque tan censurado, era una forma de olvidar la dura realidad y soñar durante al menos hora y media. En Posadas en los dos cines, el Cine Liceo y el Salón Nacional, se daban sesiones dobles, o sea dos películas seguidas, por 50 céntimos de peseta. Muchas personas que no disponían de esta cantidad, recurrían a revender su ración de pan para poder pagarse la entrada. Las películas españolas transmitían la ideología del régimen y sus valores, y el público las llamaba «españoladas». Los films extranjeros permitidos, americanos sobre todo, eran del género conocido como «películas de teléfonos blancos», en los que se manifestaba un nivel de vida que para la mayoría de los españoles eran de ensueño. Entonces nació la expresión «de película» que se aplicaba a la casa, los vestidos, el coche, etc.. La clase dirigente criticaba duramente la práctica de vender el bollo de pan para ir al cine, y se quejaba de las sesiones dobles porque los obreros se acostaban tarde y a la mañana siguiente llegaban cansados al trabajo. Se dictaron dos leyes muy importantes, la Ley de Responsabilidades Políticas, de 1939, y la Ley de represión de la Masonería y el Comunismo. Con arreglo a la primera se podía declarar culpable a cualquiera que hubiera apoyado a la República. Es una de las mayores aberraciones jurídicas que se pueda dar: declarar a uno culpable de unos hechos que no eran delito cuando se realizaron, o sea cometidos antes de que existiera la ley que así lo determinaba. Resulta grotesco y hasta macabro que con esta ley se impusieran multas a los muertos, que debían pagar sus familiares. El joven médico de Posadas D. Alfredo Herrera, fusilado en 1936 al entrar los franquistas por ser «el médico de los pobres», fue condenado a multa de 5.000 ptas. Y fue pagada por su familia el 10-02-41. Para dar una idea del valor del importe hay que recordar que el jornal de un obrero era entonces de unas 6 ptas. al día. c). Sociedad. Durante bastantes años la vida civil estuvo «militarizada»; con ello se quiere decir que la presencia del Ejército, su lenguaje, su temas importantes, su manera de entender la vida, su estilo, etc. se adueñaron de las calles y los lugares públicos. En los pueblos este papel lo desempeñó la Falange: sus afiliados vestían el uniforme de camisa azul y muchos llevaban correaje y pistola al cinto. Su sola presencia amedrentaba a la población. El himno nacional sonaba cada mediodía y a las diez de la noche en la radio tras los noticiarios. En Posadas, la radio del Real Centro Filarmónico se oía en las calles Mesones y Fdez. Santiago, y cualquiera que pasara por allí en esos momentos era obligado a pararse y ponerse en posición militar de firme hasta que terminara de sonar el himno. Por otro lado la Policía, la Guardia Civil o Guardia Municipal ponían orden con sus porras y vergajos en cualquier acto público ya fuera un partido de fútbol, un tren en circulación o las colas para comprar en una tienda con la cartilla de racionamiento. En las ciudades, filas de niños uniformados y con disciplina casi militar eran llevados a los comedores de Auxilio Social. Igual de asfixiante era la presencia de la Iglesia: los desentierros, traslados procesionales y vuelta a enterrar de los caídos –muertos de la derecha–, las procesiones en Semana Santa y otras fechas, la «Misiones» que venían a los pueblos a recristianizar a las gentes, y a las que debía acudir todo el pueblo, las misas en el cementerio donde cada uno se colocaba ante la tumba de sus familiares, etc... La asistencia a misa en la mañana del domingo era obligatoria para los escolares. Debían acudir a la Escuela y desde allí en fila, acompañados de sus maestros, llevados a la parroquia. Cuando el cura iba a una casa a llevar la Comunión a un enfermo moribundo, a su paso por las calles todo el mundo tenía que arrodillarse. Hasta el Cementerio estaba dividido, había un apartado para los no católicos y los que se suicidaban. Todo ello, sumado a las ejecuciones, torturas, cárceles, hambres y demás miserias, producían un miedo general en los vencidos; nadie se atrevía a hablar, manifestar una opinión, o narrar un hecho, pues la sociedad estaba llena de «soplones» que rápidamente lo hacían saber a la Guardia Civil o a la Falange. En Posadas los señores solían sentarse en la terraza de un bar en el centro del pueblo; cuando estaban allí, mucha gente no se atrevía a pasar por esa calle y daban un rodeo. Los registros de viviendas por la Guardia Civil buscando «propaganda comunista» o productos de estraperlo infundían pánico en toda la familia. Cualquiera que no fuera de los vencedores estaba fichado por la Guardia Civil; los certificados de «buena conducta y adhesión al régimen» eran necesarios para cualquier cosa., así por ejemplo, para presentarse al examen de ingreso en la Escuela de Magisterio, que podía hacerse a los 15 años de edad, eran imprescindibles certificados de «buena conducta» del Cura Párroco y de la Guardia Civil Este ambiente, aquí apenas esbozado, daba lugar a una sensación de que todos éramos sospechosos, y se experimentaba una permanente situación de clandestinidad vigilada; esa sensación de siempre perseguidos y observados desarrolló en la gente todo un sublenguaje de signos, miradas, y gestos para comunicar su complicidad. En las familias, los niños aprendían muy pronto a fingir, y sabían qué se podía decir y qué callar, dónde y cuándo... Hoy todo esto parece surrealista, pero entonces era real como la vida misma. d). Cultura. Los historiadores y analistas coinciden en que la República fue una «República de Intelectuales». Y es que España en esa época contaba con una generación de escritores, poetas, artistas, científicos, juristas, etc. como nunca antes en nuestra historia. Entre ellos la llamada «Generación del 27». La gran mayoría de ellos apoyó a la República, y algunos de ellos estuvieron seriamente comprometidos con aquel régimen. Los fusilamientos de la guerra acabaron con no pocos y los demás tuvieron que exiliarse. México más que ningún otro país acogió a los refugiados españoles, y a la vez se benefició de esta acogida, pues en seguida ocuparon cátedras en sus Universidades y las de Estados Unidos. El empobrecimiento cultural de España fue enorme, pero esto no importaba a los vencedores. Una de las profesiones más castigadas fue la del Cuerpo de Maestros; Francisco Moreno Valero, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona ha realizado una tesis con el título «La depuración del magisterio nacional» donde relaciona hasta 60.000 maestros depurados por los franquistas (El País, 09-02-03). En Posadas fue fusilado el maestro D. Alejo Sanz, casado con una hija de la burguesía industrial, seguramente por haberse quedado en el pueblo a la entrada de los nacionales, aunque careciera de significación política. Las bibliotecas se expurgaron de libros con contenidos prohibidos tanto religioso como político. Recuerdo la ocasión, sobre 1980, en que pude ver en un desván del antiguo Gobierno Civil de Córdoba, en la calle Alfonso XIII, el depósito de libros requisados en la posguerra, y seguramente ya olvidados de sus existencia. La prohibición a la circulación de ideas e información llegó hasta el punto de ordenar el precinto de un receptor de radio, ocurrido en Posadas, porque el dueño escuchaba los boletines informativos en español de emisoras extranjeras, como la BBC de Londres o Radio París. Desde la Escuela a la Universidad se impuso la obligatoriedad de las tres asignaturas del régimen, Formación del Espíritu Nacional, Religión y Gimnasia (casi instrucción militar). Los estudiantes las llamaban «las tres marías». Y los maestros para poder ejercer su profesión, aún habiendo acabado su carrera, debía obtener el título de Instructor del Frente de Juventudes, haciendo un curso. Como los sexos estaban separados desde el Preescolar, las maestras lo eran de la Sección Femenina de la Falange. Estas duras condiciones de vida de la posguerra fueron lentamente mitigándose en los primeros veinte años del franquismo y algo más rápido a partir de los años sesenta con las emigraciones de andaluces a Europa, Cataluña, Levante y Madrid, con la llegada del turismo extranjero y el despegue hacia el desarrollo económico. Pero no cambiaron para nada las esencias del régimen que seguía siendo una dictadura. Hay muchas pruebas de ello, pero como muestra baste ésta: hacia 1970 fueron detenidos en Posadas un grupo de jóvenes menores de 25 años, acusados de pertenecer a una «célula comunista» clandestina. En los interrogatorios sufrieron tremendas palizas, y en el posterior juicio fueron condenados a penas de cárcel de varios años. Entre las pruebas inculpatorias había revistas y libros de historia, sociología , y otros de inspiración marxista. Hacia final de los años sesenta escuché en la BBC de Londres esta definición de la España de Franco, que dejo aquí como idea final: «España es una dictadura suavizada por la corrupción de sus gobernantes». 6. CONCLUSIÓN. La Guerra Civil Española apasionó a muchos extranjeros que vinieron a luchar como voluntarios, unos a defender la democracia de la República, y otros a ayudar al fascismo; por esto alguien ha dicho que esa ha sido la última guerra romántica, hecha por ideales en el mundo. Algunos analistas aprovecharon los horrores de nuestra guerra para calificar a los españoles de crueles y salvajes. Nada más lejos de la realidad porque sucesos del mismo calibre habían pasado en todo el mundo durante los siglos anteriores. De lo que no cabe duda es que la Guerra Civil Española fue el primer capítulo del enfrentamiento entre las democracias liberales y el fascismo que representó la II Guerra Mundial, y que para Alemania ayudando a Franco, resultó un campo de experimentación de lo que poco después haría en Europa. ¿Es que no se pudo evitar? Es imposible contestar a esa pregunta. La reflexión que debemos hacer es que es necesario un sistema político con unas reglas de juego limpias que permita llevar a cabo las transformaciones que decida la mayoría sin recurrir a la violencia. Este sistema hace mucho que está inventado, se llama democracia y, con aciertos y fallos, viene funcionando en nuestro país desde 1977, poco después de la muerte del dictador Franco. El estadista inglés W. Churchill solía decir que «la democracia es el peor de los sistemas políticos, exceptuando todos los demás». O sea que es el menos malo de todos. Los jóvenes españoles de este principio del s. XXI han nacido en un régimen democrático donde se respetan los derechos humanos y se disfruta de libertad. Este es «un hermoso regalo» que le han hecho sus padres y abuelos de cualquier ideología, con no pocos sacrificios, como ha quedado patente en las páginas que anteceden. Pero constituye también una responsabilidad suya mejorar este sistema, preservarlo y transmitirlo a sus hijos. Que la lectura de estas páginas y el recuerdo de tan grandes sufrimientos nos lleve a valorar mucho más el bien que poseemos, y a actuar de modo que en nuestro sistema de convivencia esté por siempre desterrada la violencia como medio de solucionar conflicto alguno.
FUENTES CONSULTADAS: Archivo Municipal de Posadas M. TUÑÓN DE LARA: La España del S. XIX, tomos 1 y 2, Ediciones de bolsillo, editorial Laia. Barcelona 1974. M. TUÑÓN DE LARA: La España del S. XX, tomos 1, 2 y 3, Ediciones de bolsillo, editorial Laia. Barcelona 1974. FRANCISCO MORENO GÓMEZ: La República y la Guerra Civil en Córdoba. Ayuntamiento de Córdoba, 1982. FRANCISCO MORENO GÓMEZ: La Guerra Civil en Córdoba 1936-1939. Ediciones Alpuerto S.A., 1985. FRANCISCO MORENO GÓMEZ: Córdoba en la posguerra. Francisco Baena editor, 1987. ORTIZ VILLALBA Y MORENO GÓMEZ: La masonería en Córdoba, Ediciones Albolafia, 1985. MARIANO MAÑERO, DOMINGO J. SÁNCHEZ, ISIDORO GONZÁLEZ: Ciencias Sociales. Ediciones Anaya S.A., 1974. JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ LARA: Posadas, esbozo histórico cultural. Diputación de Córdoba, 1988. Testimonios orales de Carmelo Fernández, Manuel Villalba y otros vecinos del pueblo de Posadas. |