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¿QUÉ ES LA LENTIPUNTURA?

Estimulación fisiológica aplicada sobre los nervios terminales de la rama oftálmica del trigémino y los que inervan el ramo del maxilar superior que dan sensibilidad a la córnea y la conjuntiva palpebral superior e inferior, por reflejo neurovejetativo.

LENTIPUNTURA  O  T.V.L. (Terapéutica Valentín López)

        Este sistema terapéutico se refiere a la aplicación de una estimulación mecánica, realizada sobre los nervios terminales de la rama oftálmica del trigémino que inervan la córnea y la conjuntiva palpebral del ojo y anexos. La rama del maxilar superior queda implicada también, provocándose en toda la zona un reflejo neurovegetativo.

        Cuando un sujeto percibe los estímulos de los objetos en el espacio a través del sistema de visión, éstos han de ser previamente vistos con cierta calidad de agudeza visual, después identificados y posteriormente provistos de significado. Así podemos seguir enriqueciendo esta primera percepción con otras evaluaciones como pueden ser el valor absoluto de los objetos, es decir, lo que valen por si mismos, los valores relativos que establecen la relación que existe entre unos y otros, la apreciación de la forma y la figura, la diferencia de tamaños, el concepto de distancia, el de tiempo y espacio, etc.

        La sensibilidad del complejo visual reside en el nervio trigémino o V par craneal cuya importancia se manifiesta por ser fundamentalmente sensomotor, además de realizar funciones vasomotoras, secretoras y tróficas. Se divide en tres ramas, pero sólo dos de ellas, las que corresponden al ojo y anejos nos interesan fundamentalmente : la rama oftálmica y la del maxilar superior.

        Éstas a su vez, tienen subdivisiones que intervienen en la sensibilidad de la conjuntiva palpebral interna de los párpados superior e inferior, glándula lagrimal, esclerótica, coroides, músculo ciliar, iris y córnea.

        La córnea inervada por las terminaciones sensitivas del trigémino, está dotada de una sensibilidad extrema. La zona central y media está controlada por los ciliares y la zona periférica recibe también las ramas de los nervios de la conjuntiva.

        El párpado superior, está inervado por las fibras sensitivas de la rama oftálmica a través de los nervios nasociliar supraorbitario y lagrimal. El inferior, por el nervio infraorbitario de la segunda rama del trigémino y en la zona más interna recibe conjuntamente inervación de la primera y segunda ramas.
Al aplicar una estimulación mecánica sobre el sistema sensitivo del ojo y anejos, nunca pudimos imaginar que nos adentrábamos en un mundo tan complejo de mecanismos celulares, tanto electromagnéticos como eléctricos, metabólicos, químicos o nerviosos. Nos referimos, no solo de manera exclusiva a las células receptoras de la retina, sino también a las del cerebro en general.


        Nos sorprendió comprobar que con cierta frecuencia, en casos de visión subnormal o ambliopías, al mantener entre ocho o diez días, por primera vez estimulada toda la zona sensitiva del ojo con unas lentillas rígidas, un paciente podía alcanzar una agudeza visual considerablemente mayor de la que poseía al principio con las mismas lentillas en las que por supuesto no se había variado parámetro alguno, como puede ser la potencia, el diámetro de la lentilla, el de su zona óptica, el radio de curvatura, etc.

        Empezamos a sospechar que ello no se debía exclusivamente a la corrección óptica que proporcionaba la lentilla, e hicimos una puntuación de los factores que eventualmente habíamos alterado con respecto a un ojo en condiciones normales, y que podían haber incidido en éste.

        Enumeramos así hasta 8 puntos que presentamos a continuación.

1º- Colocábamos un objeto extraño con cierto peso sobre la córnea.

2º- Modificábamos el sistema de barrido del párpado sobre la córnea, al realizarse éste ahora sobre la lentilla.

3º- En un principio tuvimos en cuenta la corrección óptica que más adelante descartamos, pues el fenómeno se producía de igual modo con lentillas neutras, es decir que no tenían graduación.

4º- Habíamos observado en varios casos una exaltación acentuada en sujetos que delataban falta de atención. Ésta se presentaba después con cierta fluidez.

5º- Se creaba una presión hidrostática entre lentilla y córnea quedando entre las dos un colchón de lágrima presionada. La presión ejercida de ese modo ¿podría dar lugar a una liberación de acetilcolina, indispensable para la producción de A.T.P." Esto podía beneficiar el metabolismo de las células de la retina.

6º- Interferíamos en el metabolismo aeróbico de la córnea al crear dificultades para que ésta obtenga el oxígeno que por difusión le proporciona el contacto directo con el aire. Por ello se ve obligada con toda seguridad a emplear un mayor tiempo diario, el metabolismo anaeróbico

7º- Comprobábamos que el efecto producido por la lentilla, sobrepasaba la frontera de los órganos visuales ya que en ocasiones un paciente con deterioro en su visión a consecuencia de un accidente traumático, con daño cerebral, podía evolucionar favorablemente en su sistema motor de encontrarse éste también afectado. Ello confirmaría que otras áreas del cerebro se ven beneficiadas con esta terapéutica fisiológica.

- Este punto nos pareció esencialmente importante.
        La retina del hombre, como la de todos los vertebrados, es una membrana nerviosa cargada eléctricamente. Las capas más externas son electro-negativas y las más internas electro-positivas. La córnea hereda electro-positividad de las capas internas y la región periocular electro-negatividad de las capas externas.

        Colocando un electrodo sobre la córnea y otro en un punto cualquiera de la región periocular y conectándolos a un milivoltímetro, es posible poner en evidencia una diferencia de potencial de 2 a 10 milivoltios entre los dos electrodos. La diferencia de este potencial así obtenido se mantiene perfectamente constante (si se halla fuera de toda estimulación y para un estado de adaptación dado), constituye lo que se llama el "Potencial de Reposo Retiniano".

        Tuvimos en cuenta la posibilidad de estar incidiendo sobre el complejo sistema eléctrico que rige la polaridad electro-positiva de la córnea con respecto a la electro-negativa de la región periocular, regenerando la viabilidad del potencial de reposo retiniano, al influir sobre el metabolismo de la retina. De este modo se daría paso a una mayor fluidez en la transmisión de la información que ha de recorrer el estímulo luminoso hasta llegar al córtex visual.

        De la misma manera se podría ver involucrado el potencial eléctrico que rige la relación armónica que ha de existir entre la polaridad interna y externa de la membrana celular de los conos y bastones de la retina

        Tardamos mucho tiempo en ir descartando puntos hasta quedarnos principalmente con los números 4º - 5º - 6º - 7º y 8º.

        A partir de este momento empezamos a tomar nota de la frecuencia con que se daban las mejorías si éstas se producían, y la duración de los posibles efectos de la estimulación provocada por las lentillas, que en principio establecimos en tres meses. Éste es un período que considerábamos recomendable para realizar una nueva revisión y en él pudimos registrar las primeras observaciones.

        Poco a poco y tras varios años de trabajo y experiencia, redujimos el tiempo de estímulo a hora y media o dos horas diarias, durante un período de ocho o diez días como máximo, en el que podíamos percatarnos de los progresos obtenidos.

        Verificada y confirmada la consecución de una mayor agudeza visual en dicha fase, no podíamos evitar prolongar el tiempo de estimulación intentando alcanzar una mejoría más importante, que como norma no conseguíamos en absoluto aunque lo alargáramos durante un mes entero.

        Tampoco se reflejaba una mayor transcendencia si aplicábamos el tratamiento mañana y tarde, mas, si lo reemprendíamos transcurridos dos o tres meses, podíamos de nuevo aumentar la agudeza visual.


ANAMNESIS

        En la anamnesis inicial no debemos conformarnos con registrar los detalles que nos proporciona el más que parcial e incompleto examen que se puede realizar en un gabinete para determinar la deficiente capacidad visual de un niño o adulto con visión subnormal y mal podremos observar el comportamiento de un sujeto incapaz de ver luz en un espacio tan reducido.

        Una hábil conversación - interrogatorio mantenida con los padres sobre el comportamiento del niño en situaciones determinadas, y las observaciones que han podido anotar los profesores sobre las limitaciones que presentan en los estudios, van a completar con nuestro análisis optométrico y el posible diagnóstico emitido por la oftalmología u otras especialidades que se ocupan de enfermedades y malformaciones que afectan al cuerpo humano, un cuadro bastante aceptable sobre las posibilidades de la persona.

        Es de suma importancia que todo quede bien registrado si queremos en un posterior reconocimiento determinar los posibles progresos que puedan quedar bien diferenciados y confirmados después del tratamiento.


FACTORES A TENER EN CUENTA

        Preguntar si el niño se tropieza fácilmente con los muebles en la casa. Muchos niños en el colegio, al bajar las escaleras, se aferran a la barandilla, se detienen y dejan pasar a sus compañeros, para seguir descendiendo después con cierta precaución, cuando se encuentran solos. Ante una situación semejante cabe sospechar que existe una pérdida de visión periférica.

        Un niño con pérdida de visión periférica, tanto si ésta se ve afectada por una deficiencia en su desarrollo o sufre una ambliopía periférica grave, puede, mirando al frente, tener dificultades para localizar un objeto que se le ofrezca y tiende la mano para que se lo depositemos en ella. Para él resulta más sencilla esta operación, que tratar de descubrir con su deficiente visión tubular, lo que se le ofrece o presenta.

        Conviene anotar bien la distancia a que consigue leer ya que en los casos de nistagmo, con el tratamiento, el movimiento pendular o rotativo de los ojos disminuye o se detiene con las lentillas puestas, y la postura adaptada por su organismo al espacio que le rodea puede variar de manera ostensible a todos los niveles. Se puede observar que ya no ladea la cabeza, o que aleja el optotipo de lectura cuando antes se acercaba mucho como si padeciera miopía, etc.

        Los padres nos pueden decir que el niño ve ahora la televisión al doble o más distancia de como la veía antes. Todo ello puede ocurrir sin que consigamos en el gabinete apreciar mejoría alguna en su agudeza visual cuando intenta describir figuras o identificar las letras que le presentamos con el proyector de optotipos, en visión lejana.

        En casa o en la calle se puede arrojar un objeto metálico a diferentes distancias y es bueno que éste produzca ruido sobre la calzada. Se puede empezar lanzándolo desde trayectos muy cortos hasta alejarlo a cinco o más metros, y comprobar como rastrea con la mirada el lugar por donde ha oído el choque con el pavimento. Así podremos determinar la distancia más alejada a la que al niño le ha resultado imposible su localización visual a pesar del sonido que ha producido el objeto al caer.

        Cuando se trata de un pequeño, podremos comprobar como se desplaza y juega con mayor soltura y puede asir los objetos con más facilidad y acierto. Incluso se observará un gran cambio en su deficiente y garabateada escritura y su dibujo, lo que será detectado de modo inmediato por sus profesores.

        También los padres conscientes del problema que aqueja a sus hijos y de sus limitaciones, aprecian rápidamente el cambio. En los casos de nistagmo, es notoria la disminución del movimiento de los ojos o en ocasiones su detención total, como acabamos de mencionar más arriba. Su agudeza visual puede mejorar por haber disminuido su ambliopía y no como se podría sospechar por la disminución del movimiento de sus ojos.

        Merece resaltar las variaciones posturales a nivel corporal y cambios en la relación de los movimientos óculo-cefalógiros. El alargamiento de la distancia de lectura le proporcionará mayor amplitud de campo. Ello le facilitará una mayor fluidez a la interpretación del texto.


CONCLUSIONES

        Conviene resaltar la confirmación del intervalo de ocho o diez días, como una secuencia aconsejable del periodo de estimulación, advirtiendo que con mucha frecuencia, el quinto y sexto días suelen ser cumbre para que se manifiesten resultados positivos. Ello pondría en evidencia, de algún modo, la existencia de una fase de puesta a punto neuronal, en algunos casos, o el de una posible recuperación en otros, de las células de la retina o del cortex visual en el cerebro, cuando éstas han tenido dificultades para desarrollarse de modo natural, o como consecuencia de un deterioro accidental.

        Una dimensión que ha puesto de manifiesto nuestra experiencia, es confirmar que la función de ver en un niño de muy baja visión se puede desarrollar en mayor o menor medida, sin que el pequeño se mueva de su asiento mientras se le aplica la estimulación. Es decir que no precisa hacer ejercicios corporales ni desplazamientos en el espacio. Simplemente consigue desarrollar cierta manera de ver, sin identificar lo que ve. Esta observación obliga a considerar como primordial y más eficaz la estimulación que, después deberá ser reforzada (de ello no nos cabe duda) con la aplicación de una terapia en la que se contemple como factores principales, ejercicios de motilidad y motricidad corporales.

        Consideramos indispensable que estos ejercicios en los que intervienen los demás sentidos y la totalidad de su organismo, deben realizarse de modo inmediato para facilitar y consolidar el desarrollo de lo que se puede considerar como "verdadera visión". Ello le permitirá una buena identificación de su entorno, para poder extraer un buen significado de lo que ve.

        Y por último no podemos evitar realizar un somero análisis del punto 8º. Destacamos de modo insistente, cómo, un examen realizado con electro-oculografía puede circunscribirse a otro funcional sensorial y de modo concreto, a la funcionalidad de la retina.

        También queda patente según se manifiesta en él, que el Potencial de Reposo ha sido en principio atribuido al equilibrio metabólico existente entre el humor acuoso y la sangre, y que este potencial ha terminado por ser reconocido como de origen retiniano. Asimismo, es interesante tomar buena nota de cómo varios autores, confirman que la electro-oculografía parece estar estrechamente ligada al metabolismo del epitelio pigmentario.

        No hemos encontrado información sobre las condiciones en que se puede encontrar el Potencial de Reposo, de existir éste, en un paciente que no llega a ver luz y consideramos que sería muy interesante una investigación al respecto

        Concretando : se advierte la estrecha relación que existe entre el Potencial de Reposo y todo un complejo mecanismo de acción de carácter sensorial y metabólico, que podría estar siendo estimulado con la terapéutica aplicada, incidiendo sobre el sistema sensitivo del ojo.

        Todo lo manifestado en los puntos expuestos más arriba, queda abierto a investigaciones posteriores, que puedan aportar alguna aclaración sobre lo que puede suceder. Sin embargo, una cosa sí podemos manifestar con firmeza, al afirmar que el fenómeno causa-efecto, queda confirmado con los resultados obtenidos.


RECOMENDACIONES

        Como recomendación podríamos aconsejar, por un lado, no dar excesivas esperanzas al paciente para que no se haga unas ilusiones desmedidas y por otro, debemos explicar bien las posibilidades que sobre las mejorías revelan las estadísticas de nuestro trabajo. Sin embargo, debemos motivarle al mismo tiempo para que se decida a realizar el tratamiento. Nosotros mismos tampoco debemos desanimarnos cuando una exploración de los globos oculares y la visión en su conjunto nos haga sospechar que existen pocas posibilidades de lograr algo positivo.

        Es conveniente intentarlo siempre. Sorprende en ocasiones comprobar cómo, algunas personas con graves deficiencias visuales calificadas como irreversibles, se consideran a si mismas capaces de ver hasta extremos tales en los que otra se lamentaría de estar prácticamente ciega. Es un hecho que difícilmente admiten estos sujetos que siempre aseguran ver más de lo que después podemos fácilmente deducir cundo se les hace una revisión. Estos pacientes siempre agradecerán cualquier progreso en su visión por pequeño que sea.

        En definitiva, las características correspondientes a las deficiencias visuales en cada individuo varían ostensiblemente de uno a otro. Cada caso es diferente de los demás. Cada paciente es diferente de los otros. Los casos de graves deficiencias visuales no pueden ser analizados casi nunca desde la misma perspectiva que nos confiere un examen de la visión practicado en nuestra consulta.

        Por otro lado debemos comprender a muchos padres en su actitud, pues nunca se encuentran satisfechos con los logros obtenidos. Siempre esperan más, y esto les coloca dentro de una situación de constante desaliento. Aunque son capaces de apreciar los cambios patentes de una manera positiva, sobre todo en el niño, pronto los olvidan y siempre pondrán de relieve lo que aún condiciona su visión.

        A nosotros debe animarnos el hecho de que en numerosas ocasiones la causa de un éxito más que aceptable, después del tratamiento, ha sido precisamente el haberlo intentado a pesar de haber considerado en principio el caso como poco probable de mejoría.

 

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