Cuarto Capítulo sobre Frida Kahlo
Frida Kahlo
Frida Kahlo


            La enganchaban en aparatos, colgaban veinte kilos de sus piernas, la encerraban en corsés de hierro, de cuero, de escayola (desde 1944 hasta su muerte usó 28 corsés). Se bebía una botella de coñac al día contra el dolor (en los últimos años, dos botellas). Le Cuadros de Frida practicaron al menos 32 intervenciones quirúrgicas. Sólo entre marzo y noviembre de 1950 soportó seis operaciones en la columna; la escayolaron encima de las costuras recién hechas y cuando empezó a apestar descubrieron que sus heridas se estaban pudriendo. Desde 1944 padecía unos dolores agudísimos que la obligaban a depender de la morfina. Tenía la pierna derecha gangrenada y en agosto de 1953 se la amputaron desde la rodilla. La simple y fría enumeración de sus tormentos produce asfixia: es como contemplar a los ojos el horror de la vida. Sus últimos años son espantosos. Las drogas y el alcohol la tienen fuera de sí; los pocos cuadros que pinta muestran trazos torpes y emborronados. Es entonces cuando más se aferra al dogma comunista: Frida no cree en Dios y necesita encontrar algún alivio, algún sentido a tanto sufrimiento encontrar algún alivio, algún sentido a tanto sufrimiento, tanto espanto. Pinta retratos de Stalin, y un conmovedor cuadro titulado El Marxismo dará salud a los enfermos, en el que un etéreo y milagroso Marx sujeta entre sus manos a Frida, que abandona radiante sus muletas (ya le habían amputado Cuadros de Frida la pierna entonces). Pero su último cuadro fue un bodegón de sandías en el que sobre la carne roja y plena de la fruta escribió: "Viva la vida". En abril de 1953 se inauguró la primera gran exposición de Frida en México; ella estaba ya tan mal que los organizadores creyeron que no podría acudir, pero a Diego se le ocurrió la idea de mandar la cama (el gran armatoste con dosel) e instalarla en medio de la sala de exposiciones, y luego llevar a Frida en ambulancia. Así asistió Kalho, pues, a su fiesta de inauguración, drogada y lívida pero repintada y emperifollada (empeñada en reconstruirse), tumbada sobre el lecho. Todos sus amigos pasaron a saludarla de uno en uno: fue una especie de ceremonia religiosa, como una de esas largas colas de fieles que acuden a besar el borde el manto de la santa. Y ella se despidió de todos metida en su cama eterna-cama mundo, en su velero del dolor, con la sonrisa desencajada y las manos resplandecientes de sortijas.

Bibliografía:

Kahlo, Andrea Kettenman. Editorial Taschen.
Diego y Frida, Le Clézio. Temas de Hoy.
Frida Kahlo, Rauda Jamis. Circe.
Kalho, mujer, ideología y arte, Eli Bartra. Icaria
Tinísima, Elena Poniatowska. Editorial Era.
Frida, a biography, Hayden Herrera. Bloomsbury, Londres.
Texto: Rosa Montero.