Tercer Capítulo sobe Frida Kahlo
Frida Kahlo
Frida Kahlo
            A principio Kahlo fue una especie de hija para Diego, pero durante el segundo matrimonio (ella puso como condición para la nueva boda que no hubiera sexo entre ambos) los papeles se invirtieron y la declinante Frida se convirtió en su madre. Por ejemplo, a menudo ella bañaba con esponja a Rivera, el gigantón blanco y orondo chapoteando en la bañera y jugando con juguetitos flotantes que Frida le compraba; y al final, en la última agonía de Kahlo, cuando Diego, sesentón y enfermo de cáncer Foto de Frida de pene (una especie de castigo bíblico al gran macho), volvía a casa después de una escapada de varios días, ella le llamaba desde la cama: "Mi querido niño, ¿quieres una frutita?". Y él contestaba "chi" con voz y gesto de crío pequeño. Frida era muy bella. O era más bella: era tremenda. Tenía unos ojos feroces y maravillosos, una boca perfecta, el entrecejo hirsuto, un bigote apreciable. Una vez se lo afeitó y Diego se puso furioso: de algún modo ambos estaban trastocados en sus atributos sexuales secundarios, porque él tenía unos grandes pechos de mujer que a Frida le encantaban. A su poderoso físico, Frida añadía una increíble puesta en escena: siempre usaba ropas de las indias tehuanas, bellísimos trajes largos crujientes de enaguas y puntillas. Trenzaba sus cabellos con cintas de raso, flores, terciopelos, y se adornaba con pesadas joyas precolombinas. Vestirse era para ella una expresión artística más; entre acicalarse frente a un espejo o pintar uno de sus autorretratos no debía de haber mucha diferencia. Foto de Frida En las dos actividades se construía a sí misma, algo que la era necesario en su carrera contra la decadencia. Porque su cuerpo se le caía a pedazos; en los terribles años finales escribió en su diario: "Yo soy la desintegración". También Frida tuvo numerosos amantes, sobre todo después de que Diego le engañara con su hermana. Era bisexual (se rumoreó que, entre otras mujeres, tuvo un romance con la pintora Georgia O´keeffe), pero sus mayores pasiones las vivió con hombres: el escultor Isamu Noguchi, el fotógrafo Nicolás Murria, por quien perdió la cabeza. Además vivió una breve relación con el viejo Trotski a poco de llegar éste a México. Luego Frida regresó al seno del estalinismo y también ella abominaría de su antiguo amigo. Cuando el español Ramón Mercader mató a Trotski con un punzón para el hielo, Frida fue detenida como sospechosa (Diego se encontraba en Estados Unidos). Algunos sostuvieron que los Rivera colaboraron en el asesinato, pero la acusación parece carecer por completo de base. Eso sí, tres meses antes el artista Siqueriros, amigo de ambos, había participado en el ametrallamiento del dormitorio de los Trotski: León y su mujer salvaron la vida de milagro arrojándose debajo de la cama. Foto de Frida Tiempos oscuros, actitudes siniestras. Frida pintaba cuadros muy pequeños (mientras su marido hacía enormes murales) y siempre se mostró extremadamente humilde con su trabajo. Durante muchos años nunca enseñó sus obras, y si se convirtió en una pintora conocida fue gracias al empuje de Rivera, que prácticamente le obligó exponer en Nueva York en 1938. Por entonces conoció a André Breton, el principal teórico del surrealismo, que se quedó fascinado por esa pintora que era surrealista "sin ella saberlo". En 1939 expuso en París y se la consideró incluida dentro de ese movimiento estético. Años más tarde, la Frida estalinista repudiaría el surrealismo por ser "una decadente manifestación el arte burgués". Pero para llegar a eso, al fanatismo final prosoviético, hay que contar la parte más terrible de esta historia. El suplicio indecible, la pesadilla. Cómo el cuerpo de Frida se fue deshaciendo: el pie se le ulceraba, la espalda se la torcía, ansiaba tener hijos y no podía (sufrió cuatro o cinco abortos y guardaba en su dormitorio un feto humano anónimo metido en un frasco con formol.).