Jan Vermeer

LA ENCAJERA

 

Está pintada en prosa esta proeza;

en esa prosa tersa de los tímidos

que escriben eludiendo eso accesorio,

- que es la materia de la mayoría -

por el terror que acecha en lo imperfecto.

no hay un solo adjetivo en tu paleta

que no sea necesario y exigido

por la fuerza del nombre de las cosas:

la blusa es amarilla, el costurero

azul, la luz diáfana de enero...

Pero eso no se ve sólo la intensa

concentración tranquila en la tarea

de esa muchacha de las crenchas rubias,

los dedos ejerciendo su pericia...

La mirada divaga por la tela

sin encontrar un sitio en que pararse:

no existe nada: el centro es el silencio.

¡Fiebre terrible de la precisión!

 

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