SIGNOS

 

Los signos se vacían, ciertamente,

y un pendiente en la oreja de un muchacho

ya no es lo que era: la supervivencia

a las tormentas en el Cabo de  Hornos,

ser pirata o corsario.

Los signos se convierten, ciertamente,

en signos de otras cosas; la sonrisa

es amenaza de una puñalada

y los dientes, preludio de caricias.

Los signos se evaporan, ciertamente,

nadie sabe leer esa escritura

de admiraciones y onomatopeyas

tan ostentosa, enfática y obtusa.

El hábito hace al monje, ciertamente,

y te doy trato así te vea el hato.

Todo es lo que parece y si parece

es.

El mundo no es teatro, sino cine:

efectos especiales, macroelipsis,

guiones sin historia pero mucho

espectáculo bidimensional.

(La imagen permanece en la retina

el tiempo justo para dar el pego.)

 

Volver a POEMAS