Rembrandt
EL BUEY DESOLLADO
(Yo imagino que tras síndicos lúgubres,
nocturnas rondas de notables, médicos
enseñando ignorancia a sus alumnos
de anatomía y tanta gente pálida,
necesitabas carne; carne: vida.
Hace falta valor o estar hambriento
de libertad. El gran problema es siempre
decidir qué poner en una tela.)
La niña cursi vuelve la cabeza
con asco y prevención, bien educada
en esta Europa nueva tan sensible.
Otros ven otra cosa: el claroscuro,
la pincelada gruesa, lo barroco.
Yo no puedo mirarlo sin oler un aire
de desesperación, como si fuera
una naturaleza casi muerta.
Volver a POEMAS